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terça-feira, 12 de junho de 2018

O mundo pode bem passar sem a cúpula do G7


A última cúpula das supostas principais economias acabou em desavença. Desse jeito, é melhor abrir mão do encontro anual cujo modelo já está mesmo obsoleto há mais de uma década, opina o jornalista Felix Steiner.

Angela Merkel e Emmanuel Macron deveriam simplesmente tomar a iniciativa e declarar juntos a suspensão de novas conferências de cúpula do Grupo dos Sete (G7). Quem poderia questionar que tenham esse direito? Uma vez que a Cúpula Econômica Mundial – como se chamava originalmente o encontro anual dos líderes das maiores nações industriais – remonta a uma ideia do então chanceler federal alemão, Helmut Schmidt, e do presidente francês, Valéry Giscard d'Estaing, não há dúvida que o direito autoral cabe a seus sucessores eleitos.

A renúncia ao megaevento seguramente não será nenhuma perda para a humanidade. Da ideia original – de uma conversa confidencial ao pé da lareira, longe de todas as amarras protocolares, como ocorreu pela primeira vez em 1975 – não resta mesmo mais nada. Em vez disso, a cada ano, de preferência no local mais distante possível, por medo de protestos, acontece uma algazarra de mais de mil jornalistas, interpretando ao vivo cada gesto e cada expressão facial dos Sete Grandes.

E por os dirigentes saberem disso, eles se encenam, enviam fotos suas para todo o mundo, sobretudo para impressionar o eleitorado em casa. Nunca foi possível observar tão bem quanto no atual encontro, como uma mesma cena pode suscitar tantas interpretações nacionais diferentes.

E aí vem a declaração final, após longas negociações diplomáticas e portanto extremamente vaga, que há vários anos faz parte da cúpula. Se vai ser assinada por todos ou não, não tem o menor efeito sobre os destinos do mundo.

Seja como for, há que se perguntar se, nas poucas horas que o encontro dura, é preciso mesmo barganhar sobre o lixo plástico no mar ou sobre o empreendedorismo feminino nos países em desenvolvimento. Ambos são, sem dúvida, temas importantes, mas nesse círculo? Não existem fóruns mais apropriados no contexto das Nações Unidas?

Em 2007, na alemã Heiligendamm, os estadistas deliberaram sobre a mudança climática, embora já tivesse ocorrido a Conferência do Clima anual. Quanto à crise financeira que oito semanas mais tarde abalaria o mundo, ninguém viu chegar. Os economistas chamam isso de negligenciar a competência distintiva. O resultado, em geral, é a falência.

De qualquer modo, faz tempo que o nome G7 não corresponde mais à realidade. Em vez de Itália e Canadá, há anos o lugar à mesa de conferências dos "Sete Realmente Grandes" deveria caber à Índia e sobretudo à China. Por isso, após a crise financeira, se criou o G20, especialmente para consultas sobre a economia mundial, uma vez que nada mais anda sem os países emergentes em rápido crescimento.

A rigor, já na época o G7 deveria ter se dissolvido, mas, convencido da própria importância, o grupo usou o estratagema de se redefinir como "comunidade de valores". O que é tão risível quanto a Organização do Tratado do Atlântico Norte (Otan), a qual, à parte todo seu discurso de valores comuns, nunca teve problema com ditaduras militares, nem a grega, nem as diversas turcas.

Não, a Otan e o G7 não passam de comunidades de interesse ad hoc. E os Estados Unidos, como membro mais poderoso de ambos os clubes, decidiu, por canais democraticamente legitimados, redefinir agora seus interesses de política comercial. Os eleitores de Donald Trump se deliciam com a política de seu presidente, como provam as sondagens atuais. Nesse sentido, uma correção de curso não está à vista, no curto prazo, por mais que se deseje deste lado do Atlântico.

Com isso, o mais tardar agora o G7 perdeu sua base de existência, todo o resto era mesmo acompanhamento decorativo, sem valor prático real. Não se trata, em absoluto, de uma ruptura das relações transatlânticas, ainda há suficientes consultas em outros níveis.

Mas Angela Merkel tem decididamente razão ao afirmar que agora, mais do que nunca, tudo depende da unidade dentro da União Europeia. Um apelo dirigido, em primeira linha, a ela mesma, pois é quem melhor sabe o quanto das atuais distorções na UE foi desencadeado por ela e pelos governos que liderou.

Deutsche Welle

segunda-feira, 4 de junho de 2018

INTERNET: "PARA SUA PROTEÇÃO..."

 

Paul Demarty

01/06/2018

Es bastante raro que todo el mundo se de cuenta de pronto de la existencia de alguna legislación abstrusa de Bruselas, pero solo los ermitaños habrán podido ignorar la plaga de correos electrónicos casi idénticos que hemos sufrido en la última semana o dos: todos citando, aunque disculpándose, la normativa de protección de datos generales (GDPR ).

Esta regulación, que ha causado todo este lío, es un intento de unificar las medidas de protección de datos de la Unión Europea ya existentes y reforzar su aplicación. Se han impuesto restricciones sustanciales a la recopilación de información de los usuarios, especialmente 'información de identificación personal' (PII). La multa máxima para las violaciones más graves es de 20 millones de Euros y el 4% de los ingresos anuales totales de la empresa infractora. Se trata de una suma llamativa, y hacen que la regulación valga el esfuerzo.

No es que los usuarios fueran a saberlo. Porque, si bien, desde el más insignificante boletín de correo electrónico hasta Facebook y Google, hemos sido testigos de una orgía de excusas, todo el asunto ha sido un caos total. Mark Zuckerberg, de Facebook, se negó a responder directamente a los eurodiputados sobre si su empresa cumple por completo esta legislación; en todo Silicon Valley y Londres Este y Berlín, se cruzaron dedos cuando la ley entró en vigor el 25 de mayo Algunas empresas estadounidenses simplemente han dejado de dar servicio a sus clientes en la Unión Europea (existe cierta controversia sobre hasta que punto hay que endurecer la purga de europeos de sus sitios con el fin de adaptarse a la regulación). En particular, todo un grupo de periódicos, incluyendo el Chicago Tribune, han dejado de ser accesibles desde las direcciones IP europeas.

No podemos culpar del todo a la UE de ello. El texto de la ley se acordó hace dos años, y es obligación de las empresas prestar atención a los cambios en el entorno regulatorio. La diferencia entre el mundo como era entonces - cuando esa regulación era tan inimaginable que la gente simplemente no se la tomaba en serio - al actual tras ser promulgada, es un importante cambio en la historia de Internet.

