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domingo, 19 de agosto de 2018

Facebook y la batalla por nuestro tiempo

 

Las fichas que mueve Facebook para revertir el escándalo de Cambridge Analytica.


La conferencia anual de Facebook para desarrolladores (F8) recibió una previsible atención especial este año, en medio de la peor crisis de la compañía. Pero con excepción de la apertura de Mark Zuckerberg, el evento siguió su propia agenda. Un dato indicativo de que los cambios recientes en las políticas de privacidad -incluida la adopción del protocolo europeo GPDR- tienen un alcance superficial, aunque nada de esto permitió revertir la cuesta arriba de la compañía tras el escándalo de Cambridge Analytica. Un análisis de los nuevos anuncios a la luz de los debates más actuales sobre los usos de las tecnologías, que involucran a otros gigantes como Google y Apple.

Time well spent -de traducibilidad múltiple: tiempo bien gastado, bien usado o bien invertido- es un concepto promovido por Tristan Harris, quien paradójicamente ostentó el título de diseñador ético en Google y abandonó la compañía en 2016, en aras de combatir la “crisis de atención digital” provocada deliberadamente por los gigantes de Internet y las nuevas tecnologías. A estos efectos creó una fundación llamada Centro por una Tecnología Humana, escribe artículos, imparte charlas TED, organiza actos y otros eventos, mientras sus seguidores se multiplican en todo el mundo -lo que se dice todo un militante (no sólo) 2.0. Entre sus laderos se cuentan otros renegados como el ex asesor de Facebook Roger McNamee, en sintonía con las impactantes declaraciones que en su momento hizo Chamath Palihapitiya, otrora importantísimo ejecutivo, cuando confesó su arrepentimiento por contribuir a desarrollar una herramienta que está “desgarrando el tejido social”.

En enero de este año, casi una eternidad antes del affaire Cambridge Analytica, Zuckerberg utilizó el eslogan pergeñado por sus detractores para fundamentar un cambio de orientación en su plataforma -que ya venía siendo sacudida por su responsabilidad en la difusión de las famosas fake news. ¿Se trató de un gesto genuino o de una apropiación cínica con fines espurios? Ante una creciente sensación de aburrimiento, hastío y hasta culpa que se apodera de nuestra experiencia digital, los nuevos algoritmos pretenden favorecer las “interacciones significativas”, reemplazando criterios puramente cuantitativos. El objetivo no es otro que retener a los usuarios. Las medidas dirigidas a aplacar la desconfianza hacia las políticas de privacidad también deben ser entendidas en esta clave. La diferencia con la propuesta de Harris es sutil pero gigantesca. Según la publicación especializada The Verge, este promete ser el próximo gran debate en el ámbito de la tecnología.

Lo que se viene

Las crecientes reservas de los usuarios sobre Facebook se vieron traducidas ya en importantes consecuencias económicas. Es que en el segundo trimestre de 2018 la cantidad de usuarios mensuales activos subió en ese período un 11% hasta alcanzar los 2.230 millones, menos de los 2.250 millones esperados. Con esos malos resultados sus acciones de la compañía cayeron casi un 19%: fue la peor jornada desde que juega en la Bolsa.

Bajo esta luz podemos considerar la lista de novedades difundida a partir de F8, la conferencia anual dedicada a exponer los proyectos de innovación más audaces y las nuevas perspectivas de negocios, que tuvo lugar en abril. En algunos casos, se trata de recortar distancia a la competencia en rubros donde Facebook corre con desventaja. ¿Se viene otro caso Snapchat? Sus creadores se negaron a ser absorbidos por Zuckerberg, tras lo cual su aplicación se vio aplastada mediante la imitación de sus originales stories primero en Instagram (que pertenece a Facebook), luego en Facebook, y finalmente en WhatsApp (que también pertenece a Facebook).

WhatsApp permitirá conferencias, buscando ganar terreno en un ambiente corporativo donde corre de atrás contra Skype y Google Hangouts, además de “unir” familias y amigos dispersos por el globo. También en este sentido, pero más impresionante, es la incursión en el mundo de las citas.

Allí el liderazgo pertenece a Tinder, que también es dueño de la pujante OkCupid, entre otros jugadores relevantes como Bumble, Happn o Badoo. La apuesta de Facebook Datings se valdrá significativamente de la cuantiosa información que posee de los usuarios, pero el objetivo no es derrotar a Tinder, en ese caso podría haberla comprada o imitado: la apuesta de Zuckerberg será por la generación de “relaciones de largo plazo”. Muchos dicen que se inspira en una app menos conocida, llamada Hinge. En Facebook Datings, como en Hinge, parece que los solteros podrán iniciar conversaciones no simplemente diciendo “hola”, sino comentando un elemento de perfil específico.

En cuanto a la privacidad, dicho sea de paso, el principal anuncio había sido anticipado en ocasión del control de daños efectuado semanas atrás, sobre la posibilidad de eliminar el propio historial. La función es accesible con un simple botón, aunque existen serias dudas respecto del grado de realidad de esa eliminación: ha adquirido estado público la existencia de shadow profiles hasta para personas que nunca abrieron una cuenta.

En otro orden, un rediseño de Messenger para hacerla más simple y ágil apunta a facilitar la interacción entre usuarios y empresas, las cuales de hecho podrán empotrar una pestaña de la aplicación directamente en sus propios sitios web. Instagram incorpora más interacción con otras aplicaciones como Spotify y nuevos efectos de realidad aumentada. El lanzamiento del dispositivo Oculus Go apunta a masificar el mercado de la realidad virtual, digamos, buscando imitar la asociación del producto a la marca como logró en su momento Apple con iPod y iPhone. Oculus abre nuevas vetas de recolección de datos: permitirá ver Netflix y otros eventos, además de explotar el universo gamer, marcadamente consumista.

Otras aplicaciones se acercan aún más al nuevo objetivo de interacción significativa que, siguiendo al padre del marxismo ruso Georgi Plejánov (“El propagandista comunica muchas ideas a una sola o a varias personas, mientras que el agitador comunica una sola idea o un pequeño número de ideas, pero, en cambio, a toda una multitud”), intenta ser más propagandística que agitativa en lo que respecta a la experiencia del usuario. La función Watch Party permitirá observar videos, incluyendo transmisiones en vivo de eventos deportivos y culturales, en forma simultánea por parte de grupos cerrados. Como juntarse a ver la tele. En el mismo sentido, los grupos de amigos tendrán más prioridad en el newsfeed que hasta ahora.

