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segunda-feira, 2 de abril de 2012

30 ANOS DE MALVINAS (OU COMO TROPEÇAR NA MESMA PEDRA)

Fonte da imagem AQUI.

30 años de Malvinas o cómo no tropezar con la misma piedra
Carlos Abel Suárez · · · · ·

El 30 de marzo de 1982 participamos de la primera protesta obrera y popular masiva contra la dictadura militar. La entonces llamada CGT de la calle Brasil o CGT Brasil, para diferenciarse de los colabores de los militares (la CGT Azopardo), había convocado a un paro nacional con movilización. Unos 50 mil manifestantes intentaban llegar a Plaza de Mayo aunados en la consigna "Paz, pan y trabajo". La policía y las bandas armadas de la dictadura reprimían brutalmente a las columnas que por Diagonal Norte, Rivadavia, avenida de Mayo y otras calles intentaban llegar a la plaza de Mayo. Una nueva generación de dirigentes y activistas tenía su bautismo de fuego en las calles, saliendo de las sombras del silencioso y riesgoso trabajo clandestino. La dictadura había culminado la operación exterminio, que comenzó con la Triple A, de las organizaciones populares, de la militancia social, política y cultural. No obstante, sobrellevando las dificultades que supone la clandestinidad, la resistencia a la dictadura se iba articulando, lo que se pudo comprobar en la movilización del 30 de marzo. Estaban todavía en las cárceles miles de presos políticos o sociales sin juicio ni condena y en esa noche se sumaron cientos o miles de nuevos presos en todo el país. Pese a que en ese día las principales ciudades del país fueron realmente ocupadas por las fuerzas represivas, el paro tuvo alcance nacional y se realizaron manifestaciones en varias provincias, entre ellas en Mendoza, donde fue asesinado José Benedicto Ortiz, un obrero cementista. La dictadura que había devastado el país y aparentemente abatido el movimiento social con la práctica sistemática del terrorismo de Estado, comenzaba a mostrar signos de resquebrajamiento.

Las luchas intestinas entre los jefes militares, que existieron desde el primer día del golpe, expresaban tendencias alimentadas por la ambición personal y el juego de los múltiples intereses de los tecnócratas y empresarios locales y transnacionales que ellos encarnaban. El reemplazo del dictador Jorge Rafael Videla por Roberto Viola desató una pelea abierta y desde allí las fisuras se acentuaron. Especialmente cuando fueron evidentes los resultados catastróficos de la política económica implementada por José Alfredo Martínez de Hoz, incluso para sectores de la gran burguesía. Pero además porque ocurrió un cambio en el escenario internacional que los "chicago boys" no habían previsto. En ese momento asume como un nuevo restaurador del "Proceso" el general Leopoldo Fortunato Galtieri, entonces comandante en jefe del Ejército y niño mimado del establishment militar de Washington, que había sido derrotado en Vietnam y ahora quería reivindicarse en la nueva guerra sucia de América Central.

Los dirigentes políticos peronistas, radicales y otros menores – los que se habían preservado de las migajas en intendencias y gobernaciones que tiraron los militares – estaban al tanto de las peleas internas de los militares y jugaban sus fichas, aunque pocos habían advertido la profundidad de la crisis internacional y el juego perverso que planeaban los mandos de la dictadura. Incomprensible por cierto, porque meses atrás ya los columnistas que tenían información relevante del poder militar y su corte escribían sobre la posibilidad de una escalada en el conflicto con Gran Bretaña por las Malvinas y hasta revelaban detalles del mismo. Las cartas estaban marcadas. Las secuelas brutales del terrorismo de Estado que ellos habían aplicado y que figurarán en las páginas de horror de la humanidad, podían ser acrecentadas aún más. Desde el inicio la estrategia – si se pueden llamar estrategia a esos planes - contemplaba una carnicería mayor. Estuvieron a punto de lograrlo en una guerra con Chile, cuando el sanguinario jefe del III Cuerpo de Ejército, Benjamín Menéndez, proclamaba que estaba ansioso "por mojarse las patas en el Pacífico". El objetivo fue alcanzado en Malvinas.

