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quarta-feira, 8 de julho de 2009

Cúpula do G8 anuncia primeiros resultados apesar de caos organizatório


Conferências de cúpula necessitam de símbolos, e a cidade destruída de Áquila é um deles. Não há mais vida na capital da região de Abruzzo: a maioria dos 73 mil habitantes abandonou suas casas após o terremoto de abril de 2009; por toda a parte veem-se as barracas azuis da defesa civil.

O encontro do G8 que se iniciou nesta quarta-feira (08/07) também trata de algo que jaz por terra: a economia mundial. Aqui, a Rússia e os sete "líderes do mundo industrializado" – como o grupo se autodefine –, representam um estranho papel: a crise nasceu em seus países, mas sozinhos os oito não têm como dar conta dos problemas resultantes.

Ao que tudo indica, o formato do futuro será antes o G20, no qual o G8 deverá acabar se dissolvendo. Pois, sem economias emergentes como o Brasil, a China e a Índia, não há saída para a economia mundial. Um fato que até mesmo a chanceler federal alemã, Angela Merkel, reconheceu antes do encontro.

Obama e Merkel em albergue da juventude

O clima na cidade arrasada também espelha, de certo modo, o contexto da cúpula. Por todo lado há máquinas e operários que tentam reparar os danos. Porém, mesmo três meses após o terremoto, não se nota grande progresso. O mesmo se aplica aos trabalhos de recuperação após o grande crash financeiro: há esperanças, mas nenhum avanço perceptível.

Como seria de esperar, o primeiro-ministro Silvio Berlusconi utiliza a cimeira em solo italiano para polir a própria imagem. Originalmente, o encontro deveria realizar-se com toda pompa e circunstância no arquipélago La Maddalena, na costa da região da Sardenha.

Porém, após o terremoto em Abruzzo, o premiê mudou de ideia. Uma escola da polícia financeira serve como local de conferências. E, ao invés de pernoitar num cruzeiro de luxo, a hospedagem de Barack Obama, Merkel e companhia tem nível de albergue da juventude. Tudo condizente com a crise.

Caos organizatório

Na véspera da abertura, eram ácidas as críticas à organização do encontro. Segundo o jornal Guardian, a indignação de alguns participantes com as caóticas condições era tão grande, que até se cogitava expulsar a Itália do Grupo dos Oito.

O periódico britânico citou um diplomata da União Europeia: "O G8 é um clube, e clubes exigem contribuições de seus membros. A Itália não pagou as suas". Segundo Richard Gowan, do Centro de Cooperação Internacional de Nova York, "os preparativos da Itália para a cúpula foram caóticos do início ao fim".

O Ministério das Relações Exteriores em Roma rechaçou as acusações, falando de "um mal-entendido". Ainda segundo o Guardian, diplomatas criticaram ainda o fato de o esboço da declaração final pouco conter de novo.

Ponto para o clima global

Ainda assim, o G8 assinalou uma vitória no primeiro dia do encontro: o premiê sueco Fredrik Reinfeldt disse que os chefes de Estado e de governo chegaram a um consenso sobre a preservação do clima. Segundo a agência de notícias DPA, pela primeira vez, os Estados Unidos concordaram em limitar o aquecimento global a 2ºC acima da temperatura no início da era industrial.

Até 2050, os países do G8 pretendem reduzir à metade as emissões de gases-estufa em todo o planeta. Para as nações industrializadas, isto significaria ter que diminuir suas próprias emissões em 80% ou mais.

ONGs anunciam protesto

Enquanto isso, cerca de 15 mil agentes de segurança cuidam para que nada perturbe a conferência. Carabinieri vigiam cada ponte e cada saída da autoestrada entre Roma e Áquila, numa mobilização orçada em 90 milhões de euros. E os habitantes da cidade-palco da cúpula internacional se perguntam se não faria mais sentido investir toda essa verba na sofrida região.

Embora a maior parte das manifestações e passeatas contra o G8 devam ocorrer em Roma, algumas ONGs anunciaram um protesto em Áquila para a sexta-feira, último dia do encontro. Elas querem lembrar Berlusconi de suas promessas no tocante à ajuda ao desenvolvimento: em 2008, o anfitrião do G8 reduziu sua ajuda humanitária à África em 580 milhões de dólares.

AV/dw/dpa
Revisão: Roselaine Wandscheer

quarta-feira, 23 de julho de 2008

La banca internacional suspende el examen de confianza del G-8


El sector financiero fracasa ante el ultimátum de 100 días para restablecer la transparencia del sistema - Las entidades presentan pérdidas con cuentagotas

CLAUDI PÉREZ / SANDRO POZZI - Madrid / Nueva York - 23/07/2008

Los fracasos del G-8 han dejado de sorprender al mundo. El grupo que reúne a los siete países que un día fueron los más industrializados más Rusia sucumbió hace un par de semanas en la búsqueda de una respuesta rotunda ante la crisis alimentaria. Lo único destacable de la cumbre de Tokio fue una fastuosa cena con un menú de una veintena de platos.