El que la industria de la tecnología llore y cruja sus dientes sobre todo esto, no puede ser interpretado más que como una herida auto-infligida en su totalidad. El GDPR debe resolver dos problemas ante todo. El primero es la recurrente violación catastrófica de datos, que supone una enorme ventaja para los ladrones de identidades electrónicas de todo el mundo. Los acontecimientos recientes han confirmado la necesidad de algún tipo de marco para obligar a la gente a cumplir con sus responsabilidades como custodios de los derechos de privacidad ignorados de forma sistemática. Basta pensar en el escándalo de Equifax el año pasado, que puso en peligro las identidades de la inmensa mayoría de la población estadounidense. Equifax ha conseguido escapar prácticamente impune de esta calamidad. La otra cara del problema es la avaricia extraordinaria de datos de comportamiento exhibida por las principales compañías de Internet y sus competidores rivales. El problema no ha hecho más que agravarse desde hace dos años cuando se aprobó la GDPR, con el escándalo de Cambridge Analytica y otros parecidos.

Hay una imagen popular - o por lo menos bastante extendida - de que Internet es un espacio de libertad salvaje y anárquica. El supuesto anarquista Peter Lamborn Wilson, que en su existencia como místico sufí New Age se hace llamar Hakim Bey - definía Internet, entonces en sus primeros pasos, como la último de una larga lista de “utopías piratas”: zonas temporalmente autónomas, donde la gente puede disfrutar de una ráfaga de libertad, aunque este rodeada por un mundo deshumanizado y racionalizado. A pesar de toda la palabrería sufí, los paradigmas de Wilson son muy americanos, de una manera bastante tradicional. Jack Kerouac en su novela En el camino lleva a su héroe a San Francisco a la búsqueda de la autenticidad personal; ahora la búsqueda ha sido domesticada desde su forma salvaje y desafiante de macho-alfa de la generación Beat y transformada en la respuesta standard de cada departamento de marketing del universo, según la cual la auto-realización completa está al alcance de la mano con un frasco de suplementos vitamínicos.

Lo que no ha cambiado es el destino: California, de la que emana la cultura de masas de Internet en su versión más agresiva. Gran parte del lenguaje de la industria de las tecnologías de la información deriva del mito del oeste americano. De hecho, el grupo más importante de defensa de derechos de los usuarios de Internet en los Estados Unidos es la Electronic Frontier Fundación. La autosatisfacción de los autoproclamados ‘pioneros' tecnológicos ha llegado a ser ensordecedora. Y si hay algo que los vaqueros “libres” odian, es la ley.

Ponis de un solo truco

Lo que ponen de manifiesto los recientes problemas de Facebook y similares - y lo que la GDPR pone de relieve aún más - es que los gigantes de Internet no son tan terriblemente innovadores después de todo. Resulta que un buen número de ellos han estado acumulando beneficios gracias a un truco barato: espiando de manera intrusiva a sus usuarios y alimentando con sus datos sistemas informáticos con capacidad de aprendizaje autónomo. En su gran mayoría, los resultados que producen estos sistemas - a pesar de la habladuría sobre las ciudades inteligentes y los coches sin conductor - están destinados a dirigir la publicidad hacia grupos específicos. Las respuestas orientadas, el cabildeo incesante, la avalancha de relaciones publicas dan testimonio de este hecho: Facebook y Google no están principalmente involucradas en hacer algo interesante: actuar simplemente - como un libro reciente sobre ellas revela - como “comerciantes de atención”. (1)

La publicidad en internet es un mundo de pequeños márgenes. El espacio publicitario peligrosamente casi no tiene valor - y los márgenes, por muy pequeños que sean, son esenciales. Facebook y Google compiten en como dirigir los anuncios hacia los usuarios con mayor disposición para aceptarlos. Y esta selección debe hacerse de forma automática, para tener la oportunidad de llegar a sus miles de millones de usuarios, y hacerlo rápidamente. Eso implica construir los sistemas de aprendizaje automático antes mencionadas - o, muy a menudo, su compra mediante la adquisición de nuevas empresas más pequeñas de inteligencia artificial en sus inicios. El problema con el aprendizaje informático es que las máquinas no aprenden con demasiada facilidad. Imagine un niño de corta edad: ve una ardilla por primera vez. Sus padres le dicen: 'Es una ardilla'. Si ve dos o tres ardillas más, será capaz de reconocerlas instintivamente toda su vida. Incluso los sistemas de aprendizaje automático más sofisticados, sin embargo, requieren mucho más ejemplos fiables antes de poder hacer juicios correctos de este tipo. De ahí la avaricia de datos.

La segunda causa no es tan inocentemente 'técnica'. A los apologistas de Silicon Valley y sus imitadores les gusta señalar al mundo de las empresas start-up como una señal de su gran potencial vivificador de un capitalismo claramente en decadencia. Si analizamos como triunfa en realidad una nueva empresa de este tipo respaldada por capital de riesgo, encontramos algo muy diferente: monopolios. Los inversores quemarán dinero durante años sólo si la recompensa va a ser gigantesca, y este tipo de beneficios solo pueden conseguirse de dos formas esencialmente. Una: la empresa consigue un monopolio inatacable sobre algún mercado. Dos: la empresa es adquirida por una empresa ya establecida en el sector por encima de su valor, reforzando la posición de monopolio del titular.

Esto sólo funciona, por supuesto, si una empresa es defendible - es decir, algo bloquea la puesta en marcha de otra empresa innovadora similar, pero cinco centavos al mes más barata, y después otra y otra. Aquí es donde los grandes datos aparecen en escena - junto con las limitaciones técnicas de los actuales sistemas de inteligencia artificial, siendo los primeros, y consiguiendo una gran cantidad de usuarios de forma rápida, en un mercado en el que la IA proporciona una ventaja lo suficientemente dramática como para asegurar una posición de monopolio.

Atraer la atención de los reguladores no era parte del plan, pero era bastante inevitable. Es difícil reprimir una sonrisa ante las dificultades actuales de las empresas monopolistas de internet, cuando su poco transparente modelo de negocios se enfrenta a su primer desafío serio. Ciertamente, cuando se trata de la cuestión de las infracciones de datos, no hay una menor necesidad de la supervisión normativa seria que la que existe - por ejemplo - sobre la higiene alimentaria. Demasiadas empresas han expuesto a millones de personas al riesgo de un fraude a gran escala y se les deja escapar con un mero tirón de orejas en la prensa tecnológica.

Servir a la sociedad

Los problemas con la GDPR tienen su origen en el otro 50% de su objetivo regulatorio: la cuestión de la privacidad. Estamos hablando, después de todo, de una regulación que es sucesora directa del famoso 'derecho al olvido', gracias al cual las personas pueden solicitar a Google que retire resultados desfavorables de búsqueda sobre ellos. Vale la pena señalar que la Cámara de los Lores insertó una enmienda a la Ley de Protección de Datos, que traspasa la GDPR al derecho británico, que permitiría a las personas hacer solicitudes de acceso a los periódicos, obligándoles a entregar toda la información en su poder sobre ellas, acabando de un plumazo con las fuentes anónimas (el gobierno puso reparos, en deferencia a la sensibilidad de sus amigos de la prensa, y la ley no recogió dicha enmienda). No podemos ni imaginar lo que el montón de lacayos pro-sistema y burócratas de toda calaña que son los Lores querían poder 'olvidar' como un derecho ...

