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domingo, 10 de junho de 2012

La ciberguerra se perfecciona

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Por Juan Gelman, para Página/12

Cada vez más. “Flame”, el último virus detectado, goza de una complejidad que lo convierte tal vez en el más poderoso del planeta. Sólo puede ser producto de conocimientos tecnológicos muy avanzados de un país. Lo descubrieron por casualidad en el 2011: la Unión Internacional de Telecomunicaciones, organismo de la ONU, solicitó a Karsperski Lab la investigación del gusano que el año anterior había atacado a miles de Macs en diferentes regiones del Medio Oriente –y no sólo–, particularmente en Irán, el blanco preferido, pero también en los territorios palestinos, Siria, Líbano, Sudán, Arabia Saudita y Egipto. El laboratorio Kasperski, con sede central en Moscú, es famoso a nivel mundial por su capacidad de producir antivirus informáticos de gran calidad.

El Estado que ideó y concretó Flame no lo admite oficialmente, pero The Wall Street Journal (1-6-12) lo señala sin ambages al referirse a otra ciberarma, el notorio Stuxnet: EE.UU, es decir, la CIA y el laboratorio nacional de Idaho del Departamento de Energía. El Washington Post (1-6-12) añade que el Servicio de Inteligencia israelí también participó en la creación de este virus. Trascendió que una de las primeras medidas que tomó Obama al ocupar la Casa Blanca fue la ampliación y el desa-rrollo de la ciberguerra que W. Bush emprendió contra el sistema nuclear iraní mediante el proyecto “Juegos Olímpicos” (www.staradvertises.com.news, 1-6-12). Un error de programación del ataque que dañó instalaciones nucleares de Irán en el 2010 permitió que el Stuxnet “se escapara” de la planta de Natanz, se esparciera por el mundo y fuera detectado.

Los ataques de Flame sucedieron a los de Stuxnet. Cien veces más complejo que un virus típico de computadora y con un código que pesa cincuenta veces más, Flame puede causar efectos sólo comparables con los de un bombardeo aéreo: en abril pasado, cortó todas las comunicaciones por Internet del Ministerio del Petróleo iraní y afectó a la mayoría de las exportaciones de crudo del país (//techland.time.com, 31-5-12). Es lo que se denomina un malware o código maligno, o software malintencionado, que además permite al atacante la captura del tipeo y de la pantalla de una computadora y aun la escucha de conversaciones que tienen lugar cerca de los altavoces.

David Sanger, jefe de la oficina del New York Times en Washington, acaba de dar a conocer un libro que explica cómo los especialistas de “Juegos Olímpicos” tomaron el control de las centrifugadoras del centro de enriquecimiento de uranio de Natanz (Confront and Conceal, Crown Publishers, Nueva York, 2012). Insertaron el programa en las máquinas, éste grabó los sonidos de su funcionamiento y cuando comenzó a destruirlas sólo se oía en la planta el ruido de su actividad normal hasta que explotaban. Los técnicos iraníes no entendían qué estaba pasando.

La empresa de seguridad de la información Symantec-Israel señaló que Flame tiene un impacto masivo en Irán y reveló que el virus infecta y roba información de las computadoras iraníes y de otros países del Medio Oriente (www.haaretz.com, 30-5-12). Funcionarios estadounidenses argumentan que ese método es mejor que un bombardeo aéreo, pero olvidan el enorme daño que causa cuando el virus, inevitablemente, se disemina más allá del blanco y ataca en otros países, incluido el propio EE.UU.

El gobierno de Israel no confirma ni niega su participación en estos juegos olímpicos, pero el viceprimer ministro Moshe Yaalon dio algún indicio de ello: opinó que el uso de ciberarmas es “razonable” contra “la amenaza iraní”. “El nuestro es un país bendecido por su riqueza tecnológica –agregó– y estos instrumentos abren toda clase de posibilidades para nosotros” (//tribune.com.pk, 30-5-12). Yaalon es también ministro de asuntos estratégicos.

La Casa Blanca no se apea de sus contradicciones: Obama insistió en que no objeta el programa energético de Irán, sólo que alguno de estos virus atacó a la planta eléctrica de Bushehr, construida por Rusia. Luego de que algunos funcionarios estadounidenses, que guardaron el anonimato, confirmaran la existencia y el empleo de Flame, EE.UU. negó de manera terminante que tuviera algo que ver. Pero el FBI ha comenzado una investigación para determinar quién o quiénes son culpables de las filtraciones sobre el programa de ciberataques contra las instalaciones nucleares iraníes (//online.wsj.com, 5-6-12).

Hay una cuestión de fondo: el Pentágono viene proclamando que un posible ciberataque contra EE.UU. será considerado como un acto de guerra y podría conducir a una represalia militar (//online.wsj.com, 30-5-12). ¿Cómo habrá que entender entonces los operativos de “Juegos Olímpicos”? ¿EE.UU. ya está en guerra con Irán?

segunda-feira, 19 de dezembro de 2011

“Los bancos se pusieron contra la democracia”

A los 94 años, después de pelear en la Resistencia, sobrevivir a los campos nazis y escribir la Declaración Universal de los Derechos Humanos, publicó un librito de 32 páginas que tuvo un eco global. Su visión de la democracia y el efecto de Argentina en su pensamiento.

Por Eduardo Febbro para Página/12
Desde París


La revuelta no tiene edad ni condición. A sus afables, lúcidos y combativos 94 años Stéphane Hessel encarna un momento único de la historia política humana: haber logrado desencadenar un movimiento mundial de contestación democrática y ciudadana con un libro de escasas 32 páginas, Indígnense. El libro apareció en Francia en octubre de 2010 y en marzo de 2011 se convirtió en el zócalo del movimiento español de los indignados. El casi siglo de vida de Stéphane Hessel se conectó primero con la juventud española que ocupó la Puerta del Sol y luego con los demás protagonistas de la indignación que se volvió planetaria: París, Londres, Roma, México, Bruselas, Nueva York, Washington, Tel Aviv, Nueva Delhi, San Pablo. En cada rincón del mundo y bajo diferentes denominaciones, el mensaje de Hessel encontró un eco inimaginable.

Su libro, sin embargo, no contiene ningún alegato ideológico, menos aún algún llamado a la excitación revolucionaria. Indígnense es al mismo tiempo una invitación a tomar conciencia sobre la forma calamitosa en la que estamos gobernados, una restauración noble y humanista de los valores fundamentales de la democracia, un balde de agua fría sobre la adormecida conciencia de los europeos convertidos en consumidores obedientes y una dura defensa del papel del Estado como regulador. No debe existir en la historia editorial un libro tan corto con un alcance tan extenso.

Quien vea la movilización mundial de los indignados puede pensar que Hessel escribió una suerte de panfleto revolucionario, pero nada es más ajeno a esa idea. Indígnense y los indignados se inscriben en una corriente totalmente contraria a la que se desató en las revueltas de Mayo del ’68. Aquella generación estaba contra el Estado. Al revés, el libro de Hessel y sus adeptos reclaman el retorno del Estado, de su capacidad de regular. Nada refleja mejor ese objetivo que uno de los slogans más famosos que surgieron en la Puerta del Sol: “Nosotros no somos antisistema, el sistema es antinosotros”.

En su casa de París, Hessel habla con una convicción en la que la juventud y la energía explotan en cada frase. Hessel tiene una historia personal digna de una novela y es un hombre de dos siglos. Diplomático humanista, miembro de la Resistencia contra la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial, sobreviviente de varios campos de concentración, activo protagonista de la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, descendiente de la lucha contra esas dos grandes calamidades del siglo XX que fueron el fascismo y el comunismo soviético. El naciente siglo XXI hizo de él un influyente ensayista.

Cuando su libro salió en Francia, las lenguas afiladas del sistema liberal le cayeron con un aluvión de burlas: “el abuelito Hessel”, el “Papá Noel de las buenas conciencias”, decían en radio y televisión las marionetas para descalificarlo. Muchos intelectuales franceses dijeron que esa obra era un catálogo de banalidades, criticaron su aparente simplismo, su chatura filosófica, lo acusaron de idiota y de antisemita. Hasta el primer ministro francés, François Fillon, descalificó la obra diciendo que “la indignación en sí no es un modo de pensamiento”. Pero el libro siguió otro camino. Más de dos millones de ejemplares vendidos en Francia, medio millón en España, traducciones en decenas de países y difusión masiva en Internet.

El ultraliberalismo predador, la corrupción, la impunidad, la servidumbre de la clase política al sistema financiero, la anexión de la política por la tecnocracia financiera, las industrias que destruyen el planeta, la ocupación israelí de Palestina, en suma, los grandes devastadores del planeta y de las sociedades humanas encontraron en las palabras de Hessel un enemigo inesperado, un argumentario de enunciados básicos, profundamente humanista y de una eficacia inmediata. Sin otra armadura que un pasado político de socialdemócrata reformista y un libro de 32 páginas, Hessel les opuso al pensamiento liberal consumista y al consenso uno de los antídotos que más teme, es decir, la acción.

