DANCINHA

domingo, 30 de dezembro de 2012

EUROPA



La Europa inservible  

Rafael Poch · · · · · 

Vamos a hablar del proyecto europeo, de porqué esta Unión Europea, tal como está diseñada, es inviable e inútil para afrontar los retos del siglo. Por “retos del siglo” entiendo el calentamiento global, el auge demográfico, el “pico” petrolero y los problemas globales de dominio de unos países sobre otros, de pobreza y de desigualdad, combinados con una mentalidad caduca que tiende a seguir “resolviendo” todas esas cuestiones con métodos militares en un mundo atiborrado de armas de destrucción masiva capaces de anular toda vida en el planeta. Esos retos claman una “nueva civilización” y una Europa como la que tenemos es un claro impedimento a ella.
Así que vamos a hablar primero de las razones que hacen inviable desde ese punto de vista a la actual Unión Europea, luego, de la respuesta ciudadana que habría que dar a esa realidad y acabaremos con una reflexión sobre la violencia y los riesgos que tal respuesta comporta para quienes la asumen. Pero antes de entrar en esa crítica, quisiera subrayar la importancia de que haya en Europa algún tipo de pacto y estrecho vínculo internacional.
El motivo es que, desde el punto de vista de la historia universal de la guerra y la paz, Europa es la parte más guerrera y violenta del mundo. En los últimos quinientos años la historia europea salta de una guerra a otra, especialmente en los dos siglos que van de 1615 al fin de las guerras napoleónicas en 1815. En ese periodo las naciones europeas estuvieron en guerra una media de sesenta o setenta años por siglo. Luego hubo un poco más de paz hasta 1914, si olvidamos la guerra de Crimea o la franco-prusiana, pero en ese periodo Europa continuó culminando la exportación de guerra y genocidio hacia fuera de sus fronteras con el holocausto colonial- imperial que fue la conquista del mundo no europeo. Además, en ese periodo de relativa paz interna Europa inventó la industrialización y con ella industrializó la guerra lo que la convirtió en algo mucho mas destructivo. Dos guerras mundiales de inusitada mortandad e incubadas en y por Europa, fueron el resultado.
La Unión Europea se creó, precisamente, para remediar la crónica pelea continental, que después de la Segunda Guerra Mundial ha dado lugar a 67 años de paz, una paz, sin embargo, tutelada por dos superpotencias en tensión nuclear, es decir una paz bajo vigilancia y presidida por un factor, el de la destrucción masiva, que representa el escalón superior de la estupidez humana.
Así que tengamos bien presente este dato sobre la Europa guerrera violenta y dominante a la hora de criticar el actual proyecto europeo.
I) Todavía en 2003 Jürgen Habermas, el principal filósofo alemán vivo, pudo escribir un libro titulado “ El occidente dividido ” y ser tomado en serio. Su contexto era la desavenencia entre una parte de la Unión Europea, su matriz franco-alemana, y la administración Bush durante la segunda guerra de Irak. Y su fundamento era la exaltación de los “valores diferentes” –y por supuesto mejores- que Europa decía representar comparada con Estados Unidos.
En esa comparación, Europa era un continente de paz y de cultura, con apego a la nivelación social y al estado asistencial, regido por el derecho internacional y no por la ley del mas fuerte, es decir centrado en la diplomacia y no en la guerra, y tolerante y no fundamentalista en materia religiosa.
En países como China, esa desavenencia de 2003 estuvo en el centro de la discusión internacional de los dirigentes de Zhongnanhai, el Kremlin de Pekín. La posibilidad de que Occidente, aquel bloque que crucificó a China en el XIX, pudiera partirse en dos y se convirtiera en dos polos con intereses globales y recetas diferentes, es decir en algo más débil que lo anterior, era sumamente interesante por las mayores posibilidades y márgenes de acción que podía reportar en la multipolaridad a los países emergentes.
Ahora sabemos que aquella desavenencia, con su discurso narcisista y embellecedor de la Unión Europea sobre sí misma, es un fraude y que las esperanzas de una divergencia trasatlántica que tanto interesaron en China fueron un espejismo. La actual crisis nos ofrece una perspectiva mucho más real y un espejo mucho más fiel de la realidad europea.
Constatamos que esa Europa “autónoma y mejor” y preconizadora de “otros valores”, ha apoyado, colaborado y participado en casi todo lo que reprochaba a su pariente histórico de ultramar. Es decir Europa sigue siendo imperialista y sus debilitadas naciones se unen, precisamente, para poder seguir siéndolo. Veamos la lista:
-Durante veinte años se ha excluido a Rusia de cualquier esquema de seguridad continental. Es decir se ha impedido cerrar la relación de guerra fría con el extremo oriente de Europa, tal como quería el malogrado proyecto de Gorbachov. La ampliación al Este de la UE se hizo sobre un guión supervisado en Washington, según el cual el ingreso en la OTAN era la antesala de la Unión Europea.
- En cuanto la URSS dejó de ser percibida como amenaza, Europa se lanzó a la guerra. Doce días después del ingreso de Polonia, Hungría y Chequia en la OTAN, comenzó la campaña de Kosovo para acabar con Serbia como estado regional anómalo para la nueva disciplina continental. El belicismo y la manipulación mediática adquirieron en Europa niveles que se creían exclusivos de Estados Unidos. Por primera vez desde Hitler, tropas alemanas participaron, en los Balcanes, en un conflicto, y nada menos que en nombre de la prevención de nuevos Auschwitz y “genocidios”.
-En Irak la divergencia franco-alemana con Bush no impidió una colaboración en toda regla a nivel de logística, servicios secretos, torturas y centros secretos de detención de la “guerra contra el terror” que impide considerar como exclusivamente americanos asuntos como el de Guantánamo: los vuelos de la CIA atravesaron Europa desde Polonia hasta Rota, las cárceles secretas, las torturas y los secuestros implicaron complicidades de todo el mundo. Francia cedió su espacio aéreo para la campaña iraquí, los servicios secretos alemanes identificaron sobre el terreno en Bagdad los objetivos de los misiles del Pentágono y las bases alemanas fueron el principal nudo logístico de la guerra.
-En Palestina, la UE ha sido incapaz de trabajar para la creación de un Estado Palestino, sin duda la medida más eficaz contra el radicalismo islámico en todo el mundo y un imperativo moral incontestable. Por el contrario, ha ido incrementando unas relaciones privilegiadas con Israel y ha incrementado su complicidad con esa comedia que llaman “proceso de paz” en Oriente Medio, basada en el apoyo al país ocupante y agresor.
- En Afganistán, la misma Europa que durante la guerra fría protestó y se negó a participar en Vietnam, se ha volcado con decenas de miles de soldados europeos metidos allá once años en esta guerra infame de treinta que no registra protestas. Aún más: los despliegues en el cuerno de África, la intervención militar en Libia y ahora en Mali, demuestran que el intervencionismo militar europeo no es una excepción puntual sino una tendencia consolidada.
-En Oriente Medio vivimos ahora las sanciones y amenazas contra Irán. Un intervencionismo creciente en la guerra civil de Siria que contribuye claramente a hacerla más sangrienta, que usa a fondo la habitual manipulación mediática y que da por completo la espalda a toda acción diplomática. El horizonte estratégico de este intervencionismo va más allá de Siria: complicar la vida a su aliado, Irán –objeto de sanciones por la sospecha de una ambición nuclear que, convertida en hecho conocido en el caso israelí se tolera sin problemas- y de paso complicar también el aprovisionamiento energético de China.
-Y todo esto está perfectamente interiorizado en el discurso europeo de la política exterior y de seguridad. En Alemania imponer el “acceso” (Zugriff) a los recursos energéticos globales es lo que da sentido a las misiones internacionales del Bundeswehr, afirma el discurso oficial. Hoy día no hay experto y analista de cualquier “centro de estudios estratégicos” del estáblishment, de Bruselas, Berlín o Londres, que no mencione el tema como algo rutinario, dando por supuesto que el militarismo es la respuesta a los retos del siglo. Lo llaman “nuevos desafíos” y la doctrina de la OTAN los quiere contrarrestar con acciones militares “preventivas” y “proactivas”, es decir agresiones, en todo el mundo.
Es decir, y concluyendo esta lista: en su relación con EE.UU, la Unión Europea desempeña en el mundo el papel que un primer ministro australiano definió para su país en Asia: el del “ayudante del Sheriff”.
Siendo imperialista y practicando un manifiesto vasallaje hacia Estados Unidos, la actual Europa no puede ser un polo de poder independiente y autónomo en el mundo multipolar y muchos menos un polo benévolo por otras razones.
En primer lugar, como ha apuntado Samir Amin, porque Europa no puede ser unos Estados Unidos de Europa. Por un lado carece de recursos naturales comparables a los de grandes países como Estados Unidos o Rusia. Por el otro, a causa de su manifiesta falta de unidad interna, porque en Europa están presentes las tensiones y conflictos de intereses centro-periferia propios del desarrollo desigual. Europa contiene zonas y países que son Norte -Alemania y compañía- otros que son Sur -España, Italia, Portugal- y otros que son patio trasero y tercera categoría: la Europa oriental y balcánica con Grecia incluida. (1)
En segundo lugar Europa no puede ser ni siquiera una federación unitaria porque no existe un “pueblo europeo”. La identidad europea no existe ni se la espera. Haciendo un gran esfuerzo, españoles, italianos, griegos y franceses, pueden alcanzar cierta afinidad identitaria apelando a aspectos de su común tradición (ibérica, católica, la herencia latina-románica, o al mediterráneo). A partir de ahí, y como dicen los chinos, “con la perspectiva de varias generaciones”, quizá pudieran embarcarse en algo juntos hasta el punto de borrar sus diferencias. Es una cuestión de imaginación. Pero imaginar eso mismo conjuntamente con los finlandeses, los alemanes, los húngaros o los británicos, es decir metiendo juntos a mediterráneos, vikingos y hunos, es superar los límites de la fantasía más atrevida.
