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terça-feira, 12 de setembro de 2017

¿Qué hacemos con el miedo?

 

Alberto Tena 05/09/2017


El temor, la inseguridad, la percepción del riesgo son características de las sociedades humanas que no podemos simplemente relegar al núcleo de construcción del fascismo, e incluso rechazar como emociones oscuras.

Que entre los sentimientos más importantes que gobiernan nuestras vidas esté el miedo parece algo que podríamos asegurar sin el apoyo de muchos datos ni contrastados análisis. En la actualidad, se han acuñado conceptos como posverdad para intentar hablar de los populismos, y tratar así de identificar la supuesta irracionalidad de estos sentimientos en política. Pero la verdad es que estos siempre han estado presentes, y entre ellos el miedo y la búsqueda de seguridades, que, como estamos viendo ahora mismo en la campaña electoral francesa, sigue estando en el centro de los problemas europeos.

Para el psicoanálisis, el miedo se produce cuando la angustia, la pulsión del cuerpo sin objeto, encuentra un objeto al que agarrarse. Cuando las personas relacionan directamente la angustia que sienten con algo específico y permanente, la angustia se constituye en una fobia. La fobia aparece para atar ese conflicto entre la pulsión y su representación, su identificación con un objeto concreto que se ata a tu identidad. Cuando vemos que la mayor parte de los derechos y seguridades que tenemos a nuestro alrededor se desmoronan, el miedo puede manifestarse en fobia; como la xenofobia, miedo al extranjero, con la que se está dando una respuesta en todo Occidente en estos momentos. Esta angustia en torno a la que se constituye el miedo es de esas emociones que se vuelven muy pegajosas a nuevas representaciones y que mucho tienen que ver en general con la gente que tiene poca seguridad material a la hora de afrontar al futuro. Por eso, en general, la búsqueda de seguridad y protección ha estado tradicionalmente muy vinculada a las demandas del movimiento obrero y de los colectivos con menos poder social.

Cuando hablamos de seguridad, a secas, pensamos en un posible Ministerio de Seguridad y Defensa, que nos proteja frente a otros externos, y, en los últimos tiempos, se nos vienen a la cabeza con gran preocupación Marine Le Pen y Donald Trump. Desde el primer día que escuchamos hablar de ellos, la seguridad y protección de sus nacionales frente a los extranjeros mexicanos o islámicos, o contra la globalización y la Unión Europea y sus oligarquías, ha sido la bandera que ha ondeado en cada uno de sus discursos. La seguridad como bandera para construir comunidades políticas cerradas, con menos derechos y menos democráticas. Pero el miedo, la inseguridad, la percepción del riesgo son características de las sociedades humanas que no podemos simplemente relegar al núcleo de construcción del fascismo, e incluso rechazar como emociones oscuras. Ya se sabe, el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento, el sufrimiento al lado oscuro. En algún momento de esa cadena es fundamental hacernos cargo de estos sentimientos colectivos. Estas emociones han sido en realidad uno de los ejes fundamentales en torno a los que se han construido muchas de las instituciones más útiles y avanzadas para el movimiento obrero y para las personas con menos poder en nuestras sociedades.

“Seguridad Social” probablemente pueda significar cosas distintas para personas distintas, pero en general tenemos la idea de que trata sobre del deseo colectivo de tener una mayor protección frente a los múltiples problemas de la vida (por lo general en el mercado de trabajo), frente a la enfermedad, a las privaciones materiales y a la incertidumbre; e igual nos acordamos del Fondo de Reserva que vemos en los gráficos cada día en el telediario en bajada continua; y alguna gente, en los colectivos, plataformas y centros sociales, que les han permitido construir pequeños espacios de tejido comunitario; o las familias como último resorte de protección al que acudir cuando algo va mal. El 17 de noviembre de 1881, en el célebre discurso de Bismarck en el Reichstag, en el que se dijo eso de “es necesario un poco de socialismo para evitar tener socialistas”, en realidad, también se reconoció por primera vez colectivamente la misión de responsabilizarse del cuidado de todos los miembros de la sociedad sin que fuera la caridad la que tuviera que ocuparse de ello. En los siguientes años se fueron adoptando una serie de leyes sobre seguros contra los accidentes de trabajo, la invalidez y la vejez, y un sistema legislativo del que todavía hoy el sistema alemán conserva muchas de las características. Si tuviéramos que encontrar una única frase para definir el espíritu de lo que han sido los Estados de Bienestar de la posguerra, nos quedaríamos con la definición de Lord Beveridge según la cual todos los países democráticos avanzados deberían aspirar a poder garantizar a todos los ciudadanos la “seguridad de la cuna a la tumba”.