No se trata de una obra de reflexión política o filosófica sino de una radiografía de la desarticulación de los Estados, de un llamado a la acción para que el Estado y la democracia vuelvan a ser lo que fueron. El libro de Hessel se articula en torno de la acción, que es precisamente a lo que conduce la indignación: respuesta y acción contra una situación, contra el otro. Lo que Hessel califica como mon petit livre es una obra curiosa: no hay nada novedoso en ella, pero todo lo que dice es una suerte de síntesis de lo que la mayor parte del planeta piensa y siente cada mañana cuando se levanta: exasperación e indignación.

–Usted ha sido de alguna manera el hombre del año. Su libro tuvo un éxito mundial y terminó convirtiéndose en el foco del movimiento planetario de los indignados. Hubo, de hecho, dos revoluciones casi simultáneas en el mundo, una en los países árabes y la que usted desencadenó a escala planetaria.
–Nunca preví que el libro tuviera un éxito semejante. Al escribirlo, había pensado en mis compatriotas para decirles que la manera en la que están gobernados plantea interrogantes y que era preciso indignarse ante los problemas mal solucionados. Pero no esperaba que el libro se viera propulsado en más de cuarenta países en los cuatro puntos cardinales. Pero yo no me atribuyo ninguna responsabilidad en el movimiento mundial de los indignados. Fue una coincidencia que mi libro haya aparecido en el mismo momento en que la indignación se expandía por el mundo. Yo sólo llamé a la gente a reflexionar sobre lo que les parece inaceptable. Creo que la circulación tan amplia del libro se debe al hecho de que vivimos un momento muy particular de la historia de nuestras sociedades y, en particular, de esta sociedad global en la que estamos inmersos desde hace diez años. Hoy vivimos en sociedades interdependientes, interconectadas. Esto cambia la perspectiva. Los problemas a los que estamos confrontados son mundiales.

–Las reacciones que desencadenó su libro prueban que existe siempre una pureza moral intacta en la humanidad.
–Lo que permanece intacto son los valores de la democracia. Después de la Segunda Guerra Mundial resolvimos problemas fundamentales de los valores humanos. Ya sabemos cuáles son esos valores fundamentales que debemos tratar de preservar. Pero cuando esto deja de tener vigencia, cuando hay rupturas en la forma de resolver los problemas, como ocurrió luego de los atentados del 11 de septiembre, de la guerra en Afganistán y en Irak, y la crisis económica y financiera de los últimos cuatro años, tomamos conciencia de que las cosas no pueden continuar así. Debemos indignarnos y comprometernos para que la sociedad mundial adopte un nuevo curso.

–¿Quién es responsable de todo este desastre? ¿El liberalismo ultrajante, la tecnocracia, la ceguera de las elites?
–Los gobiernos, en particular los gobiernos democráticos, sufren una presión por parte de las fuerzas del mercado a la cual no supieron resistir. Esas fuerzas económicas y financieras son muy egoístas, sólo buscan el beneficio en todas las formas posibles sin tener en cuenta el impacto que esa búsqueda desenfrenada del provecho tiene en las sociedades. No les importa ni la deuda de los gobiernos, ni las ganancias escuetas de la gente. Yo le atribuyo la responsabilidad de todo esto a las fuerzas financieras. Su egoísmo y su especulación exacerbada son también responsables del deterioro de nuestro planeta. Las fuerzas que están detrás del petróleo, las fuerzas de las energías no renovables nos conducen hacia una dirección muy peligrosa. El socialismo democrático tuvo su momento de gloria después de la Segunda Guerra Mundial. Durante muchos años tuvimos lo que se llama Estados de providencia. Esto derivó en una buena fórmula para regular las relaciones entre los ciudadanos y el Estado. Pero luego nos apartamos de ese camino bajo la influencia de la ideología neoliberal. Milton Friedman y la Escuela de Chicago dijeron: “déjenle las manos libres a la economía, no dejen que el Estado intervenga”. Fue un camino equivocado y hoy nos damos cuenta de que nos encerramos en un camino sin salida. Lo que ocurrió en Grecia, Italia, Portugal y España nos prueba que no es dándole cada vez más fuerza al mercado que se llega a una solución. No. Esa tarea les corresponde a los gobiernos, son ellos quienes deben imponerles reglas a los bancos y a las fuerzas financieras para limitar la sobreexplotación de las riquezas que detentan y la acumulación de beneficios inmensos mientras los Estados se endeudan. Debemos reconocer que los bancos se pusieron en contra de la democracia. Eso no es aceptable.

–Resulta chocante comprobar la indiferencia de la clase política ante la revuelta de los indignados. Los dirigentes de París, Londres, Estados Unidos, en suma, allí donde estalló este movimiento, hicieron caso omiso ante los reclamos de los indignados.
–Sí, es cierto. Por ahora se subestimó la fuerza de esta revuelta y de esta indignación. Los dirigentes se habrán dicho: esto ya lo vimos otras veces, en Mayo del ‘68, etc., etc. Creo que los gobiernos se equivocan. Pero el hecho de que los ciudadanos protesten por la forma en que están gobernados es algo muy nuevo y esa novedad no se detendrá. Predigo que los gobiernos se verán cada vez más presionados por las protestas contra la manera en que los Estados son gobernados. Los gobiernos se empeñan en mantener intacto el sistema. Sin embargo, el cuestionamiento colectivo del funcionamiento del sistema nunca fue tan fuerte como ahora. En Europa atravesamos por un momento muy denso de cuestionamiento, tal como ocurrió antes en América latina. Yo estoy muy orgulloso por la forma en que la Argentina supo superar la gravedad de la crisis. Ello prueba que es posible actuar y que los ciudadanos son capaces de cambiar el curso de las cosas.

–De alguna manera, usted encendió la llama de una suerte de revolución democrática. Sin embargo, no llama a una revolución. ¿Cuál es entonces el camino para romper el cerco en el que vivimos? ¿Cuál es la base del renacimiento de un mundo más justo?
–Debemos transmitirles dos cosas a las nuevas generaciones: la confianza en la posibilidad de mejorar las cosas. Las nuevas generaciones no deben desalentarse. En segundo lugar, debemos hacerles tomar conciencia de todo lo que se está haciendo actualmente y que va en el buen sentido. Pienso en Brasil, por ejemplo, donde hubo muchos progresos, pienso en la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que también hizo que las cosas progresaran mucho, pienso también en todo lo que se realiza en el campo de la economía social y solidaria en tantos y tantos países. En todo esto hay nuevas perspectivas para encarar la educación, los problemas de la desigualdad, los problemas ligados al agua. Hay gente que trabaja mucho y no debemos subestimar sus esfuerzos, incluso si lo que se consigue es poco a causa de la presión del mundo financiero. Son etapas necesarias. Creo que, cada vez más, los ciudadanos y las ciudadanas del mundo están entendiendo que su papel puede ser más decisivo a la hora de hacerles entender a los gobiernos que son responsables de la vigencia de los grandes valores que esos mismos gobiernos están dejando de lado. Hay un riesgo implícito: que los gobiernos autoritarios traten de emplear la violencia para acallar las revueltas. Pero creo que eso ya no es más posible. La forma en que los tunecinos y los egipcios se sacaron de encima a sus gobiernos autoritarios muestra dos cosas: una, que es posible; dos, que con esos gobiernos no se progresa. El progreso sólo es posible si se profundiza la democracia. En los últimos veinte años América latina progresó muchísimo gracias a la profundización de la democracia. A escala mundial, pese a las cosas que se lograron, pese a los avances que se obtuvieron con la economía social y solidaria, todo esto es demasiado lento. La indignación se justifica en eso: los esfuerzos realizados son insuficientes, los gobiernos fueron débiles y hasta los partidos políticos de la izquierda sucumbieron ante la ideología neoliberal. Por eso debemos indignarnos. Si los medios de comunicación, si los ciudadanos y las organizaciones de defensa de los derechos humanos son lo suficientemente potentes como para ejercer una presión sobre los gobiernos las cosas pueden empezar a cambiar mañana.

–¿Se puede acaso cambiar el mundo sin revoluciones violentas?
–Si miramos hacia el pasado vemos que los caminos no violentos fueron más eficaces que los violentos. El espíritu revolucionario que animó el comienzo del siglo XX, la revolución soviética, por ejemplo, condujeron al fracaso. Hombres como el checo Vaclav Havel, Nelson Mandela o Mijail Gorbachov demostraron que, sin violencia, se pueden obtener modificaciones profundas. La revolución ciudadana a la que asistimos hoy puede servir a esa causa. Reconozco que el poder mata, pero ese mismo poder se va cuando la fuerza no violenta gana. Las revoluciones árabes nos demostraron la validez de esto: no fue la violencia la que hizo caer a los regímenes de Túnez y Egipto, no, para nada. Fue la determinación no violenta de la gente.