Y en tercer lugar, la Unión Europea no puede funcionar como proyecto que valga la pena por el motivo que todos percibimos: porque su burocracia ha tenido la osadía de pretender que un billete de banco, asistido por un sistema sanguíneo-circulatorio compuesto por intereses empresariales multinacionales generalmente dominados por países del Norte europeo, podía ser el corazón de esa identidad de fantasía.
El resultado de esa osadía ha sido una especie de monstruo del Profesor Frankestein que ha acelerado la gran desposesión de soberanía que toda Europa siente hoy. Si la democracia en las naciones europeas, en el sentido genuino de “poder del pueblo”, ya era caricatura -en unas naciones más que en otras-, ahora resulta que nuestros imperfectos parlamentos ni siquiera tienen soberanía para decidir sobre presupuestos, o que las sacrosantas constituciones deben reformarse en veinticuatro horas por dictámenes que vienen precocinados desde Bruselas o Berlín y que son decididos por instituciones, como el BCE o la Comisión, que ni siquiera son electas.
Casi todas las propuestas que no parten de la propia burocracia de Bruselas para dar un aspecto humano a este monstruo son alemanas: la canciller Merkel desde la Alemania institucional y otros con pretensiones democratizantes e incluso rebeldes proponen lo mismo: más Europa, más integración europea para superar estos defectos. Habermas y otros quieren una Europa federal que resuelva internacionalmente esa devaluación de soberanía y democracia. Quieren convocar una “Asamblea constituyente europea” de hunos, vikingos y mediterráneos. El diputado verde Daniel Cohn-Bendit propone una Europa totalmente integrada compuesta por estados nacionales reducidos a la insignificancia. Es la única manera, dice, de afrontar el pulso mundial con las potencias emergentes. De lo contrario, advierte, “la influencia de nuestra civilización de dos milenios corre el riesgo de esfumarse”. El ex ministro de exteriores, Joshka Fischer, propone dar poderes dictatoriales a la Unión Europea… Los únicos que insisten en “más Europa” como fórmula para salir del hoyo son los alemanes. Hay que recordar que históricamente el discurso europeo de Alemania ha sido siempre entendido como el de una Europa germánica con los alemanes en el papel de dominante “Herrenvolk”. Una quimera hoy manifiestamente imposible.
Así que por todas estas razones (imperialismo, falta de autonomía y recursos, desigualdad interna, ausencia de un pueblo europeo y de identidad común, y por ser un androide empresarial) esta Europa es, a la vez, imposible e inservible para los retos del siglo.
Una vez constatado esto, y recordando aquello que hace importante y necesario un proyecto europeo común (impedir la pelea secular de sus miembros), no hay más remedio que plantearse la pregunta del qué hacer.
II) De lo que se trata es de realizar una refundación ciudadana del proyecto europeo.
De puertas afuera, esa refundación debe impedir la pelea europea. El proyecto europeo no debe tener más ambición mundial que una negación: la de no contribuir al imperio. Si el proyecto europeo ha de ser imperialista, no lo queremos.
De puertas adentro el marco de esta refundación no debe ser “más Europa”, sino más soberanía popular-nacional.
Hay que dejar bien claro que el de la refundación ciudadana no es el único escenario de la actual crisis. De lo que aquí se habla es de lo que “habría que…”, no de algo que vaya a ocurrir inexorablemente. Presentimos que en Europa se está incubando una revuelta social mucho más importante de lo que hemos visto hasta ahora, pero nos encontramos en plena divisoria y tenemos datos que pesan tanto en la balanza de lo positivo y emancipatorio como de lo negativo y regresivo.
Por un lado tenemos el avance, en toda Europa, del chovinismo, la xenofobia y el desprecio por el débil y el emigrante, la ridiculización de la solidaridad y el afán de justicia (resumido en ese miserable concepto neocon que es el buenismo). Una perspectiva de la Europa parda de 1930, podríamos decir.
Por el otro lado tenemos el progreso de la protesta social y solidaria: Cuarenta sindicatos en 23 países participaron el 14 de noviembre en una “Jornada de acción y solidaridad” sin precedentes en Europa. Cotejado con el tamaño y la virulencia de la enorme involución socio-laboral que sufre el continente aquello fue poco y desigual, muy poco. Pero eso ya no es Europa 1930, sino una perspectiva 1848.
La “primavera de los pueblos” de 1848 tambaleó el orden de la restauración absolutista del Congreso de Viena. Un orden absolutista en quiebra es aquel en el que una pequeña casta que acapara el grueso del poder la riqueza y los privilegios adopta decisiones que son vistas como injustas y erradas por la gran mayoría. No se trata del popular 1% contra el 99%, pero sí de algo muy polarizado como sugiere la creciente concentración desigual de la riqueza en Europa. Eso es lo que tenemos ahora.
¿Qué quiere decir una refundación ciudadana? Quiere decir una reconquista de la esfera económica y financiera que la política ha ido cediendo al capital en las últimas décadas. La UE ha sido diseñada como una autopista de la mundialización neoliberal. Pues bien, ahora se trata de combatirla con una desmundialización ciudadana que devuelva todo eso arrebatado a la política en los últimos treinta años, como dice Bernard Cassen.
Evidentemente todo esto plantea la pregunta del cómo.
Para eso es necesario crear un Frente Popular. Una gran unión, una gran alianza y un gran encuentro entre el mundo sindical, los subproletarios emigrantes y parados, la generación sin futuro y deshauciada, la gente mayor estafada tras una vida de trabajo, los sectores religiosos e intelectuales para los que la actual involución es intolerable desde el punto de vista de los principios éticos y morales.
Es fundamental la creación de nuevas fuerzas políticas y de programas. Hacen falta líderes, personas de todos estos ámbitos que representen y sean portavoces de esta refundación – de momento por ejemplo en Catalunya no tenemos líderes obreros ni sindicales dignos de tal nombre, pero curiosamente ha aparecido una de esas personas en el ámbito más inesperado: una hermana benedictina….
Esta refundación solo puede ser (en Europa y en el mundo) internacional e internacionalista, pero, a menos que queramos disolvernos en un sueño idealista de hermandad universal, su marco solo puede ser nacional.
Esa reconquista no puede hacerse en Bruselas, con su burocracia mucho más dominada por el lobbysmo empresarial que la de los estados nacionales, ni en el irrelevante Parlamento Europeo. El ágora, el punto de encuentro y la articulación de ese Frente Popular debe lograrse desde los respectivos marcos nacionales: entre comunidades de gente cercana unida por su marco geográfico y socio-laboral, su lengua su cultura y su común identidad integradora. La experiencia de los foros mundiales, tan interesante pero al mismo tiempo tan etérea e indeterminada, da mucho que pensar. Como ha dicho hace poco Oskar Lafontaine, “La Europa democrática empieza en casa”. Este marco nacional no es sustituto ni alternativa a lo internacional, sino mas bien su condición primera. (2)
Para acabar, una reflexión sobre la violencia.
III) La Europa de hoy no es la del XIX, cuando cualquier avance social pagaba el precio de enormes cantidades de sangre y de violencia. En este continente mucho más rico, mucho más culto y demográficamente mucho más envejecido que el del siglo XIX, quien más quien menos tiene algo que perder. Eso sugiere que la no violencia popular tiene un nuevo sentido y grandes espacios a su favor.
Al mismo tiempo, la rebelión civíl y pacifica, el movimiento social transformador, no es ninguna broma postmoderna y on-line. Exige lo de siempre: compromiso, voluntad, organización y sacrificio. Y recoge represión y reacción. Es decir: hay que ser consciente de lo que significa decir no a una oligarquía absolutista.
La experiencia histórica más reciente nos avisa del enorme potencial de violencia y provocación que tiene el estáblishment. Los dos principales líderes antibelicistas del 1968 en Estados Unidos, Martin Luther King y Robert Kennedy, fueron asesinados. También lo fue el líder estudiantil más notable del 68 alemán, Rudi Dutschke, muerto de las secuelas de un atentado.
Hay que recordar también que la dictadura no es imposible ni una lejana reliquia histórica. Hace menos de cuarenta años la Europa del Sur, desde Portugal a Grecia pasando por España, estaba gobernada por dictaduras. Hace poco más de veinte toda la Europa del Este estaba gobernada por dictaduras comunistoides. Es decir: la mayor parte de Europa eran dictaduras hasta hace muy poco.
Y hay que volver a leer todo lo que expone el Profesor suizo Daniele Ganser en su libro de 2005 sobre Gladio, la cada vez más documentada evidencia de la manipulación directa del terrorismo de los años setenta y ochenta por grupos vinculados a la OTAN -los peores atentados en Italia, Bélgica y Alemania lo fueron. Volver a escuchar la opinión de algunos antiguos miembros de grupos alemanes violentos que hoy confiesan que seguramente su labor estuvo policialmente manipulada desde el principio. Analizar lo que sabemos de las protestas antiglobalización de julio de 2001 en Génova. Lo que está ocurriendo ante nuestros ojos con los apoyos policiales y empresariales a la extrema derecha griega, o lo que se ha visto en España con los indignados… (3)
Hay que tener claro que cualquier presión hacia esa necesaria desmundialización ciudadana chocará, está chocando ya, con las habituales reacciones, tramas negras, represiones, manipulaciones mediáticas y juegos sucios. Repito: hay que ser consciente de lo que significa decir no a una oligarquía.
Notas
(1) Para la exposición de Samir Amin en castellano consultar Europa vista desde el exterior (en www.mientrastanto.org)
(2) El concepto desmundialización lo emplea Bernard Cassen. En L´heure de la démondialisation est venue , Mémoire des Luttes agosto 2011.
(3) El libro de Daniele Ganser, La Operación Gladio y el terrorismo en Europa Occidental, 2005. Sobre el brutal aplastamiento de la protesta contra la cumbre de julio de 2001 en Génova ver El atropello de Génova en este Diario de Berlín.