Actualmente nos enfrentamos a nuevos riesgos sociales: la globalización, el desempleo tecnológico, el fenómeno de los trabajadores pobres, los cambios en los roles familiares debido a la incorporación masiva, si bien incompleta y precarizada, de las mujeres al mercado de trabajo, el envejecimiento de la población y la inmensa cantidad de trabajo de cuidados socialmente necesarios que esto conlleva, el desempleo juvenil, o, en el caso español en especial, la extensísima pobreza infantil. Los sistemas de “seguridad social” bismarckianos nunca se imaginaron que podía suceder algo como la aparición de los trabajadores pobres. El pleno empleo y una familia (unas mujeres) constituían las bases para el bienestar. Pero ese sistema de Bienestar no está pensado para los problemas a los que tienen que hacer frente la mayoría de la población porque está construido bajo supuestos sociales que ya no se corresponden con la realidad: el pleno empleo como normalidad a partir de la cual se consolidan derechos; y la familia, fundamentalmente un grupo de mujeres, como institución que se iba a encargar de las tareas que permiten sostener una vida que pueda ser después empleada por alguien en el mercado de trabajo, para producir valor, ganar dinero, estatus social y de ahí una serie de derechos y condición de ciudadanía.

Una de las propuestas de mayor calado en cuanto a cambio de perspectiva en relación a las políticas que tienen que llevar cabo los Estados de Bienestar para afrontar estos nuevos riesgos es la de la Renta Básica. Y aunque tradicionalmente sus defensores hayan apuesto el acento en su capacidad de generar mayor libertad (real) para las personas, la seguridad, es también uno de los elementos clave. De los diferentes proyectos piloto que se han puesto en práctica en todo el mundo, uno de los más famosos es el que se hizo entre 1974 y 1979 en Dauphin, Canadá. El experimento consistió en proporcionar una renta de forma incondicional a toda la población con un cálculo inversamente proporcional a los ingresos que cada persona percibía por su empleo. La mayor estudiosa de lo que ahí sucedió es la economista Evelyn L. Forget, que realizó un trabajo especialmente profundo en lo que tiene que ver con el análisis de variables vinculadas a la salud, hospitalizaciones, salud mental etc. Todos esos indicadores mostraron mejoras considerables, pero no exclusivamente entre los individuos que recibían finalmente esa renta. Cuando Evelyn Forget trató de explicar por qué sucedía esto también entre las personas que no estaban recibiendo esos ingresos -- su salario superaba el umbral establecido en ese momento-- dijo que la clave era que esta renta que se garantizaba a las personas era percibida por los ciudadanos como una especie de póliza de seguros contra la pobreza en el futuro, y era esto lo que activaba toda una serie de mecanismos virtuosos vinculados a la salud en toda la zona de Dauphin. Las políticas de protección social deben ocuparse tanto de quienes ahora mismo están en situaciones de privación total y son los más vulnerables, que se entiende normalmente como los sujetos de las políticas de protección social, como de quienes en este momento están mejor, pero tienen la necesidad de sentirse seguros ante la posibilidad de circunstancias adversas en algún momento de su ciclo vital.

La seguridad ha sido una de las ideas fundamentales que ha sido capaz de organizar el orden político surgido de entreguerras que ahora está en crisis. La existencia de una subjetividad organizada, capaz de imaginar horizontes vitales sin demasiados sobresaltos, ha sido una de las claves que ha permitido mantener y proyectarse a la mayoría hacia posibilidades de progreso personal y colectivo. Este imaginario de seguridad se ha perdido para una gran parte de la población, y es probable que sea tarea nuestra reconstruirlo, hacernos cargo de estos sentimientos colectivos para tratar de darnos una respuesta. Socializar las tareas de cuidados como un derecho, una renta básica que nos asegure la existencia material a todo el que viva en el territorio, abrir todas las posibilidades de generar vínculos colectivos que nos ayuden a construir ese sentimiento de comunidad son tareas que no tienen que ver exclusivamente con la justicia social, ni solo con el progreso económico, sino que probablemente traten sobre una de las pocas garantías de construir un orden nuevo, capaz de sostener la vida de las personas en uno de los momentos de mayor incertidumbre global. En 2011 el colectivo Juventud Sin Futuro declaraba que la única forma de afrontar ese futuro incierto, sin casa, sin curro y sin pensión, era quitarse el miedo. Entonces sonó a una afirmación, pero probablemente es una necesidad, apartar el miedo sigue siendo una tarea política fundamental.


Alberto Tena es politólogo, especialista en políticas públicas y sociales

Fuente:
http://ctxt.es/es/20170524/Firmas/12868/CTXT-seguridad-miedo-Trump-Le-Pen-Tena.htm#.WSaU0CP_KCS.twitter

domingo, 24 de maio de 2015

GAÚCHOS NA PRIMA-DONA





(O divã ou prima-dona é uma espécie de sofá sem encosto, uma peça de mobiliário. Ficou muito famosa por ser o local onde os psicanalistas desenvolvem as suas atividades ouvindo seus pacientes.)