Como fue dicho en el interesante libro "Malvinas, de la guerra ´sucia´ a la guerra ´limpia´" del recordado intelectual León Rozitchner, la confusión embargó a ideólogos de izquierda para los que "el parloteo revolucionario y las citas de Gramsci encubrían la falta de principios y de deslinde ideológico contra sus supuestos enemigos, lo que pudo hacerles creer que la guerra de las Malvinas no era la continuación de la política del genocidio."

El desembarco en Malvinas y las Georgias se consumó en 2 de abril, han pasado 30 años. La "causa" de Malvinas cayó como anillo al dedo para encontrar una salida a una crisis política, económica y social. La miopía de la clase dominante en su conjunto, acompañada por un coro multitudinario, no advirtió que el mundo era más complejo. Esa movida en el tablero también le servía a la Inglaterra de Margaret Thatcher, a Ronald Reagan y a la OTAN. Hemos caracterizado en estas mismas páginas la guerra de Malvinas al cumplirse 25 años (http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=1120); podríamos cambiar la fecha y decir ahora, cinco años después, lo mismo. Esperemos que en el 50 aniversario el debate político sea superior, que Malvinas y sus habitantes estén integrados en la América del Sur sin nuevas guerras ni dictaduras.

Inmediatamente después del desembarco, las primeras encuestas mostraron un bajo apoyo en la población a la aventura militar. Los miles que se manifestaron en plaza de Mayo y en algunas capitales de provincias no representaban una voluntad mayoritaria. El realismo de que asistíamos a un salto al vacio era percibido en los hogares más humildes, con una sensación de que la fiesta y la vocinglería guerrera, como si fuese un mundial de fútbol, la pagaríamos con creces, pero ocurre en el contexto de una dictadura feroz, esos sentimientos se expresan por canales no visibles. Varios intelectuales, movimientos de derechos humanos, grupos de intelectuales coincidieron en una postura pacifista. No obstante la propaganda oficial, especialmente la Televisión, se encargó de exaltar el chovinismo a un nivel tragicómico. Las celebridades recolectaban joyas para un fondo patriótico, que nunca se supo a dónde fueron a parar esas donaciones, en las escuela se pedían aportes de chocolates para los soldados, que nunca llegaron a destino, escritores de cierto renombre pedían suprimir la enseñanza del inglés en las escuelas, los del casi centenario Bar Británico le cambiaban presurosos el nombre, las señoras de barrio Norte, que nunca tejieron una bufanda a un nieto, porque la compraban en Londres, tejían alrededor del Obelisco los días soleados. Ese era el aporte patriótico de las clases altas y medias de Buenos Aires, mientras los más pobres, desde los rincones más humildes del país, ponían sus hijos como soldados, sin preparación ni equipo adecuado, que pasaban hambre y frío, sufriendo crueles castigo de sus jefes, salvo muy pocas excepciones ineptos, solo entrenados para la represión interior y los grupos de tareas de la dictadura.

Un aporte no menor al triunfo de los ingleses fue el de los propios militares y funcionarios, que por ingenuidad o lucro siguieron pasando durante el conflicto información a las dependencias de la CIA y el Departamento de Estado, en la lógica absurda de que ese gesto de buena voluntad hacia Washington – como exportar torturadores y grupos de tareas a Honduras, El Salvador o a la contra nicaragüense - torcería los compromisos históricos , estratégicos y geopolíticos de la principal potencia mundial. Estos hechos fueron denunciados, con la documentación correspondiente, ante la Fiscalía de Investigaciones Administrativas, por el abogado socialista Ángel Di Paola, tras la publicación de un artículo del periodista Oscar Raúl Cardoso, coautor de del primer y célebre libro sobre Malvinas (1). El hecho fue revelado por Bob Woodward, columnista del Washington Post y famoso por su investigación que llevó a la destitución de Richard Nixon. Es decir, que no fueron los satélites de la NATO quienes informaban a la flota británica, sino los "patriotas" agentes locales. La presidenta Cristina Fernández, días pasados, levantó el velo que ocultaba el informe Rattenbach, que en sus lineamientos generales ya se conocía desde 1983. Pero los soldados no fueron llamados a contar esa parte de la historia.