A pesar de las enmiendas que recortaron sus peores excesos, la ley parte de premisas lamentables. Como es habitual en la sociedad burguesa, lo que es muy apreciado es el derecho a ser dejado en paz - 'olvidado', de hecho. La palabrería tecno-utópica sobre la anarquía en internet tiene su parte de verdad, que es que la aparición de internet impuso una dosis no deseada de transparencia en aparatos poderosos que no estaban acostumbrados a no silenciar a sus críticos. Mientras no se entendió cómo controlar las cosas, las cosas no fueron controladas eficazmente; todo tipo de travesuras altamente productivas siguieron siendo posibles.

Hay un cierto matiz en el pánico moral sobre Facebook y similares que les deslegitima, en la medida en que permiten contenidos que no son del agrado de sus principales críticos. El problema son los 'trolls' rusos, no los activistas pro-Obama, cuando se trata de explotar las capacidades de clasificación de Facebook de manera más o menos idéntica. No podemos, por supuesto, esperar que los monopolistas de Internet reaccionen de verdad: no pueden ganar dinero con ello. Google y Facebook han llegado a acuerdos muy satisfactorios con regímenes autoritarios mientras olían que habría dinero por medio, lo que no les impedía, al mismo tiempo, presumir de ser el caballo de Troya de la democracia, o cualquiera que sea la metáfora favorita de los idiotas neoliberales hoy en día.

Estamos perdiendo, por consiguiente, ese momento primordial de libertad resultado del salto dialéctico de la capacidad comunicativa de la raza humana en los últimos 20 ó 30 años. Lo qué haríamos bien en desechar junto con esa pérdida es el mito de que tal transformación tecnológica hará el trabajo por nosotros en el plano social. Hay quienes cacarean que la descentralización de las redes sociales y de servicios similares es 'la respuesta' al capitalismo vigilante y al monopolio de los medios digitales. Y en buena medida se solapan con los entusiastas de las criptomonedas, y ambas perspectivas son erróneas por la misma razón. No se puede diseñar, a nivel de software o hardware, un mundo verdaderamente libre. La tecnología está al servicio de la organización social, no es su ama.

Notas:

1) T Wu, The attention merchants: the epic scramble to get inside our heads London 2016.

terça-feira, 28 de junho de 2016

Brexit: consecuencias e impactos

 

Yanis Varoufakis
Michael Roberts 26/06/2016

El Brexit no protegerá a la Gran Bretaña del horror de una Unión Europea en vías de desintegración

Yanis Varoufakis

Ganó el Leave, salir, porque demasiados votantes británicos identificaron a la UE con autoritarismo, irracionalidad y desprecio de la democracia parlamentaria, y porque demasiado pocos creyeron a los que sosteníamos que otra UE era posible.

Hice campaña a favor de un voto radical por el Remain, por quedarse, haciéndome eco de los valores de nuestro movimiento paneuropeo Democracy in Europe Movement (DiEM25). Visité distintas ciudades en Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte, buscando convencer a los progresistas de que disolver la UE no era la solución. Sostuve que su desintegración desencadenaría fuerzas deflacionarias tales, que muy probablemente significarán por doquiera una nueva vuelta de tuerca de la austeridad y que terminarán favoreciendo al establishment y a sus adláteres xenófobos. Junto con John McDonell, Caroline Lucas, Owen Jones, Paul Mason y otros, abogué por una estrategia de permanecer, pero contra el orden y las instituciones establecidos.

Contra nosotros se levantaba una alianza fraguada entre:

- David Cameron, cuyos amaños con Bruselas traen a la memoria de los británicos todo lo que desprecian en la UE;

- el Tesoro y su grotesco alarmismo pseudoeconométrico;

- la City, cuya insufrible arrogancia ensimismada puso a millones de votantes contra la UE;

- Bruselas, tenazmente empleada en aplicar su última tortura del “submarino” y el simulacro de asfixia a la periferia europea;

- el ministro de finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, cuyas amenazas a los votantes británicos galvanizaron el sentimiento antialemán;

- el penoso gobierno socialista francés;

- Hillary Clinton y sus alegras muchachos atlantistas, dibujando una UE incluida en otra peligrosa “coalición de voluntades”;

- y el gobierno griego, cuya persistente capitulación ante la punitiva austeridad de la UE tan difícil nos hacía convencer a la clase obrera británica de que sus derechos estaban protegidos por Bruselas.

Las fuerzas subterráneas insidiosas que se verán activadas ahora

Las repercusiones del voto serán calamitosas. Pero no serán aquellas contra las que repetidamente advirtían Cameron y Bruselas. Los mercados no tardarán en estabilizarse, y las negociaciones probablemente llevarán a una solución de tipo noruego, lo que permitirá al próximo parlamento británico encontrar la vía hacia algún tipo de arreglo tomado de común acuerdo. Schäuble y Bruselas patalearán y resoplarán, pero, inevitablemente, buscarán un compromiso de este tipo con Londres. Los Tories se mantendrán unidos, como siempre, guiados por el potente instinto de su interés de clase. Sin embargo, a pesar de la relativa tranquilidad que seguirá al actual shock, se activarán fuerzas subterráneas insidiosas dotadas de una formidable capacidad para infligir daños a Europa y a la Gran Bretaña.

Ni Italia, ni Finlandia, ni España, ni Francia ni, desde luego, Grecia son sostenibles bajo las actuales condiciones. La arquitectura del euro es garantía de estancamiento y está profundizando la espiral deflacionaria de deuda que fortalece a la derecha xenófoba. Los populistas en Italia, en Finlandia, posiblemente en Francia, exigirán referéndums u otras sendas de desconexión.

El único hombre con un plan es el ministro alemán de finanzas. Schäuble ve en el pánico post-Brexit su gran oportunidad de poner por obra una unión permanentemente austeritaria. Las zanahorias vienen en forma de un pequeño presupuesto de la eurozona destinado cubrir parcialmente el desempleo y los seguros de los depósitos bancarios. El palo será un poder de veto sobre los presupuestos nacionales.

Si yo estoy en lo cierto y el Brexit lleva a la construcción de una jaula de hierro austeritaria permanente para los estados miembros que permanecen en la UE, hay dos posibles resultados. Uno es que la jaula de hierro se sostenga, en cuyo caso la austeridad institucionalizada exportará deflación a Gran Bretaña, pero también a China (cuyo ulterior desestabilización tendrá a su vez negativas repercusiones en Gran Bretaña y en la UE).

Otra posibilidad es que la jaula se rompa (por abandono de Italia o de Finlandia, por ejemplo), resultando finalmente en el abandono por parte alemana de una eurozona en colapso. Pero eso convertirá a la nueva zona Deutschmark –que probablemente se extenderá hasta la frontera ucraniana— en una gigantesca máquina generadora de deflación (puesto que la nueva moneda se disparará al alza, y las fábricas alemanas perderán mercados internacionales). Gran Bretaña y China tendrían, bajo ese escenario, mayores posibilidades aún de ser alcanzadas por un shock deflacionario todavía mayor.