Nósoutros Gaúchos: Crise? Qual crise?
       

O debate proposto pelo projeto “Nósoutros Gaúchos” parte de uma suposta crise regional como objeto de análise. Os gaúchos convivem há décadas com a falácia que o Rio Grande do Sul viveria uma crise específica em sua economia. A falácia remonta ao conjunto de reportagens de Franklin de Oliveira nos anos 60, publicadas no livro Rio Grande do Sul, um novo Nordeste. A ideia é recorrente e se reproduz em documentos, livros, artigos acadêmicos, simpósios, imprensa local e campanhas políticas.

Entre os indicadores da crise, o mais citado é a perda da participação medida a preços correntes do PIB gaúcho no nacional. Se considerado o período 1995-2013, a participação a preços constantes do PIB gaúcho no PIB nacional passou de 7,07% em 1995 para 6,64% em 2013. Em 18 anos, houve uma redução de 0,43 pontos percentuais, mesmo com as secas ocorridas em 2004, 2005 e 2012 e com o salutar aumento da participação de regiões mais pobres do país. Uma medida mais eficaz do desempenho econômico é o PIB per capita, a razão entre o valor produzido e a população. O PIB per capita do Rio Grande do Sul a preços constantes em 2013 foi 15,6% superior ao brasileiro, em 1995 esse valor era de 13,3%.

A economia gaúcha cresce ao ritmo da economia brasileira, adaptando-se, em geral com êxito, às dinâmicas do desenvolvimento nacional. O Estado permanece como a quarta economia do País, com a terceira maior indústria de transformação, com as menores taxas de desemprego e com rendimentos do trabalho relativamente elevados, apesar dos prognósticos pessimistas. Setores tradicionais, com baixa produtividade, têm sido substituídos por aqueles com maior intensidade tecnológica na agricultura, indústria e serviços. Com o menor crescimento populacional do Brasil, o Rio Grande do Sul tem no aumento da produtividade o caminho para o crescimento econômico.

Parte significativa dos indicadores sociais apresenta uma situação e evolução favoráveis, como a taxa de mortalidade infantil ou a expectativa de vida ao nascer, o que também contraria a percepção de decadência regional. Como referência para análise dos indicadores socioeconômicos, indicamos a leitura dos três volumes do RS 2030 – Agenda de Desenvolvimento Territorial, disponíveis nos sites da FEE e da Seplag/RS.

Longe de descrever um "mar de rosas", constatamos que a população está envelhecendo rapidamente, deve diminuir em termos absolutos a partir de 2025 e ficar concentrada no chamado "eixo Porto Alegre-Caxias do Sul expandido". O Estado possui características demográficas de uma sociedade madura, mas ainda distante de atingir uma situação de desenvolvimento elevado em diversos aspectos da vida social e econômica. Entre as situações mais preocupantes podem ser destacadas as carências nas condições de moradia, de tratamento dos riscos ambientais e nos quatro temas tradicionais: educação, segurança, saúde e infraestrutura. Isto sem contar a grave situação fiscal do governo gaúcho.

As dificuldades e potencialidades no que tange à inserção nacional e internacional foram abordadas nos estudos. Há uma discussão sobre como superar as dificuldades para se conectar com o país e o mundo e aproveitar as potencialidades econômicas e culturais existentes nas diferentes regiões do Estado.

No RS 2030 denominamos a percepção da crise regional, que é recorrente e equivocada, como uma "síndrome", que deve interessar aos especialistas do projeto Nósoutros Gaúchos. Por que esta autoimagem depreciativa, quando no contexto nacional o sul do país é frequentemente associado ao adjetivo “maravilha”?

        Adalmir Marquetti
        Alvaro Magalhães

segunda-feira, 18 de fevereiro de 2013

O PAPA NÃO É MAIS POP

O legado do renunciante no Brasil

O evento mais midiático da visita do papa Bento XVI ao Brasil em 2007 foi a beatificação de um franciscano que enfrentou o poder secular na defesa de um soldado negro condenado à forca. E o de menor interesse público foi a assinatura do acordo para que o Estado brasileiro e a Santa Sé formulassem o estatuto jurídico da igreja católica no país.

