sexta-feira, 16 de março de 2012

Las veleidades de Islandia

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Dean Baker · · · · · 

A quienes pensaron que ya habían presenciado suficiente locura financiera por parte de este pequeño país-isla les espera una gran sorpresa: la chifladura no ha hecho más que empezar. Islandia parece estar considerando adoptar el dólar canadiense como moneda oficial. Resulta difícil saber por dónde empezar a ridiculizar tal consideración. Si tuvieran algo de sentido común, los islandeses estarían dando gracias cada día al dios de las pequeñas divisas por el hecho de que su país tenga propia moneda y de que no formara parte de la eurozona en el momento de implosión del sistema financiero.

Gracias a tener su propia divisa, Islandia pudo llevar a cabo los ajustes necesarios frente a la crisis permitiendo que el valor de su moneda disminuyera en relación con las de sus socios comerciales. Esto encareció las importaciones reduciendo considerablemente su volumen. La corona islandesa, con un valor decreciente, abarató las exportaciones y las condujo a un aumento de volumen repentino. El efecto de este cambio en los precios relativos fue que el déficit de mercado masivo de Islandia, el cual se disparó a más del 28 por ciento del PIB en 2008, proyectara volverse un superávit de más del 3,0 por ciento del PIB este año. Este increíble giro ha restablecido el crecimiento económico en 2011 y comenzado a disminuir la tasa de desempleo del país.

La tasa de desempleo del 6,7 por ciento registrada en el cuarto trimestre del 2011 supone un nivel alto en relación con los estándares de Islandia, pero pinta muy bien en comparación con las de los países en crisis vinculados al euro. La tasa de desempleo más recientemente registrada en Portugal fue del 13,6 por ciento, en Irlanda del 14,5 por ciento, en Grecia del 19,2 por ciento y en España del 22,9 por ciento.

Estos países sufrieron la desgracia de estar en el euro por tres motivos. En primer lugar, estaban sujetos a la permanente obsesión del Banco Central Europeo (BCE) con la inflación. Mientras que gran parte de la carga de la deuda del ciudadano islandés medio fue paliada con dos años de una inflación del 12 por ciento (2008 y 2009), los deudores de los países en crisis de la eurozona han tenido que sufrir la celebración del BCE por perpetuar una inflación baja.

En segundo lugar, al no poder devaluar su moneda, los países de la eurozona no pudieron confiar en un aumento en las exportaciones netas con el fin de proporcionar el mismo estímulo al crecimiento que Islandia. Finalmente, ser parte de la zona euro significaba que el BCE, junto con sus aliados el FMI y la Comisión Europea, podían exigir recortes presupuestarios e incrementos en los impuestos incluso a mitad de una recesión aguda, decelerando aún más las economías de los países en crisis.

Los desequilibrios creados por los excesos financieros de Islandia en la última década empequeñecen cualquier cosa vista en países afectados de la eurozona. El déficit de su cuenta corriente explotó a un increíble 26 por ciento del PIB en 2006. Esto bastó para llamar la atención del FMI, una organización a la que normalmente no molestan las exuberancias irracionales de los mercados privados. Si Islandia no gozara de la libertad de utilizar la devaluación de su moneda como parte fundamental de su proceso de ajuste, podría estar ahora contemplando una década o más de estancamiento y de alto desempleo.

Sin embargo, en vez de celebrar su buena suerte, los líderes islandeses parecen estar resueltos a forzar al país a entrar en el mismo tipo de corsé que sus menos afortunados vecinos. Si Islandia se uniera a cualquier gran bloque monetario, perdería inmediatamente la flexibilidad que le ha protegido en su recuperación de la crisis. Por este motivo, debería ir con extremo cuidado con los términos bajo los que renuncia al control de su moneda.

Aun así, la elección de Islandia es especialmente bizarra. Siendo uno de los grandes exportadores de petróleo, la moneda de Canadá tiene tendencia a seguir los cambios del precio del crudo. Esto significa que cuando el precio del petróleo sea alto, la moneda canadiense y la islandesa aumentarán de valor. Habrá entonces un efecto directo en el aumento de los bienes y servicios islandeses relativos a los precios de otros países.