Tomadas estas medidas en conjunto, el objetivo claro es seguir absorbiendo espacios cada vez más amplios y relevantes de la sociabilidad, ya sea ganándolos a la competencia o a situaciones “analógicas”. Reuniones de trabajo, la seducción, ¡juntarse a ver un partido de fútbol o un recital!, todo transita de la realidad física a la realidad virtual. Y todo es monetizable. En este punto no está de más recordar que Facebook está en el ojo de la tormenta por un fenómeno que involucra a otros pesos pesados como Google y Apple.

El impacto del diseño

La pregunta que importa, desde el punto de vista de la filosofía time well spent, es si todo esto fomenta o previene los comportamientos adictivos. La respuesta es obvia. La competencia por nuestra atención está en el núcleo del problema de las plataformas digitales.

Joe Edelman, una suerte de espada teórica del movimiento, enfatiza -más allá de la cantidad de tiempo dedicada a los dispositivos- la contradicción entre nuestros valores y los hábitos promovidos por las aplicaciones, lo cual explica la angustia experimentada después de usarlas. Hay contraejemplos positivos: Wikipedia y Couchsurfing, entre otros, están validados por la valoración de los usuarios, pues habilitan prácticas alineadas a sus valores.

Actuar de acuerdo a nuestros valores, dice Edelman, puede verse favorecido o no por los ambientes en los que nos movemos, de acuerdo a las normas que ordenan el comportamiento. Pero esta normatividad, de facto o de iure, no sólo es variable en el tiempo y el espacio, y flexible en su interpretación, sino que las reglas siempre pueden ser incumplidas -y su transgresión puede hasta ser un medio para una subjetivación exitosa-. Esto no pasa en todos los medios sociales virtuales. Allí las normas fijadas en el diseño tienen la fuerza de una ley natural: no pueden ser quebradas ni dobladas. Otro aspecto del constreñimiento social a nuestras prácticas es la estructuración del espacio, pero este también puede ser transgredido. Lo que no se puede es grafitear el muro de Facebook. La instancia decisiva, entonces, es la del diseño mismo del software.

Desde este punto de vista, es difícil relacionarse de manera original con las plataformas de sociabilidad virtual. Aún así, crecen las comunidades que alientan patrones de conducta menos patológicos. Un fenómeno que recibe mucha atención es el de los llamados nativos digitales. Los abordajes más banales dan por sentado un manejo pleno de las TIC por los más jóvenes y al mismo tiempo se sorprenden por el bajo rendimiento educativo, asociado a dificultades en la atención como producto de la abundancia de estímulos. El complemento perverso del argumento es el dopaje en masa de niños y adolescentes para beneficio de los pulpos farmacéuticos. Algunos trabajos más serios, como el recientemente publicado libro de Mariana Maggio, Enriquecer la enseñanza, avanzan sobre el fino sendero que hay entre la tecnofobia y el fetichismo TIC: los entornos digitales actuales tienen un gigantesco potencial educativo, pero las competencias para acceder, seleccionar y procesar la información están mediadas y deben ser estimuladas por la práctica de la enseñanza, no asumirlas como algo dado. En otras palabras, favorecer ciertos usos que no vienen por default, y de hecho, son relativamente disruptivos de aquellos más intuitivos que el diseño del software nos induce a naturalizar. Dicho esto, el impacto cognitivo es indudable -lo cual, insistimos, no se soluciona dopando menores de forma indiscriminada- y se extiende a los “inmigrantes” digitales.

Saber cuando parar

Una conclusión que no siendo hegemónica tiene gran popularidad redunda en el rechazo a las nuevas tecnologías porque reducirían ciertas atribuciones intelectuales. Esto recuerda la crítica que Platón hacía en el Fedro a la escritura -que es, después de todo, la más antigua tecnología de la información y la comunicación. La vigencia de este argumento va a contracorriente de desarrollos recientes en la historia del conocimiento. Bruno Latour ha puesto de manifiesto, reuniendo aportes diversos, la importancia de las técnicas de representación en la determinación de los grandes saltos cognoscitivos.

La invectiva platónica fue invertida por el filósofo francés Bernard Stiegler, que establece la mediación de dispositivos para la fijación de ideas como una condición para el ejercicio de la razón, pero extiende su alcance a la constitución misma de la subjetividad humana valiéndose de un concepto de cuño derrideano: la farmacología. En rigor, su densidad teórica da para mucho más que lo que podemos esbozar aquí, pero vale guiarse por un ejercicio de asociación simple. La tecnología, como los fármacos (y las drogas), no es mala en sí, pero hay que saber cuando parar.

La mención que hacemos no es casual: Stiegler encabeza el colectivo Ars Industrialis, que promueve “una política industrial de las tecnologías del espíritu”. Una traducción tentativa al criollo: la convergencia de las industrias asociadas a lo audiovisual, las telecomunicaciones y la informática en el espacio digital, en la medida en que se encuentran sujetas a criterios de mercado producen sociedades de control y una crisis de los deseos que debe ser superada mediante nuevas formas de relacionamiento con estas tecnologías, que emergerían de una producción “ecológica”. Sin ahondar más en las profundidades de la tradición filosófica francesa, vamos a valernos de la crueldad de las comparaciones: se trata de un Center for Humane Technology menos mainstream (y europeo).

Los activismos de Harris y Stiegler se mueven en un frente de batalla distinto, aunque complementario, al de los críticos del “extractivismo de datos” como Evgeny Morozov o el más afamado Edward Snowden. Los aportes de estos últimos han puesto de manifiesto, mucho antes de que Cambridge Analytica estuviera en el radar de nadie, los alcances lesivos para la democracia y las libertades individuales del modelo de negocios de los gigantes de Internet.

La relación entre uno y otro aspecto es evidente. Continuando con la metáfora farmacológica, la interpretación tecnofóbica de estos asuntos es asimilable al prohibicionismo. Como siempre, la analogía tiene su límite: sin el poder de fuego de la Administración para el Control de Drogas estadounidense, antes que contraproducente se trata de un planteamiento condenado a la marginalidad. En vez de propugnar políticas condenadas al fracaso, los críticos del actual estado de cosas haríamos bien en promover usos y, por qué no, también diseños que sean alternativos.

