terça-feira, 12 de setembro de 2017

¿Qué hacemos con el miedo?

 

Alberto Tena 05/09/2017


El temor, la inseguridad, la percepción del riesgo son características de las sociedades humanas que no podemos simplemente relegar al núcleo de construcción del fascismo, e incluso rechazar como emociones oscuras.

Que entre los sentimientos más importantes que gobiernan nuestras vidas esté el miedo parece algo que podríamos asegurar sin el apoyo de muchos datos ni contrastados análisis. En la actualidad, se han acuñado conceptos como posverdad para intentar hablar de los populismos, y tratar así de identificar la supuesta irracionalidad de estos sentimientos en política. Pero la verdad es que estos siempre han estado presentes, y entre ellos el miedo y la búsqueda de seguridades, que, como estamos viendo ahora mismo en la campaña electoral francesa, sigue estando en el centro de los problemas europeos.

Para el psicoanálisis, el miedo se produce cuando la angustia, la pulsión del cuerpo sin objeto, encuentra un objeto al que agarrarse. Cuando las personas relacionan directamente la angustia que sienten con algo específico y permanente, la angustia se constituye en una fobia. La fobia aparece para atar ese conflicto entre la pulsión y su representación, su identificación con un objeto concreto que se ata a tu identidad. Cuando vemos que la mayor parte de los derechos y seguridades que tenemos a nuestro alrededor se desmoronan, el miedo puede manifestarse en fobia; como la xenofobia, miedo al extranjero, con la que se está dando una respuesta en todo Occidente en estos momentos. Esta angustia en torno a la que se constituye el miedo es de esas emociones que se vuelven muy pegajosas a nuevas representaciones y que mucho tienen que ver en general con la gente que tiene poca seguridad material a la hora de afrontar al futuro. Por eso, en general, la búsqueda de seguridad y protección ha estado tradicionalmente muy vinculada a las demandas del movimiento obrero y de los colectivos con menos poder social.

Cuando hablamos de seguridad, a secas, pensamos en un posible Ministerio de Seguridad y Defensa, que nos proteja frente a otros externos, y, en los últimos tiempos, se nos vienen a la cabeza con gran preocupación Marine Le Pen y Donald Trump. Desde el primer día que escuchamos hablar de ellos, la seguridad y protección de sus nacionales frente a los extranjeros mexicanos o islámicos, o contra la globalización y la Unión Europea y sus oligarquías, ha sido la bandera que ha ondeado en cada uno de sus discursos. La seguridad como bandera para construir comunidades políticas cerradas, con menos derechos y menos democráticas. Pero el miedo, la inseguridad, la percepción del riesgo son características de las sociedades humanas que no podemos simplemente relegar al núcleo de construcción del fascismo, e incluso rechazar como emociones oscuras. Ya se sabe, el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento, el sufrimiento al lado oscuro. En algún momento de esa cadena es fundamental hacernos cargo de estos sentimientos colectivos. Estas emociones han sido en realidad uno de los ejes fundamentales en torno a los que se han construido muchas de las instituciones más útiles y avanzadas para el movimiento obrero y para las personas con menos poder en nuestras sociedades.

“Seguridad Social” probablemente pueda significar cosas distintas para personas distintas, pero en general tenemos la idea de que trata sobre del deseo colectivo de tener una mayor protección frente a los múltiples problemas de la vida (por lo general en el mercado de trabajo), frente a la enfermedad, a las privaciones materiales y a la incertidumbre; e igual nos acordamos del Fondo de Reserva que vemos en los gráficos cada día en el telediario en bajada continua; y alguna gente, en los colectivos, plataformas y centros sociales, que les han permitido construir pequeños espacios de tejido comunitario; o las familias como último resorte de protección al que acudir cuando algo va mal. El 17 de noviembre de 1881, en el célebre discurso de Bismarck en el Reichstag, en el que se dijo eso de “es necesario un poco de socialismo para evitar tener socialistas”, en realidad, también se reconoció por primera vez colectivamente la misión de responsabilizarse del cuidado de todos los miembros de la sociedad sin que fuera la caridad la que tuviera que ocuparse de ello. En los siguientes años se fueron adoptando una serie de leyes sobre seguros contra los accidentes de trabajo, la invalidez y la vejez, y un sistema legislativo del que todavía hoy el sistema alemán conserva muchas de las características. Si tuviéramos que encontrar una única frase para definir el espíritu de lo que han sido los Estados de Bienestar de la posguerra, nos quedaríamos con la definición de Lord Beveridge según la cual todos los países democráticos avanzados deberían aspirar a poder garantizar a todos los ciudadanos la “seguridad de la cuna a la tumba”.

Actualmente nos enfrentamos a nuevos riesgos sociales: la globalización, el desempleo tecnológico, el fenómeno de los trabajadores pobres, los cambios en los roles familiares debido a la incorporación masiva, si bien incompleta y precarizada, de las mujeres al mercado de trabajo, el envejecimiento de la población y la inmensa cantidad de trabajo de cuidados socialmente necesarios que esto conlleva, el desempleo juvenil, o, en el caso español en especial, la extensísima pobreza infantil. Los sistemas de “seguridad social” bismarckianos nunca se imaginaron que podía suceder algo como la aparición de los trabajadores pobres. El pleno empleo y una familia (unas mujeres) constituían las bases para el bienestar. Pero ese sistema de Bienestar no está pensado para los problemas a los que tienen que hacer frente la mayoría de la población porque está construido bajo supuestos sociales que ya no se corresponden con la realidad: el pleno empleo como normalidad a partir de la cual se consolidan derechos; y la familia, fundamentalmente un grupo de mujeres, como institución que se iba a encargar de las tareas que permiten sostener una vida que pueda ser después empleada por alguien en el mercado de trabajo, para producir valor, ganar dinero, estatus social y de ahí una serie de derechos y condición de ciudadanía.