El horror de esos posibles desarrollos, de los que el Brexit no protegerá a Gran Bretaña, es la razón principal de que yo y otros miembros del DiEM25 hayamos tratado de salvar a la UE del establishment que está llevando al europeismo al abismo. Yo dudo mucho de que, a pesar del pánico que han sentido tras el Brexit, los dirigentes de la UE sean capaces de aprender la lección. Seguirán parloteando de la democratización de la UE y seguirán imponiéndose a través del miedo. ¿Puede sorprender que tantos progresistas británicos hayan terminado dando la espalda a esta UE?

Aunque yo sigo convencido de que el Leave era la opción equivocada, me congratulo de la determinación del pueblo británico para enfrentarse a la disminución de soberanía democrática causada por el déficit democrático de la UE. Y me niego a sentirme abatido, aun contándome entre los perdedores del referéndum.

Lo que ahora deben hacer los demócratas británicos y europeos es aprovechar ese voto para enfrentarse al establishment en Londres y en Bruselas con más ahínco que antes. La desintegración de la UE corre ahora a toda velocidad. Tender puentes por toda Europa, unir a los demócratas a través de toda las fronteras y de todos los partidos; eso es lo que Europa necesita más que nunca para evitar deslizarse hacia un abismo xenófobo y deflacionario como el de los años 30 del siglo pasado.

Traducción para www.sinpermiso.info: Mínima Estrella

https://yanisvaroufakis.eu/, 25 junio 2016



El impacto de Brexit

Michael Roberts

Bueno, me equivoqué. Creí que los británicos votarían a favor de permanecer en la UE, aunque por poco. Pero han votado, por poco, salir. El índice de participación del 72% fue mucho mayor que en las últimas elecciones generales de mayo de 2015 (67%), cuando el partido conservador volvió al poder con una exigua mayoría de sólo 12 escaños. El Primer Ministro David Cameron había logrado la victoria por los pelos gracias a la promesa de convocar un referéndum sobre la pertenencia a la UE. Lo que bastó para debilitar el apoyo electoral del euroescéptico Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), que había obtenido más del 20% de los votos en las elecciones europeas y locales. Al aceptar un referéndum, Cameron logró reducir la representación de UKIP a un sólo escaño en el parlamento.

Pero esta táctica política ha fracasado. Cameron ha perdido el referéndum y ha anunciado ya que dimitirá y que dará paso como primer ministro a un dirigente pro-Brexit para llevar a cabo las tensas y tortuosas negociaciones con los dirigentes de la UE en otoño. Ganar las elecciones así ha resultado un regalo envenenado, como sugerí.

Parece que un número suficiente de votantes ha creído los argumentos de los conservadores pro Brexit y UKIP de que la culpa de lo que les pasaba la tenía “demasiada inmigración” y un exceso de regulación de la UE (aunque Gran Bretaña ya es la economía más desregulada de la OCDE). Nada que ver con la crisis capitalista global, la consiguiente larga depresión y las políticas de austeridad del gobierno conservador.

Sí, muchos votantes no se tragaron los argumentos sobre la inmigración y la regulación; pero fueron principalmente los jóvenes; los que vivían en las zonas multiétnicas como Londres y Manchester y los hogares más acomodados en el sur urbano. No fueron suficientes en comparación con los que votaron a favor de la salida. Es decir, los mayores, los que viven en pequeños pueblos y ciudades, principalmente en el norte o en Gales, lejos de Londres y de los “inmigrantes”, pero que han sufrido y mucho los trabajos mal pagados, los recortes del sector público, las viviendas sin mantenimiento y el abandono de las calles y de los servicios públicos.

Junto a ellos, los racistas acérrimos de la pequeña-burguesía y las pequeñas empresas, que de nada se aprovechan del comercio con la UE o de su generosidad financiera. Creen que les iría mejor de alguna manera con una vuelta a los viejos tiempos, cuando el imperialismo británico se bastaba a si mismo ("recuperar de nuevo nuestro país"). Pero no será así porque es muy probable que los escoceses, que rechazaron por muy poco en referéndum su propia independencia en septiembre de 2014, y que votaron mayoritariamente permanecer en la UE, ahora pedirán otro referéndum para abandonar el Reino Unido y permanecer en la UE como un estado independiente. Volver a los viejos tiempos del imperialismo británico será remontarse en el tiempo a antes de la unión de 1603, cuando Inglaterra-Gales y Escocia tenían distintos monarcas.

¿Y ahora qué? Pues bien, los mercados financieros han reaccionado de forma natural con pánico, el valor de la libra esterlina frente al dólar ha caído a su nivel más bajo desde 1985, cuando había (otra) crisis del petróleo. Los precios de las acciones también se han desplomado drásticamente. Pero se trata sólo de una reacción de sorpresa ante lo inesperado. Cómo reaccionarán los mercados financieros en los próximos meses dependerá del curso de las negociaciones (que podrían durar dos años o incluso más). Y de lo que suceda a la economía del Reino Unido.

En notas anteriores, he subrayado la opinión casi unánime entre los economistas convencionales de que Brexit podría perjudicar la economía del Reino Unido, tanto a corto como a largo plazo. La mayoría cree que el Reino Unido entrará en recesión antes de que finalice el año. ¿Por qué? Después de todo, con una libra más débil, los exportadores británicos serán capaces de competir en precios en los mercados mundiales y europeos. Seguramente se reducirá el peligrosamente elevado déficit exterior (el 7% del PIB) que el capitalismo británico mantiene con el resto del mundo. Y el Banco de Inglaterra proporcionará todo el crédito que bancos y compañías quieran y es posible incluso que recorte las tasas de interés a cero para ayudar a las familias con sus hipotecas y a las empresas con sus deudas.

Quizás - pero la historia ha demostrado que la devaluación de una moneda rara vez consigue relanzar el crecimiento económico, la productividad e incluso el comercio de un país. He citado en otra ocasión cómo los keynesianos se equivocaron cuando creyeron en 2001 que la devaluación del peso en Argentina relanzaría la economía: la Gran Recesión pronto les desengañó.

Y durante la Gran Recesión, el Reino Unido dejó caer de manera espectacular la libra. Sin embargo, las exportaciones no se recuperaron, y la economía nacional, impulsada por las bajas tasas de interés y una burbuja de la vivienda, sólo consiguió un déficit por cuenta corriente.

Y ese déficit tuvo que ser financiado con flujos de capital exterior: extranjeros que invierten en la industria británica; la compra de acciones de empresas y bonos del Estado británicos; y depósitos de dinero en efectivo en los bancos británicos para ganar intereses o reinvertir. Pero la financiación ya había empezado a secarse por temor al Brexit. Y el Brexit ahora es una realidad. La única forma de financiar el déficit será elevando las tasas de interés de los depósitos y los bonos, no recortando las tasas.

