DANCINHA

sexta-feira, 19 de dezembro de 2008

Un desempate bien argentino


Cuando Boca, San Lorenzo y Tigre ganaron su último partido del campeonato, muchos pensamos en lo excitante que podía resultar la definición del campeonato Apertura. Luego de cuatro décadas, el fútbol doméstico volvía a tener la chance de jugar verdaderas finales en las cuales los tres equipos que quedaron en la cima se enfrentarían para definir al campeón.

Sin embargo en la Argentina somos especialistas en complejizar lo sencillo y en ponerle palos a la rueda, pero si encima todo deviene de un ambiente tan cuestionado por su olor nauseabundo como es el de la AFA , mucho peor.

Si existían altas probabilidades de que hubiera definición con partidos desempate, la pregunta surge por sí sola a la luz de varias decisiones: ¿por qué se hizo todo tan mal? ¿Por qué tantas desprolijidades y tanto misterio?

Para empezar el sorteo fue innecesario. Se sabe que si un título debe dirimirse entre tres equipos, el sentido común marca que el perdedor del primer partido automáticamente queda determinado para jugar el segundo y así darle valor al último encuentro. En un ataque de transparencia aún sabiendo que existía la posibilidad de desvirtuar la definición, los dirigentes optaron por el azar de las bolillas, pero como nada puede ser totalmente cristalino, en vez de hacer un sorteo público para que toda la prensa pudiera certificar lo hecho, lo hicieron en absoluto misterio y hermética confidencialidad.

Como alguna vez dijo el general "los hombres son buenos pero si se los controla son mejores".La idea de ser y parecer no tiene arraigo en los pasillos de la calle Viamonte y entonces todo se hizo a medias. Innecesario.

Por otra parte los posibles escenarios de los encuentros también pasaron a ser un tópico de conversación. Que River es imposible por sus recitales y su pésimo campo de juego (¿se acuerdan cuando el Monumental era un estadio modelo para todos?), que en La Plata es complicado por el traslado de las hinchadas, que en Vélez si se puede pero solo si San Lorenzo no está en condiciones de dar la vuelta debido a su rivalidad con la gente de Liniers. Conclusión: un partido en la Capital Federal en Liniers y otros dos en Avellaneda en la cancha de Racing. Otro cambalache.

Un nuevo motivo de conflicto fue la fecha de los partidos. San Lorenzo enfrentó a Tigre el miércoles y vuelve a jugar setenta y dos horas más tarde ante Boca. Es verdad que así estaba predeterminado, pero lo más equitativo hubiera sido que antes de comenzar el triangular final todos tuvieran una semana de descanso y no solamente un equipo. Ya se sabe que la previsión no es un elemento que destaca a los dirigentes del fútbol argentino y entonces todo tiene que ser comprimido y rápido para terminar antes de las fiestas. Un bochorno.

Hay más. La entradas no se quisieron quedar afuera de tamaño desconcierto y pidieron protagonismo. A las distintas parcialidades se les entregó y entregará una ínfima parte de la capacidad total que tienen los estadios en donde se juegan los partidos. Daba pena ver casi medio estadio de Vélez vacío como consecuencia de la limitación del expendio de localidades. Justo para los tramos decisivos del campeonato muchísimos hinchas tiene que quedarse afuera. Insólito.

Pero queda la perla final. El sábado San Lorenzo irá por el título luego de su triunfo ante Tigre. Polémicas al margen por penales no cobrados y expulsiones decretadas, se supone que la victoria le dio al Ciclón muchas chances de vuelta olímpica. Sin embargo solo los tres puntos le garantizarán al equipo de Russo el título y lo que es más increíble, preste mucha atención, a Boca un empate lo favorece más que una victoria, ya que en caso de igualdad automáticamente Tigre quedará eliminado y jugará su último partido sin posibilidad alguna mientras que una imposición xeneize todavía le dejará una luz de esperanza al conjunto de Cagna. Sí, leyó bien. ¡A Boca por la suma de los puntos lo beneficia más empatar que ganar el partido! Absurdo.

Como queda claro, la improvisación es ley en el fútbol argentino y todo siempre queda supeditado a la decisión final de su emperador. Las elecciones en Newell´s finalizando la tiranía y cerrándole todas las puertitas al señor López y la aplastante derrota de la oposición en Independiente sostenida desde el corralón de Sarandí, nos dieron una pequeña brisa de aire fresco como para creer en algo distinto. Tal vez el año próximo traiga nuevos vientos, aunque más que esperanzador el deseo suena utópico. Papa Noel sabe que todo pasa, pero lo suyo son los regalos y no los milagros. El tipo está demasiado ocupado y lamentablemente no es fanático del futbol.

Román Iucht, para La Nacion

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