Rafael Poch, amigo y colaborador de Sin Permiso, es el corresponsal en Berlín del periódico La Vanguardia. Este texto sigue las notas de una conferencia pronunciada el 30 de noviembre en el Centre d´estudis Cristianisme i Justicia de Barcelona.

sábado, 29 de dezembro de 2012

CHINA

Fonte dessa imagem AQUI.

Revueltas obreras

Eli Friedman

Jacobin, magazine of culture and polemic
http://jacobinmag.com/
Traducción de Viento Sur


La clase obrera china representa un doble papel en el imaginario político del neoliberalismo. Por un lado, aparece como la vencedora competitiva de la globalización capitalista, el gigante arrasador cuyo ascenso supone la derrota de los trabajadores del mundo rico. ¿Qué expectativas tienen las luchas obreras en Detroit o Rennes cuando el emigrante de Sichuán está feliz de poder trabajar por una fracción de sus salarios? Por otro lado, los trabajadores chinos se presentan al mismo tiempo como pobres víctimas de la globalización, encarnación de la conciencia de culpa de los consumidores del primer mundo: semiesclavos pasivos y explotados, sufren estoicamente para que nosotros gocemos de nuestros teléfonos inteligentes y nuestras toallas de baño. Y somos nosotros los únicos que podemos salvarles, absorbiendo sus flujos exportadores o batallando caritativamente por que reciban un trato humano por parte de "nuestras" multinacionales.

Para una parte de la izquierda del mundo rico, estas dos narrativas opuestas se justifican porque entienden que en nuestras sociedades la resistencia de los trabajadores está condenada al cubo de basura de la historia. Para ella, esa resistencia es, ante todo, perversa y decadente: ¿qué autoriza a los mimados trabajadores del Norte, con sus problemas "primermundistas", a exigir reivindicaciones materiales a un sistema que ya les ofrece tanta abundancia generada por los parias de la Tierra? Y en cualquier caso, la resistencia a una fuerza competitiva tan grande tiene que ser forzosamente inútil.

Al presentar a los trabajadores chinos como "otros"?-subalternos abyectos o contrincantes competitivos-, falsean de forma flagrante la realidad del mundo laboral de la China actual. Lejos de cantar victoria por su supuesto triunfo en la globalización, los obreros chinos se enfrentan a las mismas brutales presiones competitivas que los trabajadores de Occidente, a menudo a manos de los mismos capitalistas. Es más, no se puede decir que se distingan de nosotros por su estoicismo, ni mucho menos: hoy, la clase obrera china está luchando. Tras más de treinta años de reforma de mercado impulsada por el Partido Comunista, China es sin duda alguna el epicentro de la conflictividad laboral mundial. Aunque no existen estadísticas oficiales, la verdad es que en este país se producen miles, por no decir decenas de miles, de huelgas todos los años. Todas ellas son huelgas salvajes, ya que este derecho no está legalizado en China. Así, es probable que en un día cualquiera estén en produciéndose media docena a varias decenas de huelgas en algún lugar.

Además, lo importante es que los trabajadores están ganando, y muchos huelguistas consiguen grandes aumentos salariales por encima y más allá de lo que prevé la legislación. La resistencia obrera supone un grave problema para el Estado y el capital chino y, como ocurrió en EE UU en la década de 1930, el gobierno central se ha visto forzado a promulgar un montón de normas laborales. Los salarios mínimos suben en proporciones superiores al 10 % en ciudades de todo el país y numerosos trabajadores reciben prestaciones de seguridad social por primera vez. La conflictividad laboral ha estado creciendo durante dos décadas, y los dos últimos años han sido testigos de un avance cualitativo de la naturaleza de las luchas obreras.

Pero si la experiencia de los trabajadores chinos encierra algunas lecciones para la izquierda del norte, definirlas exige un análisis de las condiciones insólitas a que se enfrentan y que dan pie tanto a un gran optimismo como a un gran pesimismo.

De la lucha defensiva...

A lo largo de las dos últimas décadas de revuelta se ha configurado un abanico relativamente coherente de tácticas de resistencia obrera. Cuando surge un conflicto, lo primero que suelen hacer los trabajadores es hablar directamente con la dirección de la empresa. En esta fase, sus reivindicaciones caen casi siempre en saco roto, sobre todo si son de naturaleza salarial. Las huelgas, en cambio, dan resultado. Sin embargo, nunca las organizan los sindicatos oficiales, que están formalmente subordinados al Partido Comunista y suelen estar controlados por la dirección de cada empresa. En China, todas las huelgas son autoorganizadas, a menudo en oposición directa al sindicato oficial, que anima a los trabajadores a canalizar sus protestas a través de los cauces oficiales.

Los mecanismos legales, que incluyen la mediación en el lugar de trabajo, el arbitraje y el recurso judicial, tratan de individualizar los conflictos. Esto, combinado con la colusión del Estado con el capital, supone que este sistema en general no puede satisfacer las reivindicaciones de los trabajadores, ya que está destinado en gran medida a prevenir las huelgas. Hasta 2010, el motivo de huelga más común de los trabajadores era el impago de los salarios. En esas huelgas, la reivindicación era clara: pagadnos el salario que nos corresponde. Las demandas de mejora más allá y por encima de la normativa legal eran escasas. Dado que el incumplimiento de las leyes era y sigue siendo endémico, había terreno abonado para esas luchas defensivas.

Al comenzar las huelgas, los trabajadores suelen dejar de lado las herramientas y permanecer dentro de la fábrica, o al menos dentro del recinto. Sorprendentemente, el recurso a los esquiroles es muy escaso en China, por lo que tampoco suelen organizarse piquetes./1 Cuando la dirección se muestra recalcitrante, los trabajadores a veces intensifican la presión saliendo a la calle. Esta táctica apela al gobierno: al alterar el orden público, llaman inmediatamente la atención de las autoridades. A veces, los manifestantes se dirigen a las oficinas de la administración local o simplemente cortan el tráfico. Esta forma de lucha es arriesgada, ya que el gobierno puede apoyar a los huelguistas, pero con la misma frecuencia recurre a la represión. Aunque al final se llegue a un acuerdo, las manifestaciones públicas dan lugar a menudo a la detención, el apaleamiento y el encarcelamiento de los organizadores.

Todavía más arriesgados, pero bastante comunes, son los sabotajes, daños materiales, disturbios, ataques a los directores de la empresa y enfrentamientos físicos con la policía. Estas formas parecen producirse sobre todo en respuesta a los despidos masivos o las quiebras. A finales de 2008 y comienzos de 2009 hubo una serie particularmente intensa de enfrentamientos en respuesta a los despidos masivos en empresas exportadoras a raíz de la crisis económica de Occidente. Como veremos más adelante, los trabajadores parecen estar adquiriendo conciencia del papel antagonista que desempeña la policía. De todos modos, el telón de fondo de todos estos cambios lo constituye un aspecto muchos menos espectacular de este abanico de formas de resistencia: cada vez más, los migrantes internos se niegan a aceptar los puestos de trabajo indignos a los que antes solían acudir en masa en la industria transformadora y exportadora del sudeste del país.

En 2004 empezó a escasear la mano de obra, y en un país que todavía cuenta con más de 700 millones de habitantes en zonas rurales, la mayoría de observadores pensaron que sería un fenómeno pasajero. Ocho años después está claro que está produciéndose un cambio estructural, y hay un acalorado debate entre economistas sobre las causas de la escasez de mano de obra (debate que no voy a reproducir aquí). Base decir que buena parte de los empresarios de las provincias costeras de Guangdong, Zheyiang y Yiangsu no han sido capaces de atraer y retener a trabajadores. Al margen de las razones concretas, lo que hay que destacar es que la escasez ha empujado al alza los salarios y reforzado la posición de los trabajadores en el mercado, una ventaja que estos han sabido aprovechar.