Sin embargo, el déficit externo en realidad puede reducirse, no porque las exportaciones mejoren, sino porque las importaciones de bienes y servicios extranjeros caigan. Porque si la economía británica se estanca, las empresas y los hogares van a comprar menos del extranjero, ya que los precios de las importaciones subirán con la caída de la libra esterlina y puede haber inflación. Ello reduciría los ingresos reales de los hogares medios británicos.

Y los beneficios de una libra más débil también dependen de la demanda en otras partes del mundo. Si la zona euro y la economía de Estados Unidos no crecen, puede que no basten precios más bajos para que haya un aumento significativo en la demanda de exportaciones del Reino Unido. Además, en los últimos años, las exportaciones británicas han demostrado ser bastante inelástica. Las mercancías británicas tienden a ser bienes y servicios de mayor valor añadido, menos sensibles a la variación de los precios que la ropa confeccionada.

Y esa es la verdadera cuestión. La devaluación en realidad sólo afecta a la demanda. La otra parte de la ecuación es la oferta y la capacidad productiva. La devaluación no necesariamente promueve la inversión y una mayor productividad. Hay quién incluso defiende que la devaluación puede reducir el incentivo para ser eficiente porque se gana competitividad sin el esfuerzo de aumentar la productividad. Lo que realmente importa es lo que va a pasar con la inversión y la rentabilidad empresarial.

Los mayores costes de producción por las importaciones y la debilidad de la demanda en el país y en el extranjero es probable que desalienten a las empresas británicas a la hora de invertir en el país y que lo mismo les ocurra a los inversores extranjeros. Y la rentabilidad general de las empresas británicas a finales de 2015 se situaba todavía por debajo del pico de 1997, mientras que la rentabilidad del sector industrial clave para las exportaciones era la mitad que en 1997.

Si el Reino Unido entra en recesión, la demanda de exportaciones de la UE (coches alemanes, vino francés, ropa italiana etc..) va a debilitarse. Y una recesión en el Reino Unido podría arrastrar también a la UE. Y ello en un entorno en el que el crecimiento económico mundial se ha reducido a su nivel más bajo desde el final de la Gran Recesión, en el que el crecimiento de los beneficios empresariales globales es cero y la inversión empresarial está cayendo en muchas economías.

A largo plazo el Brexit no supondrá una gran diferencia para la salud del capitalismo británico, pero en este momento podría ayudar a acelerar una nueva recesión mundial. Y tendría un impacto mucho mayor en las vidas de los que votaron a favor del Brexit que los supuestos problemas como la inmigración “descontrolada” o las regulaciones de Bruselas.

Traducción para www.sinpermiso.info: G. Buster

https://thenextrecession.wordpress.com/2016/06/24/the-impact-of-brexit/


Yanis Varoufakis
exministro de finanzas del gobierno griego de Syriza, es Profesor de política económica en la Universidad de Atenas. Su libro El Minotauro Global fue publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing, a partir de la 2ª edición inglesa revisada.

Michael Roberts
es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession. Fuente:
Varias

segunda-feira, 13 de julho de 2015

Carta abierta de Thomas Piketty y otros economistas a Angela Merkel



La interminable austeridad que se intenta hacer tragar a la fuerza al pueblo griego básicamente no funciona. Grecia ha dicho ahora basta ya de modo resonante.  

Como la mayoría del mundo ya sabía, las exigencias financieras hechas por Europa han aplastado a la economía griega, han llevado a un desempleo masivo, a un derrumbe del sistema bancario, han empeorado bastante más la crisis, con un problema de deuda que se ha acrecentado hasta un 175 %  del PIB impagable. La economía yace hoy quebrantada con una caída en picado de los ingresos, la producción y el empleo deprimidos, y las empresas famélicas de capital.

El impacto humanitario ha resultado colosal—hoy el 40 % de los niños vive en la pobreza, la mortalidad infantil se ha disparado y el desempleo juvenil se acerca al 50 %. La corrupción, la evasión fiscal y la mala contabilidad de anteriores gobiernos griegos contribuyeron a crear el problema de la deuda. Los griegos se han plegado a buena parte de la demanda de austeridad de la canciller alemana Angela Merkel —recorte de salarios, recorte del gasto público, tajos a las pensiones, privatizadas y desreguladas, y aumento de impuestos. Pero en años recientes los llamados programas de ajuste infligidos a países como Grecia sólo han servido para crear una Gran Depresión como no habíamos visto en Europa desde 1929-1933. La medicina prescrita por el Ministerio de Finanzas alemán y Bruselas ha sangrado al paciente, no ha curado la enfermedad.  

Juntos apremiamos a la canciller Merkel y a la troika a efectuar una corrección de rumbo para evitar mayores desastres y permitir que Grecia permanezca en la eurozona. Ahora mismo se le está pidiendo al gobierno griego que se ponga una pistola en la cabeza y apriete el gatillo. Por desgracia, la bala no solo acabará con el futuro de Grecia en Europa. El daño colateral acabará con la eurozona como ejemplo de esperanza, democracia y prosperidad y podría llevar a consecuencias económicas de  largo alcance en todo el mundo. 

En la década de 1950, Europa se fundó sobre el perdón de deudas pasadas, sobre todo las de Alemania, lo que generó una aportación masiva al crecimiento económico y la paz de la postguerra. Hoy necesitamos reestructurar y reducir la deuda griega, dejar espacio para que la economía pueda respirar y recuperarse, y permitir que Grecia vaya pagando un gravamen reducido de la deuda durante un largo periodo de tiempo. Este es el momento de repensar con humanidad el programa de austeridad, punitivo y fracasado, de años recientes y avenirse a una reducción considerable de las deudas griegas en conjunción con reformas muy necesarias en Grecia.

 Nuestro mensaje a la canciller Merkel es bien claro: le apremiamos a emprender esta acción vital de liderazgo para con Grecia y Alemania, y también ante el mundo. La historia le recordará por su forma de actuar en esta semana. Esperamos y contamos con que haga posible que se den pasos audaces y generosos en relación con Grecia que sean de utilidad para Europa en las generaciones por venir.

 Atentamente,

Heiner Flassbeck, ex-secretario de Estado del Ministerio Federal de Finanzas alemán  
Thomas Piketty, profesor de Economía de la Escuela de Economía de París 
Jeffrey D. Sachs, profesor de Desarrollo Sostenible, profesor de Política de Salud y Gestión, director del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia
Dani Rodrik, profesor Fundación Ford de Economía Política Internacional, Escuela Kennedy de Harvard  
Simon Wren-Lewis, profesor de Política Económica de la Escuela Blavatnik de  Gobierno, Universidad de Oxford

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

sinpermiso electrónico se ofrece semanalmente de forma gratuita. No recibe ningún tipo de subvención pública ni privada, y su existencia sólo es posible gracias al trabajo voluntario de sus colaboradores y a las donaciones altruistas de sus lectores.