Una de las propuestas de mayor calado en cuanto a cambio de perspectiva en relación a las políticas que tienen que llevar cabo los Estados de Bienestar para afrontar estos nuevos riesgos es la de la Renta Básica. Y aunque tradicionalmente sus defensores hayan apuesto el acento en su capacidad de generar mayor libertad (real) para las personas, la seguridad, es también uno de los elementos clave. De los diferentes proyectos piloto que se han puesto en práctica en todo el mundo, uno de los más famosos es el que se hizo entre 1974 y 1979 en Dauphin, Canadá. El experimento consistió en proporcionar una renta de forma incondicional a toda la población con un cálculo inversamente proporcional a los ingresos que cada persona percibía por su empleo. La mayor estudiosa de lo que ahí sucedió es la economista Evelyn L. Forget, que realizó un trabajo especialmente profundo en lo que tiene que ver con el análisis de variables vinculadas a la salud, hospitalizaciones, salud mental etc. Todos esos indicadores mostraron mejoras considerables, pero no exclusivamente entre los individuos que recibían finalmente esa renta. Cuando Evelyn Forget trató de explicar por qué sucedía esto también entre las personas que no estaban recibiendo esos ingresos -- su salario superaba el umbral establecido en ese momento-- dijo que la clave era que esta renta que se garantizaba a las personas era percibida por los ciudadanos como una especie de póliza de seguros contra la pobreza en el futuro, y era esto lo que activaba toda una serie de mecanismos virtuosos vinculados a la salud en toda la zona de Dauphin. Las políticas de protección social deben ocuparse tanto de quienes ahora mismo están en situaciones de privación total y son los más vulnerables, que se entiende normalmente como los sujetos de las políticas de protección social, como de quienes en este momento están mejor, pero tienen la necesidad de sentirse seguros ante la posibilidad de circunstancias adversas en algún momento de su ciclo vital.

La seguridad ha sido una de las ideas fundamentales que ha sido capaz de organizar el orden político surgido de entreguerras que ahora está en crisis. La existencia de una subjetividad organizada, capaz de imaginar horizontes vitales sin demasiados sobresaltos, ha sido una de las claves que ha permitido mantener y proyectarse a la mayoría hacia posibilidades de progreso personal y colectivo. Este imaginario de seguridad se ha perdido para una gran parte de la población, y es probable que sea tarea nuestra reconstruirlo, hacernos cargo de estos sentimientos colectivos para tratar de darnos una respuesta. Socializar las tareas de cuidados como un derecho, una renta básica que nos asegure la existencia material a todo el que viva en el territorio, abrir todas las posibilidades de generar vínculos colectivos que nos ayuden a construir ese sentimiento de comunidad son tareas que no tienen que ver exclusivamente con la justicia social, ni solo con el progreso económico, sino que probablemente traten sobre una de las pocas garantías de construir un orden nuevo, capaz de sostener la vida de las personas en uno de los momentos de mayor incertidumbre global. En 2011 el colectivo Juventud Sin Futuro declaraba que la única forma de afrontar ese futuro incierto, sin casa, sin curro y sin pensión, era quitarse el miedo. Entonces sonó a una afirmación, pero probablemente es una necesidad, apartar el miedo sigue siendo una tarea política fundamental.


Alberto Tena es politólogo, especialista en políticas públicas y sociales

Fuente:
http://ctxt.es/es/20170524/Firmas/12868/CTXT-seguridad-miedo-Trump-Le-Pen-Tena.htm#.WSaU0CP_KCS.twitter

quinta-feira, 27 de julho de 2017

PORTO ALEGRE CERVEJEIRA






Água, cevada maltada, lúpulo, fermento: essa é a composição clássica da cerveja, que permite infinitas combinações. Desde muito tempo, porém, outros condimentos eram e são utilizados no processo de produção das cervejas, tais como coentro, cascas de laranjas, camomila, pimentas, etc. Alguns cervejeiros também gostam de temperar suas criações com baunilha, cacau, canela e até abóbora. Essas especiarias servem como complemento, para realçar o sabor de determinados tipos de cervejas.

Outras fontes de amido são utilizadas na fabricação de cervejas, como o milho e o arroz, para substituir parcialmente a cevada maltada. Isso é feito na produção em grande escala, para diminuir os custos e, assim, baratear o preço final. O impacto negativo na qualidade da cerveja, porém, é muito grande. Algumas pessoas pensam que o produto final, após a adição desses complementos, não é na realidade uma cerveja e sim outra bebida similar.

As grandes produtoras de cerveja utilizam muitos aditivos químicos no processo de produção, transformando seus produtos em verdadeiras sopas químicas, prejudiciais à saúde.





Estive conversando com um amigo Cervejeiro, sócio de uma cervejaria de médio porte, abaixo citado como fonte. Ele explicou que quando vai introduzir uma nova cerveja na linha de produção, inicialmente cria uma receita. Após, produz artesanalmente a cerveja e a bebe, sozinho ou, preferencialmente, com amigos e amigas. A partir dessa degustação realiza uma crítica e repete a produção artesanal várias vezes, com novas degustações, até chegar ao ponto que considera ideal. Somente então oferece a seu sócio a possibilidade de colocar na linha de produção. É um processo criativo meticuloso, porém creio que ele não sofra muito com isso. Normalmente o sócio dele faz ajustes para possibilitar que, a partir de então, a nova cerveja tenha características padronizadas.

