DANCINHA

quinta-feira, 22 de setembro de 2016

CINCO TIPOS DE POLÍTICOS




BRUNO P. W. REIS

Os 5 tipos de políticos brasileiros:

1. Os incorruptíveis, que não apenas seguem a lei, mas se recusam até mesmo a se permitir conveniências como indicações legais de aliados para empregos e favorecimentos diversos. Operam apenas no plano do embate de ideias e, aristocraticamente, desprezam clientelismos e fisiologismos. Improvável que pareça, essas pessoas existem. De um ponto de vista democrático, porém, chegam a ser indesejáveis, pois nenhum eleitorado pode controlá-las, já que são desapegadas do poder, e terminam por serem maus representantes da vontade alheia, já que só fazem o que elas mesmas acham certo. Seja como for, perdem eleições. Poderemos ignorar essa categoria sem muito risco de comprometermos a tipologia.

2. Atores politicamente engajados, partidários, estrategicamente atuantes em favor de seu partido ou sua causa, mas nos limites estritos da lei. Promoverão os interesses de aliados, ocasionalmente bancarão indicações para cargos e empregos. Aceitarão, em suma, o jogo fisiológico se for preciso, mas não incorrerão em ilegalidades. Jogam o jogo, mas seu limite é a lei. Nunca é demais lembrar: fisiologismo não é igual a corrupção.

3. Categoria média, tipo médio e, com toda probabilidade, predominante. Joga o jogo com realismo cru, e trata de ganhar. Lança mão, para isso, do que for preciso. Admite, para tanto, recorrer a ilegalidades. Compactua com atos ilícitos, e vez por outra incorre neles pessoalmente. Mas sua prioridade ainda é política: está na luta, comprometida com ela, e quer vencer. Talvez nem se lembre mais exatamente qual era sua causa no início de tudo. Mas profissionalizou-se, sabe seu lado, reconhece e cumpre seus compromissos, promove seus aliados, e luta pelo poder. Tipicamente, um conservador –senão na plataforma, no estilo: acima de tudo, sua prioridade é preservar sua posição no sistema político a longo prazo, se possível para a vida toda. Acomodatício, cultiva aliados e evita riscos desnecessários.

4. O larápio. Originariamente um político, mas quer ficar rico, e se utiliza do poder para faturar. Não perde uma chance de embolsar, admitindo até mesmo o risco de arcar com algum prejuízo político, algum desgaste na reputação, se a grana compensar. O arquétipo do corrupto.

5. O testa de ferro do crime organizado. Sua preocupação não é, talvez jamais tenha sido, prioritariamente política. Não é um político que eventualmente se corrompeu. É um criminoso (ou um cúmplice de criminosos) que foi à política para promover os interesses da atividade criminosa. Seus compromissos residem antes na organização criminosa que no partido. Tem inimigos, mais que adversários, e os confronta com destemor peculiar. Agressivo, aceita riscos políticos maiores que os demais, porque sua rede de proteção reside fora da política. Preocupa-se pouco com a segurança de sua posição a longo prazo. Tende a ser corrosivo para o sistema político, ocasionalmente desestabilizador.

Os tipos 3,4 e 5 praticam crimes. Talvez organizadamente. Mas, representante do crime organizado, propriamente dito, com todo seu potencial destrutivo para a ordem política e social, é o último. Todos eles devem ser contidos e, caso processados e condenados, devem ser punidos, na forma da lei.

Devemos apenas cuidar de evitar que, ao enchermos as cadeias com 3, terminemos por encher os plenários legislativos com 5. O 2 é, em princípio, um cumpridor da lei, embora ultimamente corra certo risco de ver seu critério de definição de legalidade reinterpretado ("ex post") por algum procurador ou juiz especialmente obstinado. Pode acabar por descobrir-se confundido com 3 ou 4 –ou mesmo 5.

BRUNO P. W. REIS, 51, é professor de ciência política na Universidade Federal de Minas Gerais.

Leia a íntegra desse artigo: http://www1.folha.uol.com.br/ilustrissima/2016/09/1813664-novas-regras-de-financiamento-e-uma-tipologia-de-nossos-politicos.shtml

terça-feira, 13 de setembro de 2016

Los océanos se están calentando: Un gran problema en un planeta azul.