 Esta carta ha aparecido en publicaciones como The Nation, The Guardian, Le Monde y Der Tagesspiegel los días 7 y 8 de julio de 2015.

sexta-feira, 17 de maio de 2013

QUAL O FUTURO DA EUROZONA?

 

Que futuro espera a eurozona?

 

Um estudo publicado pela fundação alemã Friederich Ebert Stiftung, vinculada ao Partido Social Democrata (SPD), admite o óbvio: “as medidas adotadas nas muitas cúpulas sobre a crise demonstraram rapidamente ser inadequadas, e muitas vezes simplesmente acentuam os efeitos da crise”. Diante disso, o trabalho traça quatro cenários para o futuro da região. Conheça-os.

domingo, 30 de dezembro de 2012

EUROPA



La Europa inservible  

Rafael Poch · · · · · 

Vamos a hablar del proyecto europeo, de porqué esta Unión Europea, tal como está diseñada, es inviable e inútil para afrontar los retos del siglo. Por “retos del siglo” entiendo el calentamiento global, el auge demográfico, el “pico” petrolero y los problemas globales de dominio de unos países sobre otros, de pobreza y de desigualdad, combinados con una mentalidad caduca que tiende a seguir “resolviendo” todas esas cuestiones con métodos militares en un mundo atiborrado de armas de destrucción masiva capaces de anular toda vida en el planeta. Esos retos claman una “nueva civilización” y una Europa como la que tenemos es un claro impedimento a ella.
Así que vamos a hablar primero de las razones que hacen inviable desde ese punto de vista a la actual Unión Europea, luego, de la respuesta ciudadana que habría que dar a esa realidad y acabaremos con una reflexión sobre la violencia y los riesgos que tal respuesta comporta para quienes la asumen. Pero antes de entrar en esa crítica, quisiera subrayar la importancia de que haya en Europa algún tipo de pacto y estrecho vínculo internacional.
El motivo es que, desde el punto de vista de la historia universal de la guerra y la paz, Europa es la parte más guerrera y violenta del mundo. En los últimos quinientos años la historia europea salta de una guerra a otra, especialmente en los dos siglos que van de 1615 al fin de las guerras napoleónicas en 1815. En ese periodo las naciones europeas estuvieron en guerra una media de sesenta o setenta años por siglo. Luego hubo un poco más de paz hasta 1914, si olvidamos la guerra de Crimea o la franco-prusiana, pero en ese periodo Europa continuó culminando la exportación de guerra y genocidio hacia fuera de sus fronteras con el holocausto colonial- imperial que fue la conquista del mundo no europeo. Además, en ese periodo de relativa paz interna Europa inventó la industrialización y con ella industrializó la guerra lo que la convirtió en algo mucho mas destructivo. Dos guerras mundiales de inusitada mortandad e incubadas en y por Europa, fueron el resultado.
La Unión Europea se creó, precisamente, para remediar la crónica pelea continental, que después de la Segunda Guerra Mundial ha dado lugar a 67 años de paz, una paz, sin embargo, tutelada por dos superpotencias en tensión nuclear, es decir una paz bajo vigilancia y presidida por un factor, el de la destrucción masiva, que representa el escalón superior de la estupidez humana.
Así que tengamos bien presente este dato sobre la Europa guerrera violenta y dominante a la hora de criticar el actual proyecto europeo.
I) Todavía en 2003 Jürgen Habermas, el principal filósofo alemán vivo, pudo escribir un libro titulado “ El occidente dividido ” y ser tomado en serio. Su contexto era la desavenencia entre una parte de la Unión Europea, su matriz franco-alemana, y la administración Bush durante la segunda guerra de Irak. Y su fundamento era la exaltación de los “valores diferentes” –y por supuesto mejores- que Europa decía representar comparada con Estados Unidos.
En esa comparación, Europa era un continente de paz y de cultura, con apego a la nivelación social y al estado asistencial, regido por el derecho internacional y no por la ley del mas fuerte, es decir centrado en la diplomacia y no en la guerra, y tolerante y no fundamentalista en materia religiosa.
En países como China, esa desavenencia de 2003 estuvo en el centro de la discusión internacional de los dirigentes de Zhongnanhai, el Kremlin de Pekín. La posibilidad de que Occidente, aquel bloque que crucificó a China en el XIX, pudiera partirse en dos y se convirtiera en dos polos con intereses globales y recetas diferentes, es decir en algo más débil que lo anterior, era sumamente interesante por las mayores posibilidades y márgenes de acción que podía reportar en la multipolaridad a los países emergentes.
Ahora sabemos que aquella desavenencia, con su discurso narcisista y embellecedor de la Unión Europea sobre sí misma, es un fraude y que las esperanzas de una divergencia trasatlántica que tanto interesaron en China fueron un espejismo. La actual crisis nos ofrece una perspectiva mucho más real y un espejo mucho más fiel de la realidad europea.
Constatamos que esa Europa “autónoma y mejor” y preconizadora de “otros valores”, ha apoyado, colaborado y participado en casi todo lo que reprochaba a su pariente histórico de ultramar. Es decir Europa sigue siendo imperialista y sus debilitadas naciones se unen, precisamente, para poder seguir siéndolo. Veamos la lista:
-Durante veinte años se ha excluido a Rusia de cualquier esquema de seguridad continental. Es decir se ha impedido cerrar la relación de guerra fría con el extremo oriente de Europa, tal como quería el malogrado proyecto de Gorbachov. La ampliación al Este de la UE se hizo sobre un guión supervisado en Washington, según el cual el ingreso en la OTAN era la antesala de la Unión Europea.
- En cuanto la URSS dejó de ser percibida como amenaza, Europa se lanzó a la guerra. Doce días después del ingreso de Polonia, Hungría y Chequia en la OTAN, comenzó la campaña de Kosovo para acabar con Serbia como estado regional anómalo para la nueva disciplina continental. El belicismo y la manipulación mediática adquirieron en Europa niveles que se creían exclusivos de Estados Unidos. Por primera vez desde Hitler, tropas alemanas participaron, en los Balcanes, en un conflicto, y nada menos que en nombre de la prevención de nuevos Auschwitz y “genocidios”.
-En Irak la divergencia franco-alemana con Bush no impidió una colaboración en toda regla a nivel de logística, servicios secretos, torturas y centros secretos de detención de la “guerra contra el terror” que impide considerar como exclusivamente americanos asuntos como el de Guantánamo: los vuelos de la CIA atravesaron Europa desde Polonia hasta Rota, las cárceles secretas, las torturas y los secuestros implicaron complicidades de todo el mundo. Francia cedió su espacio aéreo para la campaña iraquí, los servicios secretos alemanes identificaron sobre el terreno en Bagdad los objetivos de los misiles del Pentágono y las bases alemanas fueron el principal nudo logístico de la guerra.
-En Palestina, la UE ha sido incapaz de trabajar para la creación de un Estado Palestino, sin duda la medida más eficaz contra el radicalismo islámico en todo el mundo y un imperativo moral incontestable. Por el contrario, ha ido incrementando unas relaciones privilegiadas con Israel y ha incrementado su complicidad con esa comedia que llaman “proceso de paz” en Oriente Medio, basada en el apoyo al país ocupante y agresor.