Ello hará a Islandia menos competitiva en la economía mundial. Acabará entonces adquiriendo importaciones baratas del extranjero en vez de producir bienes y servicios domésticos y sus exportaciones, por ejemplo el turismo, disminuirán al decidir el resto que Islandia es demasiado cara.

Canadá también tiene este problema. En los últimos meses ha habido varios ejemplos en los que grandes fabricantes anunciaron su decisión de trasladarse a los Estados Unidos para beneficiarse de los costes relativamente bajos. La diferencia entre Canadá e Islandia en esta historia es que Canadá disfrutará de ingresos gracias al petróleo que le ayudarán a mejorar el desplazamiento resultante de un aumento en el valor de su moneda. Islandia tiene pocas probabilidades de poder participar de la riqueza del petróleo canadiense de la misma forma.

La última vez que los líderes de Islandia se infectaron de ideas absurdas sobre la economía contrataron a Frederick Mishkin, un prominente economista estadounidense que decía que todo iba bien aun a sabiendas de que el sistema financiero estaba apunto de implosionar. Esperemos que los agentes públicos tomen un rumbo más serio esta vez.
Dean Baker es codirector del Center for Economic and Policy Research (CEPR). Es también autor de Plunder and Blunder: The Rise and Fall of the Bubble Economy False Profits: Recoverying From the Bubble Economy.

Traducción para www.sinpermiso.info: Vicente Abella Aranda

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quarta-feira, 7 de março de 2012

Conteúdo da TV paga: uma questão de escolha

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Em 2011, o Congresso Nacional aprovou a Lei 12.485/11, conhecida como a nova lei da TV por assinatura. O escopo da nova legislação é bastante amplo, mas há dois aspectos fundamentais: a abertura do mercado de distribuição às operadoras de telefonia e o estabelecimento de cotas de produção e programação nacional e independente nos canais. Contrários à lei e derrotados no legislativo, os Democratas (DEM) entraram com pedido de inconstitucionalidade no Superior Tribunal Federal (STF). De carona nessa ação, a SKY, do megaempresário norte-americano Jonh Malone, convocou seus assinantes via email, internet e pelo próprio canal de TV, a se manifestarem contra a lei.

Um dos pontos que a propaganda veiculada pela SKY levanta é que a nova lei da TV por assinatura fere a liberdade de escolha do cliente. Então vejamos. A SKY me oferece a enorme diversidade de… três pacotes iniciais. A cada um eles eu posso acrescentar um grande leque de outros … três pacotes adicionais. Não tenho a opção de ter só canais esportivos, não posso ter só filmes, não posso escolher aleatoriamente dois canais de jornalismo, um de filmes e um de variedades. Caso eu não queira ver quatro horas de venda de tapete, anéis e aparelhos milagrosos de redução da barriga na Fox pela manhã ou de madrugada, a empresa nada tem a ver com isso. Não posso pagar menos se não quiser um canal que só passa reprise. E se eu quiser ver a Libertadores da América, da Fox Sports, que eu sei que tenta vender os direitos de exibição pra SKY, não adianta; a empresa já disse que não quer comprar. A liberdade de escolha na SKY é realmente impressionante.

Cotas e o intervencionismo de Estado

A SKY também acusa a lei de criar cotas como um mecanismo terrível de intervenção estatal. Não custa lembrar que os modelos de negócios do audiovisual no mundo foram construídos de forma estratégica e engenhosa pelos Estados Unidos de modo que, até hoje, seis dos maiores produtores de conteúdo audiovisual mundial são norte-americanos. Mais de 80% de todo conteúdo de filmes, séries, documentários e desenhos animados veiculados nos canais pagos no Brasil é de origem norte-americana. Esse não é um privilégio brasileiro. Com raras exceções, a indústria audiovisual de muitos países, incluindo os desenvolvidos, é dominada pelos enlatados estadunidenses. Por isso, desde o final da década de 80, a maior parte dos países europeus adotou um sistema de cotas que protege o conteúdo local. Mesmo nos EUA, houve tempos em que a cota para produção independente era altíssima e havia regras rigorosas para impedir que poucas empresas dominassem o mercado.