Entretanto, el 1º de agosto, Ameet Ranadive, director de Gestión de Producto en Instagram, y David Ginsberg, director de Investigación en Facebook, volvieron a dejar en claro que el intento de apropiarse del lema de time well spent va en serio, al anunciar nuevas herramientas que servirán para controlar la cantidad de tiempo que los usuarios gastan en las plataformas. Sin embargo, Larry Rosen, un psicólogo investigador de la Universidad Estatal de California que estudia las consecuencias adictivas de este tipo de tecnología, ya alertó sobre el posible fiasco. Rosen usa una aplicación llamada Moment en su investigación, que sirve para calcular la cantidad de horas invertidas de manera similar al tablero de actividad que Ranadive y Ginsberg anunciaron para Facebook e Instagram. Rosen advirtió que las personas no usan sus teléfonos significativamente menos después de rastrear el número (a menudo impactante) de horas que pasan desplazándose. A la luz de ello, el time well spent de Facebook se parece mucho a la hipocresía.
Fonte: https://findesemana.ladiaria.com.uy/

segunda-feira, 4 de junho de 2018

INTERNET: "PARA SUA PROTEÇÃO..."

 

Paul Demarty

01/06/2018

Es bastante raro que todo el mundo se de cuenta de pronto de la existencia de alguna legislación abstrusa de Bruselas, pero solo los ermitaños habrán podido ignorar la plaga de correos electrónicos casi idénticos que hemos sufrido en la última semana o dos: todos citando, aunque disculpándose, la normativa de protección de datos generales (GDPR ).

Esta regulación, que ha causado todo este lío, es un intento de unificar las medidas de protección de datos de la Unión Europea ya existentes y reforzar su aplicación. Se han impuesto restricciones sustanciales a la recopilación de información de los usuarios, especialmente 'información de identificación personal' (PII). La multa máxima para las violaciones más graves es de 20 millones de Euros y el 4% de los ingresos anuales totales de la empresa infractora. Se trata de una suma llamativa, y hacen que la regulación valga el esfuerzo.

No es que los usuarios fueran a saberlo. Porque, si bien, desde el más insignificante boletín de correo electrónico hasta Facebook y Google, hemos sido testigos de una orgía de excusas, todo el asunto ha sido un caos total. Mark Zuckerberg, de Facebook, se negó a responder directamente a los eurodiputados sobre si su empresa cumple por completo esta legislación; en todo Silicon Valley y Londres Este y Berlín, se cruzaron dedos cuando la ley entró en vigor el 25 de mayo Algunas empresas estadounidenses simplemente han dejado de dar servicio a sus clientes en la Unión Europea (existe cierta controversia sobre hasta que punto hay que endurecer la purga de europeos de sus sitios con el fin de adaptarse a la regulación). En particular, todo un grupo de periódicos, incluyendo el Chicago Tribune, han dejado de ser accesibles desde las direcciones IP europeas.

No podemos culpar del todo a la UE de ello. El texto de la ley se acordó hace dos años, y es obligación de las empresas prestar atención a los cambios en el entorno regulatorio. La diferencia entre el mundo como era entonces - cuando esa regulación era tan inimaginable que la gente simplemente no se la tomaba en serio - al actual tras ser promulgada, es un importante cambio en la historia de Internet.

El que la industria de la tecnología llore y cruja sus dientes sobre todo esto, no puede ser interpretado más que como una herida auto-infligida en su totalidad. El GDPR debe resolver dos problemas ante todo. El primero es la recurrente violación catastrófica de datos, que supone una enorme ventaja para los ladrones de identidades electrónicas de todo el mundo. Los acontecimientos recientes han confirmado la necesidad de algún tipo de marco para obligar a la gente a cumplir con sus responsabilidades como custodios de los derechos de privacidad ignorados de forma sistemática. Basta pensar en el escándalo de Equifax el año pasado, que puso en peligro las identidades de la inmensa mayoría de la población estadounidense. Equifax ha conseguido escapar prácticamente impune de esta calamidad. La otra cara del problema es la avaricia extraordinaria de datos de comportamiento exhibida por las principales compañías de Internet y sus competidores rivales. El problema no ha hecho más que agravarse desde hace dos años cuando se aprobó la GDPR, con el escándalo de Cambridge Analytica y otros parecidos.

Hay una imagen popular - o por lo menos bastante extendida - de que Internet es un espacio de libertad salvaje y anárquica. El supuesto anarquista Peter Lamborn Wilson, que en su existencia como místico sufí New Age se hace llamar Hakim Bey - definía Internet, entonces en sus primeros pasos, como la último de una larga lista de “utopías piratas”: zonas temporalmente autónomas, donde la gente puede disfrutar de una ráfaga de libertad, aunque este rodeada por un mundo deshumanizado y racionalizado. A pesar de toda la palabrería sufí, los paradigmas de Wilson son muy americanos, de una manera bastante tradicional. Jack Kerouac en su novela En el camino lleva a su héroe a San Francisco a la búsqueda de la autenticidad personal; ahora la búsqueda ha sido domesticada desde su forma salvaje y desafiante de macho-alfa de la generación Beat y transformada en la respuesta standard de cada departamento de marketing del universo, según la cual la auto-realización completa está al alcance de la mano con un frasco de suplementos vitamínicos.

Lo que no ha cambiado es el destino: California, de la que emana la cultura de masas de Internet en su versión más agresiva. Gran parte del lenguaje de la industria de las tecnologías de la información deriva del mito del oeste americano. De hecho, el grupo más importante de defensa de derechos de los usuarios de Internet en los Estados Unidos es la Electronic Frontier Fundación. La autosatisfacción de los autoproclamados ‘pioneros' tecnológicos ha llegado a ser ensordecedora. Y si hay algo que los vaqueros “libres” odian, es la ley.

Ponis de un solo truco

Lo que ponen de manifiesto los recientes problemas de Facebook y similares - y lo que la GDPR pone de relieve aún más - es que los gigantes de Internet no son tan terriblemente innovadores después de todo. Resulta que un buen número de ellos han estado acumulando beneficios gracias a un truco barato: espiando de manera intrusiva a sus usuarios y alimentando con sus datos sistemas informáticos con capacidad de aprendizaje autónomo. En su gran mayoría, los resultados que producen estos sistemas - a pesar de la habladuría sobre las ciudades inteligentes y los coches sin conductor - están destinados a dirigir la publicidad hacia grupos específicos. Las respuestas orientadas, el cabildeo incesante, la avalancha de relaciones publicas dan testimonio de este hecho: Facebook y Google no están principalmente involucradas en hacer algo interesante: actuar simplemente - como un libro reciente sobre ellas revela - como “comerciantes de atención”. (1)

La publicidad en internet es un mundo de pequeños márgenes. El espacio publicitario peligrosamente casi no tiene valor - y los márgenes, por muy pequeños que sean, son esenciales. Facebook y Google compiten en como dirigir los anuncios hacia los usuarios con mayor disposición para aceptarlos. Y esta selección debe hacerse de forma automática, para tener la oportunidad de llegar a sus miles de millones de usuarios, y hacerlo rápidamente. Eso implica construir los sistemas de aprendizaje automático antes mencionadas - o, muy a menudo, su compra mediante la adquisición de nuevas empresas más pequeñas de inteligencia artificial en sus inicios. El problema con el aprendizaje informático es que las máquinas no aprenden con demasiada facilidad. Imagine un niño de corta edad: ve una ardilla por primera vez. Sus padres le dicen: 'Es una ardilla'. Si ve dos o tres ardillas más, será capaz de reconocerlas instintivamente toda su vida. Incluso los sistemas de aprendizaje automático más sofisticados, sin embargo, requieren mucho más ejemplos fiables antes de poder hacer juicios correctos de este tipo. De ahí la avaricia de datos.