... a la lucha ofensiva

En el verano de 2010 se produjo una inflexión en forma de una memorable ola de huelgas que comenzó en la fábrica de transmisiones de Honda en Nanhai. Desde entonces ha cambiado la naturaleza de la resistencia obrera, como han señalado numerosos analistas. Sobre todo, las demandas de los trabajadores han dejado de ser defensivas -reclamando aumentos salariales superiores a lo que les reconoce la ley- y en muchas huelgas han exigido elecciones libres de sus representantes sindicales. No han propuesto crear sindicatos independientes al margen de la Federación China de Sindicatos (el sindicato oficial), ya que esto provocaría sin duda la represión violenta del Estado. Sin embargo, la insistencia en las elecciones supone la germinación de reivindicaciones políticas, aunque solo se planteen a nivel de empresa.

El detonante de la oleada de huelgas fue la lucha en la fábrica de Nanhai, donde los trabajadores estuvieron quejándose durante semanas de los bajos salarios y barajando la idea de organizar un paro. El 17de mayo de 2010, apenas ninguno de ellos sabía que un único obrero -identificado desde entonces en muchas informaciones de prensa por el alias de Tan Zhiqing-?llamaría a la huelga por iniciativa propia pulsando simplemente el botón de alarma general, parando de golpe las dos cadenas de producción de la factoría. Los trabajadores salieron de la fábrica y aquella tarde la dirección les rogó que volvieran al trabajo y se sentaran a negociar. De hecho, la producción se reanudó ese mismo día y los trabajadores plantearon su reivindicación inicial: un aumento salarial de 800 yuanes al mes (algo menos de 100 euros), lo que suponía un incremento del 50 % para los empleados fijos.

Después formularon más demandas, como la "reorganización" del sindicato oficial de la empresa, que prácticamente no les había prestado ningún apoyo, o la readmisión de dos compañeros despedidos. Durante las conversaciones, los trabajadores volvieron a abandonar las naves, y al cabo de una semana de huelga todas las plantas de montaje de Honda en China tuvieron que parar debido a la falta de piezas. Mientras, las noticias de la huelga de Nanhai echaron leña al fuego del amplio malestar existente entre los trabajadores industriales de todo el país. Los titulares de la prensa china de entonces reflejan la evolución de los acontecimientos: "Cada ola es más grande que la anterior: también estalla la huelga en la fábrica de cerraduras de Honda"; "En la ola de huelgas de Dalian han participado 70.000 trabajadores de 73 empresas, que consiguen un aumento del 34,5 %"; " Las huelgas en Honda por aumentos salariales son un golpe para el modelo de fabricación a bajo coste". En cada huelga, la reivindicación principal se centraba en la demanda de aumentos salariales cada vez mayores, aunque en muchas también se plantearon reivindicaciones de reorganización sindical,?lo que suponía un avance político de gran importancia.

Una de estas huelgas "clónicas" destacó especialmente por su combatividad y su grado de organización. Durante el fin de semana del 19 y 20 de junio, un grupo de hasta 200 trabajadores de la empresa japonesa Denso, que fabrica componentes de automóvil para Toyota, se reunieron clandestinamente para discutir planes. En la reunión decidieron una estrategia de "tres noes": durante tres días no habría actividad, ni reivindicaciones ni representantes. Sabían que al interrumpir la cadena de suministro, la planta de montaje vecina de Toyota tendría que parar en cuestión de días. Al comprometerse a parar durante tres días sin reivindicaciones, anticiparon pérdidas crecientes tanto para Denso como para la cadena de producción más amplia de Toyota. El plan funcionó. El lunes por la mañana iniciaron la huelga saliendo a la calle y cerrando el paso a los camiones que se llevaban las piezas. Esa misma tarde ya tuvieron que parar otras seis fábricas de la misma zona industrial y al día siguiente la falta de piezas forzó el cierre de la planta de montaje de Toyota. Al tercer día, tal como habían planeado, los trabajadores eligieron a 27 representantes y entablaron negociaciones con la reivindicación central de un aumento salarial de 800 yuanes. Al cabo de tres días de negociaciones con el consejero delegado de Denso, que había acudido desde Japón, se anunció que habían conseguido ese aumento.

Si el verano de 2010 se caracterizó por una resistencia radical pero relativamente ordenada al capital, el verano de 2011 trajo dos revueltas masivas contra el Estado. En la misma semana de junio de ese año 2011, inmensos disturbios agitaron las zonas industriales urbanas de Chaozhou y Guangzhou, que causaron daños materiales amplios y selectivos. En la ciudad de Guxiang, en Chaozhou, un trabajador sichuanés que exigió el pago de salarios atrasados fue atacado brutalmente por una banda de matones y su antiguo jefe. En respuesta a esta agresión, miles de trabajadores inmigrantes empezaron a manifestarse ante la sede del gobierno local; muchos de ellos habían estado soportando años de discriminación y explotación por parte de los empresarios en connivencia con las autoridades. La protesta estuvo organizada supuestamente por una "casa de Sichuán", una de las organizaciones de tipo mafioso que habían proliferado en un entorno en que no estaba reconocido el derecho de asociación. Después de rodear la sede oficial, los inmigrantes centraron su ira en los lugareños, que ellos consideraban que los habían discriminado. Después de quemar docenas de coches y saquear tiendas, intervino la policía armada para poner fin a los disturbios y disolver los grupos de vigilancia organizados por los habitantes locales.

Justo una semana después, a las afueras de Guangzhou, en Zengcheng, tuvo lugar una revuelta todavía más espectacular. Una mujer embarazada de Sichuán que vendía productos en una acera fue agredida por agentes de policía, que llegaron a tirarla violentamente al suelo. De inmediato, entre los trabajadores de las fábricas de la zona comenzaron a correr rumores de que la mujer había abortado a raíz de la agresión; pronto dejó de importar si este fue el caso o no. Soliviantados por otro incidente de violencia policial, los obreros indignados protagonizaron disturbios en todo Zengcheng durante varios días, quemando una comisaría de policía, enfrentándose a la policía antidisturbios y bloqueando una carretera nacional. Al parecer, otros inmigrantes de Sichuán acudieron a Zengcheng desde Guangdong para unirse a la protesta. Finalmente intervino el Ejército de Liberación Popular para poner fin a la insurrección, enfrentándose a los manifestantes con fuego real. A pesar de los desmentidos del gobierno, es probable que hubiera muertos en la refriega.

En pocos años, la resistencia obrera ha pasado de la defensiva a la ofensiva. Incidentes menores como los mencionados han desencadenado revueltas masivas que reflejan un malestar generalizado. Además, la ya endémica escasez de mano de obra en zonas costeras revela la existencia de cambios estructurales más profundos que han cambiado también la dinámica del movimiento obrero. Todo esto supone un grave desafío para el modelo de desarrollo basado en la exportación y en los bajos salarios que ha caracterizado hasta ahora la política económica de las regiones costeras del sudoeste de China desde hace más de dos décadas. Al término de la oleada de huelgas de 2010, comentaristas de los medios de comunicación chinos declararon que la era de la mano de obra barata había llegado a su fin.

El callejón sin salida político

Sin embargo, si estas conquistas materiales alientan el optimismo, la arraigada despolitización hace que los trabajadores no puedan sacar mucho partido de esas victorias. Cualquier intento de articular alguna reivindicación política explícita es aplastado al instante por la derecha y sus aliados gubernamentales, que sacan a relucir el espectro del "señor del desgobierno": ¿de verdad queréis volver al caos de la Revolución Cultural? Si en Occidente "no hay alternativa", en China hay dos alternativas oficiales: o bien una tecnocracia capitalista engrasada y eficiente (la fantasía singapurense), o bien la violencia política salvaje y profundamente irracional. A resultas de ello, los trabajadores se someten conscientemente a la separación impuesta entre luchas económicas y políticas y califican sus demandas de económicas, jurídicas y acordes con la ideología idiotizante de la "armonía". Lo contrario provocaría una dura represión por parte del Estado.

Los trabajadores pueden conseguir un aumento salarial en una fábrica, o la garantía de prestaciones sociales en otra, pero esta clase de protestas dispersas, efímeras y desubjetivizadas no ha logrado cristalizar en ninguna forma duradera de organización capaz de disputar la hegemonía al Estado o al capital a nivel de clase. El resultado es que cuando el Estado interviene en nombre de los trabajadores -bien en apoyo de las reivindicaciones inmediatas durante las negociaciones en torno a una huelga, bien promulgando leyes que mejoran su situación material-, su imagen de "Leviatán benevolente" se ve reforzada: ha hecho esas cosas no porque los trabajadores las reclamaran, sino porque se ocupa de los "grupos débiles y desfavorecidos" (como se califica a los obreros en el terminología oficial).

Sin embargo, si el Estado es capaz de sostener que los trabajadores son de hecho "débiles" es gracias a la separación ideológica de causa y efecto en el plano simbólico. Visto el éxito relativo de este proyecto, la clase obrera es un agente político, pero está alienada de su actividad política propia. Es imposible comprender cómo se mantiene esta situación sin entender la posición social y política actual de la clase obrera. El obrero chino de hoy está muy lejos de los proletarios heroicos e hipermasculinizados de los carteles de propaganda de la Revolución Cultural. En el sector público, los trabajadores nunca fueron "dueños de la empresa", como se afirmaba oficialmente, aunque tenían garantizado el empleo de por vida y su empresa también sufragaba el coste de la reproducción social prestándoles vivienda, educación, asistencia sanitaria, pensión de vejez e incluso servicios nupciales y funerarios.