El ex soldado de Malvinas, Edgardo Esteban, hoy periodista y escritor, cuenta así el final de esa aventura trágica;

"Cuando volvimos, los militares nos escondieron por varios días en los cuarteles, en donde recibí muchas cartas diciendo que cuando retornara de la guerra me iban a hacer un gran recibimiento, como a un héroe. Imaginaba que cuando pisara las calles de Haedo iban a estar todos mis amigos, familiares, vecinos, conocidos. Pensé que cortarían la calle y pondrían pasacalles. Pero fue muy distinto y seguramente similar al recibimiento que tuvieron la gran mayoría de los soldados. En la noche fría del 25 de junio de 1982 sólo me esperaba un perro ladrando, una luz blanca y mi mamá, nadie más. Pasó muy rápido la euforia triunfalista de guerra y todos quisieron olvidar la derrota, menos los chicos de la guerra".

Sin lugar a dudas, hay fundadas razones que respaldan la posición argentina sobre las islas Malvinas; las resoluciones favorables en Naciones Unidas dan cuenta de ello. No es lugar aquí para reseñar la bibliografía y la documentación al respecto. La postura británica, por el contrario, se ha destacado por una gran ambigüedad.

La posibilidad de un acuerdo diplomático con Gran Bretaña sobre Malvinas nunca estuvo más cerca que durante el gobierno constitucional de Arturo Humberto Illia. En esos años, Gran Bretaña había abandonado a los residentes en el archipiélago a la buena de Dios. La integración comercial, cultural, logística y hasta de asistencia médica y sanitaria con Argentina fluía como un hecho natural. Con el derrocamiento de Illia por el mesiánico general Juan Carlos Onganía, que pretendía quedarse 20 años en el poder, las negociaciones quedaron congeladas. Tomaron algún impulso durante el breve interregno constitucional de Cámpora-Perón, en 1973-1974, para terminar en la catástrofe de 1982.

Ciertamente, estamos en una coyuntura internacional que no es la de 1966, ni la de 1982. Sin embargo, convendría entrar en el juego de las diferencias o similitudes.

La Guerra Fría terminó con la caída del muro de Berlín. Algunos podrían conjeturar que la Alianza Atlántica, entre Estados Unidos y Gran Bretaña, no existe con la intensidad de Reagan-Thatcher. La primera década de este siglo mostró la fortaleza de esa unión en todas las guerras donde han intervenido Washington y Londres. Más aún, Bush arrastró al abismo de Afganistán e Irak a Tony Blair, lo que fue su tumba política. Pensar otra vez que la Casa Blanca puede mirar para otro lado es repetir la misma lógica de Galtieri y su canciller Nicanor Costa Méndez, un reaccionario abogado de las propiedades de los nazis y luego personero de las trasnacionales inglesas y norteamericanas, que se acostó una noche como cruzado de Occidente y se levantó al día siguiente como antiimperialista. Algo recurrente en estos personajes para quienes la soberanía es un título de propiedad sobre los territorios, olvidan a sabiendas que la soberanía es la república y el poder de los pueblos para decidir sobre su destino. Y por lo tanto un día privatizan y aplauden la venta de las joyas de la abuela, la abuela misma y hasta su propia madre y al otro se rasgan las vestiduras por Malvinas.

Hay otro eje para jugar con las analogías: la crisis económica mundial.