Essa forma de produção é muito distinta das grandes indústrias de cerveja que, com poucas exceções, produzem de forma automatizada bebidas destinadas ao consumo de massa.

Alguém poderia dizer que essa forma de colocar são generalizações. De fato, são. Coloquei dessa forma apenas para destacar dois modos de produção com formatos muito diferentes entre si.



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Dá para dizer que, tradicionalmente, Porto Alegre é a cidade dos “Bar Chopp”. É sem dúvida uma característica local. Alguns ainda estão em atividade, como o Tuim e a Caverna do Ratão. Outros não existem mais, porém marcaram época. É o caso do Líder, Gato Preto, Liliput e tantos outros.

Nesses bares não tinha erro. Era servido Chopp gelado, acompanhado por almôndegas, bolinhos de bacalhau ou os famosos sanduíches abertos, além de outros petiscos tradicionais.

Praticamente todas as pessoas apreciadoras de cerveja tinham o “seu” Bar Chopp predileto, que era frequentado de forma quase cerimonial.

Esses estabelecimentos foram os antecessores dos atuais bares e botecos que surgiram após uma verdadeira “onda” de crescimento do consumo de cervejas artesanais e especiais.

Outra curiosidade sobre Porto Alegre: a primeira Oktoberfest realizada no Brasil, ocorreu na SOGIPA, em 1911, em comemoração ao centenário da primeira Oktoberfest alemã.


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No final do século XIX, Porto Alegre se destacava por ser uma espécie de capital da cerveja no Brasil. Havia 21 fabricantes, segundo o historiador Gunter Axt. A maior parte se localizava no bairro Floresta.

No início do século XX ocorreu um fenômeno de decadência econômica e financeira das cervejarias existentes, principalmente em função da expansão da carioca Brahma e da Antárctica Paulista.

Em 1924 foi realizada a fusão de três empresas familiares remanescentes (Bopp, Sassen e Ritter), para fazer frente à Brahma e Antárctica. Em 1945 esse empreendimento passou a ser denominado oficialmente Cervejaria e Maltaria Continental e funcionava na Av. Cristóvão Colombo, onde atualmente funciona um Shopping. Em 1946 a Continental acabou sendo incorporada pela Cervejaria Brahma.

A partir de então ocorreu gradativamente uma brutal concentração do mercado cervejeiro brasileiro.

Mais recentemente, em meados dos anos 90, ocorreu o início de um novo fenômeno: o surgimento de pequenas cervejarias alternativas às gigantes do mercado.

Não foi um fenômeno isolado. Aparentemente uma certa quantidade de pessoas de forma crescente, em várias partes do País, se deram conta que existia a possibilidade de produção de cerveja diferente do padrão das grandes produções.

Um número cada vez maior de pessoas passou a produzir, de forma artesanal, sua própria cerveja.

Em Porto Alegre, o surgimento da Dado Bier em 1995, foi um delimitador marcante em relação a essa nova cultura. A Dado Bier, em seus rótulos, declara ter sido a primeira Micro Cervejaria criada no Brasil.

Outro precursor dessa nova fase foi Gustavo Dal Ri. Gustavo produzia cerveja artesanal desde 1984, porém no ano de 2002 formalizou a criação de uma empresa dedicada à produção de cerveja, a Cervejaria Schmitt, primeira empresa a produzir cerveja artesanal em garrafa no Rio Grande do Sul.

A partir de então muitas microempresas dedicadas à produção de cerveja artesanal foram criadas, algumas conquistando renome nacional e até internacional.

Não vamos citar essas novas cervejarias para não cometer injustiças, porém calcula-se que existem em torno de 40 cervejarias com essas características em funcionamento na Capital das Gaúchas e Gaúchos.

A partir do ano de 2005 iniciou um fenômeno que atualmente está cristalizado: o surgimento de bares dedicados à comercialização de cervejas artesanais e especiais, com harmonização gastronômica específica.

Os primeiros estabelecimentos com essas características foram o Bierkeller, Água de Beber e Biermarkt, porém logo estabelecimentos similares se disseminaram. Atualmente existem vários bares, pubs, etc, que têm como centro de sua atuação a produção e/ou comercialização de cervejas artesanais e especiais.


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A primeira associação de pessoas em Porto Alegre destinada à produção de cerveja artesanal foi a Confraria da Cerveja da SOGIPA – Bierkeller, fundada em novembro de 2004.

Conforme registrado no site da ACERVA Gaúcha – Associação dos Cervejeiros Artesanais do RS, a Confraria da Cerveja da SOGIPA foi fundada com o objetivo de difundir a cultura da cerveja, estudar, pesquisar, produzir artesanalmente e degustar diversos tipos de cerveja.

O grupo fundador era composto desde simples degustadores até pessoas mais experientes, que já produziam artesanalmente suas cervejas em casa. Troca de experiências, promover palestras e eventos ligados ao conhecimento da cerveja também estavam nos objetivos da Confraria, que continua atuando até o presente momento, com duas reuniões mensais fixas: uma para produção de cerveja e outra para degustação.

Em julho de 2007 foi criado o embrião da ACERVA Gaúcha, movimento esse liderado inicialmente pelos cervejeiros Eduardo Boger, Leo Sassen e Jorge Gitzler. 