La segunda causa no es tan inocentemente 'técnica'. A los apologistas de Silicon Valley y sus imitadores les gusta señalar al mundo de las empresas start-up como una señal de su gran potencial vivificador de un capitalismo claramente en decadencia. Si analizamos como triunfa en realidad una nueva empresa de este tipo respaldada por capital de riesgo, encontramos algo muy diferente: monopolios. Los inversores quemarán dinero durante años sólo si la recompensa va a ser gigantesca, y este tipo de beneficios solo pueden conseguirse de dos formas esencialmente. Una: la empresa consigue un monopolio inatacable sobre algún mercado. Dos: la empresa es adquirida por una empresa ya establecida en el sector por encima de su valor, reforzando la posición de monopolio del titular.

Esto sólo funciona, por supuesto, si una empresa es defendible - es decir, algo bloquea la puesta en marcha de otra empresa innovadora similar, pero cinco centavos al mes más barata, y después otra y otra. Aquí es donde los grandes datos aparecen en escena - junto con las limitaciones técnicas de los actuales sistemas de inteligencia artificial, siendo los primeros, y consiguiendo una gran cantidad de usuarios de forma rápida, en un mercado en el que la IA proporciona una ventaja lo suficientemente dramática como para asegurar una posición de monopolio.

Atraer la atención de los reguladores no era parte del plan, pero era bastante inevitable. Es difícil reprimir una sonrisa ante las dificultades actuales de las empresas monopolistas de internet, cuando su poco transparente modelo de negocios se enfrenta a su primer desafío serio. Ciertamente, cuando se trata de la cuestión de las infracciones de datos, no hay una menor necesidad de la supervisión normativa seria que la que existe - por ejemplo - sobre la higiene alimentaria. Demasiadas empresas han expuesto a millones de personas al riesgo de un fraude a gran escala y se les deja escapar con un mero tirón de orejas en la prensa tecnológica.

Servir a la sociedad

Los problemas con la GDPR tienen su origen en el otro 50% de su objetivo regulatorio: la cuestión de la privacidad. Estamos hablando, después de todo, de una regulación que es sucesora directa del famoso 'derecho al olvido', gracias al cual las personas pueden solicitar a Google que retire resultados desfavorables de búsqueda sobre ellos. Vale la pena señalar que la Cámara de los Lores insertó una enmienda a la Ley de Protección de Datos, que traspasa la GDPR al derecho británico, que permitiría a las personas hacer solicitudes de acceso a los periódicos, obligándoles a entregar toda la información en su poder sobre ellas, acabando de un plumazo con las fuentes anónimas (el gobierno puso reparos, en deferencia a la sensibilidad de sus amigos de la prensa, y la ley no recogió dicha enmienda). No podemos ni imaginar lo que el montón de lacayos pro-sistema y burócratas de toda calaña que son los Lores querían poder 'olvidar' como un derecho ...

A pesar de las enmiendas que recortaron sus peores excesos, la ley parte de premisas lamentables. Como es habitual en la sociedad burguesa, lo que es muy apreciado es el derecho a ser dejado en paz - 'olvidado', de hecho. La palabrería tecno-utópica sobre la anarquía en internet tiene su parte de verdad, que es que la aparición de internet impuso una dosis no deseada de transparencia en aparatos poderosos que no estaban acostumbrados a no silenciar a sus críticos. Mientras no se entendió cómo controlar las cosas, las cosas no fueron controladas eficazmente; todo tipo de travesuras altamente productivas siguieron siendo posibles.

Hay un cierto matiz en el pánico moral sobre Facebook y similares que les deslegitima, en la medida en que permiten contenidos que no son del agrado de sus principales críticos. El problema son los 'trolls' rusos, no los activistas pro-Obama, cuando se trata de explotar las capacidades de clasificación de Facebook de manera más o menos idéntica. No podemos, por supuesto, esperar que los monopolistas de Internet reaccionen de verdad: no pueden ganar dinero con ello. Google y Facebook han llegado a acuerdos muy satisfactorios con regímenes autoritarios mientras olían que habría dinero por medio, lo que no les impedía, al mismo tiempo, presumir de ser el caballo de Troya de la democracia, o cualquiera que sea la metáfora favorita de los idiotas neoliberales hoy en día.

Estamos perdiendo, por consiguiente, ese momento primordial de libertad resultado del salto dialéctico de la capacidad comunicativa de la raza humana en los últimos 20 ó 30 años. Lo qué haríamos bien en desechar junto con esa pérdida es el mito de que tal transformación tecnológica hará el trabajo por nosotros en el plano social. Hay quienes cacarean que la descentralización de las redes sociales y de servicios similares es 'la respuesta' al capitalismo vigilante y al monopolio de los medios digitales. Y en buena medida se solapan con los entusiastas de las criptomonedas, y ambas perspectivas son erróneas por la misma razón. No se puede diseñar, a nivel de software o hardware, un mundo verdaderamente libre. La tecnología está al servicio de la organización social, no es su ama.

Notas:

1) T Wu, The attention merchants: the epic scramble to get inside our heads London 2016.

domingo, 20 de maio de 2018

Especulando sobre inteligencia artificial

 


Alejandro Nadal,

17/05/2018

El martes 23 de abril de 2013, cuando el reloj marcaba las 13:07, los operadores en el piso de remates de la Bolsa de Valores en Nueva York vieron el siguiente mensaje de Twitter en sus monitores: Última: Dos explosiones en la Casa Blanca; Barack Obama, herido. En unos instantes el mercado entró en una caída vertiginosa y en los siguientes 90 segundos el indicador Dow Jones perdió 160 puntos, eliminando las ganancias del día. En minutos se confirmó que el mensaje era falso. Había sido generado por hackers que penetraron la cuenta de la agencia Associated Press. Y así como había comenzado el vendaval, de pronto todo regresó a la normalidad. Pero en esos minutos de frenesí financiero se generaron pérdidas por más de 140 mil millones de dólares.

