DANCINHA

domingo, 12 de dezembro de 2010

El día después en el Parque Indoamericano


Por Carlos Rodríguez, para Página/12

“Esos tipos nos venían a matar. Esperamos que la de hoy sea una noche tranquila.” Deborah es argentina, tiene 20 años y tres hijos. Su marido, jaqueado por el paco, una noche de descontrol vendió la casa que compartían y ella ahora vive, sin su ex pareja, en casa de sus padres, en la Villa 20. La del viernes fue, para ella, una noche “de miedo, mucho miedo”. En el barrio, dirigentes de distintas organizaciones tejen hipótesis sobre quiénes fueron los supuestos vecinos de barrios aledaños que actuaron “como mafiosos” y sembraron el terror entre los vecinos. Ayer, el ministro de Seguridad porteño, Guillermo Montenegro, afirmó que Julio Capella, el hombre filmado con un arma en la mano durante los incidentes en el Parque Indoamericano, ya no trabaja en el gobierno porteño, aunque el jefe de Gabinete nacional, Aníbal Fernández, insistió en que el sospechoso sigue en la administración macrista. La novedad es que la presencia de barrabravas de varios clubes fue asociada a dos nombres: Ciro James, el procesado ex jefe de Inteligencia de la Metropolitana, y Cristian Ritondo, el ex peronista que encabeza hoy el bloque PRO en la Legislatura.

“Las personas que el martes a la madrugada entraron a los tiros al parque, antes de que comenzara la toma pacífica de las tierras, serían hombres que trabajaron en su momento con Ciro James, en el Ministerio de Educación y en Deportivo Español, donde hoy entrena la Policía Metropolitana”, le dijo a Página/12 una fuente del barrio que conoce a la perfección los movimientos internos. Otro dirigente, que también pidió mantener su nombre en reserva, recordó que en un programa del Canal 9 “ya se tiró la relación entre (Cristian) Ritondo, (Eduardo) Duhalde y la patota que entró a los tiros” el viernes y que hirió a varias personas.

“Acá la gente conoce el ambiente del fútbol y sabe que hay barras vinculados al macrismo, que están desde la época de Ciro James y que siempre alardearon de su relación con Ritondo”, el legislador de origen peronista que hoy es el jefe del bloque macrista. “Todos conocen a los barras de Nueva Chicago que suelen andar por la villa y que, se sabe, son del círculo que maneja Ritondo. Además, no hay que descartar que hayan venido algunos ‘novatos’ de la Metropolitana a los que conocemos porque entrenan en Deportivo Español. Acá nos conocemos todos”, aseguró una tercera fuente del barrio, consultada por este diario.

Ayer, Montenegro admitió que Julio Capella “era empleado de la Obsba”, pero aseguró que “ya no lo es y ahora deberá dar cuenta de sus actos ante la Justicia”. Sobre este punto, Aníbal Fernández dio otra versión: “Son señores que trabajan para la Ciudad”, aunque aclaró que ese dato “no imputa al gobierno (porteño) en nada”. Aseguró que el hombre que aparece con pantalón rojo en las filmaciones “está identificado por Anses como empleado del Gobierno de la Ciudad y su papá o su tío es asistente en el club Boca Juniors”.

La voz, acerca del conocimiento que se tiene sobre los barras que el viernes atacaron a los ocupantes del predio, corrió ayer por todo el parque y se advertía el temor por vivir otra noche semejante, a pesar de la presencia masiva de gendarmes. “Se nos vinieron encima. Venían a matarnos. Tiraban en todas las direcciones. Nosotros tuvimos que retroceder, pero después nos organizamos y los hombres salimos a enfrentarlos, porque de lo contrario se iban a venir encima de las mujeres y de los niños”. Tiene 27 años, dice que se llama Juan, y desde hace 15 años se vino a Buenos Aires desde su Oruro natal. “Los sacamos corriendo porque éramos muchos, aunque no teníamos armas, sólo palos y algunas piedras, pero igual teníamos que defendernos o nos mataban.”

Juan está enojado con cierta prensa. “Dicen que somos vagos, que queremos tierra gratis, pero no es así. Nosotros queremos comprar nuestras casas. Más de una vez hicimos trámites en el IVC (Instituto de la Vivienda de la Ciudad), pero cuando tenía un sueldo de 500 pesos, me pedían uno de 1000 y cuando llegaba a 1000 pesos, me exigían que fueran 2500. No queremos nada gratis, queremos pagar, pero los planes tienen que ser acordes a nuestras posibilidades. Sólo eso pedimos. Y una aclaración: los que estamos acá no sólo somos bolivianos y paraguayos, hay también muchos argentinos”, sostuvo Juan.

Ayer, a pesar de la lluvia, que entre las cuatro y las cinco de la tarde fue torrencial, casi nadie se movió de los terrenos. Por el contrario, había muchos más, asentados en chozas armadas con palos y manteles de plástico. Cerca de la noche, algunos ya se habían armado casitas precarias de madera y chapas. Alejandro Salvatierra, uno de los punteros del barrio, estimó que van a ser necesarias “unas tres mil viviendas” que servirían para crear “mil puestos de trabajo digno para muchos compañeros”. Las estimaciones, hasta anoche, decían que ya están asentadas en el predio entre 1500 y 2000 familias.

Algunos de los ocupantes, como Norma Cruz, se retiraron del sitio que ocupaban en el predio y retornaron a sus lugares de origen. “Muchos de nosotros estamos inscriptos desde hace muchos años en el Instituto de la Vivienda porque vivimos en la Villa 1-11-14, pero nunca tuvimos una respuesta a nuestro pedido. Por eso nos vinimos el martes a ocupar, pero tengo miedo de los gendarmes, porque siempre que aparecen nos desalojan y nos pegan. Tengo miedo porque acá estamos con nuestros hijos.”

De todos modos, la tarde-noche de ayer se presentaba pacífica. Hubo dos manifestaciones opuestas, una de apoyo a la toma y otra de rechazo, pero ninguna de las dos generó problemas. Unos mil militantes de izquierda intentaron llegar hasta el asentamiento, para solidarizarse con los vecinos de la toma, pero la Gendarmería los retuvo en la esquina de avenida Cruz y Escalada. Había banderas del PTS, de los empleados de Kraft y de los Subterráneos, de Cerámicas Stefani, Zanón y Brukman.

Con otras intenciones, en Cruz y Piedrabuena, vecinos de los barrios aledaños repudiaron una vez más la ocupación de tierras y pidieron el “inmediato desalojo”. Esta vez, sin barrabravas a la vista, los manifestantes cortaron la calle, hicieron ruido y se fueron a dormir.

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