Sólo sea para refrescarlo, siempre es bueno recordar que vivimos en un planeta de océanos. La mayoría de la superficie de la Tierra es agua salada, salpicada de las grandes islas que llamamos continentes.

Vale la pena recorder este pequeño dato, que puede irsenos de la cabeza, puesto que los seres humanos nos congregamos en las zonas de terreno seco, porque hay nueva información que nos muestra de qué modo tan profundo estamos interfiriendo en los siete mares. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ha publicado un amplio estudio que concluye que el calentamiento desbocado de los océanos es “el mayor desafío oculto de nuestra generación”.

Cuando pensamos en el calentamiento global, nos concentramos habitualmente en la temperatura del aire, que está llegando bruscamente a su máximo: julio fue el mes más caluroso registrado en nuestro planeta. Pero tal como apunta el estudio, el 90% del calor extra que captan nuestros gases de invernadero lo absorben en realidad los océanos. Eso significa que los pocos metros superiores del mar han estado calentándose de manera constante más de una décima parte de un grado centígrado por década, una cifra que se está acelerando. Cuando se piensa en el volumen de agua que representa y tratamos luego de imaginar la energía necesaria para elevar su temperatura, nos hacemos idea del soplete en que se ha convertido nuestra civilización.
 


Comprobamos los efectos del calentamiento en tierra: las inundaciones, las sequías, los refugiados que buscan una seguridad temporal. Pero está en marcha esa misma escala de convulsión bajo las turbias olas. La UICN ha descubierto peces que huyen hacia los polos, pesquerías trastornadas que han a lo largo del Holoceno; ha encontrado arrecifes de coral que se decoloraban a un ritmo que se acelera cada vez más; y lo que acaso sea lo más ominoso, ha descubierto que “el calentamiento está teniendo su mayor impacto en los bloques de construcción de la vida en los mares, como son el fitoplancton, el zooplancton y el kril”. Lo que significa que estamos ensuciando el fondo mismo de las cadenas más básicas de la vida.

Estos riesgos se acelerarán a medida que los océanos se calientan con más rápidez: su temperatura podría aumentar cuatro grados centígrados si dejamos que el planeta siga calentándose. Y a medida que esto pase, por supuesto, el calentamiento empezará a realimentarse. Hay, como nos recuerda la UICN, ingentes cantidades de metano congelado bajo el agua. Y cada grado más que aumenta la temperatura irá derritiendo algo de ello.

Sólo hay una palabra para lo que estamos haciendo, y es “descabellado”. En un planeta de océanos, estamos destruyendo el océano. En un planeta de océanos, estamos destruyendo el océanos.

Y lo estamos haciendo innecesariamente. Los ingenieros han hecho su trabajo para proporcionarnos las herramientas que nos hacen falta. Tenemos paneles solares. Tenemos turbinas eólicas (que cuando se ubican en el mar, forman pequeños arrecifes artificiales que son estupendos). Disponemos de buenos datos que muestran que si nos movemos con rapidez, podemos de modo asequible proporcionar energía al planeta sin arruinarlo.

Por desgracia, tenemos también un sector de combustibles fósiles que ha logrado impedir que actuemos de verdad a lo largo de decenas de años: ha mentido, ha cabildeado y ha derramado una incontable largueza sobre nuestra clase política (y sobre otras élites: de forma un tanto increíble, BP patrocina actualmente una exposición de antigüedades de “Ciudades sumergidas” en el Museo Británico). En consecuencia, nos encontramos con que desparecen los casquetes glaciares, con incendios forestales que chisporrotean y registros nunca vistos de precipitaciones.

Pero tenemos también, gracias a ellos, un movimiento dinámico y creciente para defender la Tierra. Hoy, en Dakota del Norte, los indígenas norteamericanos arriesgan su cuerpo para bloquear un nuevo oleoducto que atravesaría el río Misuri. Ellos se denominan Protectores del Agua. Haríamos bien, todos nosotros, en adoptar ese pasatiempo.

Porque vivimos en un planeta de océanos.
 
Es profesor en Middlebury College de Vermont (Estados Unidos) y cofundador de 350.org, la mayor campaña de organización de base del mundo que trata el tema del cambio climático. 
 
Fuente:
The Guardian, 7 de septiembre de 2016.
 
Traducción:
Lucas Antón