DANCINHA

domingo, 7 de novembro de 2010

La orden de torturar formó parte de la estrategia sectaria bélica de EEUU en Iraq



 
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

La publicación por WikiLeaks de una orden del ejército estadounidense dirigida a sus soldados en el sentido de no investigar los casos de torturas a los detenidos por fuerzas iraquíes se interpretó en las noticias sobre la filtración como una muestra más del desinterés del ejército de EEUU ante las torturas perpetradas en Iraq.

Pero el significado más profundo de esa orden, que los medios pasaron precisamente por alto, es que formaba parte de una amplia estrategia de EEUU que perseguía explotar el odio sectario chií contra los sunníes con el objetivo de suprimir la resistencia sunní, por su oposición a la invasión y ocupación estadounidenses.

Y la figura clave, a la hora de desarrollar esa estrategia de utilizar a las fuerzas chiíes y kurdas para suprimir a los sunníes durante los años 2004-2005, fue la del General David Petraeus.

La estrategia consistió en el deliberado despliegue de comandos policiales chiíes y kurdos en zonas de insurgencia sunní, con pleno conocimiento de que se estaba torturando a los detenidos sunníes, como muestran los informes publicados por WikiLeaks.

Esa estrategia inflamó los temores sunníes ante el dominio chií y fue uno de los factores que más contribuyeron al incremento de la influencia de Al-Qaida en las zonas sunníes. La alimentada escalada de la violencia sunní-chií llevó a la masiva guerra sectaria de 2006 en Bagdad, en el curso de la cual decenas de miles de civiles –principalmente sunníes- murieron asesinados.

La estrategia de utilizar unidades de los comandos policiales y del ejército compuestas mayoritariamente por chiíes y kurdos para suprimir a los insurgentes sunníes se adoptó en abril de 2004 tras un punto de inflexión clave en la guerra, cuando las unidades del Cuerpo de Defensa Civil desaparecieron sustancial y repentinamente de toda la región sunní durante una ofensiva de la insurgencia.

Dos meses después, el mando del ejército de EEUU emitió la “FRAGO 242 [orden fragmentaria, por sus siglas en inglés]”, que estipulaba que no debía llevarse a cabo investigación alguna sobre las torturas y malos tratos a los detenidos por parte de iraquíes a menos que se dictara una orden en tal sentido desde la sede del mando, según las referencias a la orden que aparecen en los documentos de WikiLeaks.

La orden llegó inmediatamente después de que el General Petraeus se pusiera al frente del nuevo Mando Transitorio de Seguridad Multinacional en Iraq (MNSTC-I, por sus siglas en inglés). Era una clara señal de que el mando estadounidense contaba con la tortura a los prisioneros como rasgo fundamental de las operaciones de la policía y el ejército iraquí contra los insurgentes sunníes.

Petraeus sabía que llevaría al menos dos años construir un cuerpo de oficiales iraquíes competente, como contó a Bing West, autor de “The Strongest Tribe”, en agosto de 2004. Mientras tanto, tendría que utilizar las milicias kurdas y chiíes.

En septiembre de 2004, Petraeus adoptó un plan para establecer unidades paramilitares dentro de la policía nacional.

Las unidades iniciales pertenecían a los antiguos equipos de fuerzas especiales iraquíes no sectarias. Sin embargo, en octubre, Petraeus patrocinó la primera unidad, claramente sectaria, de milicias chiíes: las fuerzas estadounidenses estuvieron entrenando durante dos meses a los 2.000 chiíes de la “Brigada del Lobo” como elemento clave de su estrategia de comandos policiales.

En noviembre de 2004, después de que el 80% de las fuerzas de policía sunníes desertara y se uniera a los insurgentes en Mosul, el mando estadounidense envió a esta ciudad a 2.000 milicianos kurdos, los peshmerga; y cinco batallones de soldados, mayoritariamente chiíes, junto a un puñado de kurdos, a patrullar Ramadi. Pero pocas semanas después, una vez completado su entrenamiento, se envió también a Mosul la Brigada del Lobo.

También se trasladaron a Samarra y Faluya cientos de tropas chiíes desde Bagdad y las zonas sureñas del país.

La Brigada del Lobo no necesitó mucho tiempo para hacerse famosa por sus torturas a los detenidos sunníes. Associated Press informó del caso de una mujer detenida en Mosul a la que azotaron con cables eléctricos para conseguir que firmara una confesión falsa asegurando que era una líder local de alto nivel de la insurgencia.

Un oficial del mando estadounidense dijo posteriormente a Richard Engel, de la NBC, que la Brigada del Lobo había sido una unidad muy eficaz y que había logrado expulsar de Mosul a la insurgencia.

Seguidamente se envió a la Brigada del Lobo a las barriadas sunníes de Bagdad, donde la Asociación de Académicos Musulmanes la acusó públicamente de haber “detenido, torturado y asesinado a los imanes y vigilantes de algunas mezquitas, arrojando después sus cadáveres a los basureros…”

La Brigada del Lobo se desplegó también por otras ciudades sunníes, incluidas Samarra y Ramadi, siempre en estrecha cooperación con las unidades del ejército estadounidense.