 

Bento XVI havia sido sagrado dois anos antes e, nesse pequeno extrato de seu papado, foi capaz de traduzir a missão política de que se investira.
Com a beatificação de Frei Galvão dispunha-se a mostrar que a "opção preferencial pelos pobres" não poderia ser reinvindicada exclusivamente pela banda do clero, em baixa no Vaticano, que, anos atrás, havia se irmanado com movimentos sociais para o surgimento do PT do presidente da República.
Igreja protegeu bens contra ações trabalhistas
Mas se a beatificação conferiu simbolismo à visita política de um teólogo, o capítulo mais substancioso de sua passagem foi a assinatura do acordo negociado por 17 anos entre os dois Estados.
O acordo, que acabaria virando estatuto ao final do segundo mandato Luiz Inácio Lula da Silva, não vai além do que a Lei de Diretrizes e Bases da Educação prevê para o ensino religioso nem inibe a possibilidade de, um dia, o Estado descriminalizar o aborto.
A maior vitória da igreja com o texto foi a inclusão de um artigo que prevê o trabalho voluntário, sem vínculo empregatício, de leigos, padres e freiras que trabalham em instituições católicas. É nas ordens religiosas e não nas paróquias que está a maior fonte de renda da igreja. São os hospitais, escolas e imóveis dessas ordens que se viram crescentemente ameaçados pelas reclamações trabalhistas tanto de leigos quanto de padres e freiras que abandonam o hábito.
Além de um gesto de boa vontade com a Santa Sé, o governo petista agradava o comando da CNBB, de hegemonia conservadora à época e com a qual comungavam bispos como o então cardeal do Rio, d. Eusébio Scheidt, responsável pela desastrada definição do presidente: "Lula não é católico, é caótico".
Oito meses depois de promulgado o estatuto e três dias antes do segundo turno da tumultuada sucessão presidencial de 2010 o papa recebeu uma comitiva de bispos brasileiros que saíram do Vaticano com um recado para os eleitores. Não deveriam votar em candidatos que defendessem o aborto, mesma pregação do postulante do PSDB à Presidência, José Serra.
Além de ter tido fôlego curto na garantia de boas relações entre o petismo e a Santa Sé, o acordo indispôs um governo de extrato trabalhista com os movimentos sociais que abastecem de mão de obra as pastorais sociais da igreja.
Colaborou ainda para o azedume das relações entre o governo brasileiro e a cúpula eclesiástica a prosperidade dos negócios pentecostais sob o governo petista. A questão que mais parece pôr em xeque o papel da igreja na conjuntura, no entanto, é a perda de audiência católica em entre aqueles que passaram a consumir mais, seja pela ampliação do emprego e dos programas sociais, seja pela disputa com denominações mais identificadas com o ideário da prosperidade.
Se essa perda de fieis ainda não ameaça a condição de maior país católico do mundo tampouco colabora para aumentar o peso do episcopado brasileiro nos rumos de um papado voltado para a reevangelização do catolicismo europeu que Bento XVI sempre creu superior.
Pela frequência com que tem se pronunciado desde que anunciou sua renúncia, Bento XVI chegará a 28 de fevereiro, dia em que descalcará seus múleos vermelhos, como um cabo eleitoral de seu sucessor mais poderoso do que se exercesse o cargo vitalício até o fim, tolhido que parecia estar pelas intrigas da Cúria relatadas pelos mais eminentes especialistas em Vaticano.
Na homilia que deu início à quaresma pediu o fim das divisões do corpo eclesial. Como se quisesse deixar claro que o fim dessas divisões não deveria significar a prevalência de tendências mais modernizantes do catolicismo, reuniu os padres de Roma ontem e reafirmou suas críticas a leituras do Concílio Vaticano II, que "banalizaram a liturgia em nome da soberania popular".
Essas leituras criticadas pelo papa viram no concílio o início de uma maior abertura da igreja ao ecumenismo, ao diálogo com a ciência e à solidariedade com o mundo subdesenvolvido.
A maioria dos 117 cardeais que votarão no próximo conclave foi escolhida por Bento XVI e por João Paulo II, cujo papado foi fortemente influenciado pelo então prefeito da Congregação para a Doutrina da Fé, que o sucederia.
Não se deve esperar deste conclave, portanto, uma guinada teológica. Mas a renúncia expôs as disputas mais terrenas que pressionarão o cardinalato a sinalizar punições a crimes de sexo e dinheiro. Na homilia da quaresma Bento XVI fez uma menção sutil ao condenar a "hipocrisia religiosa, o comportamento dos que querem aparentar, as atitudes que buscam os aplausos e a aprovação".
A resistência dos últimos oito anos de papado em punir bispos omissos em relação aos crimes sexuais cometidos pelos padres de suas paróquias não recebeu, de fato, aplausos nem aprovação.
A rede de sobreviventes de abusos de padres, uma ativa organização sediada nos Estados Unidos, já listou três cardeais indesejáveis - de Nova York, Tegucigalpa e Cidade do México - por serem os maiores críticos à cobertura da imprensa sobre o tema.
Na outra frente de problemas, de punição ainda mais escassa, a corrupção no Instituto para as Obras do Vaticano revela um papa imobilizado pelas intrigas da Cúria e refém de interesses que passam pela lavagem de dinheiro da máfia, de políticos e construtoras, como denunciou seu último dirigente ao demitir-se no ano passado.
Não são problemas novos mas que, nos últimos oito anos, apenas se agravaram, pondo em xeque o legado da superioridade moral da igreja católica, tão caro ao papa que se vai.
Maria Cristina Fernandes é editora de Política.