Quase 30 anos depois, no século XXI, o Brasil finalmente conseguiu aprovar uma lei de proteção ao conteúdo nacional e de estímulo à produção independente. Ao contrário do mundo inteiro, esse mecanismo não se aplica ao sistema como um todo, abarcando também a TV aberta, mas garantiu pequenos avanços na TV por assinatura. E veja que coisa chocante. A lei obriga que os canais considerados de espaço qualificado, ou seja, de filmes, séries, documentários, programas de variedades e reality shows, passem, por semana, 3h30 de conteúdo nacional, sendo 1h45 de conteúdo nacional independente. Faça você mesmo as contas. Em nome da valorização da cultura nacional e da diversidade, a lei obriga que um canal passe meia hora por dia de um filme, ou uma série, ou um desenho, ou um programa de variedade brasileiros, sendo 15 minutos de produção independente. O cumprimento da cota é semanal e pode ser realizado num só dia, ou em dias alternados, a critério das programadoras.

A cota obrigatória para os países que compõem a União Europeia é de que 50% do conteúdo veiculado seja europeu. A “absurda” intervenção do Estado na TV por assinatura no Brasil para garantir a veiculação de conteúdo nacional é uma “estrondosa” cota de 2,08% por semana. Em relação ao independente esse valor cai pela metade. No Canadá, 75% do conteúdo das televisões abertas deve ser composto por produções de origem canadense nos gêneros drama, comédia e documentário longa-metragem, assim como shows de premiações que celebrem o talento criativo dos canadenses. E é a nossa democracia que está ameaçada pela intervenção estatal.

Cotas de conteúdo, em qualquer lugar do mundo, mas fundamentalmente em democracias mais consolidadas e avançadas, é um mecanismo fundamental de desenvolvimento da indústria audiovisual local, de proteção e difusão da cultura nacional e de garantia do pluralismo e da diversidade. No Brasil, qualquer tentativa de avançar nesse sentido é vista como censura, ditadura ou intervencionismo estatal. Isso porque os mesmos grupos responsáveis pela difusão da informação controlam o que deve e o que não deve ser conhecido ou debatido pelos brasileiros. Eles não querem discutir o setor que controlam. Mais do que isso, utilizam o canal de comunicação que possuem para desinformar a população e defender seus próprios interesses. É esse o caso da propaganda da SKY, que, não custa lembrar, enviou mensagem sobre o perigo da lei para seus quase 3,8 milhões de assinantes. Sem contar a sistemática veiculação de uma propaganda mentirosa nos canais da empresa e na internet.

Ainda bem, os mitos de que a obra audiovisual nacional não presta, de que tudo que fazemos é um lixo e de que o Brasil não produz conteúdo de qualidade está cada vez mais distante do imaginário da população. Junto com um momento de desenvolvimento econômico, o país vive uma febre de auto-estima, de auto-valorização que também se reflete na produção audiovisual. Desenhos animados como Meu Amigãozão, Peixonautas, Tromba Trem e Turma da Mônica ganham a simpatia de brasileirinhos e de outras crianças mundo afora. Filmes e séries nacionais já são comuns em alguns canais de TV paga, inclusive estrangeiros. Documentários sobre a nossa diversidade cultural e regional são cada vez mais vistos e comemorados.

É hora de cada brasileiro assumir que ter mais Brasil e mais conteúdo independente na TV é bom para a difusão na nossa identidade entre nós mesmos, e para o mundo, além de ingrediente essencial para a democracia. É hora de desconfiar profundamente de quem utiliza o discurso da liberdade de escolha para fazer terrorismo mentiroso com seus clientes e atacar leis que buscam dar visibilidade a nossa riqueza e diversidade. 


Carolina Ribeiro é jornalista e integrante do Intervozes – Coletivo Brasil de Comunicação Social.

CdB

Liberdade para a Libertadores


Há dois anos, o governo de Cristina Kirchner comprou os direitos de transmissão do campeonato nacional para sua tevê estatal, o Canal 7, e passou a revendê-los para as emissoras privadas, com preços que variam de acordo com o índice de audiência de cada uma nos últimos 12 meses. Não parece uma má solução.