A fundação oficial da ACERVA Gaúcha, porém, somente ocorreu em novembro de 2007, com estrutura inspirada nas pioneiras ACERVAS Carioca e Mineira. Este fato ocorreu em encontro realizado na casa do cervejeiro Ronaldo Nast.
 
Convém registrar que em agosto de 2010 foi fundada, também, a Associação Gaúcha das Microcervejarias – AGM, organização encarregada pela congregação e defesa dos interesses das Microcervejarias no Estado do Rio Grande do Sul.

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A Revista da Cerveja, em sua edição nº 26 (janeiro/fevereiro de 2017), publicou o resultado de levantamento efetuado pelo Instituto da Cerveja Brasil – ICB, com dados inéditos sobre o mercado cervejeiro brasileiro, com destaque para a evolução da cerveja artesanal.

A pesquisa aponta que o Brasil continua sendo o terceiro maior produtor mundial de cerveja, com um volume de 138,6 milhões hL/ano.

Com a instabilidade da economia, as vendas no mercado de cervejas mainstream caíram: de 2015 a 2016 (janeiro a outubro), houve queda de 1,8%.

Apesar dessa baixa no mercado como um todo, o mercado de cervejas artesanais vai no sentido oposto.

Mesmo representando apenas 0,7% do volume total de cervejas no Brasil, aproximadamente 91 milhões L/ano, há um claro aumento no número de cervejarias artesanais nos últimos 11 anos.

Foram contabilizadas 372 cervejarias artesanais funcionando até o final de 2015, 17% a mais que em 2014.

A taxa de crescimento média está acima de 50 novas cervejarias por ano, quase uma nova empresa por semana.

As estimativas do ICB para 2016 acompanham esse ritmo: “acredita-se que em torno de 60 novas cervejarias tenham iniciado sua produção nesse ano, o que leva o país ao número de 432 cervejarias até o final de 2016”, aponta o documento.

A pesquisa ainda aponta um dado já sentido pelos consumidores: 91% das micro cervejarias estão nas regiões Sul e Sudeste, refletindo a concentração econômica do país.

A maior parte das cervejarias artesanais brasileiras é de pequeno porte, com produção média de 20 mil L/mês.

Mesmo com a crise político-econômica que atinge o país, o mercado de cervejas artesanais continua em crescimento e com boas perspectivas para os próximos anos.

“Levantamentos junto aos principais stakeholders deste mercado levam o Instituto da Cerveja a apostar na continuidade desse crescimento: a aposta é de que o número chegue a pelo menos 500 até o final de 2017”, registra a pesquisa.


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Não é exagero dizer que Porto Alegre atualmente se constitui em uma referência quando se trata de produção de cerveja artesanal, em relação a todo o país.

Atualmente existem várias cervejarias produzindo cervejas reconhecidas nacionalmente e até internacionalmente, em função de sua qualidade.

Existe até uma espécie de polo, na zona norte da cidade, onde se concentram em torno de 10 cervejarias de pequeno e médio porte.

Esse polo cervejeiro tem atraído a atenção dos apreciadores de cerveja de outros locais. Até um roteiro turístico foi criado, organizado pelo Sebrae/RS, para visitação organizada a algumas cervejarias.

Além disso, a produção informal de cervejas artesanais, em casas, apartamentos e garagens, é um fenômeno crescente, que desafia as estatísticas.

A produção e degustação de cervejas artesanais de qualidade tem se tornado uma verdadeira paixão para as pessoas envolvidas.

Por outro lado, observa-se um movimento de questionamento em relação a autoridades municipais, com foco nas autorizações para funcionamento.

Há uma queixa generalizada dos cervejeiros em relação ao excesso de burocracia para constituição e liberação de documentos necessários para funcionamento das pequenas produções de cerveja.

Esse fato, somado à carga de impostos estaduais e federais, é atualmente um empecilho para que o setor se desenvolva com mais rapidez.

As organizações que congregam os cervejeiros artesanais e produtores de micro e pequeno portes estão engajadas para solucionar os entraves atualmente existentes e contam com a sensibilidade do poder público.

Saúde!



Omar Rösler, em junho de 2017.


BEBA MENOS. BEBA MELHOR!
SE BEBER NÃO DIRIJA!






Fontes:



Jorge Gitzler: ex-Presidente da Associação dos Cervejeiros Artesanais do Rio Grande do Sul – ACERVA GAÚCHA, da Associação Gaúcha das Microcervejarias – AGM e da Associação Brasileira de Cervejarias Artesanais – ABRACERVA.



Gustavo dal Ri: sócio proprietário da Cervejaria Schmitt.



João Carlos Kerber Neto e José Otávio Kerber: sócios proprietários da Cervejaria Whitehead.



Revista da Cerveja: www.revistadacerveja.com.br



Acerva Gaúcha: www.acervagaucha.com.br



Blog Cervisiafilia: http://cervisiafilia.blogspot.com.br/


domingo, 16 de julho de 2017

AQUECIMENTO GLOBAL

Um dos maiores icebergs da história se desprende de plataforma na Antártida

Bloco de gelo de 5,8 mil quilômetros quadrados se desprende do segmento Larsen C, alterando mapa do continente gelado. Cientistas dizem que não haverá impacto no nível do mar, mas alertam para riscos de longo prazo.

default Rachadura na plataforma de gelo Larsen C que deu origem ao novo iceberg

Um bloco de gelo de 5,8 mil quilômetros quadrados se desprendeu da plataforma de gelo Larsen C, formando um dos maiores icebergs já registrados e alterando o mapa da Antártida.
Cientistas que há anos vinham observando a crescente rachadura na plataforma Larsen C anunciaram nesta quarta-feira (12/07) que o iceberg de trilhões de toneladas finalmente se rompeu nos últimos dois dias e está agora à deriva no Mar de Weddell.