El episodio ilustra de manera singular uno de los principales problemas que enfrenta en la actualidad la globalización financiera, en la medida en que se ha ido profundizando el empleo de sistemas de inteligencia artificial (IA). Hoy, cerca de 70 por ciento de transacciones en los mercados financieros se lleva a cabo mediante computadoras institucionales. Y, por supuesto, la velocidad de las transacciones se ha acelerado vertiginosamente. En los mercados de bolsa más desarrollados del mundo un título permanece en manos de un participante del mercado un promedio de 22 segundos antes de entrar nuevamente en otra transacción. La especulación automatizada ya domina en los mercados financieros.

Una pregunta llama la atención de los operadores de bolsa: ¿son más eficientes los sistemas de IA que los métodos tradicionales para obtener mejores rendimientos en una cartera de inversión? La respuesta no es evidente. La mayor parte de los operadores todavía prefiere el uso del análisis convencional, en el que los indicadores sobre la salud económica y financiera del corporativo que emite un determinado título son la base para tomar una decisión. Aunque muchos operadores son excelentes para hacer un buen análisis en poco tiempo sobre un emisor de títulos financieros, hay muchas otras variables que necesariamente serán ignoradas. Es ahí donde entra la capacidad de un programa para procesar enormes cantidades de datos en una fracción de segundo.

Los métodos tradicionales de evaluación siguen siendo válidos cuando se trata de tomar una decisión sobre la adquisición de un activo para obtener un buen rendimiento. Sin embargo, cuando se busca adquirir un título con el único propósito de venderlo inmediatamente para obtener una ganancia, las cosas cambian. En un entorno en el que proliferan las opciones sobre una gran variedad de activos, incluyendo derivados y todo tipo de productos exóticos, es vital poder sintetizar grandes cantidades de información y poder comparar diferentes senderos de transacciones para poder explotar con ventaja los diferenciales de precios entre distintos títulos. Es aquí donde las computadoras y sus sistemas de IA muestran su superioridad frente a los análisis tradicionales.


Otra pregunta se relaciona con el efecto que tiene el empleo de sistemas de IA sobre la volatilidad y estabilidad de los mercados financieros. Muchos analistas consideran que el uso de computadoras elimina el factor emocional de la ecuación, reduciendo la volatilidad y el riesgo de un pánico financiero. Pero lo cierto es que los predictores de los algoritmos de esos sistemas de IA están diseñados para replicar el mismo comportamiento de cualquier operador frente a una señal de alarma. En otras palabras, si alguien grita ¡fuego! a la mitad de una función de teatro, esos predictores también aconsejan salir como rayo hacia la puerta más cercana. Los múltiples episodios de pánico financiero generados por fallas en la tecnología en años recientes son testimonio de lo anterior.

Las plataformas que permiten transacciones en un entorno no lineal, en el que imperan el caos y la incertidumbre, todavía están en una fase experimental. Esos nuevos modelos de IA para la especulación financiera buscan alcanzar rutinas de comportamiento con una lógica no lineal, incorporando variables aleatorias y mimetizando el comportamiento humano para resolver problemas. Eso es algo paradójico, pues pareciera que ahora se busca reintroducir en la ecuación los parámetros (de conducta humana) que antes se buscaba eliminar para maximizar los beneficios de la IA.

Es prematuro predecir el resultado final de esta evolución. La difusión de computadoras con capacidad de aprender ya está ocurriendo, y los operadores de corredurías pueden sentir que sus puestos de trabajo están amenazados. En la medida en que avance la capacidad de estos sistemas para analizar océanos de datos y detectar tendencias, aumentará su capacidad para tomar las decisiones que en su mayoría siguen reservadas a un operador humano. La IA no va a cambiar la naturaleza de la especulación financiera ni sus efectos nefastos en el plano macroeconómico, pero sí puede hacerla más peligrosa por la velocidad y volúmenes involucrados en cada transacción.

Fonte:  SinPermiso

quarta-feira, 16 de maio de 2018

BRASIL: PARAÍSO DA SUCATA MUNDIAL



Aparelhos vendidos no Brasil não podem ser vendidos lá fora porque não atendem requisitos de economia de energia. Especialista do IDEC (Instituto Brasileiro de Defesa do Consumidor) afirma que o Brasil está virando o paraíso da sucata mundial: tudo o que não pode mais ser vendido lá fora, as empresas trazem para cá. Isso vale para o ar condicionado, os agrotóxicos e para carrões beberrões. Miguel Cañete, Comissário Europeu da Ação Climática e Energia, opina que é a sociedade que tem que liderar a mudança. "Consumir sucata não ajuda o clima, não ajuda o mundo, não ajuda o país, nem o bolso dos cidadãos" (blog Climainfo).


Fonte: Affonso Ritter

domingo, 29 de outubro de 2017

A inteligência artificial vai mudar o futuro da música?

Fonte: http://picssr.com/


Novo programa gerador de música provoca temores de que compositores se tornem supérfluos. Especialistas discutem aspecto criativo e humano envolvido na produção musical, assim como democratização da indústria criativa.

Especialistas apontam novas possibilidades na música com inteligência artificial
Neste ano, a cantora e personalidade do YouTube Taryn Southern celebrou o lançamento do seu álbum pop "I AM AI", que foi produzido inteiramente com um software de inteligência artificial (AI, na sigla em inglês). Ela usou um programa chamado Amper, um gerador de música open source.

Após fornecer informações como duração, tempo e chave, Southern deixou que o software fizesse a composição e a produção. Depois ela reorganizou as várias partes fornecidas para criar uma música estruturada. Sua estreia foi saudada como o "primeiro álbum produzido inteiramente com um software de inteligência artificial".

Parte de uma nova onda de composição de música AI e startups de produção como Jukeeck, Groov.AI e Humtap, o Amper é um serviço on-demand, que oferece músicas originais baratas e sem royalties para todos, de cineastas a anunciantes.

Como muitas tecnologias revolucionárias, a inteligência artificial gera receios de ruptura e redundância. Para compositores e produtores independentes que criam música original para o mercado publicitário, por exemplo, um aplicativo que pode fazer o mesmo trabalho em um prazo menor e por menos dinheiro é uma perspectiva assustadora.

John Groves, diretor da Groves Sound Communications e um peso-pesado internacional em termos de música para fins comerciais, não está preocupado com a possibilidade de se tornar redundante. Na verdade, ele disse estar "muito animado" com o avanço da inteligência artificial.

"Isso irá causar arrepios na nossa indústria", disse. "Mas temos que dar uma olhada no ritmo e perceber que as novas possibilidades superam os efeitos disruptivos."