José Roberto Torero

Há uma crença, ou lenda, que diz que o mercado é ao mesmo tempo sábio e forte. Se este texto fosse uma charge, o mercado poderia ser desenhado como um velho de barbas brancas mas com músculos de Maciste (ou de Conan, se você perdeu os filmes italianos da década de 60).

Sendo sábio e forte, o mercado perceberia as necessidades da sociedade e rapidamente encontraria uma saída. Mas, como a maioria das lendas, há uma certa fantasia nisso.

A prova pode ser vista, ou melhor, pode ser não vista esta semana. É que muitos amantes do futebol deixarão de ver os jogos da Libertadores, a principal competição do continente.

Os seis times brasileiros estarão em ação entre terça e quinta-feira, mas só poderemos ver o jogo do Corinthians, pela Globo, e o do Fluminense, pela FX.

E quanto aos torcedores de Internacional, Santos, Vasco e Flamengo? E quanto aos torcedores de outros times que gostariam de ver estas partidas?


Eles não verão nada, a não ser que façam parte de uma minoria dentro da minoria, ou seja, dos assinantes de TV a cabo que são clientes de operadoras que trabalham com a Fox Sports.

Segundo a Anatel, hoje os assinantes da tevê paga se dividem assim: Net: 37%, Sky: 29,79%, Embratel: 17,89%, Telefônica: 4,29%, Oi: 2,76%, Abril: 1,27%, Outros: 6,99%.

Como a Fox Sports não se acertou com Net, Sky e Embratel, 84% dos assinantes das tevês pagas não verão a maioria dos jogos da Libertadores.
 

Isso acontece porque temos um choque de monopólios. As três grandes operadoras detêm o monopólio do público, e a Fox possui o monopólio da transmissão. Como não houve acordo, todo mundo sai perdendo: as operadoras, a detentora dos direitos, os clubes, os patrocinadores e principalmente nós, que gostamos de futebol.

Já que as tevês são concessões públicas e o futebol está enfronhado com o poder institucional (basta lembrar que há uma Timemania mas não uma Escolamania ou uma Hospitalomania), o assunto pode ser considerado um assunto de estado. Assim é na Argentina.

Há dois anos, o governo de Cristina Kirchner comprou os direitos de transmissão do campeonato nacional para sua tevê estatal, o Canal 7, e passou a revendê-los para as emissoras privadas, com preços que variam de acordo com o índice de audiência de cada uma nos últimos 12 meses.

Não parece uma má solução. Democratizaria os direitos de transmissão, quebraria monopólios e estabeleceria uma competição entre as emissoras, que por sua vez pagariam de acordo com sua audiência, sem correr grandes riscos.

A tese vai ao encontro da proposta do leitor Flávio Pietrobelli, autor do comentário que motivou este texto: “Creio ser a hora de batalharmos pela mudança da regra: que todos os canais possam transmitir livremente qualquer espetáculo. (...) Aquele que tiver maior índice de audiência poderá vender propagandas mais caras.”

É uma proposta democrática e que atende às premissas do livre mercado. O problema é que ter o monopólio geralmente é mais lucrativo do que competir.


José Roberto Torero é formado em Letras e Jornalismo pela USP, publicou 24 livros, entre eles O Chalaça (Prêmio Jabuti e Livro do ano em 1995), Pequenos Amores (Prêmio Jabuti 2004) e, mais recentemente, O Evangelho de Barrabás. É colunista de futebol na Folha de S.Paulo desde 1998. Escreveu também para o Jornal da Tarde e para a revista Placar. Dirigiu alguns curtas-metragens e o longa Como fazer um filme de amor. É roteirista de cinema e tevê, onde por oito anos escreveu o Retrato Falado.

Carta Maior

segunda-feira, 5 de março de 2012

Una historia de ejecutivos poderosos

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Demasiado grande para caer: una historia de ejecutivos poderosos

Si cometieras un error garrafal que le costara a tu empleador 4 millones $ ¿cuánto tiempo continuarías empleado? En la actualidad, en Norteamérica un alto ejecutivo puede costarle a su compañía 4.000 millones $ y sin embargo cobrar sueldo y bonificaciones.