Entrevista: "Rompimento pode ter efeitos terríveis"

A ruptura acabou acontecendo mais rápido do que se esperava. Depois de avanços lentos ao longo de anos, a rachadura se prolongou por 17 quilômetros dentro de uma semana, em maio. A plataforma de gelo Larsen C foi reduzida em tamanho em um recorde de 10% e tem agora a sua menor extensão.
Embora o novo iceberg tenha pouco ou nenhum impacto imediato na região, na biodiversidade ou nos níveis do mar, os cientistas estão preocupados com os efeitos a longo prazo da separação.

Infografik Karte Larsen C Ice Shelf Em azul, a área da plataforma de gelo Larsen C. Em vermelho, o novo iceberg. À direita, mapa do Reino Unido para fins de comparação

Ciclo natural e mudanças climáticas

Rupturas de icebergs na Antártida fazem parte de um ciclo natural. O gelo constantemente avança sobre o oceano. Como resultado, a plataforma de gelo cresce em média 700 metros por ano. Em algum momento, uma parte dela se separa, reiniciando o ciclo. Por isso, cientistas afirmam que a formação deste novo iceberg não está necessariamente ligada às alterações climáticas.
"Este iceberg não aumentará os níveis globais do mar", disse a geofísica Daniela Jansen, do Instituto Alfred Wegener de Pesquisa Polar e Marinha em Bremerhaven, na Alemanha. "É como cubos de gelo num copo de água. Eles não aumentam a quantidade de água no copo quando derretem."
Mas a nova ruptura pode fazer com que a plataforma de gelo Larsen C se torne instável e, eventualmente, colapse. Ao norte, duas plataformas menores já passaram por esse processo. A Larsen A desapareceu em 1995. Sete anos depois, a Larsen B entrou em colapso.
Os cientistas atribuem esses dois colapsos e o recuo de várias plataformas de gelo da Antártida nas últimas décadas ao aquecimento global. "O colapso de Larsen A e de Larsen B foi associado ao aumento das temperaturas do oceano na Península Antártica", disse Jansen. "A questão agora é se a tendência vai se espalhar para o sul e desestabilizará também a Larsen C."
Os cientistas irão agora monitor a Larsen C para ver se ela manterá o ciclo natural e voltará a crescer ou se derrete ainda mais e, eventualmente, colapse. No entanto, dados do projeto da pesquisa Midas, na Universidade de Swansea, no Reino Unido, já apontaram para um eventual colapso.
Isso pode levar décadas. Mas, ao contrário dos icebergs que se desprendem da plataforma de gelo, a camada de gelo atrás dela está sobre a terra. Se esse gelo derreter, ele acrescentará água adicional ao mar, levando a um aumento nos níveis oceânicos.
Apesar do seu grande tamanho, o novo iceberg não é páreo para outros que já se desprenderam do continente gelado. Em 2000, por exemplo, o iceberg B-15, de 11 mil quilômetros quadrados, descolou-se da plataforma de gelo Ross. A própria plataforma de gelo Larsen C já deu origem a icebergs maiores, como um de 9 mil quilômetros quadrados em 1986.


Lições para o futuro

A Antártida é um sistema extremamente complexo, e os cientistas ainda não a monitoraram por tempo suficiente a ponto de detectar tendências e fazer previsões. Essa é uma das razões pelas quais a ruptura da plataforma de gelo Larsen C atraiu tanta atenção.
"Recebemos novas imagens de satélite a cada seis dias. É muito emocionante, porque agora podemos monitorar todo o processo, algo que não conseguíamos fazer antes", disse Jansen.
Ela acrescentou que as lições aprendidas com a Larsen C são muito importantes para o futuro. "Os dados nos permitem criar modelos capazes de gerar previsões de longo prazo para plataformas de gelo ainda maiores."
Os cientistas estão preocupados que o colapso das plataformas de gelo, assim como das camadas de gelo sobre a terra, possa desestabilizar as geleiras na Antártida Ocidental. A camada de gelo sobre a terra da Antártida Ocidental contém água congelada suficiente para aumentar o nível do mar em cerca de 6 metros caso derreta.

Fonte: http://www.dw.com/pt-br/um-dos-maiores-icebergs-da-hist%C3%B3ria-se-desprende-de-plataforma-na-ant%C3%A1rtida/a-39656757?maca=bra-newsletter_br_Destaques-2362-html-newsletter

domingo, 18 de junho de 2017

O SEXO DO CÉREBRO



A la luz de los conocimientos actuales en neurociencia, estaríamos tentados de creer que los viejos prejuicios sobre las diferencias biológicas entre hombres y mujeres ya han sido barridos. Sin duda no es así: los medias y obras de divulgación pretenden que las mujeres son “naturalmente” habladoras e incapaces de leer un mapa de carreteras, mientras que los hombres habrían nacido buenos en matemáticas y competitivos. Estos discursos hacen creer que nuestras aptitudes, emociones, nuestros valores, están conectados con estructuras mentales inmutables desde tiempos prehistóricos. Es necesario colocar el debate alrededor de las diferencias entre los sexos en un terreno científico rigurosos más allá de las ideas preconcebidas. El desafío consiste en comprender el papel de la biología pero también la influencia del ambiente social y cultural en la construcción de nuestras identidades de hombres y mujeres.