En la década de 1990, el gobierno central emprendió una política de privatización masiva, desmembrando o dejando de subvencionar a muchas empresas públicas, lo que provocó importantes dislocaciones sociales y económicas en el "cinturón de óxido" del noreste de China. Aunque las condiciones materiales de los trabajadores en las empresas públicas que quedan siguen siendo mejores en términos relativos, actualmente estas empresas se gestionan cada vez más de acuerdo con la lógica de la maximización de beneficios. Reviste un mayor interés inmediato la "nueva" clase obrera, compuesta por habitantes del medio rural que emigraron a las ciudades del "cinturón del sol" en el sudeste. Con el comienzo de la transición al capitalismo a partir de 1978, los campesinos resultaron al principio favorecidos, ya que el mercado fijaba precios más altos para los productos agrarios que los que había establecido el Estado en el pasado. Sin embargo, a mediados de la década de 1980, estos avances empezaron a desvanecerse a causa de la inflación galopante, de modo que la población rural se puso a buscar nuevas fuentes de ingresos. Cuando China abrió sus puertas a la fabricación orientada a la exportación en las regiones de la costa sudoriental, estos campesinos se convirtieron en obreros emigrantes.

Al mismo tiempo, el Estado descubrió que una serie de instituciones heredadas de la economía de "ordeno y mando" eran útiles para intensificar la acumulación privada de capital. La principal era el hukou o sistema de empadronamiento, que vinculaba las prestaciones sociales individuales a un lugar concreto. El hukou es un instrumento administrativo complejo y cada vez más descentralizado, pero la clave está en que institucionaliza la separación territorial y social entre las actividades productivas y reproductivas de los trabajadores migrantes, es decir, entre su vida laboral y su hogar y vida familiar. Esta separación ha condicionado todos los aspectos de las luchas de los trabadores migrantes. Las y los jóvenes migrantes van a las ciudades a trabajar en fábricas, restaurantes y tajos, dedicarse a la pequeña delincuencia, a la venta callejera de alimentos, a la prostitución. Sin embargo, el Estado nunca ha considerado que los migrantes sean formalmente iguales a los residentes de las ciudades o que puedan permanecer en estas a largo plazo.

Los migrantes no tienen acceso a ninguno de los servicios públicos de que gozan los residentes de las ciudades, como asistencia sanitaria, vivienda y educación. Requieren un permiso oficial para permanecer en la ciudad, y durante la década de 1900 y los primeros años de la de 2000 hubo muchos casos de migrantes que fueron detenidos, maltratados y "deportados" por carecer de papeles. Por lo menos durante una generación, el objetivo primordial de todo trabajador migrante era ganar tanto dinero como fuera posible antes de volver a la aldea a mitad de camino entre los veinte y los treinta años de edad, casarse y fundar una familia.

Existen también otros mecanismos formales para impedir que los migrantes se instalen duraderamente en las ciudades. El sistema de seguridad social (incluido el seguro de enfermedad, pensiones de vejez, desempleo, maternidad y accidentes de trabajo) está organizado a escala municipal. Esto significa que los pocos migrantes que tienen la suerte de contar con un seguro social apoyado por su empresa ?cotizan a un sistema del que nunca se beneficiarán. Si no hay "portabilidad" del derecho a pensión, ¿por qué iba el trabajador migrante a reclamar su mejora? Por tanto, las reivindicaciones de los trabajadores se centran, lógicamente, en cuestiones salariales inmediatas. Así, en el plano subjetivo, los migrantes no se consideran "obreros" ni creen que forman parte de la "clase obrera". Se autocalifican de mingong, o campesinos-trabajadores, y se dedican a "vender trabajo" (dagong) en vez de tener un oficio o una carrera profesional. Puede que el carácter temporal de esta relación con el trabajo sea la norma en tiempos del capitalismo neoliberal, pero la tasa de fluctuación del personal en muchas fábricas chinas es asombrosa, superando en ocasiones el 100 % anual.

Las repercusiones de todo ello en la dinámica de la resistencia obrera han sido inmensas. Por ejemplo, se conocen muy pocas luchas en relación con la duración de la jornada. ¿Por qué iban a querer los trabajadores permanecer más tiempo en una ciudad que les rechaza? El "equilibrio entre vida laboral y vida familiar" no interesa para nada a un migrante de 18 años de edad que trabaja en una fábrica de las afueras de Shanghái. En la ciudad, los migrantes viven para trabajar, no en el sentido de autorrealización, sino en un sentido muy literal. Si un trabajador asume que a fin de cuentas no hace más que ganar dinero para llevárselo finalmente a casa, no tiene motivos (ni oportunidades) para pedir más "tiempo libre" que tendrá que pasar en la ciudad.

Otro ejemplo: todos los años aumenta el número de huelgas en el sector de la construcción justo antes del Año Nuevo chino. ¿Por qué? Esta festividad es la única en que la mayoría de migrantes vuelven a sus poblaciones de origen, a menudo es la única vez que pueden ver a sus parientes, incluidas sus mujeres y sus hijas e hijos. En general, los obreros de la construcción solo reciben la paga cuando se concluye el proyecto, pero el impago de los salarios ha sido endémico desde la desregulación del sector en la década de 1980. La idea de volver al pueblo con las manos vacías es inaceptable para los trabajadores, pues la razón por la que se fueron a la ciudad es ante todo la promesa de unos salarios marginalmente más altos. De ahí las huelgas. Esto significa que los trabajadores migrantes no han intentado asociar las luchas en la producción con otros aspectos de la vida o con cuestiones sociales más amplias. Los segregan de las comunidades locales y no tienen ningún derecho a expresarse como ciudadanos. Las reivindicaciones salariales no se han asociado a demandas de jornadas más cortas, mejores servicios sociales o derechos políticos.

El traslado al interior y sus consecuencias

El capital, mientras tanto, ha recurrido a diversos métodos conocidos y probados para incrementar la rentabilidad. Dentro de las fábricas, el cambio más importante de los últimos años les resultará muy familiar a los trabajadores de EE UU, Europa y Japón: el drástico aumento del trabajo precario, en forma de contratos temporales, prácticas de estudiantes y sobre todo de subcontratas de empresas de trabajo temporal. El efecto evidente de estas últimas es que oscurecen la relación contractual con el patrón y potencian la flexibilidad para el capital. El trabajo subcontratado constituye actualmente un elevado porcentaje de la mano de obra (en muchos casos de más del 50 % en un lugar de trabajo dado) en toda una variedad de sectores, como los de fabricación, energía, transporte, banca, sanidad, limpieza y el sector servicios. Esta tendencia se observa tanto en empresas privadas nacionales y extranjeras como en empresas conjuntas y públicas.

Pero lo más importante que ha ocurrido en los últimos años ha sido el traslado del capital industrial de las regiones costeras al centro y el oeste de China. De este "arreglo territorial" se derivan enormes consecuencias sociales y políticas, que brindan a la clase trabajadora un conjunto de posibilidades novedoso y potencialmente transformador. Por supuesto, está por ver si estas posibilidades se aprovechan o no. El caso de Foxconn, la empresa privada más grande de China, es instructivo al respecto. Foxconn se trasladó de su sede original en Taiwán a Shenzhen, en la cosa continental, hace más de una década, pero a raíz de los suicidios de trabajadores ocurridos en 2010 y del escrutinio público en curso de su entorno de trabajo sumamente militarizado y alienante, en estos momentos se ve forzada a trasladarse de nuevo. La empresa está reduciendo ahora su personal de taller en Shenzhen, después de haber construido grandes plantas nuevas en provincias del interior. Las dos más grandes se hallan en las capitales provinciales de Zhengzhou y Chengdu.

No cuesta mucho entender por qué el interior del país tiene tanto atractivo para estas empresas. A pesar de que los salarios en Shenzhen y otras regiones del litoral siguen siendo bastante bajos en comparación con los niveles internacionales (menos de 200 dólares estadounidenses al mes), en provincias del interior como Henan, Hubei y Sichuán apenas llegan a la mitad de esto. Asimismo, muchas empresas suponen, tal vez con razón, que habrá más migrantes disponibles cerca de la fuente, y un mercado de trabajo más distendido comporta ventajas políticas inmediatas para el capital. Esto tampoco es nada nuevo en la historia del capitalismo: Jefferson Cowie, historiador del movimiento obrero, descubrió un proceso similar en su relato de los "setenta años de búsqueda de mano de obra barata" por parte de la empresa fabricante de componentes electrónicos RCA, una estrategia que la llevó de Nueva Jersey a Indiana, de ahí a Tennessee y finalmente a México. Si el litoral chino ha ofrecido al capital transnacional unas condiciones sociales y políticas muy favorables en las dos últimas décadas, las cosas serán distintas en el interior. El antagonismo entre el trabajo y el capital puede ser universal, pero el conflicto de clases se desarrolla en el terreno de la particularidad.