–¿En qué momento cree usted que el mundo se desvió de su ruta y perdió su base democrática?
–El momento más grave se sitúa en los atentados del 11 de septiembre de 2001. La caída de las torres de Manhattan desencadenó una reacción del presidente norteamericano Georges W. Bush extremadamente perjudicial: la guerra en Afganistán, por ejemplo, fue un episodio en el que se cometieron horrores espantosos. Las consecuencias para la economía mundial fueron igualmente muy duras. Se gastaron sumas considerables en armas y en la guerra en vez de ponerlas a la disposición del progreso económico y social.

–Usted señala con mucha profundidad uno de los problemas que permanecen abiertos como una herida en la conciencia del mundo: el conflicto israelí-palestino.
–Este conflicto dura desde hace sesenta años y todavía no se encontró la manera de reconciliar a estos dos pueblos. Cuando se va a Palestina uno sale traumatizado por la forma en que los israelíes maltratan a sus vecinos palestinos. Palestina tiene derecho a un Estado. Pero también hay que reconocer que, año tras año, vemos cómo aumenta el grupo de países que están en contra del gobierno israelí por su incapacidad de encontrar una solución. Eso lo pudimos constatar con la cantidad de países que apoyaron al presidente palestino Mahmud Abbas, cuando pidió ante las Naciones Unidas que Palestina sea reconocido como un Estado de pleno derecho en el seno de la ONU.

–Su libro, sus entrevistas, este mismo diálogo demuestran que, pese al desastre, usted no perdió la esperanza en la aventura humana.
–No, al contrario. Creo que ante las crisis gravísimas por la que se atraviesa, de pronto el ser humano se despierta. Eso ocurrió muchas veces a lo largo de los siglos y deseo que vuelva a ocurrir ahora.

–“Indignación” es hoy una palabra clave. Cuando usted escribió el libro, fue esa palabra la que lo guió.
–La palabra indignación surgió como una definición de lo que se puede esperar de la gente cuando abre los ojos y ve lo inaceptable. Se puede adormecer a un ser humano, pero no matarlo. En nosotros hay una capacidad de generosidad, de acción positiva y constructiva que puede despertarse cuando asistimos a la violación de los valores. La palabra “dignidad” figura dentro de la palabra “indignidad”. La dignidad humana se despierta cuando se la acorrala. El liberalismo trató de anestesiar esas dos capacidades humanas, la dignidad y la indignación, pero no lo consiguió.

efebbro@pagina12.com.ar

terça-feira, 22 de novembro de 2011

ESPANHA: OS INDIGNADOS NO DIVÃ

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Después de indignarse, mejor explicar

Por Martín Granovsky, para Página/12

Un sabor amargo invadió en 2002 y 2003 a muchos de quienes habían formado parte de las asambleas populares argentinas en medio de la crisis. Sintieron que el país no había cambiado como esperaban. Que el rechazo a buena parte de los dirigentes políticos no había fructificado en un sistema político distinto. Que no todos se habían ido. Algunos inclusive se asombraron de otra cosa: si la salida de Fernando de la Rúa había sido parte de una situación prerrevolucionaria, no fue la revolución lo que vino después.

El mismo sabor amargo podrían sentir hoy los indignados españoles. Es verdad que Izquierda Unida quintuplicó su representación parlamentaria y que la izquierda nacionalista vasca consiguió nada menos que siete representantes nacionales. Es verdad que el Partido Socialista Obrero Español recibió un castigo histórico el domingo último. Pero el día en que se cumplían 36 años de la muerte de Francisco Franco, el conservadurismo con toques de catolicismo papal del Partido Popular fue la herramienta del castigo. Y una herramienta nítida en los números: tendrá 186 bancas de las Cortes contra 110 del PSOE.

El PP de Mariano Rajoy, previsiblemente, hará aún con mayor convicción, si fuera posible, la política de sujeción al gobierno alemán que comenzó el presidente socialista del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero al impulsar y conseguir que el déficit cero de las cuentas fiscales quedara como principio constitucional. No sólo la ley, como en los últimos tiempos del tándem De la Rúa-Domingo Cavallo en 2001.  También la Constitución. Un texto que, en España, está cargado de simbolismo. Fue una reforma constitucional la que consagró la nueva democracia tras la muerte de Franco. A más de 30 años, acaba de ser otra reforma constitucional la que sacralizó el derecho de los bancos alemanes de cobrarse su deuda, aun cuando la desocupación haya superado una media nacional del 20 por ciento y supere el 40 por ciento para los jóvenes.

Si el movimiento de Indignados españoles era, en rigor, una forma disimulada de que creciera la izquierda, ya logró su cometido con el aumento en escaños de Izquierda Unida. La representación de la izquierda vasca es un fenómeno de otra naturaleza: expresa la adaptación de los abertzales a la realidad y la sintonía con la mayoría del pueblo vasco y su rechazo a la violencia de ETA como forma de avanzar hacia mayores niveles de autonomía. En todo caso, si hubo una indignación contra ETA y un sentimiento de indignación con el Partido Nacionalista Vasco, una suerte de democracia cristiana de centroderecha, la izquierda nacionalista logró canalizar ambos enojos.

Si el movimiento de los Indignados quería preservar el Estado de bienestar en pleno desmonte, no consiguió su objetivo. El PP previsiblemente tratará de cumplir esa tarea aun con más decisión que el PSOE.
Si quiso lograr una mayoría contra la supeditación de la economía a la ganancia financiera, que alcanzó un inédito 7 por ciento, tasa alta en Europa, tampoco obtuvo su objetivo. El PP es también afín a los sectores de las finanzas concentradas.

Lo que ocurrió en España es de manual. El gobierno que venía practicando la flexibilización laboral y el ajuste fiscal fue castigado aunque fuera de origen socialdemócrata y el beneficiado fue el partido que no gobierna desde 2004, cuando José María Aznar fue castigado al mentir que la masacre de Atocha había sido cometida por la ETA y no por el fundamentalismo islámico.

El cambio en el sistema político vasco parece decir que los movimientos sociales sólo tienen efecto electoral cuando antes se encarnaron en la política y buscaron no sólo el cuestionamiento sino una transformación desde los poderes del Estado. Ocurrió lo mismo en la Argentina de hace 10 años. Las asambleas fueron un instrumento clave para evitar que en una situación de crisis y descomposición social el país no cayera en la tentación de soluciones autoritarias. Los que imaginaban una revolución dirán que es poco. Los que temían un retroceso a valores no democráticos pensarán, en cambio, que fue mucho. En las cacerolas no estaba sólo el reclamo contra el corralito. También el pedido de renovar la Corte Suprema con la mayoría automática lograda por Carlos Menem en una sola noche.

¿Volverán los indignados españoles a su fuerza de hace seis meses o languidecerán como en las desvaídas jornadas de reflexión del sábado último, antes de las elecciones?

Y, sobre todo, ¿lograrán hacerse escuchar? Dicho de otro lado: ¿qué está dispuesto a oír la mayoría de los españoles y cómo desafiar no sólo al PP o al PSOE sino también cierto sentido común?

El triunfo del PP no significa sólo la derrota del PSOE por ser el partido de gobierno en medio de la peor crisis de la democracia española. También el ascenso de un partido menos comprometido con el laicismo, más sensible a las campañas de restricción de conquistas civiles como la campaña que pide la penalización del aborto y más cercano al sector financiero.

El ejemplo griego está a mano. Cayó la socialdemocracia y el nuevo gobierno de unidad nacional incluye no sólo a dirigentes del derechista Nueva Democracia y el socialista Pasok. Forman parte del flamante gabinete cuatro miembros de Laos, sigla del partido antisemita y de extrema derecha que busca instalar a los inmigrantes como chivo expiatorio.

El desafío de los indignados españoles, como el de cualquier forma de protesta contestataria, es el de reubicarse si quieren ser útiles y productivos. Quizás pueda decirse que los movimientos sociales perduran o consiguen sus objetivos –porque a veces lo segundo implica una instancia superadora que termina con lo primero– si son más didácticos que catárticos. Y si son más temáticos que simples portadores de una frustración general. Otro ejemplo argentino fue el Frente Nacional contra la Pobreza que recogió millones de firmas en 2001. Una de sus propuestas era la cobertura social universal. El tema pasó a formar parte de un nuevo denominador común, lo mismo que hoy sucede con la revisión penal de las violaciones a los derechos humanos. Los gobiernos de Néstor y de Cristina Kirchner interpretaron aquellas demandas y las convirtieron en políticas. Es un círculo virtuoso: sin decisión desde el Estado no hay políticas y sin instalación social es difícil la decisión desde el Estado.

Quizá sea el momento de diferenciar entre movimientos-mosquito, encargados de aguijonear a los ciudadanos, y movimientos destinados no sólo a señalar defectos sino a marcar rumbos y formas de alcanzar una meta.