Catherine Vidal 1

A l´encontre, 7-6-2017

http://alencontre.org/

Traducción de Viento Sur

http://www.vientosur.info/

Los seres humanos, hombres y mujeres, tenemos personalidades y formas de pensar diferentes. ¿Son innatas o adquiridas? ¿Qué parte corresponde a la biología y cuál al entorno social y cultural en la construcción de nuestras identidades? Estas cuestiones son objeto de debates apasionados desde hace siglos. Se podría estar tentados de pensar que, con el progreso del conocimiento tanto en biología como en sociología, los argumentos se hubiera clarificado y las polémicas hubiera amainado. Nada de eso. Ideas adquiridas y falsas evidencias continúan proliferando sobre este tema. Medias y revistas nos saturan de viejos clichés que pretenden que las mujeres son “naturalmente” dotadas para el lenguaje, multi-atareadas incapaces de leer un mapa, mientras que los hombres serían por esencia buenos en matemáticas y competitivos. Estos discursos sugieren que nuestras aptitudes, nuestros gustos, nuestros comportamientos estarían conectados con estructuras mentales inmutables desde el nacimiento. Sin embargo, el progreso en las investigaciones en neurociencia muestran lo contrario: actualmente, gracias a las técnicas de imágenes cerebrales por IRM (Imagen por Resonancia Magnética) sabemos que el cerebro fabrica sin cesar nuevos circuitos de neuronas en función de los aprendizajes y de las experiencias vividas. Estas propiedades de “plasticidad cerebral” descubiertas hace una quincena de años han revolucionado nuestra concepción del funcionamiento del cerebro (Vidal, 2015). Nada está solidificado ni programado en nuestras neuronas. La plasticidad neuronal es un concepto clave para comprender cómo se construyen nuestras identidades de mujeres y hombres.

¿El cerebro tiene sexo?

En el siglo XIX, la forma del cráneo y el tamaño del cerebro eran utilizados para justificar la jerarquía entre los sexos. Se pensaba que los hombres, pretendidamente más inteligentes, estaban dotados naturalmente de un cerebro más grande que el de las mujeres. Algunos médicos, especialmente Paul Broca, alimentaron esta tesis mediante la medida comparativa de cerebros cuidadosamente seleccionados para confirmar la demostración. Aunque en la misma época otros estudios demostraron, claramente, que el tamaño del cerebro no era la causa de la inteligencia, la ideología conservadora lo llevaba hasta el rigor científico (Gould, 1997).

¿Qué se puede responder hoy a la pregunta de si el cerebro tiene sexo? La respuesta científica es sí y no (Vidal 2015, Vidal y Benoit-Browaeys 2015). Sí porque el cerebro controla las funciones asociadas a la reproducción sexuada que evidentemente son diferentes en los hombres y las mujeres. En los cerebros femeninos, encontramos neuronas que se activan cada mes para desencadenar la ovulación, lo que no sucede entre los hombres. Pero en lo que respecta a las funciones cognitivas, la respuesta es no. Los conocimientos actuales sobre el desarrollo del cerebro y la plasticidad cerebral demuestran que las chicas y los chicos tienen las mismas capacidades de razonamiento, de memoria y de atención.

La plasticidad cerebral

Los estudios IRM no cesan de aumentar para mostrar cómo la experiencia modela el cerebro, tanto en los niños como en las personas adultas. (May 211, Vidal 2010). El ser humano recién nacido viene al mundo con un cerebro muy inacabado: posee un stock de 100 000 millones de neuronas pero pocas vías nerviosas para conectarse entre ellas. Solamente el 10 % de las conexiones -sinapsis- están presentes en el momento del nacimiento. Esto significa que el 90 % de las sinapsis se fabrican a partir del momento en el que el bebé entra en contacto con el mundo exterior. Las influencias de la familia, de la educación, de la cultura, de la sociedad, juegan un papel importante sobre las conexiones neuronales y la construcción del cerebro. El término plasticidad describe esta propiedad del cerebro humano de modelarse en función de los aprendizajes y de las experiencias vividas. Por ejemplo, entre los pianistas, se observa un espesamiento de las regiones del córtex cerebral especializadas en la motricidad de los dedos y la audición. Este fenómeno es producido por la fabricación de conexiones suplementarias entre las neuronas. Además, estos cambios del córtex son directamente proporcionales al tiempo dedicado al aprendizaje del piano durante la infancia. La plasticidad cerebral está también activa durante la vida adulta. Así entre las personas que aprenden a hacer malabarismo con tres bolas, se constata después de tres meses de práctica, un espesamiento de las zonas que controlan la coordinación de los brazos y la visión. Y si se interrumpe el entrenamiento, las zonas espesadas anteriormente, se encogen.

Estos ejemplos, y muchos otros, muestran cómo la historia propia de cada persona se inscribe en su cerebro. Resulta que ningún cerebro se parece a otro. La IRM ha permitido revelar que las diferencias cerebrales entre las personas de un mismo sexo son tan importantes que sobrepasan las diferencias entre los sexos (Kaiser 2009, Joel 2015). Cada uno de los 7 000 millones de individuos en el planeta poseen un cerebro único en su género, independientemente del hecho de pertenecer al sexo femenino o masculino.

El concepto de plasticidad permite superar el dilema clásico que intenta oponer naturaleza y cultura. De hecho, en la construcción del cerebro, lo innato y lo adquirido son inseparables. Lo innato aporta la capacidad de conexión entre las neuronas, lo adquirido permite la realización efectiva de esa conexión. Toda persona humana, tanto por su existencia como por su experiencia, es simultáneamente un ser biológico y un ser social. (Rose 2006, Kahn 2007). Todas esas adquisiciones de la neurobiología confirman y enriquecen las investigaciones en ciencias humanas y sociales sobre el género. El sexo y el género no son variables separadas sino que se articulan en un proceso de incorporación (personificación) que designa la interacción entre el sexo biológico y el entorno social y esto desde el nacimiento (Fausto-Sterling 2012 a-b).