La gente en EEUU es despedida continuamente. Si lavas platos y rompes demasiados, si eres entrenador y pierdes demasiados partidos, si eres periodista y pierdes demasiados plazos, pronto vas a ser historia.
Necesitamos esta responsabilidad. No podríamos funcionar sin ella si queremos ser una sociedad saludable. Pero la responsabilidad debe ser universal. Para crear y sostener la excelencia, ninguna sociedad puede exigir responsabilidades solamente a algunos -y dejar el paso libre a otros.
Sin embargo, algunas sociedades –sociedades profundamente desiguales– conceden pases libres. Continuamente. En estas sociedades desiguales las grandes acumulaciones de riqueza se traducen en grandes acumulaciones de poder. Los poderosos dictan sus propias leyes. Diariamente juegan con la vida. Siempre ganan por mal que jueguen.
Consideremos el caso de Randall Stephenson, el Director ejecutivo del gigante de las telecomunicaciones AT&T. Stephenson tuvo un mal año en 2011, un año verdaderamente malo. Sus decisiones costaron a AT&T más de 4.000 millones $. ¿Qué precio pagó Stephenson por esta debacle? La semana pasada lo supimos, y también mucho más sobre las disfunciones que nos definen.
Nuestra historia empieza el pasado marzo cuando el alto ejecutivo Stephenson anunció triunfalmente que AT&T acababa de cerrar un trato para comprar T-Mobile, la subsidiaria norteamericana de teléfono inalámbrico de la alemana Deutsche Telekom.
Está claro que Stephenson quería a T-Mobile fuera como fuera. El precio, de 39.000 millones $, que aceptó pagar por el operador inalámbrico equivalía a casi el doble del valor, 23.200 millones $, que los analistas de Wall Street habían calculado para la compañía el diciembre anterior.
Stephenson también aceptó pagar a Deutsche Telekom 4.200 millones $ como “indemnización por ruptura” en el caso de que el acuerdo con T-Mobile no consiguiera los permisos anti trust requeridos por el Departamento de Justicia de los EEUU y la Comisión Federal de Comunicaciones.
Esta cantidad equivalía a un porcentaje substancialmente mayor del precio de compra de T-Mobile de lo que es habitual en un acuerdo de adquisición importante. Stephenson debió imaginarse que con toda probabilidad los reguladores no iban a negar la luz verde a AT&T.
Su optimismo tenía cierto sentido. AT&T había trabajado duro para influir en la eventual decisión reguladora. Con un ejército de más de 90 personajes influyentes ejerciendo de cabilderos en Capitol Hill, entre ellos el ex líder republicano del Senado Trent Lott, AT&T se vanagloriaba de lo que el Washington Post llamó una de las operaciones políticas “más potentes” de la nación.
Stephenson tenía también línea directa con la Casa Blanca. El jefe de personal de la Casa Blanca Bill Daley había sido alto ejecutivo en la compañía telefónica que se fusionó con AT&T, así como ejecutivo en JPMorgan Chase, el banco de Wall Street dispuesto a ganar cientos de millones como bróker en la compra de T-Mobile.
Una vez aprobada, esta compra convertiría inmediatamente a AT&T en el mayor operador inalámbrico del país, y garantizaría a Stephenson una de las mayores gratificaciones de la historia de las telecomunicaciones.
Pero tanto el Departamento de Justicia como la FCC (Comisión de Comunicaciones Federales) se mostraron reacios a la compra a medida que aumentó la presión pública -y de las empresas rivales– contra la misma. En diciembre Stephenson se doblegó y renunció a la oferta de adquisición. AT&T tragó y pagó a Deutsche Telekom los 4.200 millones $ de indemnización por ruptura.
La enormidad de los “miles de millones” puede ser difícil de aprehender. ¿Cuanto costó a AT&T el fiasco de T-Mobile en términos de activos reales? Intentemos una analogía.