Já Nick Collins – autor de uma série de livros sobre música e cofundador da Chord Punch, uma gravadora independente que lança trabalhos com base em algoritmos – lembra antigos temores da indústria musical em relação a novas tecnologias.

"É como o sindicato dos músicos que protestou contra a chegada do MIDI (Interface Digital de Instrumentos Musicais) na década de 1980", observou. "Olhe para todas as possibilidades criativas que surgiram a partir dessa tecnologia."

Valerio Velardo, diretor da Melodrive, startup pioneira da área de música dinâmica para videogames (trilhas sonoras que mudam de acordo com eventos no jogo), afirmou que o mundo está às vésperas da "próxima onda de democratização" dentro das indústrias criativas.

"Hoje em dia todos têm uma câmera digital de alta qualidade em seu telefone, mas isso não significa que os fotógrafos profissionais tenham desaparecido", disse ele. "Acho que será o mesmo com a AI. Duvido que o papel do compositor será prejudicado por esta tecnologia."

Computadores criativos

Mesmo assim, a estreia bem-sucedida da AI dentro da indústria da música pop desafia os preceitos comuns, em especial o de que a imaginação artística e a criatividade são traços inerentemente humanos, que não podem ser reproduzidos por computadores.

Robô vai virar cantor de ópera

"A música representa um desafio", disse à DW Steven Jan, pesquisador de música da Universidade de Huddersfield. "É uma das exigências mais cognitivas, mecânicas e emocionais de todas as atividades humanas, o que dificulta sua criação por um computador. É a última fronteira da AI."

"Ainda estamos em uma fase de criatividade exploratória", disse Velardo, referindo-se à forma como os sistemas AI são capazes de aprender e operar de forma criativa dentro dos limites de um espaço conceitual e, em última instância, imitar estilos de música estabelecidos.

Até o momento, no entanto, a criatividade transformadora, ou a capacidade de criar novos estilos musicais além desses limites conceituais, permanece fora do alcance. Velardo chama isso de "o santo graal da criatividade computacional".

Som humano

Então como a AI afetará a indústria da musical? Será que ela levará a uma maior previsibilidade na música? Collins diz que não, ressaltando que há "um número suficiente de programadores trabalhando em diferentes projetos para criar um ambiente diversificado".

A incorporação de computadores ao processo criativo já permitiu a quebra das divisões de trabalho entre compositores e intérpretes. Embora o advento da música eletrônica e de diferentes softwares já tenham provocado uma enorme onda de democratização do processo de criação, a AI poderia levar esse processo um passo além.

Mas o artista desaparecerá? Pascal Pilon, diretor da Landr, uma startup que usa big data e machine learning (aprendizado automático) para automatizar o processo final de produção musical conhecido como masterização, não pensa assim.

"Música é contar histórias, gostamos da personalidade do artista. Não acho que as pessoas vão querer ouvir música feita exclusivamente por computadores", disse ele.

De fato, a maioria das pessoas que desenvolvem essas tecnologias são compositores. O artista audiovisual e compositor eletrônico vanguardista Ash Koosha disse ao jornal The Guardian: "Estou tentando preparar música digital de uma maneira que ela não perca os valores humanos e não resulte não caminhe numa direção em que você simplesmente deixa a máquina decidir o que é música."

O musicólogo John Blacking escreveu de maneira semelhante em seu livro How Musical Is Man? (sem tradução no Brasil) que a música é, em última instância, "o som humanamente organizado".

Fonte:  http://www.dw.com/

sexta-feira, 13 de outubro de 2017

Inteligência Artificial




Glauco Arbix, desde São Petersburgo

Nos Estados Unidos, as pesquisas sobre inteligência artificial (IA) vêm de longe. Mas aceleraram de modo extraordinário nos últimos cinco anos, por conta da velocidade dos computadores, do aumento de sua capacidade de armazenamento, da queda de seu custo e, principalmente, pela sofisticação de sua pesquisa. Os avanços atuais ocorrem nas universidades, em empresas de alta tecnologia como o Facebook, Amazon, Apple, Google, IBM mas também em empresas industriais, como a Tesla e Nvidia.

Em sintonia com essa trajetória, o Conselho de Estado chinês anunciou em julho seus planos para fazer da China o principal centro de Inteligência Artificial em 2030. Empresas como a Baidu, Alibaba e Tencent, que já tinham foco em IA, serão agora mais incentivadas e vitaminadas pelo Estado.

Na mesma linha, a Rússia revelou suas intenções com a IA em setembro. O presidente Vladimir Putin afirmou que a “inteligência artificial é o futuro, não só da Rússia, mas também da humanidade”. E cravou as intenções do estado russo de se destacar na disputa nesse campo do conhecimento, tido como pré-condição para comandar o mundo.

O ponto central é que as novidades ligadas a IA atingem as pessoas diariamente, com dispositivos cada vez mais precisos de reconhecimento de imagens, voz, de face, de tradução, de captação de tendências e até mesmo de identificação do gosto de cada um. Áreas como a saúde, transporte, varejo, bancos, energia, manufatura e agricultura já vem sendo desestabilizadas por muitos desses avanços, que prenunciam tempos difíceis para aqueles que insistem em permanecer céticos em relação ao potencial da IA. Empresas de todo tipo e porte, instituições como as universidades e os governos estão instados a se envolver na geração e ampliação desse corpo de conhecimento, principalmente porque há questões de fundo ligadas à IA que não encontram resposta fácil. Questões caras a qualquer sociedade, já que envolvem transformações na economia, em valores éticos, legais, regulatórios, além de incidirem fortemente sobre pobreza, desigualdade, privacidade, emprego e renda, para não citar a educação, calcanhar de Aquiles do nosso país e fundamental para a imensa maioria dos trabalhadores.

Com essas preocupações, aqui de São Petersburgo vejo o professor Alexi Samsonovich do Departamento de Cibernética do Instituto de Engenharia e Física de Moscou, declarar que os pesquisadores russos estão no limite de anunciar um “major breakthrough” em IA.

Os ares são de segredo, mas o tema de máquinas emocionalmente inteligentes frequenta as conversas. Samsonovich já havia feito anúncio semelhante em Nova Iorque, há algumas semanas. O que se sabe é que ele e sua equipe desenvolvem atualmente um Ator Virtual, que seria capaz de planejar, fixar objetivos e apresentar caminhos para ampliar a relação entre as pessoas. A ver, pois os resultados podem se mostrar como mais uma promessa não cumprida da IA.