Desarrollo del cerebro e identidad sexual

Las propiedades de plasticidad del cerebro aportan una nueva aclaración sobre los procesos que contribuyen a forjar nuestras identidades. Al nacer, las criaturas humanas no tienen conciencia de su sexo. Lo van a aprender progresivamente a medida que sus capacidades cerebrales se desarrollan. Solo a los dos años y medio empieza a ser capaz de identificarse con uno de los dos sexos (Fausto-Sterling 2012a, Le Maner-Idrissi 1997).

Sin embargo, desde el nacimiento, evoluciona en un entorno sexuado: la habitación, los juguetes, la ropa diferente según el sexo del bebé. Además, los adultos, de manera inconsciente, no nos comportamos igual con los bebés. Tenemos más interacciones físicas con los niños mientras que hablamos mucho más con las niñas. Es la interacción con el medio familiar, social, cultural, la que va a orientar sus gustos, las capacidades y contribuir a forjar los rasgos de personalidad en función de los modelos de masculino y femenino ofrecidos por la sociedad.

Pero todo no se juega en la infancia. Los esquemas estereotipados no están gravados en las neuronas de forma indeleble. A todas las edades de la vida, la plasticidad del cerebro permite cambiar de hábitos, adquirir nuevos talentos, elegir diferentes itinerarios de vida. La diversidad de las experiencias vividas hace que cada cual forje su propia manera de vivir, su vida de mujer o de hombre. En materia de identidad sexual, la evolución actual de las costumbres, de las normas culturales y de las leyes (paridad entre mujeres y hombres, matrimonio homosexual) es un ejemplo más de nuestra capacidad de plasticidad cerebral.

Hormonas y cerebro
La acción de las hormonas sobre el cerebro es invocado regularmente para explicar la vida amorosa, los encuentros, los lazos sociales, los conflictos, etc. Por ejemplo, la hormona oxitocina sería responsable del flechazo, de la fidelidad, del instinto maternal. En cuanto a la testosterona, es la que haría a los hombres ligones, competitivos, coléricos y violentos. En realidad, los datos experimentales sobre el papel de las hormonas sobre el cerebro y los comportamientos son mucho menos sólidas de lo que dan a entender ciertos discursos de divulgación científica (Jordan-Young 2016).

¿La oxitocina es la hormona del vínculo social?
La hormona oxitocina, que es segregada a la sangre por la glándula hipófisis, es conocida porque actúa sobre las contracciones del útero en el momento del parto y sobre las glándulas mamarias para la lactancia. Entre los animales (ovejas, ratas, ratones) esta hormona tiene también efectos sobre el comportamiento. Algunas experiencias han mostrado que la inyección de oxitocina directamente en el cerebro refuerza los jadeos recíprocos, el aseo, la interacción entre madres y crías, y entre machos y hembras. De esta forma, la oxitocina ha sido calificada de hormona de la unión y los vínculos sociales (Roos y Young 2009).

¿Pero qué pasa entre los humanos? El problema es que, al contrario de lo que ocurre con los animales, casi es imposible medir la concentración de oxitocina en el cerebro o inyectar en el interior para ver sus efectos... Tampoco se puede inyectar en sangre pues la oxitocina no pasa la “barrera hemato-encefálica” que protege el cerebro. Algunas experiencias han intentado suministrar un spray nasal, pero el acceso directo de la oxitocina al cerebro a través de la mucosa nasal no está demostrado. Además, la presencia de receptores de oxitocina en la membrana de las neuronas no ha sido detectada en el cerebro humano (Galbally 2011).

Al final, los argumentos científicos a favor de un papel de la oxitocina en el instinto maternal, los vínculos, la comunicación social, la empatía, están lejos de estar establecidos, al contrario de lo que dicen los media (Fillod 2012). En relación a los vínculos madre-hijo, los casos de maltrato, de abandono y de infanticidio muestran que el instinto maternal no depende de una ley biológica universal e ineludible. Lo que no afecta al placer que puede procurar la lactancia y ocuparse de un bebé. No se trata de instinto sino de amor, materno y paterno, construido biológicamente, psicológicamente y socialmente. Los lazos afectivos se moldean y evolucionan según las experiencias de vida que se inscriben en el contexto cultural y social. La oxitocina no tiene nada que ver en ello.

¿Es la testosterona la hormona de todos los poderes?

Sin duda, la testosterona tiene, efectos sobre el cuerpo afectando especialmente al volumen y a la fuerza muscular. Pero en lo que se refiere a su efectos sobre el cerebro y la conducta está lejos de haber un consenso científico.

En general, en la población de hombres adultos de buena salud, no hay relación estadística significativa entre el deseo sexual y la concentración de testosterona en sangre (Van Anders 2013). Claro que, en condiciones patológicas de castración, no hay erección, pero esto no provoca necesariamente la pérdida de deseo ni la desaparición de toda actividad sexual. Entre los humanos, el órgano sexual más importante, es el cerebro... Sus capacidades cognitivas confieren a la sexualidad humana múltiples dimensiones que ponen en juego el pensamiento, el lenguaje, las emociones, la memoria... En principio, el deseo sexual es el fruto de una construcción mental que varía según la vida síquica y los sucesos de la vida. No tiene nada que ver con un acto reflejo desencadenado por la testosterona.