- En Afganistán, la misma Europa que durante la guerra fría protestó y se negó a participar en Vietnam, se ha volcado con decenas de miles de soldados europeos metidos allá once años en esta guerra infame de treinta que no registra protestas. Aún más: los despliegues en el cuerno de África, la intervención militar en Libia y ahora en Mali, demuestran que el intervencionismo militar europeo no es una excepción puntual sino una tendencia consolidada.
-En Oriente Medio vivimos ahora las sanciones y amenazas contra Irán. Un intervencionismo creciente en la guerra civil de Siria que contribuye claramente a hacerla más sangrienta, que usa a fondo la habitual manipulación mediática y que da por completo la espalda a toda acción diplomática. El horizonte estratégico de este intervencionismo va más allá de Siria: complicar la vida a su aliado, Irán –objeto de sanciones por la sospecha de una ambición nuclear que, convertida en hecho conocido en el caso israelí se tolera sin problemas- y de paso complicar también el aprovisionamiento energético de China.
-Y todo esto está perfectamente interiorizado en el discurso europeo de la política exterior y de seguridad. En Alemania imponer el “acceso” (Zugriff) a los recursos energéticos globales es lo que da sentido a las misiones internacionales del Bundeswehr, afirma el discurso oficial. Hoy día no hay experto y analista de cualquier “centro de estudios estratégicos” del estáblishment, de Bruselas, Berlín o Londres, que no mencione el tema como algo rutinario, dando por supuesto que el militarismo es la respuesta a los retos del siglo. Lo llaman “nuevos desafíos” y la doctrina de la OTAN los quiere contrarrestar con acciones militares “preventivas” y “proactivas”, es decir agresiones, en todo el mundo.
Es decir, y concluyendo esta lista: en su relación con EE.UU, la Unión Europea desempeña en el mundo el papel que un primer ministro australiano definió para su país en Asia: el del “ayudante del Sheriff”.
Siendo imperialista y practicando un manifiesto vasallaje hacia Estados Unidos, la actual Europa no puede ser un polo de poder independiente y autónomo en el mundo multipolar y muchos menos un polo benévolo por otras razones.
En primer lugar, como ha apuntado Samir Amin, porque Europa no puede ser unos Estados Unidos de Europa. Por un lado carece de recursos naturales comparables a los de grandes países como Estados Unidos o Rusia. Por el otro, a causa de su manifiesta falta de unidad interna, porque en Europa están presentes las tensiones y conflictos de intereses centro-periferia propios del desarrollo desigual. Europa contiene zonas y países que son Norte -Alemania y compañía- otros que son Sur -España, Italia, Portugal- y otros que son patio trasero y tercera categoría: la Europa oriental y balcánica con Grecia incluida. (1)
En segundo lugar Europa no puede ser ni siquiera una federación unitaria porque no existe un “pueblo europeo”. La identidad europea no existe ni se la espera. Haciendo un gran esfuerzo, españoles, italianos, griegos y franceses, pueden alcanzar cierta afinidad identitaria apelando a aspectos de su común tradición (ibérica, católica, la herencia latina-románica, o al mediterráneo). A partir de ahí, y como dicen los chinos, “con la perspectiva de varias generaciones”, quizá pudieran embarcarse en algo juntos hasta el punto de borrar sus diferencias. Es una cuestión de imaginación. Pero imaginar eso mismo conjuntamente con los finlandeses, los alemanes, los húngaros o los británicos, es decir metiendo juntos a mediterráneos, vikingos y hunos, es superar los límites de la fantasía más atrevida.
Y en tercer lugar, la Unión Europea no puede funcionar como proyecto que valga la pena por el motivo que todos percibimos: porque su burocracia ha tenido la osadía de pretender que un billete de banco, asistido por un sistema sanguíneo-circulatorio compuesto por intereses empresariales multinacionales generalmente dominados por países del Norte europeo, podía ser el corazón de esa identidad de fantasía.
El resultado de esa osadía ha sido una especie de monstruo del Profesor Frankestein que ha acelerado la gran desposesión de soberanía que toda Europa siente hoy. Si la democracia en las naciones europeas, en el sentido genuino de “poder del pueblo”, ya era caricatura -en unas naciones más que en otras-, ahora resulta que nuestros imperfectos parlamentos ni siquiera tienen soberanía para decidir sobre presupuestos, o que las sacrosantas constituciones deben reformarse en veinticuatro horas por dictámenes que vienen precocinados desde Bruselas o Berlín y que son decididos por instituciones, como el BCE o la Comisión, que ni siquiera son electas.
Casi todas las propuestas que no parten de la propia burocracia de Bruselas para dar un aspecto humano a este monstruo son alemanas: la canciller Merkel desde la Alemania institucional y otros con pretensiones democratizantes e incluso rebeldes proponen lo mismo: más Europa, más integración europea para superar estos defectos. Habermas y otros quieren una Europa federal que resuelva internacionalmente esa devaluación de soberanía y democracia. Quieren convocar una “Asamblea constituyente europea” de hunos, vikingos y mediterráneos. El diputado verde Daniel Cohn-Bendit propone una Europa totalmente integrada compuesta por estados nacionales reducidos a la insignificancia. Es la única manera, dice, de afrontar el pulso mundial con las potencias emergentes. De lo contrario, advierte, “la influencia de nuestra civilización de dos milenios corre el riesgo de esfumarse”. El ex ministro de exteriores, Joshka Fischer, propone dar poderes dictatoriales a la Unión Europea… Los únicos que insisten en “más Europa” como fórmula para salir del hoyo son los alemanes. Hay que recordar que históricamente el discurso europeo de Alemania ha sido siempre entendido como el de una Europa germánica con los alemanes en el papel de dominante “Herrenvolk”. Una quimera hoy manifiestamente imposible.
Así que por todas estas razones (imperialismo, falta de autonomía y recursos, desigualdad interna, ausencia de un pueblo europeo y de identidad común, y por ser un androide empresarial) esta Europa es, a la vez, imposible e inservible para los retos del siglo.
Una vez constatado esto, y recordando aquello que hace importante y necesario un proyecto europeo común (impedir la pelea secular de sus miembros), no hay más remedio que plantearse la pregunta del qué hacer.
II) De lo que se trata es de realizar una refundación ciudadana del proyecto europeo.
De puertas afuera, esa refundación debe impedir la pelea europea. El proyecto europeo no debe tener más ambición mundial que una negación: la de no contribuir al imperio. Si el proyecto europeo ha de ser imperialista, no lo queremos.
De puertas adentro el marco de esta refundación no debe ser “más Europa”, sino más soberanía popular-nacional.