Imaginémonos a un empleado de AT&T terriblemente enojado y fuera de sí, dispuesto a infligir a la compañía todo el daño que pueda.
Este empleado enloquecido se hace con un mazo y va arriba y debajo de las naves de un almacén de teléfonos móviles de AT&T, destrozando una caja detrás de otra de teléfonos. Puede destrozar 10 cajas por minuto, 600 en una hora. Después de una jornada de 8 horas ha causado una destrucción por valor de 480.000 $.
¿Cuánto tiempo debería continuar este demonio destructivo blandiendo este mazo para causar a AT&T tanto daño como la ruptura, por el director ejecutivo Randall Stephenson, del acuerdo de compra de T-Mobile, de 4.200 millones $? Otros 8.749 días.
El empleado enojado de esta parábola, no es necesario decirlo, sería despedido, y pasaría un tiempo no precisamente corto en prisión. ¿Cuál es la condena de Stephenson? ¿Perdió su trabajo por costar todos estos miles de millones a AT&T?
Ni pensarlo. Tal como reveló la publicación corporativa de AT&T el pasado martes, Stephenson ni siquiera perdió sus bonificaciones. AT&T pagó al director ejecutivo, en 2011, 1,6 millones $ de salario base, 3.800 millones $ de bonificación en efectivo en concepto de “incentivos” y 12,7 millones $ en compensación basada en acciones.
La semana pasada, después de la publicación de las cifras de la paga de Stephenson, McCall Butler, de telecomunicaciones, dijo a los periodistas que “AT&T paga por resultados y esto es lo que refleja la compensación”.
¿Como puede una paga de 22 millones $ reflejar una compensación adecuada por un “resultado” que costó a AT&T 4.200 millones $? Según los portavoces de la compañía, el consejo de administración de AT&T penalizó a Stephenson por su actuación. El consejo redujo su bonificación en 2,08 millones $ respecto a lo que debería haber recibido el alto ejecutivo.
Una penalización interesante. La paga de Stephenson se vio reducida en menos de un 9% debido a una actuación que redujo los beneficios anuales de AT&T en un 52%.
Los accionistas de AT&T no pueden sentirse muy contentos. Pero otras partes interesadas en AT&T también tienen sus razones estos días para no sentirse satisfechos. Por ejemplo, los clientes.
El año pasado en Connecticut, el Departamento estatal de Infraestructuras Públicas, multó a AT&T por 1,1 millones $ por deficiencias en el servicio. En el otoño del año pasado los clientes de AT&T se quedaron seis días sin teléfono después de que el viento del nordeste, el Nor’eastersoplara por todo el Estado. ¿Por qué este retraso? Los trabajadores telefónicos tuvieron que venir del Sur para hacer las reparaciones.
El presidente del sindicato local de AT&T, Bill Henderson, señala que AT&T ha eliminado en Connecticut más de 2.500 puestos de trabajo en los últimos cuatro años.
Los despidos de AT&T se han extendido más allá de Connecticut. A principios de este mes en Georgia, los trabajadores telefónicos y los activistas de Occupy Atlanta se unieron para llevar a cabo una sentada en protesta por los 740 despidos que la oficina de AT&T de Atlanta anunció en diciembre.
Los directivos de AT&T alegan que los despidos en Georgia – y en otras partes – reflejan simplemente la caída de la participación de mercado de los teléfonos fijos. Uno de los vicepresidentes del Director Ejecutivo Stephenson dijo a los trabajadores de Atlanta que protestaban que “como cualquier negocio responsable debemos trabajar de forma consistente para adecuar nuestra fuerza de trabajo a las necesidades de la empresa”.
En pocas palabras, los trabajadores deben ser responsables ante el mercado. Como corresponde a un mundo desigual. Alguien tiene que ser responsable.