No hay unos mejores que otros. Cada uno cumple su rol. Pero parece claro que, si el desafío es superar la fugacidad, no alcanza con descargar la bronca. La bronca puede ser hasta una herramienta más de construcción política, pero nunca reemplaza a la construcción misma.

sexta-feira, 21 de outubro de 2011

DOIS PESOS, DUAS MEDIDAS

Poderosos e irresponsables

Las autoridades europeas juzgaron que la calificación de las agencias a deudas soberanas y bancos agrava la crisis y podrían prohibir su difusión. En América latina, la opinión de estas agencias en los ’80 y los ’90 era palabra sagrada.

Por Raúl Dellatorre, para Página/12

La acción de las agencias calificadoras preocupa a las autoridades europeas, a punto tal que evalúan seriamente prohibir la publicación de sus informes. Según el comisario de Servicios Financieros y Mercado Interno de la UE, Michel Barnier, la medida se justificaría “cuando un país está negociando” una salida a su crisis, cuando las calificaciones negativas lleguen “en un momento inoportuno” o cuando provocan “inestabilidad en el país endeudado o, incluso, en el mundo”. No les faltan razones a las autoridades europeas, pero repasándolas surge claramente que son las mismas razones que ya existían en las décadas del ’80 y del ’90. Sólo que entonces los países endeudados y sometidos a las condiciones de refinanciación que imponían las calificadoras se llamaban Argentina, Ecuador o México. Ahora, en cambio, se llaman Italia y España.

Las tres principales calificadoras internacionales, Moody’s, Fitch y Standard & Poor’s, tienen a maltraer a bancos y países europeos. La última semana se produjo una sucesión de bajas de calificación que afectaron la deuda soberana de España, la banca italiana y amenazó con alcanzar a la banca francesa. Ayer se agregó una nota de Moody’s que, en tono de “advertencia”, pone en duda la solvencia de las aseguradoras europeas ante una “eventual crisis de las deudas soberanas de Italia y España”.

Las calificadoras de riesgo, cuya opinión era palabra sagrada en los años de apertura y privatizaciones, ahora han caído bajo la condena de las autoridades europeas, que parecen haber descubierto recién ahora que, detrás de estas entidades se encubren intereses económicos. Y no de los más sanos, o de los que marchan en el mismo sentido que los de la mayoría de la población.

“Las agencias de rating no vieron llegar la crisis, no calificaron correctamente determinados productos y empresas. Las agencias de rating deben considerarse probablemente una de las causas de esta crisis por malas evaluaciones que hicieron de ciertos riesgos y que tuvieron efecto procíclico”, dijo Barnier ayer, al explicar las razones por las que la Unión Europea promoverá un mayor control de las calificadoras, que no excluye la posibilidad de prohibir la divulgación de sus informes.

Para Barnier, el impacto negativo de las agencias de rating es incluso mayor en el caso de la deuda pública, porque “el efecto procíclico y sobre la estabilidad financiera puede verse agravado por calificaciones que se emiten de cualquier manera, sin que se sepa cómo se establecen, sin que se esté seguro de que hubo un diálogo con el país calificado”. Agregó que “no es el termómetro lo que provoca la fiebre, pero el termómetro debe funcionar correctamente para no agravarla y medirla correctamente, en el buen momento”.

En países en que, como Argentina, la deuda externa ha sido instrumento de dominación y sometimiento al poder financiero internacional, las noticias provenientes de Europa pueden resultar a la vez paradójicas e irritantes.

Paradójicas, porque son las autoridades europeas las que recogen ahora los argumentos que, en condiciones desfavorables, pretendían sostener por estas tierras y sin éxito durante dos décadas quienes se resistían y combatían al “pensamiento único” neoliberal.

Irritantes, porque la falacia de “las señales del mercado”, en el que se tenía que “generar confianza” y no provocar “malhumor”, justamente siguiendo los dictados de las calificadoras de riesgo, dejó un tendal de destrucción del tejido social, con hambre y muertes por desatención del Estado incluidos.

La reacción del pueblo griego, con una huelga de 48 horas y las manifestaciones de sus intelectuales condenando “la política irresponsable y criminal de austeridad y privatización” (carta abierta de Mikis Theodorakis y Manolis Glezos del 13 de octubre), deja en claro que el combate es contra el poder financiero concentrado. Las autoridades europeas pelean con ese mismo capital, histórico socio, pero sólo para evitar que los desbordes terminen desmoronando el imperio. Condenan la codicia del poder que expresan con su accionar las calificadoras, pero no el modelo económico y político que ellas representan.

Esa disputa sigue pendiente.

sábado, 8 de outubro de 2011

ARGENTINA E BRASIL: SIMILITUDES

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Experimente ler esse artigo de Luis Bruschtein substituindo os políticos citados por seus similares brasileiros e substituindo antikirchnerismo por antipetismo. Troque também Capital Federal (Buenos Aires) por São Paulo. O resultado é interessante.

Furiosos

 Por Luis Bruschtein, para Página/12

Hay un sector recalcitrante en la sociedad que está seguro de contener una verdad que para la inmensa mayoría estaría vedada. Esa inmensa mayoría no estaría en condiciones de ver lo que para ellos es evidente y revulsivo. A veces con paternalismo, a veces con un profundo sentimiento de superioridad, con un elitismo elemental, explican esa diferencia de percepción que les da identidad como pequeño grupo. Reivindican esa percepción que les da rango de minoría, como si fuera de minoría exquisitamente profética.

No es la oposición, sino una fracción de ella la que se hace cargo de esa mirada, que es compartida por algunos columnistas de los grandes medios, que necesitan ese condimento para hacer más vibrantes sus comentarios. Pero esa actitud ante la realidad también tiene raíz en un sector de la sociedad, un sector con más tendencia a los prejuicios y a las miradas conspirativas tipo Sabios de Sión. Este sector alimenta a esos columnistas y a algunos políticos de la oposición en el peronismo disidente o en viejos sustratos del antiperonismo, radicalmente gorilas, por izquierda y por derecha.

Estos políticos, como Eduardo Duhalde o Elisa Carrió, han sido los más castigados por el voto. Después de las PASO, quedaron prácticamente en vías de extinción. Quedó muy expuesta la actitud crispada, al borde de la explosión violenta, siempre predispuestos a la pelea gritona, acusadora y despectiva. Es evidente que más del 80 por ciento de los votantes, entre oficialistas y opositores, no vieron motivos para esa tensión. Y la penaron.

En realidad, toda la oposición estuvo tentada por ese discurso. Algunos lo tomaron más y otros menos, pero en general la tentación fue grande porque es más fácil confrontar entre blanco y negro. Hacer una crítica con matices desde el llano es más complejo y no tiene efectos inmediatos. Los discursos más castigados fueron los más crispados, pero los resultados demostraron que en general toda la gama que integra la oposición fue puesta en penitencia.

Uno podría preguntarse qué habría sucedido si la oposición hubiera asumido otra actitud frente al Gobierno, si, en ese caso, los resultados hubieran sido menos contundentes, si las diferencias hubieran sido menores. Pero sería una pregunta contrafáctica y, como todas ellas, sin respuesta certera. No faltan los que votan al oficialismo porque no ven una oposición que los convenza. Es posible que ante una disposición crítica razonable –ni rupturista ni oposicionista– ese voto cambiara de rumbo. De todos modos, el grueso de los votos que fue cosechando el oficialismo se explica más por sus méritos que por las metidas de pata de la oposición. Cargarle toda la romana a la oposición, como se tentaron algunos después de las primarias, también sería hacer una lectura equivocada.

Leyendo, viendo y escuchando el mensaje corporativo de los grandes medios y observando las actitudes en algunos sectores de capas medias porteñas, se puede ver que ese antikirchnerista ultrarrecalcitrante y esencialmente gorila, a izquierda y derecha, sigue igual que antes de las primarias. Son bastantes en la Capital Federal, pero son poquitos en general. Creen que la mayoría no puede ver la realidad. Con ese argumento no se preocupan por, aunque más no sea, intentar ver lo que piensa la mayoría. Con mucho resentimiento, se sienten profetas desoídos, minoría iluminada y furiosa. Sumergidos en una sopa de omnipotencia sin resignación, insisten con el mismo discurso brutalmente despectivo y descalificador, escriben artículos insultantes y libros con afirmaciones discutibles, citas dudosas y conclusiones terribles que evocan una realidad que comparten muy poquitos. A veces parte de esa producción es consumida, pero es evidente que no es valorada. El que lo escribió y vendió tanto, no será leído de la misma manera la próxima vez.