Hay que dejar bien claro que el de la refundación ciudadana no es el único escenario de la actual crisis. De lo que aquí se habla es de lo que “habría que…”, no de algo que vaya a ocurrir inexorablemente. Presentimos que en Europa se está incubando una revuelta social mucho más importante de lo que hemos visto hasta ahora, pero nos encontramos en plena divisoria y tenemos datos que pesan tanto en la balanza de lo positivo y emancipatorio como de lo negativo y regresivo.
Por un lado tenemos el avance, en toda Europa, del chovinismo, la xenofobia y el desprecio por el débil y el emigrante, la ridiculización de la solidaridad y el afán de justicia (resumido en ese miserable concepto neocon que es el buenismo). Una perspectiva de la Europa parda de 1930, podríamos decir.
Por el otro lado tenemos el progreso de la protesta social y solidaria: Cuarenta sindicatos en 23 países participaron el 14 de noviembre en una “Jornada de acción y solidaridad” sin precedentes en Europa. Cotejado con el tamaño y la virulencia de la enorme involución socio-laboral que sufre el continente aquello fue poco y desigual, muy poco. Pero eso ya no es Europa 1930, sino una perspectiva 1848.
La “primavera de los pueblos” de 1848 tambaleó el orden de la restauración absolutista del Congreso de Viena. Un orden absolutista en quiebra es aquel en el que una pequeña casta que acapara el grueso del poder la riqueza y los privilegios adopta decisiones que son vistas como injustas y erradas por la gran mayoría. No se trata del popular 1% contra el 99%, pero sí de algo muy polarizado como sugiere la creciente concentración desigual de la riqueza en Europa. Eso es lo que tenemos ahora.
¿Qué quiere decir una refundación ciudadana? Quiere decir una reconquista de la esfera económica y financiera que la política ha ido cediendo al capital en las últimas décadas. La UE ha sido diseñada como una autopista de la mundialización neoliberal. Pues bien, ahora se trata de combatirla con una desmundialización ciudadana que devuelva todo eso arrebatado a la política en los últimos treinta años, como dice Bernard Cassen.
Evidentemente todo esto plantea la pregunta del cómo.
Para eso es necesario crear un Frente Popular. Una gran unión, una gran alianza y un gran encuentro entre el mundo sindical, los subproletarios emigrantes y parados, la generación sin futuro y deshauciada, la gente mayor estafada tras una vida de trabajo, los sectores religiosos e intelectuales para los que la actual involución es intolerable desde el punto de vista de los principios éticos y morales.
Es fundamental la creación de nuevas fuerzas políticas y de programas. Hacen falta líderes, personas de todos estos ámbitos que representen y sean portavoces de esta refundación – de momento por ejemplo en Catalunya no tenemos líderes obreros ni sindicales dignos de tal nombre, pero curiosamente ha aparecido una de esas personas en el ámbito más inesperado: una hermana benedictina….
Esta refundación solo puede ser (en Europa y en el mundo) internacional e internacionalista, pero, a menos que queramos disolvernos en un sueño idealista de hermandad universal, su marco solo puede ser nacional.
Esa reconquista no puede hacerse en Bruselas, con su burocracia mucho más dominada por el lobbysmo empresarial que la de los estados nacionales, ni en el irrelevante Parlamento Europeo. El ágora, el punto de encuentro y la articulación de ese Frente Popular debe lograrse desde los respectivos marcos nacionales: entre comunidades de gente cercana unida por su marco geográfico y socio-laboral, su lengua su cultura y su común identidad integradora. La experiencia de los foros mundiales, tan interesante pero al mismo tiempo tan etérea e indeterminada, da mucho que pensar. Como ha dicho hace poco Oskar Lafontaine, “La Europa democrática empieza en casa”. Este marco nacional no es sustituto ni alternativa a lo internacional, sino mas bien su condición primera. (2)
Para acabar, una reflexión sobre la violencia.
III) La Europa de hoy no es la del XIX, cuando cualquier avance social pagaba el precio de enormes cantidades de sangre y de violencia. En este continente mucho más rico, mucho más culto y demográficamente mucho más envejecido que el del siglo XIX, quien más quien menos tiene algo que perder. Eso sugiere que la no violencia popular tiene un nuevo sentido y grandes espacios a su favor.
Al mismo tiempo, la rebelión civíl y pacifica, el movimiento social transformador, no es ninguna broma postmoderna y on-line. Exige lo de siempre: compromiso, voluntad, organización y sacrificio. Y recoge represión y reacción. Es decir: hay que ser consciente de lo que significa decir no a una oligarquía absolutista.
La experiencia histórica más reciente nos avisa del enorme potencial de violencia y provocación que tiene el estáblishment. Los dos principales líderes antibelicistas del 1968 en Estados Unidos, Martin Luther King y Robert Kennedy, fueron asesinados. También lo fue el líder estudiantil más notable del 68 alemán, Rudi Dutschke, muerto de las secuelas de un atentado.
Hay que recordar también que la dictadura no es imposible ni una lejana reliquia histórica. Hace menos de cuarenta años la Europa del Sur, desde Portugal a Grecia pasando por España, estaba gobernada por dictaduras. Hace poco más de veinte toda la Europa del Este estaba gobernada por dictaduras comunistoides. Es decir: la mayor parte de Europa eran dictaduras hasta hace muy poco.
Y hay que volver a leer todo lo que expone el Profesor suizo Daniele Ganser en su libro de 2005 sobre Gladio, la cada vez más documentada evidencia de la manipulación directa del terrorismo de los años setenta y ochenta por grupos vinculados a la OTAN -los peores atentados en Italia, Bélgica y Alemania lo fueron. Volver a escuchar la opinión de algunos antiguos miembros de grupos alemanes violentos que hoy confiesan que seguramente su labor estuvo policialmente manipulada desde el principio. Analizar lo que sabemos de las protestas antiglobalización de julio de 2001 en Génova. Lo que está ocurriendo ante nuestros ojos con los apoyos policiales y empresariales a la extrema derecha griega, o lo que se ha visto en España con los indignados… (3)
Hay que tener claro que cualquier presión hacia esa necesaria desmundialización ciudadana chocará, está chocando ya, con las habituales reacciones, tramas negras, represiones, manipulaciones mediáticas y juegos sucios. Repito: hay que ser consciente de lo que significa decir no a una oligarquía.
Notas
(1) Para la exposición de Samir Amin en castellano consultar Europa vista desde el exterior (en www.mientrastanto.org)
(2) El concepto desmundialización lo emplea Bernard Cassen. En L´heure de la démondialisation est venue , Mémoire des Luttes agosto 2011.
(3) El libro de Daniele Ganser, La Operación Gladio y el terrorismo en Europa Occidental, 2005. Sobre el brutal aplastamiento de la protesta contra la cumbre de julio de 2001 en Génova ver El atropello de Génova en este Diario de Berlín.

Rafael Poch, amigo y colaborador de Sin Permiso, es el corresponsal en Berlín del periódico La Vanguardia. Este texto sigue las notas de una conferencia pronunciada el 30 de noviembre en el Centre d´estudis Cristianisme i Justicia de Barcelona.