Los documentos de guerra publicados por WikiLeaks incluyen una serie de informes sobre Samarra de 2004 y 2005, en los que se describe cómo el ejército estadounidense había entregado a sus cautivos a la Brigada del Lobo para “interrogatorios adicionales”. Lo que eso suponía era que los comandos chiíes podrían extraer más información de los detenidos de la que permitirían las leyes estadounidenses.

El General Martin Dempsey, quien en septiembre de 2005 sucedió a Petraeus como comandante responsable del entrenamiento de las fuerzas de seguridad iraquíes, dio a entender claramente en una entrevista con Elizabeth Vargas, de la ABC News, realizada tres meses después, que el mando de EEUU aceptaba los duros métodos interrogatorios de la Brigada del Lobo como una característica ineludible de utilizar fuerzas de contrainsurgencia iraquíes.

Dempsey dijo: “Estamos combatiendo en un entorno de gran dureza… estos chicos no están luchando en las calles de Bayonne, Nueva Jersey”. Contrariamente a la noción occidental de “inocente hasta que se pruebe que es culpable”, dijo que la idea que se tenía en Iraq estaba “muy cerca” de todo lo “contrario”.
Vargas informó: “Para Dempsey, gran parte de la tarea de construir una fuerza policial viable es aprender a aceptar, cuando no abrazar, las diferencias culturales”.

Una segunda etapa de la estrategia de la guerra sectaria contra los sunníes llegó cuando el nuevo gobierno chií se apoderó del Ministerio del Interior en abril de 2005. El ministro chií llenó de inmediato las fuerzas de la policía iraquí –especialmente las unidades de los comandos- con tropas chiíes de las Brigadas Badr, las fuerzas leales al Consejo Islámico Supremo de Iraq entrenadas por Irán.

Fue cuestión de días que las Brigadas Badr, junto con las Brigadas del Lobo, empezaran una campaña de arrestos, torturas y asesinatos masivos de sunníes en Bagdad y en otros lugares de la que ampliamente informaron las agencias de noticias.

El mando estadounidense respondió a esos desarrollos emitiendo una nueva versión de la orden anterior sobre qué hacer en cuanto a la tortura de iraquíes, según los documentos de WikiLeaks. El 29 de abril de 2005, el mando estadounidense emitió la FRAGO 039, requiriendo que se informara a través de los canales operativos sobre las torturas perpetradas por iraquíes a los prisioneros según un modelo adjunto a la orden. Pero que no hubiera investigación ni seguimiento a menos que así se ordenara desde lo más alto de la cadena de mando.

El ex Ministro del Interior, Falah al-Naquib, dijo posteriormente al corresponsal de Knight-Ridder Tom Lasseter, que había advertido personalmente al Secretario de Defensa Ronald Rumsfeld y a otras autoridades estadounidenses sobre la violencia sectaria de los comandos de policía de las Brigadas Badr contra los sunníes. “Pero no nos tomaron en serio”, se lamentó.

En realidad, el ejército estadounidense y su embajada eran bien conscientes del grave riesgo que entrañaba la estrategia de utilizar a los vengativos comandos policiales chiíes para localizar a los sunníes, i.e., exacerbar las tensiones sectarias entre sunníes y chiíes. En mayo de 2005 Ann Scott Tyson escribió en el Washington Post que los analistas del ejército de EEUU no negaban que la estrategia estadounidense “agrava las fallas subyacentes en la sociedad iraquí, elevando las posibilidades de conflicto civil”.

A finales de julio de 2005, cuando Petraeus todavía encabezaba el mando, John F. Burns, del New York Times, le preguntó a un anónimo “alto funcionario estadounidense” del MNSTC-I si EEUU iba a acabar armando a los iraquíes para que se enfrentaran en una guerra civil. La respuesta del funcionario fue: “Quizá”.

El hecho de que EEUU patrocinara el ataque chií contra los sunníes proporcionó una nueva oportunidad a Al-Qaida. A mediados de 2005, Abu Musab al-Zarqawi, líder de Al-Qaida en Iraq, anunció la creación de una unidad especial, la Brigada Omar, para combatir a los escuadrones de la muerte y comandos de tortura chiíes. Eso produjo un baño de sangre sectario masivo en Bagdad en 2006, con miles de civiles muriendo asesinados cada mes.

(Inter Press Service)

El Dr. Gareth Porter es periodista, historiador e investigador en temas de política de seguridad nacional de EEUU. Desde 2005 escribe regularmente para Inter Press Service sobre la política estadounidense en relación con Iraq e Irán. Es autor de cuatro libros, el último de los cuales es “Perils of Dominance: Imbalance of Power and the Road to War in Vietnam” (University of California Press, 2005). Fue también especialista y activista contra la Guerra de Vietnam y codirector del Centro de Recursos para Indochina en Washington. 

Fuente: http://original.antiwar.com/porter/2010/11/01/torture-orders-were-part-of/


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