Algunos que posan de izquierdistas, y otros que desertaron del oficialismo porque pensaron que se desplomaba, insisten mucho con la idea de la hipocresía, del doble discurso, de la traición permanente, de las intenciones aviesas detrás de las propuestas progresistas. Coinciden con otros sectores conservadores para los que todas las acciones del Gobierno están inspiradas por la corrupción. Para ellos es un gobierno del narcotráfico, o de corruptos esencialmente autoritarios que desprecian las instituciones republicanas. Esa verdad conspirativa es su tesoro, que aquilatan con el fanatismo de una revelación.

Cualquier gobierno con esas características despierta odio y rechazo. Es lo que siente la minoría que tiene esa visión del Gobierno. En algunos se trata de una construcción artificial y oportunista, pero hay muchos que, movidos por el odio, realmente creen en esa descripción y, por lo tanto, son agresivos y muy despectivos con los que no piensan como ellos. En zonas como Barrio Norte y Palermo se han dado situaciones de agresión física incluso, protagonizadas por personas con ese perfil. No es común que un gobierno despierte enconos tan desaforados. Hay un antecedente en los primeros gobiernos de Perón. Debe existir seguramente una relación entre el gobierno como acción, propuesta y pensamiento y la intensidad de esos sentimientos. Entre los afluentes culturales, sociales y económicos de esas furias se mezcla el odio contra el advenedizo, contra el recién llegado y contra lo plebeyo. Por supuesto, hay un condimento muy fuerte en ese compuesto, que es el aportado por los afectados por la temática de los derechos humanos y sus familiares y partidarios. En ese tema, en el que la gran mayoría de la sociedad ya tiene una posición asumida, no hay término medio. El que odia por esa razón, lo viene haciendo desde hace tiempo y con mucho ímpetu, con la diferencia de que ahora, sus sentimientos quedaron mimetizados entre los otros odios y amplificado junto con ellos por los grandes medios y los columnistas enojadísimos.

Las encuestas que están circulando sobre las elecciones presidenciales indican que Cristina Kirchner ganaría en primera vuelta con un porcentaje tanto o más alto que en las primarias. Hay votos del peronismo disidente y del progresismo opositor que fueron a la Presidenta, con una altísima composición del voto por parte de los sectores más humildes. Y votos del radicalismo que se corrieron hacia Hermes Binner.

De todas maneras, esa minoría recalcitrante que odia visceralmente al kirchnerismo, al que concibe como lo peor de lo peor, debe soportar ahora que sea uno de los gobiernos con más respaldo popular de la historia. Que esa pústula de arribistas, hipócritas y corruptos, que serían los KK, como les dicen, vuelva a gobernar este país en un ciclo que se extenderá finalmente por doce años, seguramente constituye una situación insoportable para ellos. Ese pequeño grupo seguramente atraviesa uno de los momentos más difíciles de sus vidas. No es para envidiarlos.

Tampoco es para no prestarles atención, porque de la mano de esta forma de sentir y pensar han venido siempre los revanchismos. De minorías como éstas se formaron los comandos civiles, por ejemplo, o han proporcionado las excusas de izquierda, centro y derecha para justificar reacciones sangrientas y antipopulares. Todo lo irracionales y desaforadas que puedan parecer esas posiciones ahora, en otro momento histórico podrían convertirse en paradigmas del sentido común de bandas de linchamiento como han sido los golpistas del ’55 y del ’76. A la oposición política no le conviene confundirse con estos grupos, partidos o dirigentes. La Argentina no está en el ’55 o en el ’76, es otro momento histórico y los discursos del odio son nada más que eso, no juntan votos ni abren puertas al futuro.

segunda-feira, 19 de setembro de 2011

domingo, 21 de agosto de 2011

Verano negro para Cameron y los británicos


El desgaste en sólo quince meses de la coalición conservadora-liberal demócrata es notable. La pregunta es cuánto puede resistir el embate de los elementos, ahora que la economía del mundo desarrollado parece en estado de implosión.

Por Marcelo Justo

Desde Londres, para Página/12

El verano de David Cameron comenzó a principios de julio con las escuchas telefónicas ilegales y está terminando este agosto con los peores disturbios de la posguerra. En el medio, coloreando todo, un continuo declive económico que está proyectando el fantasma de una segunda recesión. El desgaste en sólo 15 meses de la coalición conservadora- liberal demócrata es notable. La pregunta es cuánto puede resistir el embate de los elementos, ahora que la economía del mundo desarrollado parece en estado de implosión.

El año político británico, que comienza normalmente en septiembre con el congreso anual de los sindicatos y los principales partidos políticos, se adelantó un mes gracias a los disturbios y saqueos. El primer ministro tuvo que cortar abruptamente sus vacaciones, la plana mayor del gobierno, sus diputados y la oposición regresaron de sus sombrillas, esterillas y paseos, y la sociedad entera se sumergió en un debate que va a marcar la agenda política de los próximos años. Cameron comenzó con un endurecimiento de su discurso –”es una cuestión puramente delictiva”– que lo dejó sin mucho margen de maniobra. Si ese era el único significado de los disturbios, el gobierno no tenía mucho que hacer: sólo cárcel y mano dura. Esta semana Cameron intentó una conceptualización más amplia hablando de “una sociedad rota”, “una desintegración moral” y “la necesidad de revisar la política social”. No bien terminó de formular estas ideas, el aumento de la tasa de desempleo lo devolvió a una realidad más prosaica. Las estadísticas mostraban 2 millones y medio de desempleados, casi el 8 por ciento de la fuerza laboral.

Los jóvenes de entre 18 y 24 años de edad son los más afectados: uno de cada cinco está sin trabajo. No es el único problema de este sector, alma mater de los disturbios. Debido a la triplicación de la matrícula universitaria que se aplicará a partir de 2012, la mayoría de los estudiantes que termina la secundaria ha desechado la tradición del gap year –una especie de año sabático para viajar antes de sumergirse en la universidad– y está buscando un lugar en la universidad este año. El resultado es que casi 190 mil postulantes se están disputando 29.409 lugares en la universidad. Un estudio indica que los que no entren probablemente no vayan a la universidad el año próximo debido al aumento de las matrículas. Con decenas de miles sin estudio, sin trabajo y sin perspectivas, ¿se pueden descartar nuevos disturbios?

El segundo frente de tormenta para Cameron es el escándalo de las escuchas telefónicas. La publicación esta semana de la carta de Clive Goodman, el periodista de News of the World condenado por el caso en 2007, revela que las escuchas telefónicas ilegales se discutían abiertamente en las reuniones que presidía el entonces editor del dominical Andy Coulson. La suerte de Coulson, que fue arrestado y puesto en libertad bajo fianza el mes pasado, está echada. Pero la decisión de Cameron de contratarlo como su jefe de propaganda meses después que dejara su cargo en el New of the World se está convirtiendo en la soga que puede terminar ahorcándolo. En aquel momento, tener a alguien tan vinculado con el grupo Murdoch pudo parecer imprescindible para ganarle las elecciones al laborismo, que llevaba 10 años consecutivos en el gobierno. Si la decisión era más que dudosa a nivel ético, se agrava por la presencia de señales que ponen el “affaire Coulson” más allá del mero cálculo político.

Según el The Independent, una ex “dominatrix”, Natalie Rowe, directora de una agencia de prostitución, y amiga del ministro de Finanzas George Osborne desde los años ’90, estuvo entre los números de teléfono hackeados por el News of The World en 2005, cuando David Cameron se postulaba para jefe del Partido Conservador. El dominical seguía una pista de consumo masivo de cocaína en la campaña, cuyo director era el mismo Osborne. Dos años más tarde el ministro de Finanzas fue el principal responsable de que Cameron contratara a Coulson. No es necesario ser un amante de las teorías conspirativas para sospechar una posible conexión entre este nombramiento y la investigación del News of the World sobre la amistad de Natalie Rowe y Osborne.

El enigma puede develarse en los próximos meses. Rowe está por publicar su libro de memorias en el que, según la publicidad previa, quedan comprometidos dos miembros del gabinete de Cameron y dos ex ministros conservadores. La doble investigación que lleva la policía sobre escuchas telefónicas y hackeo de computadoras, que está a cargo del juez Lord Brian Levenson sobre la relación entre los medios y la política, y la que sucede en la comisión de interior del Parlamento, sacarán a relucir más trapos sucios. El gobierno se reunió más de 30 veces con los directivos del grupo Murdoch después de las elecciones de mayo del año pasado: 5 veces en las primeras semanas. Osborne se lleva las palmas: tuvo 16 encuentros con el grupo Murdoch. El contenido de estas reuniones, cuando todavía estaba en juego la adquisición por parte del grupo de la totalidad del paquete accionario de BskyB, tiene un potencial indudablemente explosivo.