¿Qué tiene de particular el interior de China, y por qué podría alimentar cierto optimismo prudente? Mientras que los migrantes de las regiones costeras son necesariamente temporales, y sus luchas por tanto efímeras, en el interior tienen la posibilidad de establecer comunidades duraderas. Teóricamente, esto significa que hay más posibilidades de que confluyan las luchas en la esfera de la producción y la reproducción, cosa que no era posible cuando esos dos ámbitos estaban separados geográficamente. Pensemos en la cuestión del hukou, el registro del domicilio. Las grandes megalópolis orientales a las que afluían masivamente los inmigrantes en el pasado mantienen restricciones muy severas a la concesión de permisos de residencia locales. Incluso los trabajadores de cuello blanco con título universitario pueden tener que pasar mucho tiempo antes de obtener un hukou pekinés.

Sin embargo, las ciudades más pequeñas del interior han puesto el listón mucho más bajo para obtener el permiso de residencia local. Aunque sea a título especulativo, vale la pena imaginar cómo esto cambiará la dinámica de la resistencia obrera. Si antes la perspectiva del migrante consistía en ir a trabajar a la ciudad por unos años para ganar dinero y luego volver a casa y fundar una familia, los trabajadores del interior podían tener una visión muy distinta. De repente, ya no solo "trabajan", sino que también "viven" en un lugar concreto. Esto implica que los migrantes tenderán a asentarse permanentemente en los lugares en que trabajan. Querrán casarse, tener su propia vivienda, criar hijos, enviarlos a la escuela; en suma, realizar la reproducción social. Antes, las empresas no tenían que pagar a los trabajadores un salario viable y tampoco se esperaba de ellas que lo hicieran, pues estaba claro que los trabajadores acabarían volviendo a sus pueblos, pero en el interior es probable que los migrantes reclamen todo lo que uno necesita para llevar una vida digna: vivienda, atención médica, educación y alguna protección frente a los riesgos de desempleo y la vejez. También querrán tener tiempo libre para ellos y para hacer cosas por su comunidad, una demanda que hasta ahora no se ha planteado nunca.

Esto incrementa la posibilidad de que el malestar de los trabajadores adquiera una dimensión política. Los migrantes nunca esperaban contar con servicios públicos dignos en las regiones costeras, pero si consiguen establecerse con derecho de residencia en las del interior, las demandas de servicios sociales podrían generalizarse fácilmente, con lo cual las luchas en las empresas tendrían la oportunidad de romper su aislamiento. Las reivindicaciones de protección social se plantearán más bien al Estado que no al empresario individual, sentando así las bases, en el plano simbólico, de una confrontación generalizable. Aunque es fácil dibujar una imagen romántica de la valiente resistencia de los trabajadores migrantes, la realidad es que la respuesta más frecuente a las malas condiciones de trabajo ha consistido simplemente en buscarse otro trabajo o volver a casa. Esto también podría cambiar si la gente vive donde trabaja. Es posible que ahora se den las condiciones para que los migrantes se planten y luchen por su comunidad y en su comunidad en vez de huir.

La vida de los trabajadores en el interior también puede brindarles oportunidades para potenciar su combatividad. Muchos de esos migrantes ya han hecho la experiencia de trabajar y luchar en las regiones costeras. Los de más edad carecen tal vez de la pasión combativa de los jóvenes, pero su experiencia en el trato con empresarios explotadores y sus aliados públicos podría ser una baza importante. Finalmente, los trabajadores contarán con más recursos sociales. En las grandes ciudades de la costa no era probable que se granjearan las simpatías de la población local, como se puso de manifiesto dolorosamente en los disturbios de Guxiang. En el interior, en cambio, los trabajadores vivirán entre amigos y familiares, personas que no solo tenderán a ponerse del lado de los trabajadores, sino que también dependerán muy directamente de la cuantía de los salarios y de los servicios sociales. Esto plantea la posibilidad de que se extiendan las luchas más allá de las empresas aisladas e incorporen cuestiones sociales más amplias.

Tal vez algunos de la izquierda se sientan optimistas con respecto a la resistencia perpetua en sí misma. Además, la forma del conflicto de clases que ha prevalecido en China ha causado efectivamente importantes trastornos en el proceso de acumulación de capital. Sin embargo, los trabajadores están alienados de su propia actividad política. Existe una profunda asimetría: los trabajadores resisten sin orden ni concierto y sin ninguna estrategia, mientras que el Estado y el capital responden a esta crisis de un modo planificado y coordinado. Hasta ahora, esta forma de lucha fragmentaria y efímera ha sido incapaz de hacer mella en las estructuras básicas del Estado y del partido único ni en su ideología dominante. Y el capital, como tendencia universal, ha demostrado su capacidad para someter una y otra vez las actitudes combativas. Si la resistencia obrera obliga a las fuerzas del capital a destruir una clase obrera para producir otra nueva (y antagonista) en otra parte, ¿podemos hablar realmente de victoria?

La nueva frontera de la acumulación capitalista brinda a la clase trabajadora china la oportunidad de crear formas de organización más duraderas y capaces de ampliar el ámbito de la lucha social y formular demandas políticas de base amplia. Hasta que esto ocurra, seguirá yendo un paso por detrás de su antagonista histórico, que también es el nuestro.

Nota

1/ No está del todo claro por qué las empresas solo han tratado en pocos casos de romper las huelgas con ayuda de esquiroles. Una posible explicación es que el Estado no apoyaría este tipo de iniciativas, ya que contribuirían a incrementar las tensiones y a provocar reacciones violentas o importantes desgarros sociales. Otro factor es que las huelgas no suelen durar más de uno o dos días, puesto que los huelguistas no cuentan con el apoyo institucional de un sindicato y a menudo se ven muy presionados por las autoridades. El resultado es que tal vez las empresas tengan menos necesidad de recurrir a esquiroles.

sábado, 15 de dezembro de 2012

DILMA DÁ IBOPE


Dilma mantém Ibope 62%

Pesquisa CNI/Ibope divulgada nesta sexta-feira (14) demonstra que a popularidade do governo da presidente Dilma Rousseff mantém-se em alta. De acordo com o levantamento, 62% dos entrevistados avaliaram como ótimo e bom a condução do governo, mesmo percentual da pesquisa anterior, realizada em setembro. É o mais alto índice de aprovação desde que assumiu a presidência, em janeiro do ano passado. Para 29%, ela faz uma gestão regular, e 7% consideram que a administração é ruim ou péssima - mesmos números do levantamento de setembro. Os números do Ibope apontam que Dilma tem uma popularidade maior que seus dois antecessores no primeiro ano do governo. O ex-presidente Lula (PT) foi avaliado positivamente por 41% dos entrevistados em seu segundo ano do primeiro mandato; Fernando Henrique Cardoso (PSDB) foi elogiado por 47% no mesmo período. Dilma também tem mais confiança da população do que Lula e FH: 73% disseram confiar nela. Lula teve a demonstração de confiança de 63% em seu segundo ano do primeiro mandato, e FH, 60%. Apesar da crise financeira mundial e do crescimento baixo do país neste ano, a população está otimista quanto ao restante do governo da petista. Segundo o Ibope, 62% acreditam que os dois últimos anos de administração de Dilma serão ótimos ou bom; 25% vêm um futuro regular com ela, e 7% acham que será ruim ou péssimo. Em comparação ao governo do ex-presidente Lula, os entrevistados acreditam que a administração de Dilma é igual à do seu padrinho político: 59% manifestaram essa impressão; para 19%, ela é melhor e 21% consideraram pior. O modo de Dilma governar também agrada à maioria - 78% aprovam o jeito como ela conduz o governo; no levantamento anterior, eram 77%. Somente 17% desaprovam. A confiança na presidente também permanece elevada. Dos entrevistados, 73% revelaram confiança nela, e 22% não confiam. Saúde, impostos e segurança pública têm desaprovação maior O principal ponto positivo deste jeito Dilma de atuar está no combate à fome e à pobreza. O Ibope aferiu que 62% aprovam as políticas adotadas pelo governo nesse sentido, e 36% desconsideram. A principal crítica, por outro lado, é na gestão da saúde - 74% desaprovam o governo nesse quesito e somente 25% aprovam. Os impostos também são lembrados como um dos itens que a população desaprova no governo Dilma. De acordo com a pesquisa, 65% criticaram os impostos, e 30% aprovaram. Segurança pública também foi outro item bastante criticado: 68% não estão satisfeitos com a política para o setor e somente 30% aprovam a segurança pública. Para o gerente executivo de pesquisas da CNI, Renato da Fonseca, a citação a itens como saúde, segurança pública e educação é um reflexo, em grande parte, das eleições municipais, que discutiu esses temas. - As eleições municipais, ao trazerem o discurso para mais perto da população, podem ter contribuído para as variáveis saúde, segurança e educação - destacou ele.Embora o julgamento do mensalão não atinja diretamente a gestão da presidente Dilma, 23% dos entrevistados citaram o escândalo como o fato mais lembrado no noticiário; 14% citaram o anúncio da redução do custo de energia elétrica e 10% a operação Porto Seguro. O percentual dos que consideram as notícias recentes mais favoráveis ao governo caiu de 29% para 24%. O Ibope ouviu 2.002 eleitores em 142 municípios entre os dias 6 e 9 deste mês. A margem de erros é de dois pontos percentuais. 

segunda-feira, 10 de dezembro de 2012

OS ESTERTORES DA "VELHA" MÍDIA

Fonte desta imagem AQUI.