En cuanto al pretendido papel de la testosterona en la agresividad y la violencia, tampoco los estudios científicos son concluyentes. Investigaciones realizadas entre varones adolescentes de trece a quince años, muestran que la concentración de testosterona en sangre no está asociada a comportamientos agresivos o de conductas de riesgo presentes, a menudo, mucho antes que la pubertad. Entre los varones autores de actos delictivos, la tasa de testosterona no es correlativa con el grado de violencia del comportamiento. Al contrario, se observa una fuerte correlación entre los factores sociales tales como el nivel de educación y el medio socioeconómico (Archer 2006).

Todos los roles atribuidos a la testosterona, que justifican el apetito sexual y la agresividad de los hombres, no están respaldados por pruebas experimentales que tengan consenso en la comunidad científica (Jordan-Young 2016). Por el contrario, las investigaciones en sociología y en etnología muestran que si muchos hombres adoptan estos comportamientos, es el resultado de una larga historia cultural de dominación masculina aliada a factores sociales, económicos y políticos que favorecen la expresión de la violencia (Héritier 1996).

Cerebro humano y evolución

Los avances de las neurociencias permiten comprender mejor por qué el ser humano escapa a la ley de las hormonas. El homo sapiens posee un cerebro único en su género que le distingue del de los grandes simios. La diferencia es debida al desarrollo del córtex cerebral que recubre el resto del cerebro. A lo largo de la evolución de la especie humana, la superficie del córtex ha crecido de tal forma que debe plegarse formando surcos para poder caber en la cavidad craneal. Hoy, mediante métodos informáticos, se sabe desplegar el córtex virtualmente: mide dos metros cuadrados de superficie sobre tres milímetros de espesor, es decir, 10 veces más que en los monos. Gracias a su córtex cerebral, el homo sapiens ha podido desarrollar su capacidad de lenguaje, de conciencia, de razonamiento, de proyección hacia el futuro, de imaginación... Muchas facultades que le han permitido al ser humano adquirir la libertad de elección en sus acciones y sus comportamientos (Rose 2006, Kahn 2007).

Una de las consecuencias del desarrollo del córtex cerebral es que controla las zonas profundas del cerebro implicadas en los instintos y las emociones. Por esto, el ser humano es capaz de cortocircuitar los programas biológicos instintivos que están regidos por las hormonas. Entre los seres humanos, cada instinto no se expresa en estado bruto. El hambre, la sed o la atracción sexual están claramente ancladas en la biología pero sus formas de expresión están controladas por la cultura y las normas sociales. El ser humano puede decidir hacer huelga de hambre o renunciar a su sexualidad. Las mujeres y los hombres, en su vida personal y social, utilizan estrategias inteligentes, basadas en representaciones mentales que no dependen de la influencia de las hormonas.

Cerebro, ciencia y sociedad

A pesar de los progresos científicos sobre la plasticidad cerebral, el argumento de las diferencias de “naturaleza” siempre está muy presente para explicar las diferencias entre las mujeres y los hombres en la vida social y privada. El ambiente mediático contemporáneo contribuye activamente a reforzar la “biologización” de los comportamientos humanos (Fillod 2015, Jurdant 2012). Televisión, prensa escrita, páginas de internet, nos suministran regularmente “descubrimientos” científicos que explicarían nuestras emociones, nuestros pensamientos, nuestras acciones: gen de la homosexualidad, hormona del deseo, neuronas de la empatía, etc. Necesariamente, este contexto es propicio a la promoción de tesis esencialistas orquestadas por los movimientos conservadores que se oponen a nuevas fórmulas de familia, al matrimonio homosexual, a la legalización del aborto...

Estas ideas tienen implicaciones sociales y políticas de graves consecuencias. Invocar razones biológicas (genéticas, cerebrales u hormonales) para los comportamientos de hombres y mujeres, da por sobrentendido su carácter normal e inmutable. ¿Para qué luchar contra nuestra naturaleza?

Sin embargo, si las chicas y los chicos no hacen la misma opción de estudios o profesional, no es a causa de las diferentes capacidades cognitivas de su cerebro (Vouillot 2015). Afirmar que es más natural que una mujer se ocupe más de los niños que un hombre a causa de la oxitocina es cuestionar las leyes de la igualdad, las vacaciones familiares y la legalización de homoparentalidad. También es frenar las ambiciones profesionales de las mujeres, animar su trabajo a tiempo parcial que va a la par de salarios reducidos. Pretender que la testosterona da a los hombres más apetito sexual que a las mujeres, o incluso que la violencia resulta de pulsiones hormonales irresistibles, lleva a aceptar que esta violencia como inevitable y cuestiona las leyes que reprimen el acoso sexual y la violencia contra las mujeres.

En el contexto actual en el que las tesis esencialistas resurgen para atacar los estudios de género, es crucial que los biologicistas se comprometan al lado de las ciencias humanas y sociales para cuestionar las falsas evidencias que querrían que el orden social fuera un reflejo del orden biológico. Abordar el frente de los prejuicios esencialistas es indispensable para combatir los estereotipos, desenvolver acciones políticas y construir conjuntamente una cultura de la igualdad.

Nota de Correspondencia de Prensa

1) Catherine Vidal es neurobióloga, directora de investigación del Instituto Pasteur y miembro del Comité de Ética de Inserm. El artículo fue publicado en la revista Les Utopiques. Cahier de Reflexions, N° 4, febrero de 2017, publicación de la Union syndicale Solidaires de Francia.

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