Es posible que el gobierno sobreviva al escándalo de las escuchas siempre y cuando no aparezca nada que comprometa directamente la integridad de Cameron. Más complicada es la situación económica. El gobierno avanzó contra viento y marea con un programa de drástico ajuste fiscal a pesar de que la economía estaba saliendo muy lentamente de una profunda recesión, con una caída del PIB de 4,9% en 2009. Hoy la economía hace agua por todos los flancos. El consumo doméstico está planchado, la inflación es de un 4,4%, mientras que los salarios sólo crecieron un 2,6, las exportaciones se desinflaron y el PIB apenas aumentó un 0,2 por ciento el último trimestre. Pero todavía falta lo peor. Como consecuencia del ajuste, unas 143 mil personas perdieron su trabajo en el sector público en los últimos 12 meses, pero el cálculo oficial indica que en los tres años y nueve meses que quedan de gobierno habrá entre 440 y 500 mil despidos adicionales. Con el huracán económico que se avecina en el mundo desarrollado, es fácil ver que los problemas de este verano son apenas el comienzo.

quarta-feira, 17 de agosto de 2011

LA ALEGRIA NO ES SOLO BRASILERA


También los vecinos consagran las primarias

En un gesto que refleja el impacto regional de la diferencia en las primarias entre la Presidenta y quien la siguió, la saludaron Dilma Rousseff, Evo Morales, Rafael Correa, Juan Manuel Santos, Hugo Chávez y Pepe Mujica.

Por Martín Granovsky, para Página/12

Mientras la economía alemana crecía menos de lo esperado y la pareja Nicolás Sarkozy-Angela Merkel proponía un cinturón de castidad forjado en hierro macizo para el gasto fiscal de cada país de Europa, incluyendo reformas constitucionales, Cristina Fernández de Kirchner recibió felicitaciones de sus colegas. La cantidad y diversidad de llamados puede deberse a una interpretación común: quizá también ellos piensen que el 50,7 por ciento obtenido por CFK el domingo y la diferencia de casi 38 puntos sobre el segundo son dos datos que ya adelantaron, de hecho, las presidenciales del 23 de octubre. Si no, ¿por qué levantar el teléfono por una primaria?

La Presidenta ya había informado en su conferencia de prensa del lunes que el uruguayo José “Pepe” Mujica fue el primer dirigente que la saludó. Lo mencionó cuando dijo que la Argentina podía seguir, internamente, el modelo de Unasur, donde presidentes de orígenes políticos diferentes acordaron que coordinarán medidas para resguardarse del granizo que cae sobre los Estados Unidos y Europa.

En diálogo con Víctor Hugo Morales por radio (ver aparte), Mujica retomó ese argumento. “Tenemos bancos que los manejan los Estados de la región (con los que) podremos golpear algunas puertas y administrar cualquier crisis que nos pueda caer”, dijo el presidente uruguayo.

Funcionarios del gobierno argentino que pidieron reserva de su identidad revelaron una frase de la conversación de la brasileña Dilma Rousseff: “Felicitaciones para vos, Cristina. Me puse muy feliz cuando vi los resultados”. Rousseff había sido mencionada por Cristina Kirchner el lunes como “presidenta y compañera”.

Otro de los recordados el lunes, el colombiano Juan Manuel Santos, llamó a Cristina Kirchner para saludarla. Se adelantó, porque la verá mañana en su primera visita oficial a la Argentina desde que asumió la presidencia, el 7 de agosto de 2010 (ver recuadro). CFK citó a Santos cuando indicó, confirmando la primicia de este diario, que fue el presidente de Colombia quien el 28 de julio último en Lima sugirió discutir a fondo la crisis financiera mundial. Colombia coloca el 40 por ciento de sus exportaciones en los Estados Unidos.

También saludó el boliviano Evo Morales. Y lo mismo el ecuatoriano Rafael Correa.

Cristina Kirchner se encontrará mañana con el paraguayo Fernando Lugo por video desde un stand de Tecnópolis. Anunciarán la obra de Aña Cuá, complementaria de Yacyretá.

El venezolano Hugo Chávez ya había puesto un tweet en @cha vezcandanga, su cuenta, el mismo domingo de las primarias: “Bravo querida Cristina! Bravo! Viva Néstor! Viva Argentina! Desde Caracas, contigo, con Uds, con la Patria Argentina!”. La Presidencia de Venezuela informó, en varios tweets separados, que “Presidente Chávez felicitó a su homóloga Argentina (CFK) por la contundente victoria electoral” el lunes por la mañana. “Chávez manifestó a Cristina Fernández su felicidad por encontrarse de nuevo en Venezuela, tras cumplir con la segunda etapa de quimioterapia”, dice otro texto. Y sigue la secuencia: “Se refirió el comandante Chávez a que en Cuba constató científicamente la positiva evolución del proceso de recuperación plena de su salud”. Expresa el comunicado de Cancillería venezolana que “la presidenta Cristina (Fernández) recibió con emoción esta grata noticia”. La mandataria argentina “reiteró al presidente Chávez sus mejores deseos de pronto reestablecimiento. Insistió la presidenta Cristina al comandante Chávez en la necesidad de no perder de vista el cuidado de su salud. Fernández y Chávez coincidieron en que los Pueblos de Nuestra América han escogido, definitivamente, la senda de la soberanía y la justicia. Los presidentes se mostraron satisfechos con los avances en las reuniones de Unasur (arquitectura financiera regional propia e independiente)”.

Los ministros de Economía y los presidentes de los bancos centrales se reunieron el viernes último en Buenos Aires para discutir el uso del monto de reservas en eventuales salvatajes de un vecino en aprietos y se comprometieron a intensificar el comercio regional sin pasar por el dólar. El anfitrión fue Amado Boudou, ministro de Economía a punto entonces de ser consagrado candidato a la vicepresidencia por el oficialismo. La secretaria general de la Unasur, María Emma Mejía, que ayer visitó a Chávez en Caracas, trabajó junto al ex consejero de Néstor Kirchner en la Unasur, Rafael Follonier, que sigue cerca de la Presidenta. Y el ministro de Relaciones Exteriores, Héctor Timerman, prepara, como mínimo, dos iniciativas regionales con vencimiento inmediato. El 24, la reunión de cancilleres de la Unasur en Buenos Aires. Y el 29 de agosto, el encuentro Cristina-Mujica durante la inauguración del tren que cruzará el Uruguay desde Concordia.

El 29 de julio último, en Brasilia, delante de las presidentas argentina y brasileña, Lula dijo que cambiaría de residencia para votar por Cristina Kirchner. Un gesto fuerte para quien tiene buenas relaciones personales con Eduardo Duhalde (de cuando el ex presidente encabezó el Mercosur a comienzos del gobierno de Néstor Kirchner), con Ricardo Alfonsín por la transferencia de cariño que Lula siente por su padre y con Hermes Binner por la relación orgánica entre el Partido Socialista y el Partido de los Trabajadores.

Los jefes de Estado y los ex suelen sentirse cómodos cuando tienen vecinos estables, y más aún si la afinidad es política y personal, como en el caso de Brasil y la Argentina.

Al frente de la principal economía de Sudamérica, Dilma acaba de afirmar al semanario Carta Capital que no tolerará la corrupción por motivos éticos y de eficiencia, pero tampoco admitirá que algunos medios pauten sus temas de preocupación. Y dio mucha importancia al mundo. Criticó lo que definió como “penalización” después de años de oferta de créditos y productos por parte de las economías centrales y citó al economista Luiz Gonzaga Belluzzo, uno de sus entrevistadores, al recordar que Europa y los Estados Unidos “intentan responder a la crisis con aquello que la provocó”. Una encuesta de CNT/Census indicó que Dilma goza de una aprobación personal del 70 por ciento.

Cristina Kirchner dijo el lunes que ella y la presidenta brasileña coordinarán posiciones comunes antes de la reunión del Grupo de los 20 en Cannes, en noviembre próximo.

Al mismo tiempo que acordaban un cepo para el déficit fiscal de las economías europeas, el francés Sarkozy y la alemana Merkel arreglaron ayer instaurar un impuesto a las transacciones financieras. Hasta ahora la insistencia en tomar medidas contra la volatilidad de los capitales era una propuesta de los países emergentes.

martin.granovsky@gmail.com

quarta-feira, 1 de junho de 2011

En el origen de “la indignación”

Por Mario Goloboff *
Página/12

Así como en el origen del Mayo francés del ‘68 suelen entremezclarse las visiones de Arthur Rimbaud, los manifiestos del vasto y luminoso surrealismo o los textos del enorme teórico de la Escuela de Frankfurt Herbert Marcuse, en el novedoso Movimiento del 15M, “Por una democracia real ¡ya!”, este actual e imprevisto Mayo español de “la indignación” que estamos contemplando absortos asoman teorizaciones precedentes, ocultas o ignoradas, no por ello menos actuantes y acuciantes. En especial una, la de un verdadero grande del siglo XX que afortunadamente sigue viviendo, Stéphane Hessel. Su llamamiento Indignezvous! (¡Indignaos!) iba por el medio millón de ejemplares vendidos en Francia hacia las Navidades últimas y, difundido en la península a principios de este año, a poco de ser traducido al español, fue leído por multitud de jóvenes.