‘Num mar eletrônico, onde podemos ser devorados ou ignorados como um 1 anacronismo desnecessário’ 

Duas manifestaçoes que vieram a público na semana que passou abrem espaço para novas angulaçoes no debate sobre o futuro do jornalismo – verifica Luciano Martins Costa em comentario para o programa de radio do Observatorio da Imprensa de hoje, dia 10. Titula – ‘Uma sepultura, dois epitafios’.

Relata – “Durante o Seminário Internacional Rumos do Jornalismo Cultural, evento paralelo ao MediaOn – Seminário Internacional de Jornalismo Online, que se realizou em Sao Paulo entre 4a e 6a, o ex-diretor de mídias digitais do jornal espanhol El País e professor da Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, Gumersindo Lafuente, observou que ainda há jornalistas que rejeitam as tecnologias digitais de comunicaçao, adotando uma atitude de negaçao diante da realidade”.

“A outra reflexao sobre o cenário das comunicaçoes nasce de um manifesto de 3 pesquisadores do Centro Tow para Jornalismo Digital da Universidade Columbia, em Nova Iorque, no qual os autores afirmam que as empresas tradicionais de mídia já perderam a oportunidade de reinventar seus negócios”.

Diz Luciano – “A declaraçao de Lafuente apanha no contrapé muitos estudiosos do jornalismo contemporâneo que vêm adaptando argumentos de fontes diversas, como a Teoria Crítica e a Nova História, ou versoes ‘higienizadas’ de matrizes marxistas, para demonizar as tecnologias digitais, afirmando que as redes sociais e outras novidades da internet móvel sao apenas a mais nova forma de dominaçao do capitalismo”.

Quanto ao manifesto dos pesquisadores da Universidade Columbia “é ainda mais radical” – “Para Clay Shirky, Christopher Anderson e Emilly Bell, a indústria da informaçao que um dia conhecemos nao existe mais – e discutir um futuro para a imprensa tradicional é perda de tempo (!)”.

O manifesto pondera que “a internet é um ambiente essencialmente flexível e visual, o que nao combina com sistemas de decisao centralizados e verticais, que implicam estruturas complexas de alto custo”. Mais – O que os autores chamam de “jornalismo pós-industrial”, simplesmente “nao tem como sobreviver diante da queda das receitas de publicidade, 1 fenômeno que se arrasta há mais de uma década nos EUA e tende a se espalhar pelo resto do mundo”.

O manifesto aborda ainda a circunstância irônica na qual os jornalistas têm muito mais acesso a informaçao, por causa das maiores exigências de transparência por parte da sociedade mas lembra que o público também tem acesso às mesmas fontes (!) – “O que os 3 pesquisadores chamam de superdistribuiçao – e poderia ser também qualificado como hipermediaçao – significa que também o cidadao comum ou uma publicaçao menos importante pode produzir e distribuir conteúdos interessantes e de qualidade” – observa Luciano.

Bell, Shirky e Anderson encerram o estudo citando um relatório produzido em 1992 pelo entao diretor do Washington Post Robert Kaiser, que, ao ser apresentado às ainda distantes possibilidades das publicaçoes multimídia, escreveu – “como o sapo em água fervente, estamos nadando num mar eletrônico, onde podemos ser devorados ou ignorados como um anacronismo desnecessário”.

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Aulete Digital:

  (es.ter.tor)  [ô]

sm.
  1  Respiração rouca de pessoa que está agonizando, ou em coma, ou em sono profundo, ger. causada pela passagem do ar por mucosidades acumuladas na traqueia e nos brônquios
  2  Med.  Ruído respiratório anormal auscultado através de estetoscópio

 [F.: Do lat. stertorem.]

terça-feira, 4 de dezembro de 2012

SÃO PAULO/BRASIL: MÁFIA E ESQUADRÕES

São Paulo

La violencia urbana en Brasil no para de crecer. En San Pablo, sólo en octubre hubo 571 homicidios, 54 por ciento más que en el mismo mes del año pasado, y en lo que va del año rondaron los 4 mil. El papel de la Policía Militar paulista, reconocida como una de las más violentas del mundo, y el de los renacientes grupos paramilitares en el incremento de la criminalidad están en pleno debate. Así como su estrategia de guerra frontal contra el Primer Comando de la Capital PCC), una estructura mafiosa en plena expansión. Pero las principales víctimas de la represión pertenecen a las 3 P: pretos (negros), pobres y periféricos.


Mário Augusto Jakobskind, desde Rio de Janeiro
Brecha, Montevideo, 30-11-2012


Poco antes de ser sustituido en el cargo de jefe de la Policía Civil paulista, Marcos Carneiro de Lima reveló que varias de las personas que murieron en las últimas noches en San Pablo (y fueron muchas) podrían haber sido víctimas de policías que las buscaron adrede para ejecutarlas: los antecedentes judiciales de esas personas habían sido consultados en las computadoras de la Secretaría de Seguridad del estado. No hay manera de saber quién hizo la consulta, pero que existió, existió, y muy poco antes de que las muertes se produjeran. La Secretaría de Seguridad Pública de San Pablo, cuya cúpula acaba de ser removida, sostiene que se trata de meras coincidencias, pero las sospechas se han ido acumulando. Para Amnistía Internacional no hay duda alguna: los escuadrones de la muerte han regresado a la escena brasileña.

Lo cierto es que sobre todo en San Pablo, la mayor megaurbe de América del Sur y una de las mayores del mundo, hay instalado un cuadro a la mexicana, de violencia criminal y contra-violencia estatal, homicidios múltiples y cada vez más macabros.

Según un informe de la Secretaría de Seguridad Pública del Ministerio de Justicia divulgado por el diario O Globo, la estructura criminal del PCC se ha ido expandiendo por todo el país, y hoy está presente en 21 estados y en el Distrito Federal. El grupo moviliza decenas y decenas de millones de dólares anuales y tiene a unos 13 mil integrantes rentados, 6 mil de los cuales están hoy detenidos en cárceles que se han convertido en sus bases, otros 2 mil en las calles de la capital del estado y los 5 mil restantes esparcidos por el resto del territorio. Más una cantidad indeterminada de periféricos que superan en mucho a los rentados. "La vida se paga con vida, la sangre se paga con sangre", es la divisa del comando, que ha instruido a sus integrantes para que cada vez que uno de los suyos caiga un policía del mismo cuerpo responsable de esa muerte sea ejecutado. Enfrente, la policía responde con la misma moneda. Y más aun. Por haber perdido totalmente el control de las tropas de la pm, el encargado de la Secretaría de Seguridad del estado, Antonio Ferreira Pinto, fue depuesto de su cargo.

El gobernador paulista, el conservador Geraldo Alckmin, no se cansa de repetir que el Estado controla la situación, pero la realidad demuestra lo contrario. Y no es de hoy que las denuncias sobre "desbordes" de la pm copan la actualidad: en 2006, cuando el Primer Comando de la Capital prácticamente paralizó la ciudad de San Pablo con una serie de ataques contra las fuerzas de seguridad, la Policía Militar respondió con una violencia equivalente que derivó en asesinatos extrajudiciales en cadena. Hubo 50 muertos en filas policiales y unos 400 en filas de los delincuentes, muy pocos de ellos en enfrentamientos reales, una versión brasileña de los "falsos positivos" colombianos.

En cuanto al PCC, su fuerza está desbordando hacia otros estados, a partir de los presos pertenecientes al comando que de hecho han tomado el control de las cárceles de Mato Grosso del Sur (centro oeste) y Paraná (sur), regiones estratégicas en función de su cercanía con las fronteras con Paraguay y Bolivia, por donde circulan drogas en un sentido y en otro. En los últimos años Brasil se convirtió en un poderoso mercado de consumo, lo que resultó en un crecimiento exponencial de los grupos narcos, que han adaptado sus estructuras de organización y gerencia financiera. La industria de la seguridad ha crecido de manera paralela, de forma que, por ejemplo, los grandes centros comerciales de las mayores urbes, en especial San Pablo, se han transformado en búnqueres, verdaderas fortalezas plagadas de guardias.

Observadores políticos prevén que para las elecciones presidenciales y legislativas de 2014 la cuestión de la seguridad interna y de la violencia urbana sean temas prioritarios de la campaña, por primera vez en muchos años. El PSDB, opositor al gobierno central, que administra el estado de San Pablo desde hace 20 años pero que acaba de perder la intendencia de la capital, va a hacer seguramente de la mano dura contra la delincuencia su principal caballito de batalla, en una carrera desesperada por evitar una derrota en el principal estado del país. El publicista João Santana, encargado del marketing de Lula en 2006 y de Dilma Rousseff en 2010, sugirió el lanzamiento de la candidatura del ex presidente para la gobernación de San Pablo, lo que por un lado catapultaría definitivamente a la actual mandataria para un segundo período presidencial y por otro casi que aseguraría el pasaje del estado más rico del país a la órbita del actual oficialismo. Habrá que ver con qué receta.