Es bien sabido que la trágica aventura de Malvinas, en lugar de una prórroga de los militares en el poder y restaurar la imagen de los dictadores, los llevó a la descomposición y al descrédito. Dejaron una deuda ilegítima e inmoral, en parte por los gastos militares y los sobreprecios y triangulaciones, que enriquecieron a unos pocos y llevaron la miseria por años a millones de argentinos. Deuda que todavía se está pagando. Como contrapartida, la guerra forjó a la "dama de hierro", encumbró a la Thatcher como uno de los monumentos vivientes del neoliberalismo. Los primeros derrotados fueron los mineros ingleses y tras ellos cayeron las conquistas de la clase obrera y de los sectores populares británicos en de la postguerra. Thatcher quedó siempre agradecida por la ayuda de los militares argentinos.

Hace unos cuantos días, escribía en Le Monde Pierre François Gouret, capitán de Corveta de la Escuela de Guerra francesa:

"La situación económica de Francia, a fines de 2011 recuerda la del reino Unido en 1980. Sufriendo una grave recesión, el gobierno británico programaba una reducción drástica de sus gastos militares, para el verano de 1982, cuando las islas Malvinas fueron invadidas. Amenazadas por la supresión definitiva de su capacidad, las fuerzas armadas británicas ganaron total autonomía, con el imprevisto conflicto de las Malvinas. Esta victoria ha probado la necesidad de no disminuir exageradamente el arsenal de la defensa." (2)

Notas de este tenor son frecuentes cada vez que la crisis roza el tema tabú de los gastos militares. Asistimos una vez más al drama de que pueden ser recortados bárbaramente los gastos en salud y educación, como en el caso de Grecia, pero siguen incólumes –incluso aumentando –los presupuestos militares. Pueden admitir, como en España niveles astronómicos de desempleo, pero no bajan un céntimo sus compromisos con la guerra de Afganistán.

Por eso alarman algunas propuestas, a propósito de la "causa Malvinas", de restaurar el arsenal de las Fuerzas Armadas, de nuevas naves y submarinos dotados de reactores nucleares, las hipótesis de conflicto, junto con leyes antiterroristas y "Proyectos X", todo en un mismo paquete, en un país con altos niveles de pobreza e indigencia. Suena muy mal. Vale recordar un reclamo, casi un mandato, escrito cuando la sangre de los muertos en Malvinas estaba todavía caliente:

"Desde la experiencia que hemos vivido y que estamos viviendo, pido al gobierno y al pueblo argentino con el derecho que me asiste como ciudadano y como padre del soldado clase 62 Alejandro Pedro Vargas, muerto y enterrado en las islas Malvinas, lo siguiente: 1) Que nunca más un gobierno constitucional movilice tropas de reclutas, ya sea en casos como los ocurridos o para derrocar a un gobierno; 2) Que nunca más el periodismo de cualquier tipo azuce a nuestros hijos a guerras inspiradas en el oportunismo, la soberbia o la embriaguez. Ya no tengo más hijos para mi Patria Argentina, pero quedan millones de jóvenes argentinos sanos y valientes y no permitiré que los estafen con mentiras. Argentinos, no dejemos que esto vuelva a ocurrir. Salvador Antonio Vargas. Provincia de Buenos Aires." (Carta de lectores de Clarín ,24-06-1982).

NOTAS: (1)  Cardoso, Kirschbaum, van der Kooy, 1983:  Malvinas. La trama Secreta, Buenos Aires, sudamericana-Planeta. (2) Le Monde 24-01-2012.

Carlos Abel Suárez es miembro del Comité de Redacción de SinPermiso.

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terça-feira, 23 de fevereiro de 2010

Apoyo del continente por Malvinas

ILHAS MALVINAS:

Cristina Kirchner utilizó casi todo su discurso en la Cumbre de Cancún para resaltar la posición del Reino Unido, contraria a resoluciones de las Naciones Unidas. El mexicano Calderón anticipó el respaldo masivo de los presidentes.