Pero ¿quién es el autor? Como suele ocurrir paradójicamente en estos casos, no se trata de un joven intelectual adelantado o enganchado a la revuelta, sino de un señor judío alemán que ha vivido y visto lo suyo, y que hoy, con sus apenas 93 años, parece saludable y piensa, para bien de todos, con originalidad y creatividad no exentas de bases reales, en nuestro riesgoso e improbable futuro.

Nacido en Berlín en 1917, de una madre pintora, Helen Grund, y de un padre escritor y traductor, Franz Hessel (colaborador, entre otras tareas, de Walter Benjamin en una traducción de la novela de Marcel Proust, En busca del tiempo perdido), se establece su familia en París en 1924, lo que le permite frecuentar todavía muy joven el medio surrealista parisiense y en especial a Marcel Duchamp y al escultor norteamericano Alexandre Calder. Ingresa en la prestigiosa Ecole Normale Supérieure de la rue d’Ulm, pero sus estudios son interrumpidos por la guerra y en 1941 se incorpora a los servicios de informaciones y contraespionaje de La France Libre del general Charles de Gaulle, donde trabaja, en Londres y en el exterior, hasta que, desembarcado clandestinamente en Francia bajo el seudónimo de combate “Greco”, es detenido por la Gestapo en julio de 1944. Después de haber resistido a sus torturadores, y de haberlos confundido hablando un perfecto alemán natal, es enviado a Buchenwald. Trasladado, evadido, apresado, vuelto a evadirse, integrará tras la Liberación los primeros altos planteles en el Ministerio de Relaciones Exteriores, será enviado a las Naciones Unidas, nombrado secretario de la Comisión de derechos del hombre, y participará de modo eminente en la redacción, junto a René Cassin, Eleanor Roosevelt y el libanés Charles Habib Malik, entre otros, de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de 1948. Ubicado siempre a la izquierda de los gaullistas y del arco político francés, se pronunciará contra la guerra colonial de Argelia militando a favor de la independencia argelina y, hacia los noventa, con François Mitterrand en el Elíseo, pedirá su afiliación al Partido Socialista. Entre sus actividades políticas recientes figuran la visita, valiéndose del pasaporte diplomático, a la Franja de Gaza, y su testimonio de lo que allí, vergonzosa y dolorosamente, sucede bajo el cerco israelí.

Comienza el llamamiento de “la indignación” reconociendo que habla a los jóvenes desde la última etapa de su vida, ya que “el fin no está muy lejos”. Pero que tiene la suerte de poder recordar lo que ha servido de base a su compromiso político: los años de la Resistencia y el programa que ella elaboró, el del 15 de marzo de 1944, basado justamente en la indignación que producían en los jóvenes la Ocupación y el nazismo, y fundado en “un conjunto de principios y valores sobre los cuales debería reposar la democracia moderna”. Más que nunca, dice Hessel, hoy necesitamos de ellos para sentirnos orgullosos de una sociedad: “no de ésta de clandestinos, de expulsados, de sospechas sobre los inmigrantes, de ésta en la que no se respetan las jubilaciones, las garantías de la seguridad social, donde los medios de comunicación están en manos de los poderosos”. Otras de las reivindicaciones que el programa preconizaba era “el retorno a la Nación de los grandes medios de producción monopolizados, fruto del trabajo común, de las fuentes de energía, de las riquezas del subsuelo, de las compañías de seguros y de los grandes bancos”. El interés general, agrega, debía y debe estar por sobre el interés particular, la justa repartición de las riquezas generadas por el mundo del trabajo debe primar sobre el poder del dinero. “Una verdadera democracia tiene necesidad de prensa independiente y aquel programa lo decía claramente: ‘la libertad de prensa, su honor y su independencia frente al Estado, a las potencias del dinero y a las influencias extranjeras’. Este es el programa y éstas, las conquistas sociales de la Resistencia que la situación actual pone en tela de juicio.”

Por ello, “el motivo de la resistencia, hoy, es la indignación”. ¿Cómo puede faltarle dinero ahora al Estado para cumplir con sus obligaciones, se pregunta, si la producción de riquezas ha aumentado considerablemente desde la Liberación, cuando Europa estaba arruinada? Sólo, responde, porque el poder del dinero jamás ha sido tan grande, con sus propios servidores hasta en las más altas esferas del Estado. Jamás la distancia entre los más pobres y los más ricos ha sido tan importante. “El motivo de base de la Resistencia era la indignación. Nosotros, veteranos de los movimientos de la Resistencia, llamamos a las jóvenes generaciones a hacer vivir, a transmitir la herencia de la Resistencia y sus ideales. Nosotros les decimos: tomen el relevo, ¡indígnense!”

La actual dictadura internacional de los mercados financieros es la que amenaza la paz y la democracia, sostiene. Estas son la democracia y la libertad incontroladas del zorro en el gallinero. “Yo les sugiero a todos y a cada uno de ustedes tener un motivo de indignación. Eso es precioso. Cuando algo los indigna como he estado indignado yo por el nazismo, entonces uno deviene militante, fuerte y comprometido. Uno se agrega a esa corriente de la historia y la gran corriente de la historia prosigue gracias a cada uno.”

La indiferencia –va concluyendo el opúsculo– es la peor de las actitudes. Si alguien se comporta con indiferencia, “pierde uno de los componentes esenciales que conforman lo humano”. Identifica los dos grandes desafíos del presente: no se puede dejar crecer esta distancia entre ricos y pobres en el mundo; hay que salvaguardar los derechos del hombre y el estado del planeta. Dos desafíos, se entiende, con todo su contenido social, político, biológico y moral. Y llama a asumirlos (he aquí otra particularidad) por la vía no violenta. La violencia, según Hessel, aunque justificada en algunos casos excepcionales, “vuelve la espalda a la esperanza”. Para él, “hay que preferir la esperanza, la esperanza de la no violencia”. Recoge expresamente el mensaje de Mandela, de Martin Luther King, que “encuentra toda su pertinencia en un mundo que ha sobrepasado la confrontación de las ideologías y el totalitarismo conquistador”. Y recomienda solucionar los conflictos por una comprensión mutua y “una paciencia vigilante”. Fundadas en los derechos cuya violación, cualquiera sea el autor, “debe provocar nuestra indignación”. Preconiza, así, “una insurrección pacífica”; marca nítidamente contra qué y quiénes: “contra los medios de comunicación de masas que proponen como horizonte a nuestra juventud el consumo de masas, el desprecio por los más débiles y por la cultura, la amnesia general y la competencia a ultranza de todos contra todos”. Y termina subrayando: “Crear es resistir. Resistir es crear”.

No pienso, claro está, que éste sea el único aporte ideológico que recoge la protesta. Pero sin duda es una fuente preciada de inspiración, incluso en lo verbal. Tampoco parece raro que resurja hoy en España, no sólo por razones económicas y sociales. A la luz de su memoria histórica, que en los pueblos suele ser más poderosa y patente, aunque inconsciente, que en los individuos, reaparecen las raíces y las ideas libertarias que imperaron y fueron llevadas a la práctica allí como en ningún lugar del mundo durante la fascinante experiencia de la revolución española, antes de la derrota en la guerra civil. Derrota que, como se ve, es siempre relativa, sobre todo en el plano de las ideas y de lo moral o, como dicen los manifestantes, de “la dignidad humana”.

* Escritor, docente universitario.

terça-feira, 29 de março de 2011

Tras la visita de Obama, volvió Lula

Ponto de vista de partidos conservadores.

Mientras los partidos conservadores machacan en la tesis de que el ex mandatario se distanció de su sucesora en escarmiento por su aproximación a Washington, el ex presidente y la actual mandataria reafirman su cercanía.

Por Darío Pignotti
Desde Brasilia, para Página/12
  Lula vuelve (o volvió). Desde su ausencia al almuerzo ofrecido por la presidenta brasileña Dilma Rousseff a Barack Obama, hace una semana, los partidos conservadores machacan en la tesis de que el ex mandatario se distanció de su sucesora en escarmiento por su aproximación a Washington.

“No apuesten en eso (ruptura con Lula), porque van a perder la apuesta. ¿Saben a dónde voy el 30 de marzo? Voy a Portugal con Lula”, comentó despreocupadamente la primera mandataria brasileña, ante un grupo de cineastas y periodistas en la residencia oficial, donde este mes, el de la mujer, fueron recibidas varias personalidades femeninas, publicó ayer Folha de Sao Paulo.

Dilma se refería al primer encuentro internacional, desde el inicio de su mandato en enero, que compartirá con su mentor político en la Universidad Coimbra, donde Lula recibirá un doctorado honoris causa.

Lula refrendó los dichos de su correligionaria. “No existe la hipótesis sobre divergencias entre Dilma y yo. Porque cuando las divergencias existan, ella tendrá la razón”, aseguró desde Portugal, mientras en Londres esta semana se anunciará el ganador del premio internacional otorgado por la Fundación Gorbachov, en el que el ex presidente es uno de los ternados.