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terça-feira, 22 de novembro de 2011

ESPANHA: OS INDIGNADOS NO DIVÃ

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Después de indignarse, mejor explicar

Por Martín Granovsky, para Página/12

Un sabor amargo invadió en 2002 y 2003 a muchos de quienes habían formado parte de las asambleas populares argentinas en medio de la crisis. Sintieron que el país no había cambiado como esperaban. Que el rechazo a buena parte de los dirigentes políticos no había fructificado en un sistema político distinto. Que no todos se habían ido. Algunos inclusive se asombraron de otra cosa: si la salida de Fernando de la Rúa había sido parte de una situación prerrevolucionaria, no fue la revolución lo que vino después.

El mismo sabor amargo podrían sentir hoy los indignados españoles. Es verdad que Izquierda Unida quintuplicó su representación parlamentaria y que la izquierda nacionalista vasca consiguió nada menos que siete representantes nacionales. Es verdad que el Partido Socialista Obrero Español recibió un castigo histórico el domingo último. Pero el día en que se cumplían 36 años de la muerte de Francisco Franco, el conservadurismo con toques de catolicismo papal del Partido Popular fue la herramienta del castigo. Y una herramienta nítida en los números: tendrá 186 bancas de las Cortes contra 110 del PSOE.

El PP de Mariano Rajoy, previsiblemente, hará aún con mayor convicción, si fuera posible, la política de sujeción al gobierno alemán que comenzó el presidente socialista del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero al impulsar y conseguir que el déficit cero de las cuentas fiscales quedara como principio constitucional. No sólo la ley, como en los últimos tiempos del tándem De la Rúa-Domingo Cavallo en 2001.  También la Constitución. Un texto que, en España, está cargado de simbolismo. Fue una reforma constitucional la que consagró la nueva democracia tras la muerte de Franco. A más de 30 años, acaba de ser otra reforma constitucional la que sacralizó el derecho de los bancos alemanes de cobrarse su deuda, aun cuando la desocupación haya superado una media nacional del 20 por ciento y supere el 40 por ciento para los jóvenes.

Si el movimiento de Indignados españoles era, en rigor, una forma disimulada de que creciera la izquierda, ya logró su cometido con el aumento en escaños de Izquierda Unida. La representación de la izquierda vasca es un fenómeno de otra naturaleza: expresa la adaptación de los abertzales a la realidad y la sintonía con la mayoría del pueblo vasco y su rechazo a la violencia de ETA como forma de avanzar hacia mayores niveles de autonomía. En todo caso, si hubo una indignación contra ETA y un sentimiento de indignación con el Partido Nacionalista Vasco, una suerte de democracia cristiana de centroderecha, la izquierda nacionalista logró canalizar ambos enojos.

Si el movimiento de los Indignados quería preservar el Estado de bienestar en pleno desmonte, no consiguió su objetivo. El PP previsiblemente tratará de cumplir esa tarea aun con más decisión que el PSOE.
Si quiso lograr una mayoría contra la supeditación de la economía a la ganancia financiera, que alcanzó un inédito 7 por ciento, tasa alta en Europa, tampoco obtuvo su objetivo. El PP es también afín a los sectores de las finanzas concentradas.

Lo que ocurrió en España es de manual. El gobierno que venía practicando la flexibilización laboral y el ajuste fiscal fue castigado aunque fuera de origen socialdemócrata y el beneficiado fue el partido que no gobierna desde 2004, cuando José María Aznar fue castigado al mentir que la masacre de Atocha había sido cometida por la ETA y no por el fundamentalismo islámico.

El cambio en el sistema político vasco parece decir que los movimientos sociales sólo tienen efecto electoral cuando antes se encarnaron en la política y buscaron no sólo el cuestionamiento sino una transformación desde los poderes del Estado. Ocurrió lo mismo en la Argentina de hace 10 años. Las asambleas fueron un instrumento clave para evitar que en una situación de crisis y descomposición social el país no cayera en la tentación de soluciones autoritarias. Los que imaginaban una revolución dirán que es poco. Los que temían un retroceso a valores no democráticos pensarán, en cambio, que fue mucho. En las cacerolas no estaba sólo el reclamo contra el corralito. También el pedido de renovar la Corte Suprema con la mayoría automática lograda por Carlos Menem en una sola noche.

¿Volverán los indignados españoles a su fuerza de hace seis meses o languidecerán como en las desvaídas jornadas de reflexión del sábado último, antes de las elecciones?