"Hay una guerra no declarada, y es una guerra de clases"

Pobres, pretos y periféricos

Nazaret Castro, desde San Pablo *
Brecha, Montevideo, 30-11-2012

 
Débora Maria Silva se enteró por la radio de que habían matado a su hijo. Ella ya se lo barruntaba: aquel domingo, Día de la Madre y cumpleaños de Débora, le pidió precaución a Rogério, de 29 años, padre de un niño de 3. Él la tranquilizó, aunque la calle estaba brava, en Santos como en todo el estado de San Pablo, desde que la organización criminal más poderosa del país, el Primeiro Comando da Capital (PCC),** había decretado la guerra a las autoridades, sacado a sus hombres a las calles y ordenado matar policías, atacar comisarías y quemar autobuses. El estado respondió con mano dura y lógica militar: en ocho días, la Policía Militar (pm) mató a cerca de 500 jóvenes en favelas y periferias. Seis años después, nadie pagó por los crímenes de mayo de 2006.

Después de aquella fatídica mañana, Débora se convirtió en una zombi. Dejó de comer. La hospitalizaron. Un día despertó. La ira se había transformado en furiosa indignación. Así que salió a la calle y buscó, una por una, a las madres de las víctimas de aquellas ejecuciones. Desde entonces, las Madres de Mayo pelean no sólo por la investigación de aquella masacre, sino por el fin de la violencia estatal contra la población pobre.

La defensora pública, Daniela Skromov, señaló que la policía, y muy especialmente la pm, es responsable del 20 por ciento de los homicidios en San Pablo. Las fuerzas del estado de San Pablo cercenan cada año entre 500 y 600 vidas. El goteo de muertes se convirtió en cotidianidad para esta megalópolis de 20 millones de habitantes. Pero, de vez en cuando, la violencia repunta y vuelve a los quioscos de la Avenida Paulista.

Entre los meses de junio y julio pasados se registraron 586 homicidios dolosos en la capital paulista, 22 por ciento más que en el primer semestre de 2011. Esas cifras no incluyen la letalidad policial: según la Secretaría de Seguridad de San Pablo, en ese primer semestre se produjeron 283 muertes a manos de la pm y, muy especialmente, de las Rondas Ostensivas Tobias de Aguiar (Rota), una tropa de elite surgida durante la dictadura militar y muy temida en la periferia paulista por su letalidad. Movimientos sociales y asociaciones vecinales contabilizan más de 200 casos apenas en los meses de junio y julio.

Según la versión más difundida por la prensa paulista, esta ola de violencia se desató después de que, el 28 de mayo, agentes de la rota matasen a cinco criminales pertenecientes al PCC. Algunos investigadores, como la socióloga Camila Nunes Dias, apuntan a que el detonante podría ser el traslado de algunos presos del PCC a cárceles del temido Régimen Disciplinar Diferenciado. Como en 2006, el PCC decretó ataques contra policías y comisarías y quema de autobuses. También como hace seis años, el Estado respondió recrudeciendo la represión contra la población pobre y periférica.

En 2006 el PCC demostró que, si quería, podía paralizar la mayor urbe de América del Sur. Nunca quedó claro cómo consiguió el Estado poner fin a los ataques; la hipótesis más aceptada por los expertos es que aquellas negociaciones terminaron de configurar ese delicado equilibrio de fuerzas entre el mundo del crimen y las fuerzas del Estado que rige en San Pablo. Eso se extrae de la tesis de Nunes Dias sobre la pacificación de la ciudad, que en los últimos 15 años experimentó un notable descenso en las tasas de homicidio.

"Las policías siempre se relacionaron con los mercados criminales", señala la abogada y socióloga Alessandra Teixeira. El estudio "San Pablo bajo extorsión" evidenció que el detonante de los ataques de 2006 fue la extorsión de la policía al líder del PCC, Marcos Camacho, alias "Marcola". Lo cierto es que la propia existencia de la facción no se explica sin la corrupción de policías, funcionarios y delegados de prisiones. Débora Silva desafía: "El crimen organizado nació de dentro hacia afuera del Estado, no al revés".

Policía racista y letal. Pequeños y grandes acuerdos sustentan las imbricadas relaciones entre policías y criminales, pero ese equilibrio es extremadamente frágil. De vez en cuando se rompe, como sucedió en Carandirú en 1992, en Castelinho en 2002, en la capital paulista en 2006, en Osasco en 2010, o ahora. Cuando así ocurre, quien sale perdiendo es invariablemente la población pobre y negra de las periferias, y fundamentalmente los varones jóvenes. Porque el sesgo de la letalidad policial es racista y de clase. "El 'dispara primero y pregunta después' siempre fue la marca de nuestra policía, y siempre tuvo como objetivo privilegiado a los negros (pretos), pobres y periféricos. 3 P: esa es la sigla de nuestra política de exterminio", sostiene el antropólogo Adalton Marques.

Con poquísimas excepciones, las muertes provocadas por la pm son archivadas sin más como "resistencia seguida de muerte" o "autos de resistencia", esto es, como supuesta defensa propia de los agentes durante la confrontación con los delincuentes.

La defensora pública ha denunciado la inconsistencia de las pruebas que sustentan que esas muertes sean efectivamente resultado de enfrentamientos con la policía. El fin de este tipo de registros fue una de las propuestas surgida de una audiencia pública que reunió el 26 de julio a instituciones gubernamentales y movimientos sociales.

Otra de las demandas de los movimientos sociales es la desmilitarización de la policía, que también sugirió al gobierno brasileño la ONU tras una reciente visita. Sin embargo, por el momento la pm va ganando terreno en San Pablo, no sólo patrullando las calles -hay más de 100 mil agentes de la pm frente a unos 30 mil de la Policía Civil-, sino también en la organización política de los municipios: en San Pablo, coroneles de la pm están presentes en 30 de las 31 subprefecturas.

Los militares "se apropian de momentos como el actual para legitimar su actuación violenta y extralegal", recuerda Alessandra Teixeira. Y, con la inestimable ayuda de los grandes medios de comunicación, que asumen en sus titulares la tesis de que las víctimas son delincuentes y eluden contextualizar esas muertes, se instala en la sociedad una visión que acepta la brutalidad policial como garantía de su seguridad y "da una carta blanca, aceptación y legitimación de esa violencia", en palabras de Teixeira.

El Estado, antes que combatir este tipo de violencia, la alienta. En un año electoral, el gobierno conservador enarbola la política de la "tolerancia cero" contra la delincuencia. El comandante de la pm, teniente-coronel Salvador Modesto Madia, afirmó por su parte que no le importan los números de letalidad policial, sino "su legalidad". Cabe recordar que Madia es apuntado como responsable de más de 70 muertes en la masacre de Carandirú, de 1992.

Grupos de exterminio

Débora y Danilo César, del Movimiento Madres de Mayo, denuncian que si bien la violencia policial siempre existió en las favelas y periferias de San Pablo, recrudeció a partir de 2006.

El asesinato es el extremo de una política de control y sometimiento de las periferias que inunda la vida diaria de los vecinos de los barrios pobres: extorsiones a comerciantes, abordajes policiales arbitrarios e irrespetuosos, toques de queda ordenados por la policía y los grupos paraestatales. Poblaciones como Osasco, Sapopemba, Capão Redondo o la Baixada Santista viven en permanente estado de excepción.

La extorsión está "incrustada en el orden de cosas" de la periferia paulista. Los llamados "grupos de exterminio", formados por agentes o ex agentes de los cuerpos armados del estado, siembran el pánico y compran lealtades en las comunidades pobres.

Las Madres de Mayo, así como la ONU y Amnistía Internacional, llevan tiempo alertando sobre el fortalecimiento de estos grupos. "El gobierno se acomodó en el discurso de que estas bandas están formadas por el crimen organizado, pero no es cierto: las conforman agentes del Estado", denuncia Débora Silva. Por eso ella prefiere hablar de milicias, como se denominó en Rio de Janeiro a la evolución de esos grupos de exterminio, cada vez más organizados y poderosos, y también cada vez más imbricados con los intereses de la clase política y empresarial.

Higienización de la pobreza

Para Danilo y Débora, la truculencia policial y la ascensión de los grupos de exterminio responden a la misma lógica que la política de encarcelamiento en masa -hay 500 mil presos en Brasil, y la cifra no deja de crecer- y que los desalojos de favelas, cada vez más habituales en el Brasil que acogerá al mundial de fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. "Es una política de exterminio, de higienización y criminalización de la pobreza", denuncia Danilo.

La ciudad de San Pablo vivió recientemente otros episodios de "higienización de la pobreza", como el brutal desalojo de la favela de Pinheirinho y la expulsión de los sin techo y de los drogadictos de barrios del centro como Santa Ifigênia. En un contexto de boom inmobiliario, con los megaeventos deportivos a la vuelta de la esquina y la necesidad de mostrarle al mundo una ciudad limpia y segura, los intereses especulativos expulsan a los pobres cada vez más lejos.

"Hay una guerra no declarada, y es una guerra de clases", puntualiza Débora Silva. "No es algo de San Pablo ni de Rio: es de todo Brasil. El país está a punto de estallar. El modelo no aguanta más, y no sabemos muy bien cuándo ni cómo, pero sabemos que va a explotar", añade Débora.

Los millones de personas que habitan las favelas y periferias de las grandes ciudades, como los campesinos sin tierra, como los indígenas, son prescindibles para el modelo económico que ha elevado a la economía brasileña a los primeros puestos del ranking mundial. Sobran.
 
* Periodista brasileña, colaboradora del diario El Mundo de Madrid y de Le Monde Diplomatique, entre otras publicaciones.
 

** Según diferentes investigaciones estatales el PCC podría contar con 200 mil miembros.