Sam Pizzigati edita Too Much, el semanario online sobre exceso y desigualdad publicado por el Institute for Policy Studies.

Traducción para www.sinpermiso.info: Anna Maria Garriga

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terça-feira, 28 de fevereiro de 2012

Apple y el comercio con China

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Behzad Yaghmaian · · · · · 

Revelaciones recientes en los medios de información sobre abusos de los proveedores de Apple han reavivado el debate público sobre China y los costes humanos de la globalización.  Entretanto, el Presidente Obama, preocupado por el empleo en un año electoral, ha pedido que China juegue limpio en el comercio internacional y mejore su comportamiento en derechos humanos.

China ha sido un vehículo para la creación de una globalización basada en bajos salarios y bajas normas de trabajo que ha costado muchos puestos de trabajo a Estados Unidos. En años recientes, sin embargo, China se ha esforzado en dar al “made in China” un nuevo significado y rechazar la imagen negativa del país como centro de un capitalismo abusivo propio del siglo XIX en la era de la globalización.

 China está abandonando gradualmente sus anteriores prácticas laborales a medida que se dirige hacia  la creación de un mercado nacional y de una sociedad de clase media. Dado el tamaño de la fuerza de trabajo china y la importancia del país en la economía mundial, cualquier mejora de las relaciones laborales tendrá un efecto substancial sobre los salarios y las normas laborales del resto del mundo. China y la economía mundial se encuentran en una encrucijada histórica.

El gobierno chino ha venido apoyando de forma sostenida la mejora de salarios y normas laborales. En la ciudad de Shenzhen, sede de Foxconn, el principal proveedor local de Apple, el salario mínimo establecido por el gobierno se multiplicó por más de tres desde 70$ mensuales en 2005 hasta 240$ en 2012. Los aumentos de salarios han sobrepasado la tasa de inflación y han continuado haciéndolo incluso después de la crisis del 2008.

Beijing también ha hecho esfuerzos concretos para mejorar las prácticas laborales en el lugar de trabajo. En abril del 2006, el gobierno sacó a debate público el primer proyecto de Ley de contrato de trabajo. El proyecto de ley fue un paso importante para la protección de los derechos de los trabajadores y para establecer reglas básicas de juego limpio, tal como deseaba el Presidente Obama.

El proyecto de ley restringía el uso del trabajo temporal, limitaba la potestad de los empresarios para despedir arbitrariamente a sus trabajadores y concedía a los trabajadores el derecho a la negociación colectiva respecto a salarios y  beneficios. Obligaba a todos los empresarios a dar a sus trabajadores un contrato de trabajo.

La Cámara de Comercio americana en Shanghai (AmCham) y el Consejo de Negocios U.S.-China presionaron contra el proyecto en beneficio de muchas grandes corporaciones norteamericanas a las que representaban. Criticaban el proyecto porque reducía la flexibilidad del mercado de trabajo y aumentaba los costes de producción. En un comunicado público, el Consejo de Negocios U.S.-China se oponía al proyecto de ley por reducir las oportunidades de empleo de los trabajadores chinos y por tener efectos negativos para la competitividad de la China y su atractivo como destino de la inversión extranjera.

En las décadas de los 80 y 90 las multinacionales norteamericanas utilizaron la amenaza de relocalización hacia China como un recurso en la negociación sobre salarios y beneficios con sus trabajadores de Estados Unidos. Años más tarde utilizaron la amenaza de India, Vietnam y otros contra los trabajadores chinos. La amenaza fue efectiva en parte. Después de meses de presiones y de negociaciones una versión más débil del proyecto se convirtió en ley en Abril del 2007.

China ha recorrido un gran trecho desde las tremendamente abusivas prácticas laborales del pasado. El camino hacia una transformación más profunda de las relaciones laborales y la aplicación de los derechos laborales al uso en las democracias occidentales será difícil y tortuoso. Sin embargo, el viaje ya ha comenzado. Es imperativo que las multinacionales norteamericanas no debiliten esta tendencia. El Presidente Obama y la legislación norteamericana pueden jugar un papel constructivo.

La política económica de Estados Unidos respecto a China está en gran parte configurada a través del prisma del comercio internacional. Sin embargo, el comercio de los Estados Unidos con la China ha experimentado cambios estructurales profundos en los últimos años. Una parte creciente del aumento de las importaciones y la consiguiente pérdida de trabajos norteamericanos son debidas actualmente a la inversión y producción global  de las grandes firmas norteamericanas. Para escapar a la normativa laboral progresista nacional, las corporaciones norteamericanas han ido estableciendo complejas cadenas de suministro globales con diferentes grados de abusos respecto a los derechos laborales. La política comercial convencional es inadecuada para el tratamiento de las pérdidas de trabajo y el comercio generados por la globalización.