Y, sobre todo, ¿lograrán hacerse escuchar? Dicho de otro lado: ¿qué está dispuesto a oír la mayoría de los españoles y cómo desafiar no sólo al PP o al PSOE sino también cierto sentido común?

El triunfo del PP no significa sólo la derrota del PSOE por ser el partido de gobierno en medio de la peor crisis de la democracia española. También el ascenso de un partido menos comprometido con el laicismo, más sensible a las campañas de restricción de conquistas civiles como la campaña que pide la penalización del aborto y más cercano al sector financiero.

El ejemplo griego está a mano. Cayó la socialdemocracia y el nuevo gobierno de unidad nacional incluye no sólo a dirigentes del derechista Nueva Democracia y el socialista Pasok. Forman parte del flamante gabinete cuatro miembros de Laos, sigla del partido antisemita y de extrema derecha que busca instalar a los inmigrantes como chivo expiatorio.

El desafío de los indignados españoles, como el de cualquier forma de protesta contestataria, es el de reubicarse si quieren ser útiles y productivos. Quizás pueda decirse que los movimientos sociales perduran o consiguen sus objetivos –porque a veces lo segundo implica una instancia superadora que termina con lo primero– si son más didácticos que catárticos. Y si son más temáticos que simples portadores de una frustración general. Otro ejemplo argentino fue el Frente Nacional contra la Pobreza que recogió millones de firmas en 2001. Una de sus propuestas era la cobertura social universal. El tema pasó a formar parte de un nuevo denominador común, lo mismo que hoy sucede con la revisión penal de las violaciones a los derechos humanos. Los gobiernos de Néstor y de Cristina Kirchner interpretaron aquellas demandas y las convirtieron en políticas. Es un círculo virtuoso: sin decisión desde el Estado no hay políticas y sin instalación social es difícil la decisión desde el Estado.

Quizá sea el momento de diferenciar entre movimientos-mosquito, encargados de aguijonear a los ciudadanos, y movimientos destinados no sólo a señalar defectos sino a marcar rumbos y formas de alcanzar una meta.

No hay unos mejores que otros. Cada uno cumple su rol. Pero parece claro que, si el desafío es superar la fugacidad, no alcanza con descargar la bronca. La bronca puede ser hasta una herramienta más de construcción política, pero nunca reemplaza a la construcción misma.

quinta-feira, 20 de outubro de 2011

NÚMERO DE SUICÍDIOS DISPARA NA GRÉCIA

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Esmagada pelo peso da dívida,a economia grega afunda-se na recessão. A crise dura há quatro anos e só se vislumbram agravamentos. 

As travessias de barco espelham o estado do país. Antonios Kafouros trabalha na bilheteira de um cais do ferry boat:

“- Tentamos vender bilhetes mas não podemos. Não há passageiros. Suprimimos os barcos e os que querem não chegam ao destino. Estão todos doidos.”

Apesar do cansaço e de um derrotismo crescente, a maioria silenciosa grega sente revolta. É o caso de Vassiliki Angelatou.

Depois de 24 anos como investigadora no Instituto de Exploração Geológica e Mineral, sofreu um corte salarial de 30% que vai subir para 50% com as novas medidas de austeridade.

Vassiliki Angelatou:

“- Deixamos de gastar por não saber como vai ser o dia seguinte. Não apenas por causa dos cortes, mas também por causa da incerteza, e dos anúncios diários sempre piores”.

A angústia e um grande sentimento de injustiça instalaram-se na sua família da classe média, imersa pelos novos impostos.

Vassiliki:

“- Ao cabo de tantos anos de trabalho, uma pessoa sente-se insultada. É injusto, o que está a acontecer, não apenas a nós, especificamente, mas a toda a gente. Questionamos o porquê, principalmente por não vermos nenhum resultado.”

Este pessimismo também desencadeou uma degradação na saúde mental dos gregos. A crise agravou os problemas psicológicos já existentes e gerou novos casos devido ao stress intenso provocado pelos graves problemas financeiros.

George Bouras, psicólogo no Hospital Attikon:

“- Há desempregados que têm problemas para conciliar o sono, não podem dormir, outros não conseguem comer, têm falta de motivação, sentem-se abatidos, não conseguem fazer nada, muitas pessoas cairam em depressões profundas.”

O número de suicídios disparou, conforme denunciou a revista médica britânica The Lancet.

Alexandre Kentikelenis, do Kings College, é um dos autores do estudo:

“- Tivemos acesso a relatórios do ministério da Saúde e de outros ministérios que assinalam um aumento dos suicídios de 25% em 2010 para 40% na primeira metade de 2011.”