O instigante, porém, é a disposição existente para enfrentar desafios ambiciosos, o que é fonte de energia e de atração de uma legião de jovens pesquisadores que passam a trabalhar com os olhos no futuro.

Como brasileiro, confesso que sinto um pouco de inveja desse entusiasmo. O Brasil poderia fazer muito mais nesses domínios com a qualificação de seus pesquisadores. Nos tempos de hoje nosso país se perde e atira no próprio pé com os cortes indiscriminados em Ciência, Tecnologia e Inovação, como vem ocorrendo. É uma pena. Como na época do boom da microeletrônica, o Brasil corre o risco de perder mais uma grande oportunidade de dar um salto.

Minha universidade, a USP, com certeza poderia concentrar esforços e reunir pesquisadores e pesquisadoras das engenharias, da matemática, física, de todas as humanidades na construção de um grande polo de Inteligência Artificial, fundamental para animar redes no Brasil e no exterior.

Seria bom se os candidatos a reitor da USP, em meio ao processo eleitoral que culminará com a eleição no final deste mês, pelo menos piscassem como sinal de simpatia pelo tema. É a forma concreta de se batalhar pela valoração da pesquisa, sem se perder nos meandros da ideologia, como o meio mais eficaz de se colocar a USP no mesmo nível que as grandes universidades do mundo.

Outubro de 2017

segunda-feira, 11 de julho de 2016

Cada vez mais esquecido? Isso tem nome: ‘demência do preocupado’





para El País

Identifique se você sofre dos sintomas desse novo transtorno moderno

Vivemos em uma sociedade obcecada com a produtividade, na qual se valoriza realizar o maior número de tarefas no menor tempo possível. Esse excesso de responsabilidades que enfrentamos, juntamente com a sensação de estarmos continuamente conectados através do smartphone e outros dispositivos, deteriora a qualidade das atividades realizadas, o que leva a uma irremediável impressão de fracasso. Perceber continuamente que se tem algo pendente, e sofrer por não poder alcançar o sucesso em todos os aspectos da vida, passou a ser conhecido como a demência do preocupado, conceito recentemente cunhado pela neurologista Frances Jensen, autora de O Cérebro Adolescente.

"A síndrome parece uma demência [perda ou debilidade das faculdades mentais, que se caracteriza por alterações de memória, razão ou conduta], mas, na verdade, é apenas algo que acontece devido às preocupações contínuas e constantes. Acho que acontece com muitas pessoas. Nosso cérebro não pode mudar de tarefa de uma maneira tão rápida como a que nos exige o dia a dia, de forma que perdemos a atenção, e depois nos esquecemos o que tínhamos que fazer", diz Jansen.

O que nos levou a isso

O termo multitasking, (multitarefa, em português) foi criado em 1965 por especialistas em computação dos Estados Unidos para se referir às múltiplas funções que um computador poderia executar naquela época. Hoje, essa palavra nos remete à capacidade humana de prestar atenção a muitas atividades ao mesmo tempo. A psicóloga Isabel García afirma que esse fenômeno não é novo: "As figuras maternas tradicionais colocam em prática desde sempre, mas é atualmente, com a implementação dos meios eletrônicos na vida cotidiana, que extrapolou para outras áreas da nossa vida e se deu visibilidade".

Para a especialista, esse excesso de obrigações responde a uma questão de violência estrutural. "A multitarefa nos é vendida de inúmeras formas que, às vezes, podem ser atraentes ou inevitáveis: é cool, e se você não pode fazer tudo é porque você não é um bom profissional ou não conseguiu aproveitar o curso ao máximo. No Ocidente se fomenta um modelo produtivo no qual temos que competir de forma contínua para nos mantermos atuais, mas é quase impossível seguir o ritmo porque o nível de acontecimentos e possibilidades é infinito e absolutamente inalcançável".

Quais são as soluções

Se você não entende porque a sua produtividade é cada vez menor apesar de seu esforço ser maior a cada dia, pode ser que sofra dessa demência, com outros sintomas como falta de concentração e um sentimento de indecisão perpétua. "Estar sempre alerta é desgastante, e a sensação de que constantemente há algo nos escapando nos causa fastio. Combater passa por frear o ritmo e perguntar ao que queremos dedicar o dia. Só a partir desse momento começamos a eliminar todas aqueles acréscimos que não precisamos em nossa vida; selecionar entre as atividades e tomar decisões faz com que tudo se torne um pouco mais claro", aconselha García.

Avalie o seu caso concreto. "Todo mundo tem diferentes ritmos e formas de lidar com a sua rotina. Alguns preferem acordar cedo e outros trabalhar à noite; há pessoas que gostam de intercalar tarefas para evitar o tédio e outras se sentem mais confortáveis se concentrando em uma tarefa só até o fim", continua: "Normalmente, se ignora questões como a família, as doenças e as pessoas que temos sob nossa responsabilidade, mas são variáveis que têm um grande peso na maneira em que configuramos nossa vida". Se a nossa situação pessoal nos faz sentir sobrecarregados, García recomenda que se procure ajuda em outras pessoas e a criar em nosso entorno redes de apoio que nos poupem algum trabalho.

O estresse é a causa de entre 50% e 60% de todos os dias de trabalho perdidos, um enorme custo humano e econômico

Não é um problema trivial. Um relatório da Organização Internacional do Trabalho (OIT) afirma que o estresse "é a causa de entre 50% e 60% de todos os dias de trabalho perdidos, um enorme custo humano e econômico". A organização encontra sua explicação em diferentes fatores: "Excesso de informação, intensificação das obrigações, maiores exigências de mobilidade e flexibilidade, estar sempre disponível devido à tecnologia e, por último, mas não menos importante, o medo de perder o emprego".

A resposta das empresas

Para ajudar a reduzir esse ritmo de trabalho e evitar a dita demência, algumas empresas decidiram implantar jornadas de seis horas de trabalho, que permitem a seus funcionários desfrutar de mais tempo de lazer. Um bom exemplo disso são as instalações da Toyota na cidade de Gotemburgo (Suécia). Seus funcionários estão há 13 anos saindo duas horas antes do restante da Europa. A implementação dessa medida resultou em um número menor de faltas e uma produtividade maior.

No blog da consultoria Adecco se oferece uma receita aparentemente simples: reduzir as distrações e evitar a multitarefa. Segundo a empresa, temos a tendência de pensar que a melhor opção é realizar o maior número de tarefas no menor intervalo possível, mas quase nunca é assim. "Acaba repercutindo na concentração e na qualidade. Podemos nos equivocar com facilidade, e acabar tendo que refazer o que já foi feito", afirmam.