Por Martín Piqué
Desde Cancún, para Página/12

“Quienes tienen un sillón permanente en el Consejo de Seguridad pueden violar una y mil veces las resoluciones de las Naciones Unidas, mientras el resto de los países se ven obligados a cumplir las normas bajo pena de ser declarados enemigos o calificaciones aún más duras.” La presidenta Cristina Fernández dedicó todo su discurso, uno de los primeros que se escucharon en esta cumbre del Grupo Río, a cuestionar la explotación unilateral de hidrocarburos que está llevando adelante Gran Bretaña en torno de Malvinas. Con palabras muy duras hacia Londres, CFK utilizó veinte minutos para contarles a sus pares de América latina y el Caribe los pormenores de la disputa de soberanía que comenzó en 1833. Relató la evolución de la controversia diplomática desde que la Argentina presentó el primer reclamo por las Malvinas –hace 177 años–; denunció el incumplimiento por parte de los británicos de sucesivas resoluciones del Comité de Descolonización de la ONU y del plenario de la mismísima Asamblea General; también explicó los cambios en la estrategia argentina en relación con Malvinas bajo los gobiernos democráticos: recordó la política de seducción impulsada por el menemismo, a la que consideró un fracaso por su “ingenuidad”. Horas después del discurso, la posición de la Argentina lograba un apoyo importante entre los treinta y dos países participantes en la cumbre. Como había revelado el mexicano Felipe Calderón al abrir el plenario, los 26 mandatarios anticiparon que hoy firmarán una declaración en respaldo a los derechos soberanos de la Argentina sobre Malvinas.

Hacia el final de su intervención, tras agradecer el apoyo de los presidentes a los reclamos de Argentina, la Presidenta hizo una advertencia que sonó desoladora por su honestidad brutal: según su sombrío pronóstico, los países en vías de desarrollo con recursos naturales deberían tomar nota de la permanencia del enclave colonial británico en pleno Atlántico Sur. “La política internacional sigue siendo, sólo y simplemente, una cuestión de relación de fuerzas. Los que tienen más poder siguen utilizando ese lugar de privilegio para velar por sus intereses. La cuestión Malvinas puede verse como un claro ejemplo. Esto es algo que debe interesar al mundo contemporáneo, ya que el siglo XXI se caracterizará por la disputa de los recursos naturales, renovables y no renovables. Este tema es, si se lo piensa un poco más allá, un ejercicio de autodefensa de todos nosotros”, dijo la jefa de Estado.

No comerse al caníbal

Acompañada en el plenario por el canciller Jorge Taiana y en un segundo plano por el embajador argentino en Washington, Héctor Timerman, CFK se tomó su tiempo para describir la actualidad y contar los antecedentes del nuevo foco de conflicto con Gran Bretaña: el avance de la exploración unilateral de petróleo. Recordó que el 27 de septiembre de 1995, cuando la Argentina de Carlos Menem firmó con Londres un convenio de cooperación para exploración de hidrocarburos off-shore, se había acordado que cualquier proyecto que involucrara a los 430 mil kilómetros cuadrados en disputa sería consultado con la otra parte.

“Ese acuerdo fue violado por Inglaterra. A los seis días de firmarlo, ellos determinaron que se aplicaría sobre 21 mil kilómetros cuadrados y no sobre los 430 mil que constituyen la zona de disputa de soberanía. Desde entonces se sucedieron ocho reuniones que no condujeron a nada”, contó la mandataria. Fue a partir de ese historial, siguió CFK, que la Argentina decidió dar por finalizado el acuerdo en 2007.

La Presidenta también hizo referencia al reciente inicio de actividades de la plataforma petrolera Ocean Guard, el conocido emprendimiento de la empresa Desire Petroleum. “Hoy (por ayer) se ha instalado una plataforma en clara violación a las resoluciones de las Naciones Unidas. Y recientemente, desde el Foreign Office (Ministerio de Relaciones Exteriores británico) se agitó el fantasma de una acción bélica por parte de la Argentina. Eso es un ejercicio de cinismo. Pocos países han dado más testimonio de su opción por la paz. Nuestras fuerzas armadas sólo participan en operaciones de paz ordenadas por las Naciones Unidas. Estamos en Haití y en Chipre. No estamos ni en Afganistán ni estamos en Irak”, respondió la jefa de Estado. Enseguida explicó que la única medida que había dispuesto la Argentina, como Estado soberano y sin violar la jurisprudencia internacional, había sido disponer que los buques que quieran transitar entre Malvinas y el territorio continental argentino deban solicitar autorización previa.