O relatório assinala também um aumento de 50% das infeções pelo vírus do HIV, a maioria devido ao consumo de drogas.

sexta-feira, 14 de outubro de 2011

CAPITALISMO X CASAMENTO


Casais materialistas têm mais dinheiro e problemas

Pesquisa contou com questionários de 1.734 nos Estados Unidos. Chances de união estável crescem até 15% se casal não ligar para dinheiro

Pesquisadores da Universidade Brigham Young descobriram que casais materialistas conseguem juntar mais dinheiro, porém também acumulam mais problemas. O estudo dos cientistas norte-americanos sobre o tema foi divulgado na revista "Couple & Relationship Therapy".

A pesquisa foi feita com a ajuda de 1.734 casais dos Estados Unidos. Cada dupla preencheu uma avaliação sobre o relacionamento e precisaram responder o quanto valorizam "ter muito dinheiro e bens".

A estatística reunida pelos pesquisadores mostra que os casais que se importam menos com dinheiro apresentaram até 15% de chances maiores de manter uma união estável. A cada cinco casais no estudo, um admitia adorar dinheiro - nesses casos, apesar de estáveis financeiramente, o marido e a mulher brigavam constantemente por razões financeiras.

Para a equipe de pesquisadores, o resultado surpreende pois mostra o efeito do materialismo em casais e não somente em uma única pessoa isolada.

G1

segunda-feira, 26 de setembro de 2011

Una breve fábula de la eurozona


Un banco, una pandilla de ministros y unos tratados sin valor.

Mike Whitney · · · · ·  

Pongamos que usted deseara construir un país nuevo, pero que ignorara todo acerca de las instituciones civiles, la burocracia o la historia. Lo que debería preocuparle sería tan solo crear un entorno que fuera bueno para los negocios, en donde el rigor presupuestario y los acuerdos comerciales fueran la ley de esta tierra.

Así que usted se gasta un montón de dinero en bombo publicitario de su Estado Idílico dirigido a políticos y al público en general, publicidad que proclama que su nueva creación será la vía rápida para la paz y la prosperidad. Para sorpresa de todos, tanto llegan a amar la idea que pasan por alto el fallo estructural que está en el corazón de este diseño, es a saber, que la confederación libre de estados carece de un gobierno central. La única cosa que mantiene a los países unidos es una moneda compartida además de restricciones presupuestarias. Eso es. Pero los peces gordos de las empresas y los magnates de la banca se encogen de hombros y no hacen caso del problema porque, bien, los gobiernos en realidad no hacen nada de todos modos, ¿no es cierto? Solamente entorpecen los grandes negocios.

Esa es la razón por la cual usted ideó un modelo totalmente diferente, un modelo que puso al Banco Central en el centro del universo, rodeado de un reguero de eurócratas (ministros de finanzas) que realizan sus dictados y cantan sus alabanzas.

Entonces, un día, un fuego surge en el perímetro y usted empieza a asustarse. Usted corre en círculos agitando las manos y rogando ayuda. Pero los otros líderes retroceden ante sus demandas porque están atados a sus distritos electorales y corren el riesgo de perder las elecciones si acceden a apagar el fuego que no empezaron. Después de todo, fueron estos “griegos haraganes” los que empezaron el incendio. ¡Que paguen por ello!

Así que ahora tenemos un serio problema. Eurotopia está siendo reducida a escombros y nadie puede ponerse de acuerdo en alguna solución. En todo momento usted sigue planteándose que “si pudiera conseguir que los ministros de finanzas apoyaran un fondo de emergencia mayor para que yo pudiera vaciarlo todo, apagaría el fuego pronto y volvería a ganar dinero.” Nunca se le pasa por el magín que su Estado-Frankenstein corporativo no dispone de precedentes históricos y está construido sobre una base de simple arena. Usted nunca piensa “quizás necesitamos un ejecutivo, un congresista, un juez, un mercado de bonos y funcionarios públicos para ejecutar nuestros planes.”

¡Quiá! No puede ser, porque el gobierno es malo. Los bancos son buenos, los gobiernos son malos, ¿no?

Y cuando usted saborea este bocado de sabiduría, su Eldoradoeurolandia se reduce a cenizas.
Los 17 miembros de la eurozona están inmersos en una espiral irreversible. Los bancos acumulan capital, la financiación del dólar se hace más apretada, los CDS campan cada vez más por las suyas, el programa de préstamo de emergencia del Banco Central europeo se dispara, y los medidores de stress del mercado hacen saltar todas las alarmas. Se trata de todos los síntomas de un gran cataclismo crediticio.

Ahora estos problemas se podría solucionar si hubiera un gobierno trabajando para extinguir el incendio. Pero no está. En su lugar hay un banco, una camarilla de ministros de finanzas y unos tratados sin valor alguno. Y ésta es la razón por la cual la eurozona está condenada al fracaso.

Y la moraleja es… que el gobierno importa.

Mike Whitney es un analista político independiente que vive en el estado de Washington y colabora regularmente con la revista norteamericana CounterPunch.