E mais: nada disso funciona se você ficar grudado na celular quando sair do trabalho. "Precisamos voltar a nos conectar com nós mesmos, começar a ouvir o nosso corpo e levar em conta as nossas preocupações e tudo o que nos faz feliz", conclui Isabel García. De fato não há nada que te motive mais do que passar a próxima hora preso às redes sociais? Pois é.

A SOBRECARGA TEM NOME DE MULHER
As mulheres são as mais afetadas por esse sistema de valores. "É crucial que aquelas que estão sobrecarregadas possam delegar as suas obrigações para outras pessoas. Só assim poderão dedicar tempo a quem são realmente", recomenda a psicóloga. Ainda assim, nem sempre é fácil. "A primeira coisa é entender que está no seu direito de fazer isso; normalmente a culpa tem muito peso sobre elas, e isso as impede de pensar exclusivamente em si mesmas", diz a terapeuta.


Fonte: El País (http://brasil.elpais.com/brasil/2016/06/15/ciencia/1465999552_160036.html)

segunda-feira, 4 de novembro de 2013

El Estado emprendedor y la innovación tecnológica


Randall Wray · · · · · 

“La incapacidad [ideológica] para reconocer el papel jugado por el Estado en el impulso de la innovación bien podría representar la principal amenaza al incremento de la prosperidad.”



Estuve pensando en escribir una entrada de blog reseñando el libro de mi amiga Mariana Mazzucato, titulado The Entrepreneurial State [El Estado empresario]. Es una lectura obligada para cualquiera que desee entender el papel jugado por el Estado a la hora de promover la innovación. Durante demasiados años se nos ha vendido la idea de que nuestros “emprendedores” (también llamados empresarios o capitalistas) son los leones que impulsan el crecimiento a través de la innovación. En realidad, como demuestra Mariana en su excelentemente informado libro, los “emprendedores” no son sino gatitos domesticados que tienen que ser llevados a rastras por el Estado empresario. El Estado innova cargando con la tarea difícil y aun garantizando los mercados; los gatitos se limitan a sacar beneficios de las iniciativas del Estado.

Por cierto que pueden ustedes ver a Mariana en acción en el siguiente vídeo:

http://www.ted.com/talks/mariana_mazzucato_government_investor_risk_taker_innovator.html?utm_source=newsletter_daily&utm_campaign=daily&utm_medium=email&utm_content=button__2013-10-28

Martin Wolf me pisó la reseña. Pueden leerla entera en el Financial Times (http://www.ft.com/intl/cms/s/2/32ba9b92-efd4-11e2-a237-00144feabdc0.html).

Como podrán ustedes ver, Wolf sostiene lo siguiente:

“Este libro presenta una tesis polémica. Pero, en lo substancial, anda en lo cierto. La incapacidad para reconocer el papel jugado por el Estado en el impulso de la innovación bien podría representar la principal amenaza al incremento de la prosperidad.

Mazzucato observa que “el 75% de las nuevas entidades moleculares [aprobadas por la Food and Drug Administration estadounidense entre 1993 y 2004] retrotraen su investigación… a laboratorios de los Institutos Ncionales de Salud [NIH, por sus siglas en inglés] estadounidenses públicamente financiados”. El Consejo de Investigación Médica del Reino Unido descubrió los anticuerpos monoclonales, que constituyen el fundamento de la biotecnología. Esos descubrimientos son luego transferidos de barato a las empresas privadas, que consiguen con ellos enormes beneficios. Un ejemplo acaso todavía más rotundo es la revolución en la información y la comunicación. La Fundación Estadounidense para la Ciencia y la Tecnología financió el algoritmo que está en a base del dispositivo de búsqueda de Google. La financiación inicial de Appel vino de la empresa pública norteamericana Small Business Investment Company [Agencia de Inversión para la Pequeña Empresa]. Además, “todas las tecnologías que componen el teléfono “inteligente” iPhone han sido públicamente financiadas: el Internet, las redes sin cables, el sistema mundial de determinación de posición, al microelectrónica, los dispositivos táctiles de pantallas y el recientísimo asistente personal activado por la voz, SIRI”. Apple conjuntó todo eso, de manera harto brillante. Pero no hizo sino cosechar los frutos de siete décadas de innovación públicamente financiada. ¿Por qué es tan importante el papel del Estado? La respuesta radica en la enormes incertidumbres, en los lapsos de tiempo y en los costes asociados a la innovación fundamental, basada en la investigación científica. Las empresas privadas no pueden y no quiere correr con esos costes, en parte porque no pueden estar seguras de recoger sus frutos y en parte también porque esos frutos se hallan en futuro demasiado remoto. Lo cierto es que, cuanto más competitiva sea una economíaa y cuanto más impulsada esté por las finanzas, tanto menos dispondrá de un sector privado dispuesto a correr con esos riesgos. Recomprar las propias acciones es un modo aparentemente mucho más atractivo de usar el excedente de caja que gastar en innovación fundamental. Pasaron ya los días de los pioneros laboratorios Bell de la empresa AT&T. En cualquier caso, el sector privado no podría haber creado Internet o el GPS. Sólo los militares estadounidenses tenían recursos para hacerlo. Se puede sostener documentalmente que los más importantes dinamizadores de la innovación en las cinco últimas décadas han sido la Agencia Estadounidense para Proyectos de Investigación Avanzada en Defensa y los Institutos Nacionales de Salud. El mundo de hoy, obligado revoluciones fundamentales en las tecnologías de la energía…“

Lean ustedes el resto del artículo en el Financial Times del pasado 28 de octubre. Y lean ustedes el libro de Mariana:

The Entrepreneurial State: Debunking Public vs Private Sector Myths, by Mariana Mazzucato, Anthem Press, RRP£14.99, RRP$18.95

Randall Wray es uno de los analistas económicos más respetados de Estados Unidos. Colabora con el proyecto newdeal 2.0 y escribe regularmente en New Economic Perspectives y en Economonitor.com. Profesor de economía en la University of Missouri-Kansas City e investigador en el “Center for Full Employment and Price Stability”. Ha sido presidente de la Association for Institutionalist Thought (AFIT) y ha formado parte del comité de dirección de la Association for Evolutionary Economics (AFEE). Randall Wray ha trabajado durante mucho tiempo en el análisis de problemas de política monetaria, macroeconomía y políticas de pleno empleo. Es autor de Understanding Modern Money: The Key to Full Employment and Price Stability (Elgar, 1998) y Money and Credit in Capitalist Economies (Elgar 1990).

Traducción para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench
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http://www.economonitor.com/lrwray/2013/10/30/

FONTE DA IMAGEM: AQUI