Pero hay descalabros aún más clamorosos. Hace ya 100 días, el G-8 se reunió en Washington en plena tromba por la crisis financiera. Y disparó contra la banca, el epicentro de los problemas. Lanzó un ultimátum: un plazo de un centenar de días para que los bancos revelaran en sus resultados la profundidad del agujero, que entonces sembraba dudas sobre la transparencia y la confianza del sistema. Cumplido ese plazo, el resultado es un sonoro suspenso. La confianza y la transparencia siguen igual: por los suelos.

En los últimos 100 días, los bancos tenían que revelar rápida y completamente su exposición al riesgo, las depreciaciones de activos y sus estimaciones de pérdidas. Eso no ha sucedido, o sólo parcialmente. La prueba es que los propios bancos siguen sin fiarse de sí mismos y el mercado interbancario prácticamente no existe, está seco. "Por un lado, algunas entidades se han resistido a reconocer algunas cosas; por otro, la crisis es un círculo vicioso que va contaminando activos que parecían sanos, y, aunque la banca amplíe capital, el agujero sigue ampliándose", indica Guillermo de la Dehesa, presidente del Centre for Economic Policy Research.

Pese a los buenos deseos, el sector aún parece un campo de minas. El responsable de mercados monetarios del Fondo Monetario Internacional (FMI), el español Jaime Caruana, aseguró hace unos días en Bruselas que las turbulencias continuarán todavía "unos meses", porque la situación de la banca sigue siendo "frágil". "Puede haber nuevas sorpresas", dijo en relación con posibles quiebras tras el último caso, el de la estadounidense IndyMac. El Fondo pronosticó en abril, un día antes de que el G-8 diera su ultimátum a la banca, que las pérdidas totales ascenderían a unos 630.000 millones de euros. Apenas ha aflorado todavía una parte de esa cifra (ver cuadro).

El punto álgido de la crisis fue el rescate de Bear Stearns, un gran banco de inversión norteamericano. "Lo peor ha pasado ya", coincidieron en marzo gurús y banqueros centrales tras esa operación. Pero, como en los terremotos, en las dos últimas semanas, la crisis ha dejado una segunda réplica, con bancarrotas en EE UU y Europa que han obligado a intervenir al sector público, y han puesto al sector financiero de nuevo encima del alambre.

Wall Street no suele dejarse impresionar por una fecha guillotina como la del G-8. Y menos en la situación de incertidumbre por la que atraviesa el sector financiero, desde la banca de inversión y comercial hasta las entidades hipotecarias y aseguradoras. La semana pasada, los primeros resultados de la gran banca dieron aire al optimismo -a pesar de ser negativos-, pero la preocupación está en la banca regional estadounidense. Y ayer mismo, en una jornada bursátil tremendamente convulsa, Wachovia anunció unas pérdidas récord de 5.800 millones de euros, una prueba más de que las turbulencias están lejos de amainar.

Los analistas coinciden. Mientras el mercado de la vivienda siga cayendo, será difícil saber cuál es el impacto de la crisis en los bancos. El problema se está extendiendo a otros créditos, más allá de las hipotecas. No sólo seguirán anunciando provisiones y pérdidas, sino que se teme que los bancos empiecen a eliminar plantilla y a recortar dividendo y vendiendo activos para dotarse de capital. Ayer mismo, Wachovia anunció un recorte del 87% del dividendo.

"No creemos que se hayan eliminado aún los puntos negros", opina la firma de inversión norteamericana Hodges Capital. La patronal bancaria española no es menos rotunda. "Los mercados no han recuperado la confianza y la fluidez que sería deseable", indican fuentes de la AEB. Como consecuencia de la falta de transparencia, las tensiones en los mercados monetarios, han vuelto a recrudecerse y su normalización se retrasa "cada vez más", señalan.

Promesas

Cumplido ya el ultimátum, la única respuesta de la banca llega en forma de promesas: "Es esencial para la industria reformarse para que inversores y mercados recuperen la confianza perdida", explicó Josef Ackermann -responsable Deutsche Bank y presidente del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), una suerte de lobby que reúne a los grandes bancos mundiales- la pasada semana, en la presentación de un informe de 200 páginas que propone mejoras en la gestión de riesgos, las políticas salariales de los profesionales del sector y la valoración de activos. Es decir, todo lo que ha fallado en esta crisis por la paulatina desregulación de los últimos años.

Los expertos tampoco son optimistas. De la Dehesa destaca el "gran esfuerzo de ajuste" de la gran banca internacional. "Hay una reacción en cadena, nuevas oleadas de activos contaminados que han ido agrandando el agujero. Pero no puede quedar mucho, porque nadie compra ya los activos dañados. Como máximo, puede caer algún banco estatal o regional en Estados Unidos", asegura. "Ha habido un problema grave de transparencia, pero los bancos centrales y los reguladores están haciendo bien su trabajo", resume. Más que nuevos agujeros, puede haber problemas en la concesión de créditos: "El problema de la duración de las turbulencias puede ser un credit crunch, una reducción del crédito a los consumidores y empresas -aunque de momento esa posibilidad se está capeando en Europa, con crecimientos del 10% en el crédito- o un encarecimiento de los préstamos, con el que la banca traslade los problemas que tiene para financiarse".