Al permitir importaciones con prácticas laborales por debajo de la norma, el libre comercio penaliza a quienes cumplen las normas y premia a los otros. Sin embargo, la política proteccionista tradicional penaliza tanto a los violadores como a los no violadores de los derechos laborales. El Presidente Obama puede salvar trabajos norteamericanos y ayudar a la creación de una globalización más justa apoyando la política comercial que se centra en las prácticas del lugar de trabajo de las grandes firmas norteamericanas  y de sus proveedores en China y en otras partes.

La nueva política será específica para el empleador ya que se centrará en cómo se producen las importaciones. Se impondrán tasas de importación sobre las marcas que violen, en algún punto de la cadena de suministros, las leyes laborales nacionales existentes o los estándares mínimos establecidos por un comité de la OIT. Los Estados Unidos presentarán la nueva política para ser debatida y promulgada por la OIT.

Se trata de una política en la que todos ganan, que ayudará a la China a avanzar hacia normas de una mayor aceptación internacional, a reducir la capacidad de las grandes corporaciones para mercadear a través del mundo bajos salarios y normas laborales  y a salvar empleos norteamericanos que se perderían a causa de prácticas laborales inaceptables en otras partes del mundo.

Behzad Yaghmaian es  profesor de economía política en el Ramapo College de New Jersey, y es el autor de Embracing the Infidel: Stories of Muslim Migrants on the Journey West (Aceptar al infiel: historias de inmigrantes musulmanes viajando al Oeste) y  el próximo The Accidental Capitalist: A People’s Story of the New China (El capitalista accidental: una historia popular de la nueva China) (Marzo 2012).

Traducción para www.sinpermiso.info: Anna Maria Garriga

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domingo, 26 de fevereiro de 2012

Hóstias alucinogénias levam idosas a agredir padre

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Visões de santos, abraços ao crucifixo da igreja e duas idosas a perseguir o padre, que foi agredido sob os gritos: "Você é o demónio!" Parece cena de um filme mas terá acontecido na região centro de Itália, depois dos fiéis ingerirem hóstias alucinogénias.

No passado domingo, dia 19, na igreja do Santo Espírito de Campobasso, na região centro de Itália, as hóstias (pão feito com água e farinha de trigo sem adição de fermento ou sal) dadas aos fiéis terão sido produzidas por engano com uma farinha alucinogéna.

Os efeitos foram imediatos e o caos instalou-se, com testemunhos de visões de santos, abraços ao crucifixo e duas idosas a correr atrás do padre, agredindo-o e dizendo: "Você é o demónio!". Don Achille foi obrigado a refugiar-se na sacristia até que a polícia chegasse, revelou a imprensa local.

Segundo as autoridades, tratou-se de uma intoxicação alimentar (ergotismo) causada por farinhas de cereais contaminadas por fungos que atingem o grão, entre os quais se encontram agentes psicotrópicos como LSD.

No entanto, na sexta-feira, a diocese de Campobasso desmentiu categoricamente o acontecimento, alegando tratar-se de um ataque contra a Igreja católica. "É preciso respeitar o sagrado enquanto tal e isto vale também para quem não acredita", referiu em comunicado.


JN

quarta-feira, 22 de fevereiro de 2012

Água oceânica mais ácida ameaça 30% das espécies

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Uma nova pesquisa indica que os oceanos do planeta continuam ficando cada vez mais ácidos e que no ritmo atual cerca de 30% das espécies marinhas pode estar extinta até o final do século.

A água marinha está ficando mais ácida devido ao dióxido de carbono.

Cientistas da Universidade de Plymouth, na Inglaterra, examinaram a água abaixo dos vulcões, onde o dióxido de carbono ocorre naturalmente, para entender como a vida marinha lida com água mais ácida.

Segundo os pesquisadores, já nos próximos anos a água marinha começará a afetar alguns organismos, e alguns tipos de corais não conseguirão sobreviver.

CdB