Traducción para www.sinpermiso.info: Daniel Raventós

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segunda-feira, 12 de setembro de 2011

“Al final, Marx tenía razón: el capitalismo es autodestructivo”.

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Nouriel Roubini, el "gurú" del sistema que se hizo famoso prediciendo la crisis de 2008, concedió recientemente una entrevista televisada al Wall Street Journal. Los compañeros de alternet.org se tomaron la molestia de transcribir el curioso fragmento que a continuación, traducido al castellano, reproducimos en SP. 

Wall Street Journal: Usted pintó una imagen sombría del crecimiento económicobajo par en curso, con creciente riesgo de otra recesión a la vuelta de la esquina. Eso suena terrible. ¿Qué puede hacer el gobierno y qué pueden hacer las empresas para volver a encarrilar la economía, o se trata simplemenete de sentarse y esperar la tormenta?

Roubini: Las empresas no están haciendo nada. No están sirviendo de ayuda. Todo este riesgo no hace sino ponerlas más nerviosas. Tiene su lado bueno esperar. Dicen que están haciendo recortes porque hay exceso de capacidad y que no contratan a trabajadores porque no hay suficiente demanda final, pero hay una paradoja aquí. Si no estás contratando trabajadores, no habrá suficientes ingresos salariales, suficiente confianza en los consumidores, suficiente consumo, no habrá suficiente demanda final. En los últimos dos o tres años hemos experimentado un genuino empeoramiento porque hemos asistido a una radical redistribución del ingreso desde el trabajo hacia el capital, desde los salarios hacia los beneficios, y la desigualdad de ingresos ha crecido y la propensión marginal al gasto de un hogar es mayor que la propensión marginal de una empresa, porque, si comparamos empresas con hogares, éstos últimos tienen más propensión al ahorro. De modo que la redistribución del ingreso y de la riqueza empeora el problema de la inadecuada demanda agregada.

Karl Marx llevaba razón. Llegado a cierto punto, el capitalismo puede destruirse a sí mismo. No puedes perseverar en el desplazamiento de ingresos del trabajo al capital sin tener un exceso de capacidad y una falta de demanda agregada. Y eso es lo que ha ocurrido. Pensábamos que los mercados funcionaban. Pues no están funcionando. El individuo puede ser racional. La empresas, para sobrevivir y salir adelante, puede abaratar más y más los costes del trabajo, pero los costes del trabajo son los ingresos y el consumo de algún otro. Por eso es un proceso autodestructivo. 

Nouriel Roubini es profesor de economía en la New York University

Traducción para www.sinpermiso.info: Miguel de Puñoenrostro
 
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sábado, 13 de agosto de 2011

Tumultos de Londres são pedido de ajuda


Por Stefano Ambrogi

LONDRES (Reuters) - O homem que liderou uma das mais temidas gangues de rua de Londres diz que os tumultos na capital e em outras cidades inglesas esta semana são resultado inevitável da frustração sentida pela juventude britânica e não uma invenção de gangues de rua.

Elijah Kerr, que transformou a famosa gangue de rua criada por ele numa organização de entretenimento destinada a ajudar jovens, zombou da sugestão do primeiro-ministro britânico, David Cameron, de que os tumultos foram coordenados por líderes de gangues.

"O que aconteceu foi a frustração, a tensão, que estourou. É como uma panela de pressão. O fogo está ali, guardado numa sala, trancado e aí alguém abriu a porta e isso se espalhou pela casa", disse Kerr à Reuters.

Ele afirmou que a violência e os saques, com lojas esvaziadas e pessoas sendo atacadas, poderia acontecer numa sociedade que excluiu gerações de jovens.

"Estou falando de instituições de abrigo onde eu cresci, de onde vim, onde as pessoas não têm esperança e foram esquecidas. Perdidas", disse Kerr, fundador e líder da gangue PDC.

PDC são as iniciais de "Pil Dem Crew", termo com raízes no "peel dem" jamaicano, algo como "roubem deles".

"Isso vem crescendo há anos, talvez há uns cinco anos - iria acontecer", disse Kerr, também chamado de Jaja, que cresceu no conjunto habitacional de Angell Town em Brixton, sul de Londres.

Na quinta-feira, após quatro noites de caos em cidades inglesas do interior, Cameron declarou guerra às gangues de rua, que, segundo ele, estavam "no centro de toda a violência", negando com veemência que as medidas de austeridade do governo ou a pobreza tenham contribuído para o tumulto.

Kerr disse que os comentários de Cameron estão totalmente fora da realidade.

Agora aos 31 anos, Kerr afirmou que conheceu a cena das gangues quando tinha 9 anos e esteve envolvido com drogas, usou crack e foi preso várias vezes.

Na última década, porém, ele abriu mão da violência e passou a liderar sua "turma" em uma organização legítima de entretenimento com foco na música e na criatividade.