Excitados por el impacto de la cumbre Dilma-Obama, del sábado 19 de marzo, algunos analistas de derechas incurrieron en tesis exorbitantes, como suponer que el nuevo gobierno arrasará con el legado diplomático de Lula y restablecerá, sin más, la primavera política entre Washington y Brasilia vivida bajo la presidencia de Fernando Henrique Cardoso, quien sí participó del banquete ofrecido al visitante norteamericano.

Y un grupo pequeño, los más alocados, entre los que se cuentan ciertos voceros del agronegocio, hasta habla de resucitar el ALCA, que en paz descansa desde 2005, cuando fue enterrado por Lula, Kirchner y Chávez.

Por tanto, asegurar que Rousseff acabará por completo con los postulados diplomáticos que rigieron entre 2003 y 2010 suena desproporcionado, pero hay que decir que es ciego no ver alguna señal de descontento en el plato que Lula dejó vacío durante el banquete ofrecido en el Palacio Itamaraty, sede de la Cancillería.

Más, este cronista percibió un sutil descontento hacia algunas iniciativas de política externa de Dilma un mes y medio atrás, en el Partido de los Trabajadores –en esos días avanzaban las negociaciones para la visita de Obama– durante el evento que marcó el regreso a la política local de Lula, 40 días después de haber concluido su presidencia.

El segundo retorno de Lula, ahora en el plano internacional y con la pompa propia de una universidad portuguesa de siete siglos, puede deparar efectos políticos colaterales, algo que también dejó la visita de Obama.

El más evidente de ellos fue observado cuatro días después de que Obama abandonó Río de Janeiro, cuando Brasil votó en la ONU junto a Estados Unidos, por la creación de un relator sobre derechos humanos en Irán, dando un giro respecto de los lineamientos que marcaron la relación Teherán-Brasilia hasta el año pasado.

Acto seguido el Parlamento iraní acusó a Estados Unidos de presionar al Palacio del Planalto a través de una declaración plena de ataques al gobierno de Obama y vacía de cuestionamientos a Rousseff.

Cabe imaginar que Teherán haga gambetas para evitar choques con Brasil buscando preservar el diálogo construido en los años de Lula, cuya influencia en el gobierno de Rousseff y el PT están fuera de duda. De allí que la vuelta al ruedo internacional de Lula sea un dato crucial de la política externa brasileña, al tiempo que se hicieron notorios los encontronazos entre el ex canciller Celso Amorim, calificado como “antinorteamericano” por auxiliares de Hillary Clinton (Wikipedia dixit), y el actual jefe de Itarmaraty, Antonio Patriota, visto amigablemente desde el Norte.

La agenda externa de Lula podrá ser equiparable a las gestiones internacionales que llevó adelante el ex presidente Kirchner, o las que sigue realizando Bill Clinton. A veces oficiosas, pero jamás en colisión con la Casa Rosada y Blanca.

Tampoco se descarta que desempeñe algún cargo formal, según un trascendido, el ex presidente podría ser nombrado embajador especial para Africa, y su nombre fue barajado como eventual negociador en Libia.

En las últimas semanas no dejó de tender puentes hacia el mundo árabe. Lula visitó Qatar, donde abogó por estrechar los lazos entre Medio Oriente y Brasil, tras lo cual ofreció una conferencia ante la populosa y poderosa comunidad árabe de San Pablo, que lo escuchó deplorar los ataques occidentales contra Libia e instar a una solución negociada.

Prueba de que su jubilación política está lejos, y su retorno fue más temprano de lo esperado, tampoco descuidó la agenda sudamericana: luego de visitar Paraguay el viernes pasado desembarcó en Uruguay donde despotricó contra el “imperialismo” y aseguró que Brasil no ambiciona ninguna hegemonía.

sexta-feira, 11 de março de 2011

FRASES

Daniel Paz & Rudy, para Página/12

"Uma vez que alguém lançou a ideia de levar Gaddafi ao Tribunal Penal Internacional, acho que ele se aferrou à ideia de permanecer no poder, e não acho que alguém possa fazê-lo mudar de opinião." 

Declaração de Berlusconi, sócio de Gaddafi.

quinta-feira, 10 de março de 2011

Parece de Mark Twain


Por Juan Gelman, para Página/12

El soldado Bradley Manning, analista de inteligencia acusado de filtrar documentos confidenciales y secretos del gobierno de EE.UU. –a Wikileaks, por ejemplo–, está preso desde mayo del año pasado, siempre en confinamiento solitario, ahora en el centro de detención naval de Quantico, Virginia. Encerrado 23 horas cada día en una celda de 2 por 4, a principios de este mes fue obligado a permanecer desnudo de pie frente a su celda al menos siete horas desde las 5 de la mañana. El teniente Brian Villiard, vocero del cuerpo de marines, insistió en que no podía aclarar públicamente por qué le habían incautado la ropa. Declaró a los periodistas: “Eso significaría violar la privacidad del detenido. Sería inapropiado” (www.nytimes.com, 4-3-11). Qué delicadeza.

La situación de Manning no es pasible, sin embargo, de convertirse en un cuento de Mark Twain. La única hora que no está en el calabozo es llevado a una habitación vacía en la que puede caminar, no correr. Le está prohibida la posesión de efectos personales y debe dormir en paños menores: según la explicación oficial, no es una medida punitiva, así ocurre para impedir que se suicide. Sólo que sus guardianes no le quitan la vista de encima, la vigilancia es permanente.

David House, uno de sus escasos amigos, pudo verlo en una de las raras visitas permitidas y encontró que “el joven inteligente de ojos grandes parece a veces catatónico y tiene muchas dificultades para mantener una conversación sobre temas cotidianos... Para mí fue como ver a un excelente amigo sucumbir a causa de una enfermedad. Pienso que lo castigan porque el gobierno quiere quebrarlo con vistas al proceso”. Lo juzgará una corte militar y a los primeros cargos se les acaban de sumar otros 22, entre ellos el de “ayudar al enemigo”, delito que únicamente se salda con la pena de muerte.

Esta calificación no se basa en disposiciones jurídicas, sino en razones políticas. Suele ocurrir. La actitud de la Casa Blanca recuerda la del ex presidente Richard Nixon: propinó a Daniel Ellsberg, quien filtró los papeles del Pentágono que revelaron en toda su magnitud los crímenes de guerra estadounidenses cometidos en Vietnam, la definición de difusor de documentos “que dieron ayuda y fuerza al enemigo”. Eso sí, la Justicia civil no lo condenó a cumplir pena alguna y nunca lo obligaron a estar de pie y desnudo durante horas.

Este Obama. A Nixon nunca le gustaron “los soplones”, como él decía, pero el actual mandatario los elogió en el 2008, señalando que quienes filtran documentos del gobierno “son parte de una democracia saludable y se los debe proteger de represalias”. Claro que estaba en campaña electoral, la misma en la que prometió cerrar el centro de detención de Guantánamo en un año como máximo. El lunes pasado, tras dos años de suspender la medida, ordenó que la Justicia militar vuelva a procesar a los allí detenidos. Esa cárcel sigue encarcelando.

Se le achaca a Manning el haber filtrado a Wikileaks decenas de miles de cables diplomáticos que le han creado incomodidades internacionales a la Casa Blanca y, sobre todo, una profunda irritación. El video “Asesinato colateral” forma parte de esos documentos. El sitio de Assange lo dio a conocer el 5 de abril del 2010 y muestra una masacre: tropas estadounidenses entran en domicilios particulares de vecinos de un suburbio de Bagdad y dan muerte a 12 civiles y dos empleados iraquíes de la agencia Reuters.

“Vi cómo baleaban a mi abuelo, primero en el pecho y luego en la cabeza. Después mataron a mi abuela”, testimonia Eman Waleed, un niño de 9 años que sobrevivió a la matanza (www.time.com, 19-3-06). Ninguno de los responsables mediatos o directos ha sido juzgado hasta el momento y han pasado más de cinco años. Un piloto norteamericano declara impertérrito en la filmación: “La culpa es de ellos, por llevar a chicos al combate”. En la empresa “antiterrorista”, el que comete un crimen de guerra la pasa mejor que el que lo denuncia. Hasta lo condecoran.

Manning –según un chateo de origen no verificado– filtró el video y otros materiales porque le repugnaba la ferocidad impune de sus compatriotas combatientes y cuando la criticaba ante sus superiores “ellos ni querían oír hablar de eso” (www.guardian.co.uk, 4-3-11). Entendió que su manera de evitar la complicidad con los crímenes de guerra que se perpetran en Irak, Afganistán y hoy también en Pakistán era dar a conocer una información que promoviera “la discusión en todo el mundo, el debate, las reformas”. Como consecuencia, el rey desnudo lo desnuda.

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