Después del plenario ante sus pares de América latina y el Caribe, la Presidenta almorzó con sus allegados –en la delegación oficial la acompañaron todos los diputados y senadores de Tierra del Fuego, ya que Malvinas pertenece oficialmente a esa provincia– y luego ofreció una rueda de prensa. Allí le preguntaron por una versión que había circulado en la cumbre (el rumor aparentemente había surgido de algunos cronistas que trabajan para agencias europeas): si la Argentina estaba pensando imponer un bloqueo marítimo a las Malvinas. La negativa fue terminante. “Nos oponemos a esas medidas –contestó velozmente la Presidenta–. Nosotros hemos sido históricos críticos de lo que sufre Cuba, por ejemplo. La Argentina no va a tomar ninguna medida que no esté de acuerdo con el orden jurídico internacional. Lo único que no se puede hacer con un caníbal –subrayó CFK en una imagen que despertó sonrisas– es comérselo.”

Doble standard

En el salón de conferencias del lujoso Hotel Grand Velas, galardonado recientemente como “virtuoso” por un comité que califica a los mejores cinco estrellas del mundo, se pudo ver una larga serie de pecheras blancas: eran las guayaberas de gala, tejidas con puro algodón, que los presidentes habían elegido como vestuario. En Yucatán, una de las tradiciones más vivas de la cultura maya es el trabajo artesanal con algodón en la confección de prendas de vestir que hagan más tolerable el impiadoso sol del Caribe. Una de las excepciones al vestuario la aportó Hugo Chávez. El venezolano llegó con su camisa roja, encima una chaqueta verde militar. La clásica “foto de familia”, para la que posan todos los mandatarios que están participando de la cumbre, parecía –de lejos– un dominó conformado por todas piezas iguales: el blanco del algodón hilado relucía a diestra y siniestra.

Pero el vestuario no era el único elemento en común entre los participantes del encuentro. Los países que se encontraban representados en esta Cumbre de la Unidad de América latina y el Caribe en su mayoría son propietarios de estratégicos recursos naturales renovables y no renovables como petróleo, gas, agua dulce, hierro, zinc, cobre, biocombustibles. Quizás el ejemplo más actual y delicado –por su incidencia en potenciales hipótesis de conflicto en un futuro no lejano–- sea la riqueza y la diversidad ecológica de la cuenca del Amazonas. De eso sabe mucho el gobierno del brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva. Desde esa perspectiva, la Presidenta se propuso conmover a sus pares latinoamericanos tomando a la cuestión Malvinas como un ejemplo anticipatorio de lo que –según su opinión– será la característica central del siglo XXI: la disputa por los recursos naturales.

La Presidenta profundizó ese argumento en el breve contacto que mantuvo con la prensa. “Acá lo más grave es el comportamiento de las grandes potencias del mundo, que incumplen lo que resuelve las Naciones Unidas y al mismo tiempo exigen que otros países cumplan con otras resoluciones si éstas velan por sus intereses. Esto es una relación de fuerzas que define ganadores y perdedores. Hay que terminar con ese doble standard.”

La posición de la Argentina encontró apoyo y comprensión entre los socios estratégicos. “Las Malvinas tienen que ser reintegradas a la soberanía argentina”, declaró ayer el asesor internacional de Lula, Marco Aurelio García. Y además, poco después del discurso de CFK, Lula se cruzó con Taiana mientras caminaba por los salones de mármol del Hotel Grand Velas. El brasileño lo saludó efusivamente. Le tomó la mano como si fuera un fanático del hip hop que se encuentra con un “hermano” en plena calle. Son gestos.